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Proteger las funciones múltiples de la biodiversidad agrícola
Documento de antecedentes 1: la biodiversidad agrícola

Resumen

El presente documento examina las relaciones de la biodiversidad agrícola con las funciones de los agroecosistemas en distintas dimensiones espaciales y temporales. Se destacan las funciones múltiples de la biodiversidad agrícola y sus vínculos con los medios de subsistencia rurales en una variedad de situaciones ecológicas y económicas, a través de una selección de ejemplos.

La biodiversidad agrícola abarca la variedad y variabilidad de los animales, las plantas y los microorganismos importantes para la alimentación y la agricultura, producidas por la acción recíproca entre el medio ambiente, los recursos genéticos, la gestión de los sistemas y las prácticas de las personas. Las plantas y los animales, silvestres y domésticos, se han combinado, modificado y manipulado durante milenios, en complejos y diversos sistemas agrícolas. En los agroecosistemas están presentes necesariamente, por definición, las personas y sus instituciones, así como la biodiversidad agrícola que utilizan y en la que repercuten a través de la amplia gama de sus objetivos sociales y definiciones del bienestar.

En la primera parte de este documento se analizan las funciones múltiples de la biodiversidad agrícola, desde el punto de vista de su contribución a la alimentación y a la seguridad de los medios de subsistencia, a la producción y sostenibilidad del medio ambiente y al desarrollo rural.

Las formas dinámicas y complejas de ganarse el sustento a menudo dependen de la diversidad vegetal y animal, silvestre y en distintas etapas de domesticación. Los distintos pueblos utilizan tipos diferentes de biodiversidad agrícola ("cultivada", "criada" o "silvestre"), en momentos y lugares distintos, y de esta manera contribuyen a las estrategias de sustento de manera compleja. Para ponderar cabalmente el valor económico de las prácticas agrícolas, pecuarias, piscícolas, de recolección, consumo y comercialización de los diversos tipos de la biodiversidad agrícola, hace falta entender cómo las determinan la condición económica, el género, la edad y la situación ecológica.

Además de contribuir a la sostenibilidad ambiental, la biodiversidad agrícola ayuda a mantener muchas funciones de la producción, tanto en la agricultura que utiliza pocos insumos externos como en la que los utiliza en abundancia. Cabe mencionar las siguientes funciones: descomposición y rotación de los elementos nutritivos, producción de biomasa, conservación de los suelos y el agua, control de plagas, polinización y diseminación, conservación de la biodiversidad agrícola, clima, circulación de las aguas e influencia de la biodiversidad agrícola en la composición del paisaje.

La biodiversidad agrícola, aparte de participar en la seguridad alimentaria y de los medios de sustento, puede proporcionar una base para desarrollar actividades ecoturísticas y restablecer sistemas alimentarios y economías rurales localizados.

En la segunda parte de este documento, se resumen las causas fundamentales de la pérdida de biodiversidad agrícola, con el propósito de determinar algunas medidas y reformas normativas e institucionales necesarias para defenderla así como a las funciones del agroecosistema:

Incuria del conocimiento autóctono, de las instituciones y los sistemas de gestión locales. El conocimiento y las prácticas locales pueden brindar ejemplos asombrosos de conservación activa y uso sostenible de la biodiversidad agrícola.

Una de las principales causas de pérdida de biodiversidad, en el pasado y actualmente, es la promoción activa y la difusión de un desarrollo programado, cuya expresión más común está en la agricultura industrial y la revolución verde, a ella estrechamente ligada, orientadas a incrementar al máximo las cosechas de mayor valor comercial y la productividad, imponiendo los monocultivos y la aplicación uniforme de tecnologías.

Los intereses empresariales se reflejan cada vez más en la investigación, la producción y distribución de las semillas, el ganado y otras tecnologías que repercuten directamente en la biodiversidad agrícola.

Falta de equidad en la tenencia de la tierra y en el control de los recursos. Una importante causa de pérdida de la biodiversidad agrícola tiene que ver con la falta de equidad en el acceso a la tierra, el agua, los árboles y los recursos genéticos, y al control sobre estos recursos. La negación a la población local del derecho a utilizar los recursos reduce seriamente y socava la seguridad local de los medios de sustento de las personas.

