I.L. Eastin, A. Addae-Mensah y J. de-Graft Yartey
Ivan L. Eastin es investigador asociado en el Centro de Comercio Internacional de Productos Forestales del Colegio de Recursos Forestales de la Universidad de Washington, Seattle, EE.UU.
Augustas Addae-Mensah y John de-Graft Yartey son respectivamente director e investigador de la Sección de Ingeniería de la Madera del Instituto de Investigaciones Forestales de Ghana, Universidad de Ciencia y Tecnología, Kumasi, Ghana.
Muchos países en desarrollo, para los que el mercado europeo de madera tropical reviste considerable importancia, están francamente preocupados por iniciativas de gobiernos y organizaciones ambientalistas que tienen por objeto disminuir la demanda de maderas duras tropicales. Entre estas iniciativas se cuentan la propuesta de una legislación de la CE que restrinja la importación de maderas tropicales y prohíba el uso de maderas tropicales en obras públicas, así como propuestas de boicot por parte de consumidores de los productos a base de madera tropical (muchas de ellas promovidas por grupos ambientalistas) (Hamilton, 1991). Este artículo examina los efectos de boicots de este tipo sobre la industria maderera de Ghana según los gerentes de 52 aserraderos.
El objetivo principal de los boicots por parte de consumidores es restringir la demanda del producto boicoteado de manera que represente un verdadero perjuicio económico para el productor. Los boicoteadores esperan así obligar al productor a cambiar su conducta. Además, si tienen éxito, adquieren fuerza suficiente para influir en las decisiones oficiales y de organizaciones privadas.
En su boicot de los productos hechos de maderas duras tropicales, los ambientalistas piden a los consumidores que se abstengan de comprar productos fabricados con madera de bosques tropicales explotados de manera no sostenible. De ese modo esperan persuadir a los países tropicales de la necesidad de adoptar y aplicar prácticas de explotación forestal sostenible (FOE, 1990).
Lamentablemente, los diferentes grupos ambientalistas no tienen ni un objetivo ni una definición comunes de la explotación sostenible. Algunos insisten en que se mantenga la diversidad de las especies en los bosques; otros piden solamente que la corta anual no sea mayor que el incremento; otros, en fin, exigen que se conserven para la posteridad los bosques higrofíticos y su caudal de genes. Además, los grupos ambientalistas todavía no han desarrollado de común acuerdo un mecanismo para verificar y controlar la sostenibilidad de las prácticas forestales.
Los países productores por su parte argumentan que, por muy loables que sean los objetivos de los ambientalistas, el efecto principal de un boicot sería disminuir el potencial económico de los bosques tropicales. Una reducción de las rentas forestales disminuiría los incentivos para proteger y explotar los bosques tropicales, lo cual daría como resultado la aceleración de la deforestación para dedicar la tierra arbolada a usos que reporten más utilidades.
Así ocurre particularmente en los países en desarrollo obligados, por su deuda pública, a sopesar el uso de sus bosques como fuente de ingresos comparado con otras posibilidades económicas. La pérdida de mercados madereros aceleraría la conversión de bosques tropicales en tierras de cultivo sin previo análisis de sus posibilidades para la producción agrícola sostenible.
La industria de la madera dura tropical de Ghana
La industria maderera es uno de los sectores más importantes de la economía nacional de Ghana. En 1989 produjo más del 10 por ciento del producto bruto interno y, en lo que respecta a exportaciones, el cacao y los minerales fueron los únicos renglones que reportaron más divisas que la madera (Attah, 1991). Según el Timber Export and Development Board de Ghana (TEDB, 1990), las exportaciones de madera reportaron 135 millones de dólares EE.UU. en 1990, es decir un 13 por ciento del total de divisas extranjeras que obtuvo Ghana ese año.
En 1990 hubieron en función 169 compañías madereras y 118 aserraderos en Ghana (TEDB, 1991). A pesar del elevado número de empresas, la capacidad de producción está muy concentrada; por ejemplo, las cuatro mayores empresas extrajeron en 1990 el 17,3 por ciento del total de las trozas producidas, mientras las diez mayores extrajeron el 33,1 por ciento de la producción. Análogamente, en lo que respecta a aserraderos, las cuatro mayores empresas produjeron el 21,9 por ciento de la madera aserrada y las diez mayores el 42,8 por ciento (TEDB, 1991). La industria maderera de Ghana es principalmente de propiedad privada, pero las ocho empresas de propiedad del Estado manejaron casi una quinta parte de la producción total de madera aserrada (TEDB, 1991).
