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Técnicas de la repoblación forestal en Chipre

por G. W. Chapman

Conservador de Bosques, Chipre

El interés activo por la plantación de bosques en Chipre data de la ocupación británica en 1878. Desde entonces se tomaron medidas inmediatas para conservar los bosques naturales que aún quedaban y para complementar estas reservas naturales con la plantación de especies exóticas en las llanuras áridas y desprovistas de árboles. Entre las primeras especies introducidas se encontraban las del género Eucalyptus y, posteriormente, se ensayaron otras muchas especies exóticas, de las cuales unas resultaron adecuadas y otras no. De vez en cuando se aumentaban los fondos asignados para la repoblación, y la historia silvícola de Chipre se ha caracterizado por la intensificación periódica de los esfuerzos encaminados a la creación de bosques en las tierras denudadas. La más reciente de tales campañas se inició en 1941, bajo el estímulo de los subsidios concedidos con arreglo a la Ley de Fomento y Bienestar Coloniales del Reino Unido. Desde entonces, el programa ha venido manteniéndose de acuerdo con las disposiciones del Plan Decenal de Fomento iniciado en 1946.

Durante toda la historia de la silvicultura de Chipre la característica sobresaliente ha sido la continua lucha para evitar que los bosques tengan que soportar el libre pastoreo del ganado caprino, y en los últimos años el Servicio Forestal ha conseguido suprimir tal inconveniente en un 90 por ciento de los bosques principales. Esto ha permitido que las labores de repoblación sigan su marcha sin temor a la constante amenaza de los rebaños, que hasta ahora han constituido un impedimento para las actividades de plantación, o incluso han anulado a veces los efectos de éstas.

En las zonas vecinas a las aldeas, el pastoreo libre sigue siendo un serio obstáculo para la marcha de las nuevas plantaciones de árboles, pero también en este aspecto la situación ha mejorado mucho. Aproximadamente en la mitad de la zona total de tierras labrantías de Chipre se ha eliminado ya el apacentamiento de cabras, como resultado de la Ley (de Exclusión) de Ganado Caprino y de la Ley de Plantación de Bosques en las zonas de centros poblados. Según lo prescrito por estas leyes, los habitantes de una aldea decidirán por votación la exclusión total del ganado caprino de libre pastoreo en las zonas vecinas, o la exclusión de toda clase de pastoreo en una sección determinada. Como resultado de esto, los pequeños propietarios rurales están intensificando los trabajos de plantación, principalmente bajo la forma de pequeños rodales, rompevientos o simplemente grupos de árboles.

El otro factor de importancia que influye en el fomento de la repoblación forestal en Chipre ha sido el aumento del número de tractores disponibles, así como de aperos posados, desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial. La mecanización ha contribuido de forma muy señalada a revolucionar las técnicas de repoblación, especialmente en las llanuras, y el proceso de adaptación de las propiedades a una repoblación mecanizada promete un gran desarrollo futuro.

El propósito de este artículo es describir brevemente los acontecimientos más recientes en lo que respecta a las técnicas de plantación de bosques en las montañas y en las llanuras del país. Al igual que en los países mediterráneos, el problema de hacer que una plantación joven resista los meses calurosos del verano en los dos primeros anos críticos de su vida es la principal dificultad natural con que ha de lucharse. En Chipre escasea el agua para los riegos en el verano y, por tanto, debe hacerse un uso más intenso de las prácticas de secano. Parece que la solución del problema sería implantar un cultivo profundo y frecuente, al cual se hace referencia más adelante.

La repoblación en los bosques de las montañas

En los bosques de las montañas de: Chipre, en los cuales las especies principales son el Pinus brutia y el Cupressus sempervirens, apenas si una tercera parte de la superficie total se encuentra poblada de buenos árboles. En los dos tercios restantes los rodales son poco densos, o bien han quedado denudados a causa de los incendios. Ahora que ha quedado suprimido el pastoreo en los bosques, se espera que la regeneración natural restaure en muchos casos la población arbórea con independencia de la intervención humana. Por consiguiente, la repoblación artificial se limita a aquellas zonas en que la erosión activa o la lentitud de la resiembra natural, por una u otra razón, crea la necesidad de aplicar medidas para aumentar e intensificar los procesos de la recuperación espontánea.

Esta ladera, devastada por el fuego y por el continuo pastoreo del ganado caprino, es un ejemplo típico de gran parte de las tierras montañosas de Chipre y, en las condiciones que pueden observarse, constituye un terreno propicio para la erosión.