Las presiones del mercado y la subestima de la biodiversidad agrícola son causas importantes de la pérdida de biodiversidad agrícola. También ha contribuido a esta pérdida la expansión de los mercados mundiales y las pautas recientes de liberalización comercial, al uniformar la producción y el consumo de alimentos. Las políticas de armonización de criterios, que van de la mano de la globalización de los mercados, son vigorosas fuerzas que debilitan el intento de hacer un uso sostenible de la biodiversidad agrícola local y de las variedades localmente adaptadas. Es difícil ponderar económicamente las funciones múltiples de los ecosistemas, y numerosos profesionales ajenos a este campo han subestimado mucho los valores indirectos de las funciones del ecosistema y el mérito económico y social de la biodiversidad para la población rural.

Factores demográficos, como el aumento de la población y la emigración de masas, que a menudo hacen perderse una parte de la biodiversidad agrícola en las nuevas "fronteras", como los bosques, las costas, los manglares y las praderas.

En la parte final del documento se presentan opciones de protección de la biodiversidad agrícola, con justificación de cada serie de actividades propuestas:

Conocer mejor la dinámica de la biodiversidad agrícola. El conocimiento de la biodiversidad agrícola y los procesos que la propician o deterioran es fundamental para elaborar la política nacional e internacional, y determinar el tipo de régimen de ordenación predominante. Con todo, es mucho lo que se desconoce o se sabe insuficientemente de la estructura y las funciones múltiples de la biodiversidad agrícola. Por lo tanto, hace falta invertir para perfeccionar y enriquecer el conocimiento de ésta y sus funciones.

Utilizar más efectivamente la biodiversidad agrícola respecto a los alimentos y las fibras. La biodiversidad agrícola desempeña funciones vitales en la agricultura, así como en la utilización del agua y de las tierras. La futura seguridad alimentaria mundial depende de aprovechar y defender la biodiversidad agrícola y sus numerosas funciones, desde la parcela agrícola hasta el paisaje en su conjunto. La soberanía de los países y la seguridad alimentaria dependen, a fin de cuentas, de contar con una variedad más amplia de tecnologías agrícolas y opciones en materia de desarrollo, de la genética al ecosistema.

Fomentar una gestión de adaptación local de la biodiversidad agrícola. Es enorme la variación que hay dentro de los agroecosistemas y entre ellos, y se necesita apreciar mejor las prácticas agrícolas y el conocimiento locales de la población rural en materia de gestión de la biodiversidad agrícola de los bosques, los humedales, los campos, las praderas, las costas y los sistemas de aguas dulces.

Apoyar la participación local en la planificación de la gestión y en su evaluación. Planificar la utilización de las tierras debería permitir a la población local, sobre todo a los pobres, definir sus prioridades y sus necesidades.

Modificar a las burocracias y las prácticas profesionales. Una gestión de adaptación local de la biodiversidad agrícola y la participación popular en gran escala fomentan un cambio en la burocracia, para que deje de ser la encargada de poner en práctica los proyectos y se convierta en promotora de la participación de la población local en el análisis, la planificación, la acción, la supervisión y la evaluación.

Fortalecer los derechos locales y la seguridad de la tenencia. Hace falta proporcionar un marco jurídico para una gestión descentralizada eficaz de la biodiversidad agrícola, sobre todo respecto a la tenencia de los recursos.

Reforma de las políticas comerciales, los mercados y los incentivos económicos. Los instrumentos económicos, como la política comercial, los mercados, los subsidios y los incentivos económicos, son críticos en la defensa de la biodiversidad agrícola y sus funciones múltiples. A menudo hará falta un planteamiento sistemático de la transformación económica, que abarque distintos niveles, con el fin de reformar el comercio, la imposición fiscal y el gasto público, para orientarlos a la defensa de la biodiversidad agrícola y de sus funciones múltiples.

El carácter multifuncional de la agricultura y la tierra: la función de la energía
Documento de antecedentes 2. La bioenergía.

