La integración del Proyecto a la comunidad para iniciar actividades de desarrollo debe tomar en cuenta que en la comunidad las familias están conformadas, generalmente, por hombres, mujeres, niños y ancianos. La unidad familiar es la base para desarrollar las actividades agroforestales, con una economía campesina de sobrevivencia donde cada miembro de la familia tiene que aportar a su sostenimiento a partir de su responsabilidad específica en la producción.
El deterioro de los recursos forestales para leña y forraje, el crecimiento demográfico y la escasez de lluvias en los últimos años han afectado seriamente a la agricultura y ganadería. La población, principalmente masculina adulta se ha visto obligada a migrar temporal o permanentemente a ciudades para obtener algún dinero quedando en las comunidades las mujeres como responsables de su familia.
Sin embargo, la representatividad y el poder de decisión en las instancias comunales corresponden a los hombres en desmedro de las mujeres. Las instituciones que acuden a las comunidades con sus propuestas de desarrollo refuerzan esta discriminación porque organizan las actividades con las personas que destacan y con las que es más fácil entrar en contacto, descuidando a un sector de la población, en este caso, las mujeres. Cuando en una población por la alta migración quedan pocos hombres en la comunidad, no es extraño el comentario de que en esa comunidad "no hay gente". Han quedado las mujeres, los niños/as y los ancianos. En esta situación, las mujeres suplen a sus esposos en los trabajos, pero no en la toma de decisiones ni en la consideración de las instituciones.
En consecuencia, los proyectos de desarrollo sobre todo de carácter agropecuario, difícilmente dirigen sus acciones de manera directa y específica a las mujeres "porque no toman decisiones", porque tienen que consultar primero con el esposo o porque su papel es de trabajadora a nivel familiar y el representante de la unidad familiar, en el nivel público, es el hombre.
Las mujeres no deberían ser excluidas de ningún proceso de desarrollo, entendiendo que su inclusión no implique participar como mano de obra de la comunidad o en reemplazo del esposo, sino con carácter activo en el proceso de planificación, ejecución y evaluación de los proyectos de desarrollo.
El hecho mismo de que las mujeres sean en un mayor porcentaje agricultoras en el área rural de Potosí, demuestra que ellas pueden asumir decisiones en el nivel productivo. La capacitación y organización de las mujeres en actividades que son vistas como prolongación de sus tareas domésticas como la artesanía textil, cocina, etc. que desde luego tienen su importancia y utilidad, ignoran el aporte real de la mujer a través de la producción, sus conocimientos, experiencias y sus demandas de capacitación al igual que el hombre.
Por los resultados de la investigación se puede colegir que existe poca valoración del trabajo que realizan las mujeres, expresada tanto por hombres como por mujeres. Su trabajo no es tomado en cuenta en su real dimensión.
Por la dinámica de complementariedad de responsabilidades y actividades a nivel familiar, todos sus miembros tienen tareas específicas, tanto a nivel comunal como familiar. La multiplicidad de actividades es una característica para ambos sexos, pero sobre todo, para las mujeres.
En las actividades desarrolladas junto con las instituciones difícilmente pueden asistir dos o tres miembros de una familia simultáneamente. Generalmente asiste un miembro de la familia, hombre o mujer, niño o anciano de acuerdo a la atribución de tareas dentro de la familia. Si la mujer tiene que reemplazar al esposo, esto supone inevitablemente recargar sus actividades porque no puede ser liberada de las suyas como ocurre con los hombres cuando participan a nivel comunal o con las instituciones.
Cuando las mujeres son nominadas para cargos en la estructura organizativa de la comunidad no desempeñan funciones de autoridad. Por otro lado, ellas indican que les falta experiencia, se sienten inferiores a los hombres, no están acostumbradas a exponer sus ideas y opiniones y, menos aun, a tomar decisiones a nivel público. Esto se corrobora cuando escuchamos que "la mujer decide en la familia, desde la casa; que el hombre no participa si su mujer dice que no". La subordinación y su ideologización es evidente.
Las mujeres, a pesar de disponer de poco tiempo, tienen interés en capacitarse. Hemos visto que participan en actividades forestales, en el vivero, en las plantaciones; cuidan y riegan. Ellas, por lo general, no participan en instancias de capacitación técnica. Se supone que aprenden según les indican sus esposos, como una forma indirecta de capacitación. Sin embargo, es importante que la capacitación sea en forma directa para hombres y mujeres.
En la actualidad, organizaciones de mujeres como los centros de madres y las organizaciones sindicales han logrado integrar a éstas en sus estructuras organizativas, espacios que en alguna medida permiten entrenarse y acceder al poder y compartir las responsabilidades a nivel organizacional, juntos hombres y mujeres. Estos espacios organizados permiten también que las mujeres puedan capacitarse, expresar sus necesidades más abiertamente; pero, a su vez, los esposos tendrán que asumir algunas tareas que realizan las mujeres para posibilitar la participación de éstas. Por eso, es muy importante que reflexionen juntos, hombres y mujeres, sobre el trabajo integral en la perspectiva del desarrollo, para equilibrar los roles diferenciados según el género.