Como se describe este articulo, la construcción de terrazas en gradas ha sido uno de los medios principales para crear nuevos bosques en las montañas de Chipre En la fotografía puede verse una ladera con este tipo de terrazas.

En la fotografía puede verse un primer plano de una hilera de vástagos de pino, recientemente plantados en uno de bancos de las terrazas.

En un principio, el sistema de gradas tuvo buena aceptación y se aplicó ampliamente, pero en el transcurso del tiempo, una vez que se suprimió el pastoreo, la vegetación arbustiva de garigue se recuperó de tal manera, que la erosión dejó de ser un problema grave. Esto condujo a una aplicación más intensa del sistema de fajas de cultivo en contorno, ahora muy generalizado. El sistema de gradas se emplea combinado con el de cultivo en contorno únicamente en aquellos lugares en que lo escarpado del terreno o el peligro de la erosión hace indispensable esta precaución extraordinaria y más costosa.

Actualmente, las fajas circundantes de tierra cultivada se clarean en anchuras que varían entre 2 y 2,5 metros, dejando intervalos sin clarear de unos 5 metros de anchura. Se ha juzgado que tal espaciamiento es adecuado para evitar una erosión acelerada de las fajas. También ha podido comprobarse la necesidad de que la anchura mínima de la faja cultivada sea de 2 metros, con el fin de proteger a las nuevas plantas contra los efectos perniciosos de los maquis que las flanquean. En su mayor parte, las laderas de las montañas son tan escarpadas que no permiten el uso de tractores, de forma que casi todas las operaciones de clareo y cultivo deben hacerse a mano. El cultivo despejado de las fajas hasta una profundidad de 15 cms. ha resultado de vital importancia para que las nuevas plantitas sobrevivan. En las zonas en que los terrenos se limitan a hondonadas o cuando las laderas están interrumpidas por frecuentes afloraciones de rocas y cantos rodados, el cultivo en parcelas o en retículas substituye al sistema de fajas de contorno, pero tanto uno como otro exigen aproximadamente un 30 por ciento de clareo y, en consecuencia el costo respectivo viene a ser más o menos el mismo.

El algunas zonas de Chipre se ha abandonado la construcción de terrazas, tal como se ilustra en la página 172, para establecer fajas de cultivo en contorno. Arriba aparece una ladera típica, en la que se han aclarado las fajas y los sembríos a lo largo del contorno para dar lugar al futuro bosque, lo cual hace que el terreno presente un aspecto curioso.

El algunas zonas de Chipre se ha abandonado la construcción de terrazas, tal como se ilustra en la página 172, para establecer fajas de cultivo en contorno. Abajo, en primer plano, puede verse un conjunto de plantones de pino en las fajas de cultivo a nivel, entre los restos del bosque antiguo.

Para evitar la formación de los escurrideros que se forman cuando la erosión se ha iniciado con caracteres graves se construyen «vallas» de mampostería. En ellas se depositan los desechos y los sedimentos y piedras, que gradualmente rellenan de nuevo los escurrideros y previenen la erosión en los planos inferiores.

Las fajas cultivadas se siembran a voleo de enero a marzo, empleando 6 kilos de semilla por hectárea (para pinos), que luego se cubren ligeramente con el rastrillo. En el invierno siguiente los retoños malogrados se rastrillan y vuelven a sembrarse, operación que, si es preciso, se repite en una tercera campaña, aunque de ordinario la siembra de reparación rara vez se practica en más de un 15 por ciento de la zona originalmente sembrada. Incluso de esta manera el malogro puede achacarse casi siempre a un cultivo inapropiado o al empleo de semillas que por una u otra razón han perdido su viabilidad. No obstante, las migraciones de aves, principalmente de pinzones, son algunas veces la causa de grandes daños en ciertas zonas, y por tal razón las germinaciones tardías tienen con frecuencia más éxito que las de zonas sembradas al principio de la temporada.

En las zonas en que el riesgo de la erosión exige la adición de gradas o trincheras a nivel, éstas se excavan en contorno a intervalos verticales que varían desde 6 hasta 20 metros, según la inclinación de la ladera y la exigüidad de la cubierta del suelo. En casi todos los casos que hemos podido comprobar, las gradas han proporcionado una absorción adecuada, deteniendo por completo la erosión. La siembra se realiza en las fajas situadas inmediatamente debajo de las gradas. Una innovación reciente ha sido la construcción de trincheras de inclinación variable, destinadas a descargar el agua de lluvia sobrante, que va a parar desde las tierras interiores sujetas a la erosión hasta los cursos de los torrentes, evitando posteriormente el escurrimiento por medio de terrazas de piedra que forman canales de desagüe y, en las elevaciones menores, desviando las aguas y llevándolas a las tierras que poseen un mayor grado de absorción.