Resumen

La agricultura tiene un carácter multifuncional inherente. Es más, toda actividad agrícola y el correspondiente uso de la tierra conducen directamente a otras funciones no agrícolas que abarcan bienes y servicios sociales, ambientales, económicos y culturales, capaces de producir importantes costos o beneficios. Sin embargo, está más que comprobado que, más allá de la seguridad alimentaria, el carácter multifuncional de la agricultura contribuye significativamente al desarrollo rural y a la sostenibilidad local, nacional, regional y mundial en materia de energía y ambiental. Entender mejor y más sistemáticamente ese "carácter multifuncional" puede producir directamente beneficios todavía mayores. La importancia del carácter multifuncional es una cuestión de primer orden para los encargados de elaborar las políticas y también para los que las ponen en práctica. Este documento se propone ponderar la función de la energía en la agricultura. El consumo de energía en la agricultura está muy bien documentado en los sectores del riego, la fertilización, el transporte, la agroindustria y la conservación, aunque todavía hace falta estudiar de manera más sistemática el nexo entre energía y alimentos. Pocas veces se reconoce o se aprovecha la importante función de la agricultura en la producción de energía, aunque está despertando interés de nuevo debido al cambio climático mundial y a la conciencia cada vez mayor de las posibilidades de la energía de biomasa como motor del desarrollo rural.

La producción y utilización de bioenergía son una importante actividad agrícola, particularmente en muchas zonas rurales de los países en desarrollo. En una combinación de formas tradicionales y modernas, la energía de biomasa actualmente proporciona unos 55EJ (equivalentes a 25 millones de barriles diarios de petróleo), que corresponden aproximadamente al 14 por ciento de la energía mundial. Se trata de la fuente más importante de energía para los países en desarrollo en conjunto, y a ella corresponde el 34 por ciento del suministro total de energía. En efecto, en muchos países en desarrollo representa más de 90 por ciento del consumo total de energía. Aunque los niveles son previsiblemente bajos en los países desarrollados e industrializados, de todas formas abarca hasta un 20 por ciento del consumo total de energía en algunos de esos países. Gran parte de esta energía procede de distintos tipos de residuos agrícolas y forestales, aunque en el futuro se prevé que diversas clases de cultivos y plantaciones para producir energía proporcionen el suministro principal.

La biomasa fue la principal fuente de energía antes del siglo XX. Pero en los últimos decenios -en la llamada "era del petróleo"-, los responsables de la política y de planificar el sector de los energéticos han ignorado en gran medida y relegado la energía de biomasa. Las actuales tendencias demuestran que la cantidad de bioenergía consumida permanece estable (o incluso aumenta), y que su uso se ha incrementado en países industriales, como algunos integrantes de la Unión Europea y los Estados Unidos, sobre todo por motivos ambientales más que por consideraciones específicas de la propia energía. Desde principios de los años 90 en casi todos los foros del sector ha aumentado el interés en la biomasa para la producción de energía por sus grandes posibilidades para el siglo XXI, ya que para el año 2025 podría aportar de 59 a 145 EJ. Este aumento previsto de la energía de biomasa podría tener repercusiones importantes para el desarrollo agrícola.

A pesar de la gran intensidad de utilización de energía en la agricultura en los países industriales, mundialmente el sector agrícola consume poca energía en comparación con otras industrias. En realidad, en muchos países en desarrollo el nivel de consumo es bajo. Esto significa que: i) adoptar pautas occidentales de modernización agrícola conduciría a elevar el consumo de energéticos; ii) el potencial de disminución de las emisiones de carbono en la agricultura a raíz de la reducción del consumo de energía es mucho menor que en otros sectores. El potencial conjunto de los sistemas agrícolas de reducir el volumen de emisiones de CO2 se ha calculado entre 0.94 y 2.53 PgC/año, en comparación con las emisiones mundiales actuales de 7.0 PgC/año.

Del corto al mediano plazo los residuos seguirán siendo un suministro importante de bioenergía y tendrían pues menos implicaciones directas para la agricultura que si se establecieran en tierras agrícolas cultivos y plantaciones en gran escala para obtener energía. Hacen falta urgentemente directrices para la utilización de residuos, con el propósito de determinar lo que "sí es" y lo que "no es" renovable, y asegurar las ventajas ambientales máximas, como se ha hecho con las plantaciones/cultivos/bosques. La utilización en gran escala de abono animal para obtener energía es cuestionable, porque sus aplicaciones no relacionadas con la energía pueden ser mucho más útiles, salvo en circunstancias específicas donde el exceso de estiércol suponga problemas ambientales para la agricultura, como en Dinamarca, donde ese sobrante se aprovecha para producir biogas y fertilizantes como productos secundarios.