La mayor parte de los pequeños aserraderos tiene maquinaria anticuada y compensan su ineficacia con el empleo de abundante mano de obra (FPRI, 1990). La industria maderera en su conjunto hace uso intensivo de mano de obra, característica que conviene a los países en desarrollo con alto nivel de desocupación. Según el TEDB de Ghana, la industria maderera dio empleo directamente a más de 250000 personas en 1988 (TEDB, 1988). Además, se calcula que, directa o indirectamente, proporciona ocupación en trabajos afines a un número de personas varias veces superior.
Importaciones europeas de madera dura tropical
Europa es un importante mercado para los productos de madera tropical. En 1988 importó 2,78 millones de m³ de trozas (FAO, 1991; CEPE, 1990) (Figura 1). Más del 95 por ciento de esas trozas procedían del Africa central y occidental (CEPE, 1990)
Además, en 1988, los países de Europa importaron 3,24 millones de m³ de madera tropical aserrada, aproximadamente la mitad de toda la madera aserrada que importaron dicho año (Figura 2). Si bien el sudeste de Asia fue el principal proveedor de madera dura tropical aserrada, el 20 por ciento del total importado en Europa procedía de Africa central y occidental (CEPE, 1990).
Europa es el principal mercado de madera tropical de los países africanos. Esta relación comercial que existe entre países europeos y africanos, tiene base tanto en consideraciones geográficas como en acuerdos comerciales establecidos en tiempos coloniales.
FIGURA 1. Importaciones europeas de trozas de madera dura, respecto de las importaciones totales de trozas de madera dura, 1977-1988
FIGURA 2 Importaciones europeas de madera dura aserrada, respecto de la importaciones totales de madera dura aserrada, 1977-1988
La industria maderera de Ghana, al igual que la de los vecinos países africanos, depende en muy gran medida de los países de Europa como mercado para sus productos (Figura 3). En total Europa importó el 84 por ciento de las trozas y el 85,4 por ciento de la madera aserrada exportada por Ghana en 1990.
La gran medida en que la industria maderera de Ghana depende de los mercados de Europa indica el efecto devastador que el boicot de las maderas tropicales ejerce no sólo sobre la industria, sino sobre toda la economía del país. Las repercusiones del boicot son substanciales en la industria maderera, en la tasa nacional de desocupación y en los ingresos por concepto de divisas. Los dirigentes públicos y privados necesitan conocer cómo el boicot afecta las decisiones que se toman en el ámbito de la industria maderera de Ghana.
Con el fin de investigar cómo influye el boicot en la estrategia productiva y mercantil de las empresas, se visitaron 52 aserraderos en los que se origina el 35 por ciento de las exportaciones de trozas y más del 95 por ciento de las de madera aserrada. Fueron entrevistados los gerentes de cada empresa preguntándoles cómo, en su opinión, el boicot afecta sus futuras decisiones en materia comercial, inversiones, etc., tanto a corto como a largo plazo. También fueron entrevistados el director de la Ghana Timber Millers Organization y el Conservador en Jefe de Bosques, del Departamento Forestal.
Percepción del peligro
La mayoría de los entrevistados afirmó estar al corriente del boicot europeo de maderas tropicales. Al pedirles que mencionaran, en orden de importancia, los peligros a que estaba expuesta su empresa, indicaron como más grave el boicot de las maderas tropicales, a pesar del estado en que se encuentra la economía nacional y de la incertidumbre de la situación política (Figura 4). Más de las tres cuartas partes de los gerentes entrevistados atribuyó total o parcialmente al boicot la contracción de la demanda de madera tropical en Europa. Conviene añadir que fue imposible separar los efectos económicos de la actual recesión de los del boicot, en la demanda del mercado europeo de maderas duras. Lo importante es que los dirigentes industriales se dan cuenta de que el boicot contribuye a reducir la demanda de sus productos en los mercados de Europa.
Consideran menos peligrosos para la industria maderera asuntos relacionados con la provisión de materia prima, como la política oficial en materia de concesiones y la disponibilidad de madera en pie. Les preocupa de todos modos el hecho de que el gobierno está a punto de formular una nueva política de concesiones y que, mientras no entre en vigor, no se otorgan nuevas concesiones. Como consecuencia, muchos aserraderos tropiezan con dificultades para abastecerse de troncos. Los gerentes comprenden que el estado de la economía nacional puede poner a su industria en dificultades, pero lo que más les inquieta a este respecto son la disponibilidad de capitales de inversión y la elevada tasa de interés, que pasa del 30 por ciento.
De todos modos, la nueva política de concesiones y el estado de la economía nacional preocupan menos que el boicot de las maderas tropicales porque los asuntos referentes a aquellas se resuelven en el ámbito de la política interna, en la que los gerentes pueden contribuir al debate y ejercer alguna influencia en la formulación de normas atinentes a su industria.