En los bosques de la montaña, se emprenden muy pocas actividades de repoblación por medio de plantaciones, debido en parte a su elevado costo, pero principalmente a causa de la dificultad que presenta el trasplante de la especie Pinus brutia. En consecuencia, la plantación se limita a las especies frondosas, tales como la Robinia pseudacacia, el nogal, la encina y el álamo, que se colocan en casillas en las estrechas fajas que bordean las corrientes de la montaña.

Teniendo en cuenta las extensas zonas desnudas que necesitan aún ser plantadas y los limitados fondos con que se cuenta, la cuestión de mantener reducidos los costos siempre es de importancia. Por tal razón, nunca se utilizan las terrazas con paredes de piedra en las laderas abiertas de las tierras forestales, e incluso las gradas, que cuestan alrededor de 40 libras esterlinas por hectárea, se aplican únicamente cuando no existe otra solución. El cultivo en fajas circundantes cuesta ahora unas 26 libras esterlinas por hectárea, incluyendo los costos de plantación y de semillas. El promedio de los jornales que prevalecen en la actualidad llega a 9 chelines por día.

Técnicas de repoblación en las Tierras Bajas

Casi el total de las llanuras de Chipre están cultivadas y, en consecuencia, las tierras disponibles para la silvicultura son muy limitadas. Aun aquellos terrenos que se han podido destinar a la repoblación han quedado degradados en tal forma que casi ni siquiera sirven para el ganado cabrío, que es tan resistente. La actitud general de las gentes es dedicar a la repoblación aquellos terrenos no apropiados para ningún otro fin imaginable. Sin embargo, las tierras adquiridas de esta forma son de los tipos más variados, cada uno de los cuales presenta sus problemas propios. Existen marismas, casi siempre salinas, arenas de acarreo, laderas erosionadas formadas más por roca que por tierra, pero también pueden encontrarse extensiones de tierra agrícola marginal o agotada que producen excelentes ejemplares de eucaliptos. El pastoreo continúa siendo un problema en muchas de estas regiones y por añadidura las condiciones climatológicas son rigurosas. La precipitación pluvial varía entre 2.50 y 450 milímetros por año y, aparte de las zonas costeras, la aridez de las tierras en el verano crea condiciones casi desérticas. Aparte del pastoreo, el problema principal con que tropiezan las actividades de repoblación en las llanuras ha sido el de mantener a salvo las nuevas plantaciones durante las prolongadas sequías del verano.

Elección de especies

En el transcurso de los últimos setenta años se ha ensayado un gran número de especies exóticas y, por esta razón, se cuenta en estos momentos con una gran; experiencia en cuanto a las necesidades mínimas de las estaciones ecológicas para aquellas especies ya establecidas. A continuación damos una lista de las especies más comúnmente plantadas según sus distintos emplazamientos:

Marismas. Eucalyptus camaldulensis (rostrata), E. umbellata (tereticornis), E. gomphocephalos, E. occidentalis y, con menos frecuencia, E. sideroxylon, E. hemiphloia y E. saligna. De éstos, el E. occidentalis y el E. gomphocephalos son los que más toleran las condiciones salinas y el E. camaldulensis y el E. saligna los menos susceptibles a los danos causados por las inundaciones. La Acacia cyanophylla se utiliza en los sitios que se consideran más salinos y muestra una tolerancia a la salinidad igualada solamente por el E. occidentalis. La Tamarix articulata (estirpe árabe de porte esbelto) se ha introducido últimamente y parece una especie prometedora. También se planta a veces la Casuarina equisetífolia.

En las tierras bajas de Chipre se han creado plantaciones de eucaliptos, que han dado tan buenos resultados en muchas partes de la región mediterránea. Esta fotografía de una plantación típica muestra lo bien que se desarrollan los árboles cuando las condiciones son favorables. En este artículo se describe, en forma bastante detallada, el cultivo del eucalipto.

Terrenos arenosos de acarreo. La Acacia cyanophylla ha demostrado ser la mejor especie precursora para los trabajos de fijación de dunas. En las arenas fijas la especie Pinus pinea es una de las que más comúnmente se planta o siembra, y se la prefiere a la Pinus brutia a causa de su crecimiento más derecho y de su resistencia a los daños causados por el viento.