La satisfacción de ciertos criterios económicos y ambientales ha perfeccionado en los dos últimos siglos la tecnología de los energéticos, pero este avance no incluye la fijación del carbono. La utilización de bioenergía en gran escala, siempre que cumpla los requisitos del mercado, ofrece la opción más eficaz para fijar el carbono. Carece de bases la idea de que la utilización de biocombustibles a menudo deteriora el medio ambiente, produce deforestación y lesiona la salud. Por ejemplo, los riesgos de los biocombustibles para la salud se deben más directamente a ciertas prácticas culturales, al subdesarrollo y la pobreza, que a la naturaleza misma de esos productos. Casi todas esas repercusiones negativas podrían eliminarse con mejores condiciones socioeconómicas: mejorando la vivienda y con tecnologías más eficientes, por ejemplo, perfeccionar las estufas para cocinar.

El desarrollo agrícola ha sido muy desigual en todo el mundo, debido en parte a las diferencias de niveles de desarrollo socioeconómico, dotación de recursos, condiciones climáticas, a las políticas, etc. En muchos países se ha debido en gran parte a la falta de apoyo político a los campesinos, por ejemplo en materia de infraestructura, mercados, investigación, servicios de extensión, pese a que a menudo la agricultura es el principal sustento de la mayoría de la población. Algunas de estas deficiencias ya se están atendiendo a través de una consulta más amplia con la comunidad agrícola, reconociendo el futuro del conocimiento agropecuario tradicional, la necesidad de una buena capacitación técnica para modernizar la agricultura, la función de las mujeres en la producción de alimentos, etc. También se aprecia más la posible intervención de la bioenergía en el desarrollo socioeconómico y en la producción de alimentos. La bioenergía puede ser una vasta fuente de empleos (aunque comúnmente secundaria) y de ingresos para muchos campesinos de zonas rurales apartadas. Así pues, son importantes las posibles repercusiones de la producción de bioenergía en gran escala y de su utilización para la economía rural, por lo que no hay que pasarlas por alto.

El cambio climático y sus posibles repercusiones en la agricultura plantean numerosas preguntas que todavía han obtenido escasas respuestas. En pocas palabras, no hay suficientes conocimientos que permitan hacer previsiones significativas. Hace falta mucha investigación de largo plazo antes de que sea posible hacer recomendaciones seguras. Las complicaciones de la disponibilidad de tierras, la competencia por los alimentos y los combustibles se están atendiendo más seriamente, y ahora ya se acepta en general que la disponibilidad de tierras no es el meollo del problema, sino que son obstáculos más críticos la mala gestión agrícola, el desperdicio, la tenencia agraria, la interferencia política, etc. La posible función de la bioenergía se viene considerando más seriamente desde principios de los años noventa, al adquirir interés internacional las presiones sobre el medio ambiente, la privatización del sector de los energéticos y la sostenibilidad.

Los campesinos han demostrado su capacidad de cambiar e innovar cuando perciben con claridad sus oportunidades. Con un apoyo adecuado (servicios de extensión, infraestructura, financiamiento, etc.), los agricultores podrán producir muchos más alimentos y energía, siempre que se realicen los cambios necesarios. Es importante recordar que la producción de alimentos y de energía en la agricultura mantienen una relación recíproca y complementaria. Los programas de bioenergía, que incluyan consideraciones de agrosilvicultura y agricultura integral, pueden mejorar la producción de alimentos al poner al alcance, donde haga falta, energía e ingresos, de manera más adecuada para el medio ambiente y más sostenible.

Con todo, la producción de bioenergía es un asunto complejo que depende de múltiples y variados factores. La bioenergía no se debería considerar una panacea universal para resolver los problemas agrícolas y de energía de las zonas rurales, sino una actividad capaz de contribuir significativamente a mejorar la producción agrícola, el suministro de energía, el medio ambiente y la sostenibilidad. Su contribución final dependerá de una combinación de factores sociales, económicos, ambientales, de energía y tecnológicos. El carácter multifuncional de la agricultura y la tierra, y su posible función en la producción de energía, deberían ser objeto de mayor reconocimiento, junto con la necesidad de un estímulo político positivo y adaptaciones socioculturales.