FIGURA 4. Evaluación de los productores de Ghana del peligro que significan para su empresa diferentes factores del mundo de los negocios
Por otra parte, con respecto al boicot, los gerentes notan que sólo pueden reaccionar, sin intervenir para nada en la toma de decisiones. Además, durante las entrevistas quedó claro el hecho de que muchos de los gerentes no comprenden bien los objetivos del boicot. Evidentemente, los ambientalistas europeos que preparan el boicot no han establecido una manera eficaz de comunicar sus objetivos a los grupos que piensan boicotear. Faltando esta comunicación no hay manera de asegurarse de que los productores adopten eventualmente medidas que correspondan a los objetivos ambientalistas.
Cómo reaccionar ante el boicot
A los gerentes se les pidió que evaluaran la eficacia de distintas maneras posibles de responder al boicot. La mayor parte de ellos consideró que las estrategias más apropiadas serían discutir el problema con los grupos ambientalistas e implantar la explotación sostenible de los bosques.
Sin embargo, con respecto a las discusiones, opinaron que debían ser tripartitas, dando participación en ellas al gobierno de Ghana. Así estarían representadas todas las partes interesadas y todas tendrían la oportunidad de exponer sus inquietudes.
Muchos de los entrevistados piensan que los grupos ambientalistas no se dignarán participar en las discusiones. Los ambientalistas de los países desarrollados afirmaban los gerentes presentan injustamente a la industria maderera como causa principal de la deforestación; tienen una concepción simplista de la deforestación que exagera el papel de la industria y desconocen por completo factores más básicos que son la verdadera causa de la deforestación. En efecto, con el fin de ganar el apoyo popular a sus objetivos, en las campañas publicitarias los ambientalistas atenúan la complejidad del problema restando importancia a aspectos como la rapidez del crecimiento demográfico, el bajo ingreso por persona, la injusticia del sistema de tenencia de la tierra, la escasa fertilidad de los suelos, la agricultura migratoria, la falta de leña, etc.
Como consecuencia de esa manera de ver las cosas, muchos madereros están convencidos de que los grupos ambientalistas no quieren cooperar con los países tropicales en la búsqueda de soluciones pragmáticas para combatir la deforestación.
No pudiendo contar con esa cooperación, quedan dos estrategias potencialmente eficaces para responder al boicot. La primera sería buscar en otras partes del mundo mercado para las maderas tropicales de Ghana. En realidad, así lo han hecho ya algunos aserraderos que desvían parte de sus exportaciones hacia otros mercados de Africa y del Medio Oriente. Entre 1985 y 1990 han duplicado sus exportaciones a esos mercados que en ese período han pasado de 14291 m3 a 32633 m3. Esta no es, sin embargo, más que una estrategia de interés inmediato, capaz sólo de reducir al mínimo los efectos económicos del boicot pero sin enfrentar verdaderamente el problema de la deforestación tropical.
La segunda estrategia sería aprovechar más eficazmente el recurso. Según los gerentes se podría aumentar el número de especies utilizadas, reducir el desperdicio mejorando para ello el rendimiento de todas las operaciones de transformación, e incrementar el valor agregado antes de la exportación. Esta estrategia contribuiría a reducir la necesidad de explotar extensivamente el recurso forestal y, al mismo tiempo, empujaría a la industria maderera hacia el uso de prácticas sostenibles de aprovechamiento de los bosques.
Efectos inmediatos del boicot
Una de las más importantes repercusiones inmediatas del boicot ha sido la menor disponibilidad de capitales para invertir en la industria maderera. Esto ha tenido efectos desastrosos en la futura competitividad de la industria maderera de Ghana.
En general las empresas son reluctantes a proyectar nuevas inversiones cuando hay poca demanda, sobre todo en los mercados principales, y, en efecto, la industria maderera de Ghana ha respondido al boicot reduciendo considerablemente la inversión en maquinaria nueva, salvo por lo que se refiere a piezas de recambio con que mantener activos los aserraderos. Esta estrategia de reducir al mínimo las inversiones es perfectamente comprensible dadas la actual debilidad de la demanda de productos de madera tropical y la incertidumbre acerca de su porvenir en los mercados de Europa.
Muchos de los gerentes entrevistados dieron la responsabilidad al boicot, al menos en parte, de su decisión de diferir la modernización de las instalaciones y la compra de maquinaria nueva. Esta repercusión del boicot tiene extraordinaria trascendencia por el hecho de que muchos industriales y funcionarios del gobierno consideran que la modernización, la creación de capacidad para hacer trabajos por encargo y el proyecto de hacer productos nuevos, son lo más importante para mejorar en los próximos tres a cinco años la posición de la industria maderera de Ghana frente a sus rivales.
