Desde la primera edición, allá en 2004, de El estado de los mercados de productos básicos agrícolas (SOCO), este informe principal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha tenido el propósito de abordar fenómenos incipientes, tendencias a largo plazo y cambios estructurales en los mercados alimentarios y agrícolas. Si bien este objetivo sigue en vigor, y se ha visto reforzado con los acontecimientos recientes, el mundo ha cambiado considerablemente a lo largo de los últimos 18 años.

En efecto, el mercado mundial de productos alimentarios y agrícolas ha crecido desde 1995 y, aunque todas las naciones han aumentado su participación en el mercado mundial, en la actualidad las economías emergentes y los países en desarrollo tienen un papel mayor. El comercio, considerado antiguamente un puro intercambio económico, se ha convertido hoy en un instrumento esencial para promover los resultados económicos, sociales y ambientales.

El estallido de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) a principios de 2020 demostró hasta qué punto un sistema agroalimentario mundial sólido y bien integrado podía ayudar a los países a superar dificultades sin precedentes. En efecto, el comercio mundial de productos alimentarios y agrícolas mostró una resiliencia notable ante las perturbaciones causadas por la pandemia. Las perturbaciones fueron intensas, pero, por lo general, breves, y quedó patente que somos más fuertes si trabajamos de consuno.

Por otro lado, la guerra en Ucrania está afectando a una región de gran importancia para la seguridad alimentaria y la nutrición en el plano mundial. Debido al enquistamiento de la situación, existe mucha incertidumbre respecto a la capacidad de Ucrania de producir, cosechar y comercializar cultivos tanto en la campaña actual como en las próximas. Para el comercio, el riesgo inminente de que los mercados alimentarios y agrícolas mundiales se fragmenten plantea amenazas adicionales para la seguridad alimentaria mundial.

Esos sucesos ponen de relieve la necesidad de más investigaciones que produzcan avances, de un mayor conocimiento de las redes comerciales y de mejores enfoques para facilitar la integración y promover el buen funcionamiento de los mercados alimentarios y agrícolas. El actual entorno de políticas comerciales se caracteriza por un estancamiento de las negociaciones comerciales multilaterales auspiciadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y por una plétora de acuerdos comerciales regionales de mayor profundidad que buscan promover, además del acceso a los mercados, la convergencia de las políticas y la regulación nacionales entre los signatarios. En la edición de 2022 del SOCO se estudia la forma en que puede hacerse frente a los retos del desarrollo sostenible, tanto los actuales como los futuros, mediante iniciativas regionales y multilaterales que se refuercen mutuamente.

En la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible se reconoce el comercio internacional como motor del crecimiento económico inclusivo y la reducción de la pobreza y como un medio importante para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A este respecto, el comercio puede contribuir a crear un mundo mejor, libre del hambre y la malnutrición.

Mediante el comercio se pueden trasladar los alimentos desde un lugar en que es posible producirlos a un costo relativamente bajo hasta el lugar donde se los necesita. De este modo, el comercio puede promover la seguridad alimentaria mundial y las dietas saludables, ya que ayuda a muchos países del mundo a satisfacer sus necesidades alimentarias por lo que respecta tanto a la cantidad de los alimentos como a su diversidad a un nivel superior del que puede conseguir la producción nacional. El comercio puede ayudar a utilizar de manera más eficiente los recursos naturales, como la tierra y el agua, en la agricultura a nivel mundial y también puede ser un medio para difundir el conocimiento por todo el mundo. Las cadenas de valor mundiales crean oportunidades para la transferencia de tecnología y pueden promover mejoras de la productividad agrícola. El incremento de la productividad es importante para los países en desarrollo.

No cabe duda de que la existencia de mercados mundiales abiertos, previsibles, basados en reglas y que funcionen bien redunda en beneficio de todos los países. En conjunto, los mercados mundiales mejoran la eficiencia de la agricultura y ofrecen a los consumidores una variedad más amplia de alimentos a precios más asequibles. Sin embargo, el comercio alimentario y agrícola también puede dar lugar a resultados ambientales o sociales negativos. Por ejemplo, la producción con fines de exportación puede ocasionar un aumento de la contaminación, la deforestación y las emisiones de gases de efecto invernadero. Asimismo, el abaratamiento de los alimentos importados sería algo contra lo que no podrían competir los pequeños agricultores de los países en desarrollo, de los cuales los más afectados podrían ser las agricultoras que tienen acceso limitado al capital y a los insumos. No puede, ni debería, esperarse que las políticas comerciales, por sí solas, resuelvan plenamente las compensaciones recíprocas entre los objetivos económicos, ambientales y sociales. Dichas políticas deben complementarse con medidas adicionales, más específicas.

También es importante el modo en que decidimos las políticas comerciales y las medidas complementarias que pueden promover sistemas agroalimentarios sostenibles. Las reglas comerciales multilaterales constituyen los pilares más esenciales del comercio alimentario y agrícola mundial. Con frecuencia, los intentos de promover una mayor integración comercial mediante acuerdos comerciales regionales más profundos y amplios se apoyan en el marco multilateral. Dichos acuerdos pueden fomentar las cadenas de valor agrícolas y alimentarias regionales, estableciendo reglas adicionales para la cooperación y la armonización de las normas y los reglamentos en materia de alimentación. La importancia de los acuerdos comerciales no estriba solo en los beneficios económicos, sino que la integración comercial también puede disminuir la probabilidad de conflictos. Por ejemplo, cuando se creó el mercado común europeo en 1958, aspiraba a unir Europa y a preservar la paz en un continente desgarrado por sucesivas guerras.

Hoy en día, los mercados alimentarios y agrícolas mundiales están más integrados que nunca; sin embargo, con las dificultades cada vez más complejas a las que nos enfrentamos, deberíamos centrarnos principalmente en proteger las funciones beneficiosas y fundamentales de esos mercados. Si se fragmentara el mercado mundial de alimentos, ello podría amenazar la seguridad alimentaria en muchas partes del mundo. En momentos de crisis, las restricciones a la exportación pueden exacerbar la volatilidad extrema de los precios y perjudicar a los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos, en particular aquellos cuya seguridad alimentaria depende de los mercados mundiales. Asimismo, pueden tener efectos negativos a medio plazo.

En SOCO 2022 se examinan los enfoques multilateral y regional de las políticas de comercio agrícola desde el punto de vista de la resiliencia de los sistemas agroalimentarios, el crecimiento económico y los resultados ambientales. La integración del comercio por la vía multilateral y la que se hace por la vía regional pueden complementarse mutuamente para convertir el comercio alimentario y agrícola en un motor de crecimiento. Sin embargo, cuando se trate de retos de carácter mundial como el cambio climático, lo efectivo será la cooperación multilateral, pues las políticas comerciales resultantes contribuyen a que los esfuerzos por mitigar los efectos del cambio climático tengan un alcance mundial. Los desafíos mundiales exigen soluciones mundiales.

La finalidad de las políticas de comercio alimentario y agrícola debería ser salvaguardar la seguridad alimentaria mundial, ayudar a abordar las compensaciones recíprocas entre los objetivos económicos y los ambientales y reforzar la resiliencia del sistema agroalimentario mundial a las perturbaciones, como los conflictos, las pandemias y los fenómenos meteorológicos extremos. En este informe las personas encargadas de formular políticas y otros actores clave encontrarán ideas valiosas y oportunas que les ayudarán a tomar medidas concretas.

Qu Dongyu
Director General de la FAO

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