Las tierras áridas y el planteamiento del CMFAT
Documento de antecedentes 3: las tierras áridas

Resumen

El presente documento analiza los procesos, las pautas y las tendencias de la agricultura y el uso agrario en las tierras áridas. Además investiga las posibilidades del carácter multifuncional de la agricultura y la tierra -el planteamiento del CMFAT- para atender el problema más grave de las tierras áridas, es decir, combatir la desertificación. La exposición comienza con un análisis del planteamiento del CMFAT, que conduce a la presentación de un modelo simple de referencia que proporciona las bases para el análisis subsiguiente. Luego se dirige la atención a los temas correspondientes a las tierras áridas y la desertificación, sobre todo a sus repercusiones para los países de tierras áridas y su población. El documento pondera a continuación las experiencias de campo de diversos asociados de todo el mundo, a través de estudios de casos tomados de dos fuentes de información distintas: la base de datos de estudios de casos del carácter multifuncional (EMC) de la FAO y los Países Bajos, y el proyecto de base de datos del FIDA. Este análisis reconoce los factores críticos que determinan el éxito y el fracaso en las zonas áridas, y extrae conclusiones claves para el futuro desarrollo sostenible de las tierras áridas y para la lucha contra la desertificación. Por último, el documento traduce estos resultados en un conjunto preliminar de directrices normativas y recomendaciones para una mejor gestión del ciclo de los proyectos en las tierras áridas, y para dar una mayor coherencia a la formulación de políticas y al proceso de toma de decisiones.

El planteamiento del CMFAT se propone reconocer la amplia variedad de aportaciones y la gran influencia de la agricultura y de los correspondientes usos de la tierra, y destacar la diversidad de las funciones como recurso eficaz y como un activo. El presente documento analiza la pertinencia y las aplicaciones del planteamiento del CMFAT para las tierras secas.

Las tierras áridas, caracterizadas por su limitación de recursos hídricos, de suelos y biodiversidad, tradicionalmente han puesto de relieve la utilización multifuncional de la agricultura y la tierra como prioridad y como necesidad fundamental. Con todo, el incremento de las presiones ambientales y humanas ha exacerbado el proceso de degradación de las tierras secas, planteando cuestiones dramáticas respecto a la sostenibilidad de las actuales pautas de utilización agraria y de los sistemas agropecuarios, así como de la calidad de los medios de vida rurales en las zonas concernientes.

Todas las opciones de utilización agraria descritas en este documento, comprendidas la producción de alimentos, la agricultura comercial, la agricultura en gran escala, la explotación de productos madereros, la conservación de la naturaleza, el turismo y la minería, muestran las múltiples acciones recíprocas, las compensaciones y repercusiones según el sitio, el tiempo, la proporción y una combinación de factores que influyen unos en otros.

También se presta particular atención a la desertificación. Se demuestra que el planteamiento del CMFAT enriquece el análisis de las causas de la desertificación y de las estrategias para combatirla.

Este análisis general viene seguido de la evaluación de 51 estudios de casos y situaciones de éxito, elaborados a partir del marco conceptual del CMFAT y tomados de la base de datos de EMC, que ha sido parte del inventario que formó parte del proceso de preparación de la Conferencia FAO/Países Bajos sobre el Carácter Multifuncional de la Agricultura y la Tierra, y del Proyecto de Base de Datos del FIDA. Estos estudios de casos representan una amplia gama de situaciones respecto a la ubicación geográfica, los organismos ejecutores, el sistema de producción y la medida de la intervención.

Los estudios de casos se clasificaron en dos grupos a partir de las cuestiones consideradas más importantes: (i) la creación de condiciones socioeconómicas favorables para consolidar la seguridad alimentaria, la mitigación de la pobreza, y una política y un marco jurídico apropiados (planteamiento orientado a la población), y (ii) la defensa del capital natural agrario y la creación de sistemas de ordenación agraria que respeten el medio ambiente, capaces de mitigar las repercusiones de las presiones sobre las tierras y de brindar un desarrollo económico y beneficios a una amplia variedad de participantes (planteamiento orientado a los recursos). Los estudios de casos demuestran que cualquier objetivo que se elija, los resultados efectivos y las repercusiones dependen en buena parte de las medidas que se tomen y de una combinación de factores internos y externos, tomados en debida consideración durante el ciclo del proyecto y que abarcan la mayoría de las funciones contenidas en el planteamiento del CMFAT, aunque no formen parte del objetivo inicial del proyecto. Destacan en particular la importancia de la función de la cohesión social a través de la intervención de los participantes en la planificación y la gestión de los recursos agrarios, de la función del desarrollo económico a través de la necesidad de servicios financieros y técnicos apropiados, capaces de dar impulso a las iniciativas locales, de la función del conocimiento mediante la necesidad de integrar el conocimiento tradicional con una tecnología innovadora, y de las políticas y la función institucional a través de acciones apropiadas para regular la tenencia de la tierra y los precios agrícolas.