Laderas corridas de las colinas en las llanuras. Ordinariamente están formadas por esquistos calcáreos en los que la erosión es más o menos crónica. También en estos terrenos la Acacia cyanophylla (y más raramente la A. cyclops) han sido las especies favoritas a causa de su robustez, tolerancia a las condiciones precarias y producción relativamente rápida de combustibile. El Pinus brutia y el Cupressus sempervirens (en tierras muy alcalinas) son muy robustos y de lento crecimiento, en tanto que el Eucalyptus occidentalis y el E. hemiphloia se utilizan cada vez más en los terrenos pobres.

Zonas de kavkalla. El nombre se deriva de una palabra griega que significa «costra», y se emplea para nombrar a las exposiciones planas y desnudas, de calizas pleistocenas, pleistocenas, con pequeñas hondonadas de aspecto de terra rossa. Constituyen una característica común en la topografía de la llanura central de Chipre. Las zonas de kavkalla se reservan frecuentemente para la repoblación como lotes forestales en la vecindad de las aldeas, pero en ellos sólo medran, si bien en condiciones precarias, algunas especies de acacias. Sin embargo, cuando se rompe la costra para permitir que la humedad llegue a las raíces bajo los estratos de arcillas calizas, casi todas las especies que se plantan en Chipre pueden desarrollarse satisfactoriamente.

Zonas de terrenos sedimentarios. Se encuentran por lo común en tierras originalmente agrícolas que han quedado inservibles por la formación de escurrideros o por erosión mantiforme. Ofrecen los mejores emplazamientos de que puede disponerse en las tierras bajas para la repoblación. Las especies Eucalyptus camaldulensis, E. umbellata y E. gomphocephalos son las que se plantan más comúnmente en dichas estaciones.

Técnicas de repoblación

Plantación en casillas

Con anterioridad a la época actual, se empleaba invariablemente la plantación en casillas sin más preparación. Los renuevos se sembraban lo más pronto que se podía una - vez que pasaban i las primeras lluvias invernales, y las plantas debían regarse en el verano, por lo menos durante dos temporadas. La plantación en casillas se utiliza ahora solamente cuando es imposible preparar el suelo con las máquinas correspondientes. Pero aún así es necesario remover el terreno con zapapicos, antes de efectuar la plantación en casillas.

Cultivo despejado

En todos los lugares en que es posible el uso de máquinaria, el sistema corriente es despejar el terreno con arado una o dos veces durante el verano y, al mismo tiempo, proteger las tierras contra la erosión construyendo bancales de tierra alrededor de ellas. Cuando es necesario, se utilizan tractores de oruga con cuchillas de empuje para nivelar ligeramente el terreno, llenando las gargantas para facilitar el arado. En el otoño, se trabaja la tierra con grada de discos y se disponen las casillas para la plantación. La perforadora de casillas, accionada por la propia transmisión del tractor, ha demostrado su óptimo comportamiento para excavar los hoyos, pero cuando no puede disponerse de esta máquina, un método sustitutivo y económico, aplicable en el caso de suelos a nivel, es abrir un profundo surco (de 40 cm.) con un arado «zanjados» de doble reja, colocando las plantitas en el surco respectivo. Después de la plantación, se gradea la zona una vez más en febrero o marzo para eliminar las malas hierbas y proporcionar al mismo tiempo una buena cama contra las sequías veraniegas. Durante la segunda y tercera temporadas subsiguientes se utiliza nuevamente la grada de discos: primero en el otoño, antes de la estación lluviosa, y luego en la primavera. En las marismas en que los juncales suponen un peligro de consideración para los árboles jóvenes, se continúa el cultivo regular con la grada durante todo el tiempo que se pueda, para facilitar el paso de un tractor entre las hileras de árboles. Bajo este sistema de cultivo despejado, no es preciso riego alguno, ya que el cultivo de primavera proporciona una cama superficial que reduce las pérdidas por evaporación y preserva la humedad del suelo, conservándola en cantidad suficiente para los árboles jóvenes, de forma que, aún durante los años excepcionalmente secos, las muertes en las nuevas plantaciones exceden rara vez de un 5 por ciento.

Esta fotografía puede dar alguna idea de las difíciles condiciones en que la administración intenta crear nuevos bosques en Chipre. Esta ladera, totalmente desnuda y víctima de la erosión, que se había mantenido en estas terribles condiciones a causa del libre pastoreo del ganado caprino, ha sido preparada para la rehabilitación mediante la plantación de Acacia cyanophylla, especie muy adecuada a esta clase de tierras.

