From the podium

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Sr. Miguel Rodríguez Mendoza (Director General Adjunto, Organización Mundial para el Comercio - OMC)

Aún queda mucho camino por recorrer antes de alcanzar la meta de la seguridad alimentaria mundial. La OMC tiene un importante papel que desempeñar para lograr este objetivo de la comunidad internacional. Las negociaciones sobre agricultura, que están en marcha desde hace ya dos años y que recibieron un impulso importante en la reunión ministerial de la OMC celebrada en Doha-Katar en noviembre del año pasado, tienen como objetivo lograr mejoras sustanciales en el acceso a los mercados, reducciones de todas las formas de subvenciones a la exportación con miras a su remoción progresiva y disminuciones sustanciales de las ayudas internas que causan distorsiones al comercio. Conseguir que estas negociaciones concluyan satisfactoriamente sería la principal contribución que la OMC puede aportar al logro de la seguridad alimentaria mundial. Una mayor liberalización del comercio incidirá de manera favorable en la seguridad alimentaria tanto directamente, mediante un acceso mejor y más seguro a la oferta mundial de alimentos, como indirectamente, mediante su contribución a la disminución de la pobreza.

La historia nos ha enseñado que la seguridad alimentaria no quiere decir autosuficiencia nacional y que depende más del comercio internacional de productos alimentarios, ya que éste propueve precios competitivos y ofrece los incentivos adecuados a aquellos países que pueden producir estos productos eficientemente. La escasez de alimentos tiene más que ver con la pobreza que con el hecho de ser importador neto de alimentos. En la actualidad, la seguridad alimentaria radica no sólo en la producción nacional de alimentos, sino en la capacidad de un país para financiar la importación de alimentos mediante la exportación de otros bienes. En este sentido, un sistema comercial multilateral abierto, en el que una diversidad de países oferten productos alimenticios, puede garantizar mejor un abastecimiento estable y seguro.

La pobreza más que el déficit de la producción mundial, es la causa primordial de la inseguridad alimentaria, como se reconoció en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996. Por ello, es de esperar que la continuación del proceso de reforma agrícola mediante las actuales negociaciones de la OMC repercuta positivamente en el poder adquisitivo de los países más pobres. Según las estimaciones del Banco Mundial, en los países de bajos y medianos ingresos la agricultura aporta en promedio el 28 por ciento y el 11 por ciento respectivamente del producto interno bruto. Y lo que es más importante: en muchos países más de la mitad de la población activa vive de la agricultura. En muchos de ellos, en particular los más pobres, el desarrollo económico y el conjunto de las exportaciones dependen decisivamente de los resultados que obtengan en la agricultura.

Por esta razón, reducir o eliminar las subvenciones causantes de distorsión del comercio y mejorar las oportunidades de acceso a los mercados, en particular por parte de los países desarrollados, ayudará a aumentar la producción nacional y, por lo tanto, los ingresos de los productores agropecuarios en los países en que los alimentos se puedan producir con más eficiencia, incluso en muchos países en desarrollo, en los cuales los problemas de seguridad alimentaria son endémicos y la producción actualmente está contenida a causa de la competencia de las importaciones subvencionadas. Como se ha señalado repetidamente en esta Conferencia, los países en desarrollo no pueden competir con las dispendiosas políticas fiscales de los países industrializados que colectivamente, según informa la OCDE, pagan actualmente 1 000 millones de dólares EE.UU. en promedio por día a sus productores agropecuarios en concepto de subvenciones a la agricultura. Esa cifra es más de seis veces superior al total de la asistencia para el desarrollo que se encauza hacia los países pobres.

Reitero que la seguridad alimentaria depende de la producción nacional, el acceso a los mercados internacionales y la disponibilidad de divisas para adquirir importaciones. Las negociaciones sobre la agricultura en el contexto de la OMC contribuirán a lograr este objetivo importante de la comunidad internacional.

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