Si bien establecer prioridades y encauzar con eficacia se consideran en general medidas necesarias para comenzar, el desempeño y las repercusiones positivas de los proyectos mejoran mucho al reconocer la diversidad de las funciones como contribución efectiva al desarrollo de pautas sostenibles de utilización de las tierras y aplicar un planteamiento flexible para abordar las cuestiones pertinentes. Los estudios de casos además confirman que el planteamiento del CMFAT mantiene una relación intrínseca con las características del medio ambiente natural, social y económico de las tierras áridas. Sacar el provecho máximo de los recursos agrarios, que sigue siendo el reto más grande para esas regiones, depende mucho de la variedad de funciones que esos recursos limitados puedan generar efectivamente.

El documento analiza la medida en que el planteamiento del CMFAT puede mejorar las metodologías comunes utilizadas para la gestión de proyectos (es decir, el marco conceptual) y ayudar a armonizar la variedad de políticas sectoriales y funcionales para sacar el mejor partido a los mecanismos institucionales, jurídicos, de organización y financieros existentes en los países beneficiarios.

Además sintetiza algunas de las oportunidades y riesgos del planteamiento del CMFAT, con énfasis en el potencial valor añadido que representa al ofrecer un amplio marco común aplicable tanto en los niveles micro como macro, al concentrarse en problemas o funciones más que en sectores, y permitir reconocer de manera flexible los vínculos complejos, las sinergias y los vacíos que se presentan en la evolución de los programas para las tierras áridas.

En conclusión, el documento reconoce la utilidad potencial del planteamiento del CMFAT. Pero además subraya la necesidad de refinarlo todavía más y someterlo a prueba en la práctica, tanto en el nivel micro como en el macro, para evaluar su utilidad real para el desarrollo sostenible de las tierras secas.

El medio ambiente, el comercio, la agricultura sostenible y el desarrollo rural: sus conceptos, cuestiones y medios.
Documento de antecedentes 4: el medio ambiente y el comercio

Resumen

La Cumbre de la Tierra de 1992, los Acuerdos de la OMC de 1994, la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 y numerosos acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente constituyen las principales perspectivas internacionales que influyen en las políticas nacionales en los ámbitos del comercio internacional, la protección del medio ambiente, la agricultura sostenible y el desarrollo rural. Estos acuerdos y declaraciones han puesto en marcha un proceso dinámico que todavía no es por completo coherente en el equilibrio de los objetivos -ambientales, económicos y sociales- de los diversos países del mundo. Si bien queda claro que los países y algunos grupos en el seno de los países tienen agudas diferencias de intereses y prioridades, es imperativo que la comunidad internacional busque un terreno común para hacerse cargo de estas cuestiones críticas. Con ese propósito, este documento reseña la función de la política comercial en la agricultura sostenible y el desarrollo rural, comenta el marco de los acuerdos internacionales en que se desenvuelve la discusión sobre el comercio, el medio ambiente y la agricultura sostenible y el desarrollo rural, y analiza algunos de los conceptos e interpretaciones de base de ese debate. El documento pone de relieve a continuación algunos asuntos críticos de interés para los países en desarrollo, y concluye con el reconocimiento de ciertos principios fundamentales de un marco normativo efectivo para la liberalización del comercio y la protección del medio ambiente en el contexto de la agricultura sostenible y el desarrollo rural.

La investigación y la tecnología, y el carácter multifuncional de la agricultura y la tierra.
Documento de antecedentes 5: la investigación y la tecnología.

Resumen

El documento define las actividades de investigación realizadas en los centros del CGIAR, en el contexto del carácter multifuncional de la agricultura y la tierra (CMFAT). Se describe cómo las tecnologías y el conocimiento generados por esos centros se aplican en colaboración con los asociados de los programas nacionales, que contribuyen a una variedad de funciones críticas, es decir, la seguridad alimentaria, la ordenación de los recursos naturales (comprendida la ganadería ecológica), y el fortalecimiento socioeconómico, normativo e institucional. Las tecnologías elaboradas por los centros ya han repercutido significativamente en las diferentes funciones de la agricultura. Se esbozan las actividades específicas de investigación emprendidas en los centros correspondientes para mostrar la incorporación del CMFAT en el programa de investigación de los centros del CGIAR. Estas actividades abarcan una amplia variedad de temas y cuestiones, que reflejan los vínculos complejos y críticos de la agricultura y el correspondiente uso de las tierras.

