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Falsos mitos vs realidad: un vistazo a las transferencias en efectivo

¿Son más que donaciones?


04 Jan 2017

Los programas de transferencias en efectivo -pagos regulares de dinero a los hogares pobres- tienen como objetivo reducir la pobreza, promover medios de vida sostenibles e incrementar la producción en el mundo en desarrollo. Durante el último decenio, un número cada vez mayor de gobiernos en el África subsahariana han lanzado programas de transferencia de efectivo dirigidos a los grupos más vulnerables, incluidos los agricultores de subsistencia, las personas con discapacidad y el VIH/SIDA, así como a las familias que cuidan a ancianos y discapacitados.

Aunque las economías locales y numerosos hogares se han beneficiado de esta medida de protección social, los críticos siguen teniendo dudas. Echemos un vistazo a 5 falsos mitos habituales sobre las transferencias de efectivo para ver el importante papel que juegan en la mejora de la seguridad alimentaria y nutricional y en la reducción de la pobreza rural. *

Mito: El dinero en efectivo se gasta en alcohol y tabaco.

Realidad: El alcohol y el tabaco representan sólo del 1 al 2 por ciento con respecto a los gastos de alimentos en hogares pobres. En seis países de África donde la FAO y sus asociados realizaron una evaluación de las iniciativas de transferencias de efectivo no se encontró evidencia de aumento de los gastos. En Lesotho, por ejemplo, los gastos en alcohol han disminuido después de la introducción de programas de transferencias monetarias.

Mito: Las transferencias son sólo "donaciones" y no contribuyen al desarrollo.

Realidad: En Zambia, las transferencias monetarias aumentaron las tierras de cultivo en un 36 por ciento y, con ello, el uso de semillas, fertilizantes y mano de obra contratada, lo que dio lugar a un mayor compromiso con el mercado e impulsó el uso de más insumos agrícolas. El país registró un aumento general de la producción del 36 por ciento. Además, la mayoría de los programas muestran un aumento significativo en la matriculación en la escuela secundaria y en el gasto en uniformes escolares y zapatos.

Mito: El efectivo causa dependencia y pereza.

Realidad: En varios países, entre ellos Malawi y Zambia, la investigación muestra una reducción del trabajo asalariado ocasional y un cambio hacia actividades más productivas y en la granja. De hecho, en África subsahariana, las transferencias de efectivo producen efectos multiplicadores positivos en las economías locales y aumentan significativamente el crecimiento y el desarrollo en las zonas rurales. Por lo tanto, el efectivo no crea dependencia, sino que alienta a los beneficiarios a invertir más en la agricultura y trabajar más.

Mito: Las transferencias llevan a la inflación de precios y perturban las economías locales.

Realidad: Etiopía, Ghana, Kenia, Lesotho, Malawi, Zambia y Zimbabwe forman parte del proyecto de la Protección a la Producción (PtoP), que analiza, entre otras cosas, los efectos productivos y económicos de los programas de transferencia de efectivo en el África subsahariana. Ninguno de los siete países estudiados experimentó inflación. Los beneficiarios representan sólo una pequeña parte de la comunidad (del 15 al 20 por ciento), y al provenir de los hogares más pobres y tener un bajo poder adquisitivo, no compran lo suficiente para afectar a los precios de mercado, permitiendo así a las economías locales satisfacer el aumento de la demanda. En Etiopía, por cada dólar transferido por el programa, se generan alrededor de US $ 1,5 para la economía local.

Mito: Las ayudas centradas en los niños aumentan la fecundidad.

Realidad: En Zambia, las transferencias monetarias no mostraron ningún impacto en la fecundidad. En Kenia, el embarazo adolescente incluso disminuyó en un 34 por ciento y en Sudáfrica en más del 10 por ciento.

La FAO, junto con sus asociados, sigue aportando pruebas sobre los efectos de las intervenciones de protección social en la reducción de la pobreza y el hambre. También está utilizando los hallazgos de la investigación para proporcionar apoyo relacionado con el desarrollo de políticas y capacidades a gobiernos y otros actores internacionales para mejorar el diseño y la implementación de programas nacionales similares.

Los hallazgos han demostrado que la implementación de estos programas conduce a un mayor consumo de alimentos, una mejor nutrición, un aumento de la matriculación escolar, reducción del trabajo infantil, desarrollo económico, inversión agrícola y muchos otros beneficios.

Los programas de transferencia de efectivo se han convertido en una herramienta cada vez más importante para salir de la pobreza y han contribuido a generar un impacto a largo plazo en la vida de muchas familias.

* Los datos y la información se basan en las evaluaciones realizadas por la FAO y sus asociados en siete países africanos (Etiopía, Ghana, Kenya, Lesotho, Malawi, Zambia y Zimbabwe).

Vea estos vídeos para más información:

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