Los fletes se mantuvieron débiles
al final de junio y en julio, debido a la competencia por el número limitado
de cargamentos en oferta. Al mejorar notablemente las perspectivas de la nueva
cosecha de cereales y soja de los Estados Unidos, los precios bajaron y algunos
países del Lejano Oriente compraron en el mercado para cubrir sus necesidades
futuras. En el sector de carga seca a granel, la mejora de la demanda de la
industria siderúrgica de Europa y el Japón estimuló las
contrataciones de embarca-ciones de gran calado para cargar mineral de hierro
en el Brasil.
En la primera quincena de agosto se registraron pocas exportaciones de cereales.
Los fletes al Japón y la República de Corea se debilitaron
a raíz de los informes de que los fabricantes de piensos de esos
países habían cubierto sus necesidades para varias semanas.
Las grandes cosechas internas tanto de trigo como de cereales secundarios
indujeron a la mayoría de los comerciantes a bajar los pronósticos
relativos a las importaciones de China.
Para mediados de agosto, el índice de fletes del Báltico (IFB)
había disminuido a alrededor de 1060, el más bajo desde octubre
de 1995, pero se recuperó ligeramente en la quincena siguiente. Sin
embargo, en la mayoría de las rutas los fletes se mantuvieron
considerablemente bajos respecto a los de hace un año. La ruta principal
de cereales pesados,
desde el Golfo de los Estados Unidos al Japón, había bajado
a menos de 20 dólares EE.UU. por tonelada, frente a 33,50 dólares
EE.UU. por tonelada en agosto de 1995. Los fletes a los países en
desarrollo fueron también más débiles, habiendo descendido
los de la CE a Marruecos en 4,25 dólares EE.UU. a 11,25 dólares
EE.UU. por tonelada.