La investigación tiene dos funciones principales: (i) Contribuir al conocimiento adecuado de las relaciones recíprocas y de la dependencia mutua de los sistemas de producción agrícola, las comunidades agrícolas y la situación socioeconómica y sociopolítica, y (ii) aprovechar este conocimiento para elaborar las tecnologías apropiadas que mejoren los resultados de los sistemas de producción para el usuario de las tierras, y sean sostenibles desde el punto de vista ambiental. La vasta diversidad de sistemas agrícolas y condiciones ambientales exige más soluciones específicas para los distintos sitios. La investigación agrícola ha contribuido de manera importante a la creación de tecnologías muy aceptadas, como la agrosilvicultura y los sistemas de cultivos mixtos, que protegen los suelos, enriquecen la diversidad de la producción agrícola y contribuyen a mejorar la obtención de ingresos. Además, gracias a la investigación se avanzó considerablemente en la creación de tecnologías de agricultura en laderas, que permiten la explotación sostenible y productiva de las laderas en regiones densamente pobladas. También se ha avanzado en la investigación en materia normativa. Distintos países han revisado sus políticas de uso agrario y ambientales para consolidar el uso sostenible de los limitados recursos agropecuarios. Todas estas tecnologías y estrategias se proponen hacerse cargo del carácter multifuncional de la agricultura y el correspondiente uso de las tierras, aprovechando las posibilidades y reconociendo las limitaciones del medio ambiente biofísico y socioeconómico.

Con todo, hacen falta tecnologías nuevas y mejor adaptadas, que estén al día de las constantes transformaciones de las condiciones generales, los acontecimientos y el medio ambiente. La complejidad del uso agrícola de las tierras exige más información y medios de comunicación amplios, accesibles y fáciles de utilizar. Se trata de requisitos importantes para facilitar una mejor cooperación e investigación interdisciplinaria. Contar con mejores medios de clasificación agroecológica, y sistemas de información geográfica ayudará a reconocer y situar los "lugares críticos" de los sectores de preocupación en materia de uso agrario, y permitirá extrapolar las tecnologías de otras zonas de características parecidas. Otro reto de la investigación agrícola consiste en adecuar las tecnologías generales actuales a las exigencias específicas de los lugares, y establecer los límites de la capacidad de explotación de los distintos medios agrícolas.

El carácter multifuncional de la agricultura ya está encarnado en la misión del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) de combatir la pobreza, consolidar la seguridad alimentaria y el desarrollo agrícola sostenible a la vez que se conserven los recursos naturales. Se refleja en las actividades de investigación que se llevan a cabo en los centros internacionales de investigación agrícola (CIIA), aunque no se define categóricamente en el contexto del CMFAT.

Aportación del agua de lluvia y el agua de riego al carácter multifuncional de la agricultura y la tierra.
Documento de antecedentes 6: el agua

Resumen

El agua es vital para la agricultura. Es un elemento central del carácter multifuncional de la agricultura y la tierra. Este documento analiza tanto las numerosas aportaciones del agua a la agricultura, como algunas de las distintas formas en que sustenta su carácter multifuncional mismo. En particular, el documento analiza la medida en que la agricultura contribuye a la seguridad alimentaria. El análisis se apoya mucho en el planteamiento del CMFAT, que parte del reconocimiento de las múltiples funciones de la agricultura aparte de la producción de alimentos.

El documento somete a examen cuatro preguntas:

La exigencia anual de agua para alcanzar la seguridad alimentaria varía entre 1000 y 2000 m3 por persona al año. Suministran esta agua la lluvia (agua de lluvia) y, donde falta ésta, puede proporcionarla el riego (agua de riego). El proceso de producción de biomasa consume una gran cantidad de agua y emite vapor de agua a la atmósfera -agua efectivamente utilizada por la vegetación, natural o agrícola-, pero no regresa agua a la cuenca fluvial. En el proceso de la fotosíntesis nada sustituye al agua.

La combinación de pobreza y una población numerosa y en crecimiento, en relación con los recursos hídricos disponibles, constituye un importante problema respecto a la seguridad alimentaria y además va en detrimento de la creación de una agricultura multifuncional viable. El problema del agua en algunos países es complejo debido a que una gran parte del recurso hídrico de lluvia renovable anual ya está utilizado. En algunos países, simplemente no hay más fuentes que explotar. En otros países, los costos financieros, ambientales y sociales asociados a las presas y a la extracción contribuyen a la reducción del índice de explotación.