A largo plazo, el efecto de limitar las inversiones será una ulterior pérdida de competitividad y de la capacidad para mantenerse en los mercados mundiales. Dado el papel que desempeña la industria maderera en la economía del país y el empeño del Gobierno en fomentar técnicas que agreguen más valor al producto, es esencial estimular a los industriales a invertir en la modernización de sus fábricas.
Los gerentes también atribuyen importancia inmediata, y a más largo plazo, a la adquisición de concesiones madereras, vital para asegurar y estabilizar el abastecimiento de materia prima. Además, la política de hacer concesiones de larga duración a quienes puedan demostrar la práctica de técnicas apropiadas de extracción, es un poderoso incentivo para que las empresas exploten el bosque en manera sostenible, y para invertir en las instalaciones propias. Una dimensión adecuada de las concesiones influye en la viabilidad y en la sostenibilidad de la explotación.
El Gobierno de Ghana ha adoptado recientemente políticas encaminadas a administrar sosteniblemente la explotación de los bosques, ha prohibido la exportación de trozas de 17 especies madereras tradicionales con el fin de fomentar el aprovechamiento de especies hasta ahora menos utilizadas, y proyecta prohibir a partir de 1993 la exportación de toda clase de maderas rollizas.
Con ayuda de la Overseas Development Administration del Reino Unido se ha terminado recientemente el levantamiento de un inventario de 43 reservas forestales. Se encuentra en curso de ejecución la segunda fase de este inventario, que se extenderá al resto de las reservas forestales. Aprovechando los resultados de aquel primer inventario se ha modificado la política de regalías, que ahora toma en cuenta la especie, la densidad de las masas arbóreas y el volumen de los árboles. Estos cambios en la manera de calcular las regalías reflejan mejor que antes el valor del bosque y deberán dar como fruto una mayor eficacia en las actividades de extracción y aprovechamiento de los árboles.
El Gobierno ha decidido también prohibir a partir de fines de 1994 la exportación de madera verde apenas desbastada. Finalmente, el Gobierno ha redactado nuevas pautas para las concesiones que tienden a agrupar las de menor tamaño en unidades mayores, aptas para ser explotadas sosteniblemente (Francois, 1991).
Los bosques tropicales son la base de una industria esencial para la economía de muchos países tropicales. Disminuir mediante boicots la demanda de maderas duras tropicales tendrá como inevitable consecuencia reducir el valor económico de los bosques tropicales. Si los grupos ambientalistas no lo reconocen así, contribuirán a la conversión de extensas áreas de bosque tropical a usos agrícolas o de otra naturaleza.
En Ghana, el estado de la industria maderera repercute substancialmente en toda la economía del país. El boicot de las maderas tropicales ha sido ya causa de retracción de capitales que deberían invertirse en modernizar los aserraderos. Esto afectará gravemente la capacidad de competir de la industria maderera de Ghana en el porvenir y también afectará adversamente los esfuerzos del Gobierno por transformar la industria de modo que exporte productos con mayor valor agregado.
Si los grupos ambientalistas que patrocinan el boicot de las maderas tropicales quieren de verdad ayudar a los países tropicales a explotar sosteniblemente sus bosques, deberían estar dispuestos a entablar un diálogo constructivo con los países y con las organizaciones internacionales competentes.
Lo más conveniente a largo plazo sería que los grupos ambientalistas lleguen a un acuerdo con los países tropicales, las organizaciones internacionales para el desarrollo y las instituciones internacionales de crédito, en el marco de un programa como el Programa de Acción Forestal en los Trópicos (PAFT). De manera inmediata, y a causa de las graves repercusiones que el boicot tiene en muchos países tropicales, habría además que tomar en cuenta otras estrategias una podría ser organizar debates entre un solo grupo ambientalista con un solo país productor. El tema en discusión sería la busca de estrategias para la explotación sostenible en cada país en cuestión. Cuando fueran adoptadas éstas, los grupos ambientalistas endosarían las exportaciones de madera del país correspondiente como obtenido sosteniblemente.
Muchas empresas de Ghana han declarado estar dispuestas a debatir la cuestión con grupos ambientalistas, asociaciones industriales y ministerios competentes de los gobiernos. Consideran que ésta sería una manera eficaz de estimular individualmente a los países a administrar sosteniblemente la explotación forestal mientras prosiguen las discusiones a nivel internacional.
Los bosques tropicales tienen importancia tanto para los países en desarrollo como para los países desarrollados, no sólo por los productos forestales, sino también por la multitud de beneficios adicionales que proporcionan. Los países desarrollados (y sus grupos ambientalistas) deberían mostrarse dispuestos a prestar asistencia económica y técnica a los países en desarrollo para que logren explotar sosteniblemente sus bosques.
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