La experiencia ha demostrado que pueden conseguirse resultados mucho mejores utilizando plantas en macetas en vez de trasplantes de vivero. También se está concediendo importancia a la clasificación del material de viveros, ya que ha podido verse que un hijuelo robusto y bien formado se convierte en un árbol sano de buen porte.

En el sistema de cultivo despejado, la distancia entre las hileras se determina, en principio, según la anchura del tractor y demás maquinaria. En Chipre, los eucaliptos y acacias se plantan a una distancia de 3 × 3 m. o de 3,5 × 3,5 m. Rara vez se practican clareos en las plantaciones de eucaliptos, y usualmente se efectúan talas completas cada 10 años. En la siguiente rotación de los tallares, cuyo intervalo puede variar entre 6 y 10 años, el clareo de los retoños de los tallares se realiza durante el tercero y quinto año, reduciendo los tallos a uno o dos por cada planta madre. En el caso de las plantaciones de coníferas, el espaciado de 3 × 3 m. es el que más se usa.

En algunos terrenos de kavkalla, cuyos suelos mantienen una cubierta continua de espesor no inferior a 10-15 centímetros, ha sido posible efectuar la repoblación trabajando las tierras con grada de discos una o dos veces, y practicando a continuación una siembra a voleo con semillas de acacias, en el momento del cultivo final de la primavera. Este método ha resultado ser muy barato y de gran éxito para crear bosques de acacias, pero su inconveniente principal es la distribución demasiado estrecha e irregular de las plantas.

El pastoreo del ganado ovino combinado con el cultivo de eucaliptos

Gran parte de la oposición con que tropiezan los proyectos de repoblación forestal en las tierras bajas provienen de los pastores, quienes son enemigos de incrementar las plantaciones dentro de las tierras próximas a sus aldeas, ya que temen que con ello se reduzca la extensión de los apacentaderos. Con objeto de hallar un medio satisfactorio para neutralizar tal hostilidad, se están realizando algunas investigaciones sobre la posibilidad de combinar la ganadería (ganado ovino y vacuno únicamente) con el cultivo de eucaliptos.

Se ha observado que, como resultado del cambio de las condiciones microclimáticas que prevalecen bajo el dosel de las plantaciones, se produce un mayor crecimiento de los pastos y de las malas hierbas que en las zonas análogas desarboladas. Esta mayor producción de forrajes, como es lógico, no ha pasado inadvertida para los pastores, quienes, por el contrario, se han considerado afortunados en vista de que sus rebaños pueden pastar en la primavera bajo los eucaliptos. En 1951, las lluvias invernales fueron excepcionalmente escasas y los pastores estaban dispuestos a pagar hasta 38 libras esterlinas por hectárea por 20 días de pastoreo en las plantaciones. Por supuesto, no puede esperarse que tales precios prevalezcan en un año normal y, efectivamente, tras las lluvias excepcionales del invierno de 1951-62 hubo tal abundancia de pastos por doquier que el apacentamiento en las mismas plantaciones se cotiza este año solamente a 2 libras por hectárea.

Actualmente se ha emprendido una nueva fase de los experimentos. En algunas plantaciones recientes de eucaliptos de Athalassa, cerca de Nicosia, se han destinado parcelas experimentales a investigar las posibilidades de incluir de una manera sistemática el pastoreo en la silvicultura. Durante los dos o tres primeros años de vida de la plantación, los árboles son demasiado pequeños para que pueda permitirse el pastoreo. En ese periodo, se cultivan forrajes leguminosos entre las hileras de árboles, y posteriormente se siegan para la producción de heno y semillas. Una vez que los árboles de la plantación han alcanzado la altura suficiente que los ponga a salvo de los peligros del pastoreo, se siembran pastos entre las hileras durante el último cultivo y, posteriormente, se recolectan estos pastos cada año hasta el momento en que la plantación en crecimiento suprime toda la vegetación inferior. Sin embargo, no es probable que se llegue a esta fase con las cortas rotaciones que generalmente se practican en Chipre.

Si estas investigaciones no defraudan las esperanzas que hicieron concebir durante los dos primeros años, creemos que gran parte de la actual oposición con que tropieza el trabajo de repoblación forestal en las aldeas situadas en las llanuras, acabará por desaparecer. Los propios árboles se beneficiarán con el empleo de estiércol y de abonos artificiales (aplicados a los cultivos de leguminosas) y el rendimiento económico de los rodales quedará realzado por el valor de los forrajes que se produzcan.

Un ferrocarril típico en los bosques de la región Foca de Yugoeslavia. Se han cortado los árboles maduros, dejando pies de haya natural que pueden utilizarse como postes.


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