Es posible producir más con menos agua sólo si el agua destinada a la agricultura se utiliza con más eficiencia y más productivamente. El principio fundamental debe ser reducir al mínimo la evaporación improductiva y elevar al máximo la transpiración productiva. En los sistemas de secano, son importantes los métodos de acopio y conservación de aguas para aprovechar mejor el agua de lluvia. La agricultura de irrigación tiene que hacer frente a una competencia cada vez mayor por el agua de riego, las tierras agrícolas, la mano de obra, etc., con la industria y las zonas urbanas.

La cantidad de agua que haya en la tierra depende, aparte del clima, de la textura y estructura de los suelos. Cuando éstos son profundos y arenosos suelen contener agua abundante. Dado su movimiento relativamente lento, esta agua a veces se considera una reserva hídrica, de la cual una parte se puede obtener fácilmente y tiene gran valor durante las sequías. Los suelos arcillosos, pese a su escasa conductividad hidráulica, contienen menos agua fácilmente explotable. Desde un punto de vista fisiológico, son suelos más secos y arenosos.

Los usos de la tierra repercuten con fuerza en el equilibrio hídrico. El cambio de la cubierta vegetal de los suelos en gran escala afecta al tamaño y la distribución temporal de los distintos elementos de la corriente de agua de las cuencas. A mayor biomasa de la vegetación, más agua se consume, con una disminución correspondiente del caudal.

La cantidad de agua necesaria para producir diversos cultivos varía considerablemente. Cabe señalar que mientras se subsidie el suministro de agua, al agricultor le interesa poco la relación del consumo de agua con el beneficio económico de los diversos productos agrícolas. Una demanda cada vez mayor de agua de otros sectores ejercerá presiones crecientes en el sector agrícola, para que éste consuma con mayor eficiencia el agua, y la destine a cultivos de gran demanda entre los usuarios.

En vastas partes del mundo donde por el clima y las condiciones de los suelos las cosechas son muy escasas y el acceso a los mercados es deficiente, el incremento a corto plazo de la producción probablemente tenga que consolidarse a través de estrategias agrícolas específicas para cada sitio, donde una combinación de acopio de aguas, gestión de los nutrientes vegetales, adaptación a las características topográficas, etc., sea el único criterio realista en el futuro previsible.

En las regiones semiáridas donde no es viable la irrigación, las únicas opciones factibles son los cultivos mixtos y la rotación compleja de cultivos. Son importantes ahí los cultivos que contribuyen a la fijación del nitrógeno, y una combinación de leguminosas y cereales a veces puede reducir el riesgo de infestaciones de plagas. En el trópico, los sistemas mixtos tienen la ventaja de proporcionar una cubierta vegetal en la superficie del suelo durante más tiempo, con beneficios obvios para el equilibrio hídrico.

En las regiones áridas, la productividad vegetal anual es más bien escasa y normalmente sólo se puede incrementar añadiendo agua mediante acopio o riego. Como las regiones áridas y semiáridas también se caracterizan por tener grandes variaciones del volumen de lluvias anual y de la estación, la recurrencia de sequías intermitentes exacerba los problemas agrícolas. Se forma con facilidad un círculo vicioso donde un clima difícil conduce a una escasa productividad vegetal que determina un contenido escaso de materia orgánica. La deficiencia de nutrientes y micronutrientes es un problema agrícola común.

En las regiones templadas y en la mayor parte de las subtropicales es más favorable la situación para formar sistemas complejos multifuncionales. Con todo, ahí se da una gran variabilidad de la intensidad de la producción. La agricultura forma parte de la comunidad occidental muy industrializada y es más o menos una industria. El panorama agrícola es muy diverso y en muchas partes del mundo industrializado tiene un gran valor estético.

La agricultura conserva, por su propia presencia y por la producción de biomasa vegetal y animal, valores sociales y culturales tradicionales, además de biológicos. Es difícil calcular las consecuencias a largo plazo de la acelerada transformación del mercado mundial, pero sin duda no sólo repercutirá profundamente en las relaciones internacionales y en el panorama nacional. Un sistema de mercados libres sin el actual sistema de subsidios brindará incentivos y creará nuevos sistemas de producción. Queda por responder la pregunta sobre las posibilidades del carácter multifuncional de la agricultura y la tierra para seguir desarrollándose donde el libre mercado es la fuerza motriz del cambio.

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