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Preámbulo

Los poderosos instrumentos proporcionados por la ciencia y la tecnología en los últimos años han tenido profundos efectos sobre el sector alimentario y agrícola en todo el mundo. Métodos innovadores de producción y elaboración han revolucionado muchos sistemas tradicionales, y la capacidad mundial para obtener productos alimenticios destinados a la población en aumento ha evolucionado a un ritmo sin precedente.

Estas novedades han ido acompañadas, naturalmente, de cambios radicales en las fuerzas económicas y en la organización social, así como en la ordenación de los recursos productivos de la tierra. Nuestra propia relación con la naturaleza se ha visto trastornada por unos avances tecnológicos que nos permiten no sólo determinar mejoras genéticas mediante la selección, sino también modificar organismos vivos y crear nuevas combinaciones genéticas en una búsqueda de plantas, animales y peces más resistentes y productivos. Como es comprensible esas novedades suscitan invariablemente polémicas, y los argumentos en favor y en contra de su aplicación tienden a ser radicales y apasionados.

Desde hace varios años, la ingeniería genética ha generado plantas con resistencia innata a las plagas y tolerancia a los herbicidas. Ha permitido, por ejemplo, producir peces de crecimiento rápido y resistentes al frío y vacunas más baratas y eficaces contra enfermedades del ganado, así como piensos que aumentan la capacidad de los animales para absorber nutrientes; y se ha estudiado su aplicación en el sector forestal con miras a aumentar características valiosas de árboles de plantación como el álamo. Cultivos modificados genética-mente que permitieran reducir los insecticidas podrían tener efectos positivos desde el punto de vista del impacto ambiental y de los costos de producción para los consumidores, aunque no ha habido tiempo suficiente para poder realizar análisis a posteriori.

Reconocer el potencial y las contribuciones, hasta ahora presuntas, de los productos modificados genéticamente a la producción alimentaria mundial no significa pasar por alto sus posibles riesgos en lo que respecta a la inocuidad de los alimentos y los peligros imprevisibles para el medio ambiente, entre los cuales los que se citan con más frecuencia son la temida transferencia de toxinas o alérgenos y los efectos negativos involuntarios sobre otras especies. Tampoco significa quitar importancia a la posibilidad de que esos productos tengan consecuencias perjudiciales a largo plazo, como por ejemplo una reducción de la biodiversidad mediante la pérdida de cultivos tradicionales. Además, los organismos modificados genéticamente (OMG), como todas las nuevas tecnologías, son instrumentos que pueden utilizarse con fines buenos o malos, del mismo modo que pueden ser regulados de forma democrática en beneficio de las personas más necesitadas o manipulados para favorecer a determinados grupos que controlan el poder político, económico y tecnológico decisivo. En el caso de los OMG, cabe señalar que los principales beneficiarios hasta la fecha han sido los promotores de la tecnología del sector privado y los grandes productores agrícolas, que en su mayoría residen en países desarrollados. Para que los beneficios se compartan más equitativamente con los países en desarrollo y los agricultores con pocos recursos, es necesario modificar el sistema actual de derechos de propiedad intelectual y otros obstáculos a la pronta transferencia de las biotecnologías modernas. Sobre todo, hace falta dirigir la investigación hacia esos países y agricultores desfavorecidos y encontrar medios para garantizar que las personas pobres y expuestas a la inseguridad alimentaria reciban una parte mayor de los beneficios de la producción.

La creación de OMG plantea actualmente el conjunto tal vez más amplio y controvertido de cuestiones éticas relativas a la alimentación y la agricultura. Conforme los avances científicos nos ofrecen instrumentos cada vez más poderosos y oportunidades aparentemente ilimitadas, hemos de proceder con cautela y asegurar un examen ético detenido del modo en que deberían utilizarse. Los países que obtienen productos modificados genéticamente deben tener una política de regulación clara y responsable y un órgano oficial que garantice que se lleve a cabo un análisis científico de los riesgos y que se tomen todas las medidas de seguridad posibles sometiendo los productos obtenidos por medios biotecnológicos a un ensayo antes de su distribución y a un estrecho seguimiento después de ésta. Y, lo que es más importante, deben respetarse los derechos humanos a una alimentación suficiente y a una participación democrática en el debate y las decisiones finales acerca de las nuevas tecnologías, así como el derecho a una elección con conocimiento de causa.

Los «Estudios FAO: Cuestiones de ética» constituyen una de las recientes iniciativas emprendidas por la Organización para sensibilizar a la opinión pública y fomentar la comprensión general de las cuestiones de ética en la alimentación y la agricultura. La presente publicación, que es la segunda de la serie, se ha preparado para compartir los conocimientos actuales sobre los organismos modificados genéticamente en relación con los consumidores, la inocuidad de los alimentos que consumen y la protección consiguiente de su salud, así como la conservación del medio ambiente. Se hace una distinción entre los OMG que se han distribuido ya a escala comercial, y que por tanto cabe suponer que en su mayoría han entrado en la cadena agroalimentaria, y los que se encuentran actualmente en fase de desarrollo.

Las bases científicas y normativas para examinar cuestiones y emitir dictámenes sobre los productos modificados genéticamente evolucionan por fuerza con la misma rapidez que lo hace la biotecnología.

Por lo que concierne a la inocuidad de los alimentos modificados genéticamente y las repercusiones para la salud de los consumidores, la FAO sigue subrayando la importancia de una gestión atenta y una comunicación eficaz de los riesgos, al tiempo que indica con optimismo las perspectivas reales de resolver problemas importantes de nutrición e incluso de prevenir problemas relacionados con la inocuidad de los alimentos mediante OMG creados expresamente con ese fin.

Las biotecnologías modernas son un medio posible pero facultativo para el mejoramiento genético, y se necesitan más estudios para evaluar los riesgos y ventajas que entrañan. Además, sólo puede determinarse la credibilidad de las afirmaciones hechas como resultado de este proceso si se dispone de las necesarias salvaguardias económicas, ambientales y éticas. En último término, si se tienen en cuenta consideraciones éticas básicas y se respetan los derechos humanos antes mencionados, los consumidores de todo el mundo influirán en el debate internacional y en las decisiones posteriores sobre los OMG. Como se declara en esta publicación, al tomar la decisión de comprar o no un producto, los consumidores contribuyen a determinar su éxito o su fracaso en el mercado.

Si rechazan un producto, los productores se ven obligados a responder en consonancia.

El programa de la FAO relativo a las cuestiones éticas es una esfera prioritaria para la acción interdisciplinaria de sus departamentos técnicos y normativos. Junto con la función catalizadora que desempeña la FAO como foro neutral, confío en que los conocimientos y experiencias que ofrecemos sobre esta cuestión vital estimularán y orientarán el actual debate mundial sobre las cuestiones éticas, de amplio alcance y a menudo polémico.

Jacques Diouf
Director General de la FAO

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