FAO Regional Office for Latin America and the Caribbean

Discurso del Vicepresidente para el Área Social de Venezuela durante la XXXIII Conferencia Regional para América Latina y el Caribe

Discurso del Sr. Héctor Rodríguez Castro, Vicepresidente del Consejo de Ministros para el Área Social del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, en el marco de la XXXIII Conferencia Regional realizada en Santiago de Chile.

Santiago de Chile, miércoles, 07 de mayo de 2014.

Compatriotas de esta Patria Grande Latinoamericana y Caribeña.

Excelentísima señora Michel Bachelet, Presidenta de la República de Chile.

Distinguido José Graziano Da Silva, Director General de la FAO.

Compañero, Raúl Benitez, Director de la FAO para América Latina y El Caribe.

Ministros, Ministras y demás autoridades gubernamentales de los países miembros de esta Conferencia Regional.

Delegados, delegadas y demás público presente en esta Sala.

Reciban un caloroso saludo a nombre de nuestro Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro y de todo su Gobierno.

Es un gran honor para un venezolano bolivariano, estar en estas tierras del Sur de Nuestra América, cuna de Pablo Neruda, Salvador Allende y tantos hombres y mujeres que en todos los ámbitos de la vida social han dado luminosos aportes para que sea “humana la humanidad”, como diría nuestro cantor del pueblo venezolano, Alí Primera. El Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, nos enseñó a amar a nuestro Sur, por eso traigo desde Venezuela un abrazo de hermandad fecunda al pueblo chileno y, a través de ustedes, un abrazo a los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Nos congrega la necesidad y el propósito común de dar un salto decisivo para que esta “patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda”, como dijo alguna vez el Gabriel García Márquez, sea un territorio libre de hambre y de pobreza en la próxima década. Nuestra victoria definitiva la celebraremos cuando hayamos alcanzado efectivamente esta libertad que no ha conocido nuestros pueblos en más de 500 años, la libertad de vivir sin hambre y sin pobreza.   

Hemos analizado el documento planteado por la FAO para esta Conferencia Regional, en una coyuntura fundamental para nuestra región, con miras al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Nos satisface constatar que de acuerdo a sus estimaciones, 16 de los 33 países que componen la región han logrado cumplir el Objetivo N°1 de reducir a la mitad el número de personas que padecen de hambre.

Seguimos mirando con preocupación que persisten índices alarmantes de este flagelo en algunos países, a pesar del esfuerzo realizado por sus pueblos y gobiernos, sin embargo, estoy seguro que espacios de reflexión y mecanismos de acción como los que hemos venido estableciendo, son fundamentales para alcanzar resultados promisorios en los próximos años.

Siendo una región de 581 millones de personas, no es un asunto menor pensar que persisten 47 millones de latinoamericanos y caribeños en situación de hambre actualmente. Esta realidad alarmante, aunada al hecho de que nuestra región sigue siendo la más desigual del mundo teniendo todavía más de 167 millones de pobres, debe poner en cuestión la efectividad de las políticas de distribución de la riqueza y las políticas específicas de distribución de los alimentos para la población en situación de pobreza, lo cual obliga a los Estados a ejercer un rol mucho más activo en el proceso de garantizar la disponibilidad y accesibilidad de los alimentos a los sectores más vulnerables. A pesar de esta valoración, es incuestionable que nuestra región ha venido avanzando: En el año 2.000 en América Latina y el Caribe habían 61 millones de personas que padecían hambre, para 2013 habíamos logrado bajar esa penosa cifra a 47. Para nosotros, no hay cifra admisible, por  eso tenemos que mantener el pulso firme, acumular fuerzas y empujar a la región aceleradamente a ser un territorio sin hambre, base para hacer de esta región, un espacio más justo, más democrático, más humano.   

Haber sacado del hambre a 14 millones de personas en diez años, es resultado de que todos los países de América Latina han hecho esfuerzos por aumentar el peso de su inversión social dentro del gasto público total, impulsando el aumento de la participación de la inversión social en el Producto Interno Bruto.

El aumento de la prioridad fiscal de la inversión social como parte del gasto público total de América Latina, pasó de un 50% en 1992 a un 60,5% en 2002 y a más del 66% en 2011. Asimismo, la Inversión Social como parte del Producto Interno Bruto, se ha incrementado considerablemente de 12,5% en 1992, pasando a estar en 15,2% en el año 2000 hasta llegar a 19,2% en 2011.  Esto implica que los Estados rompieron con el catecismo neoliberal que dictaminaba que la mejor política social era una buena política macro-económica. La decisión soberana de los pueblos y su confluencia con nuevos liderazgos regionales que han reivindicado el carácter universal y progresivo de la política social ha implicado en la realidad, una transformación sustantiva del rol de los Estados como garantes de las condiciones para el efectivo disfrute de los derechos de todas las personas. Sin embargo, insistimos, aun nos falta mucho por hacer.

En Venezuela valoramos con orgullo los logros sociales de una revolución que hemos desarrollado de forma pacífica y democrática, ratificada en 19 elecciones en los últimos 15 años. Logros que son patrimonio tangible e intangible del liderazgo del Comandante Hugo Chávez. Pero como él mismo insistía, los avances gratificantes no pueden impedirnos seguir el empeño por superar plenamente las formas de opresión a la dignidad de los seres humanos, por eso siempre nos convocaba, como Bolívar en su juramento, a no dar descanso a nuestros brazos y reposo a nuestras almas, hasta haber liberado a nuestro pueblo, hasta hacerlo disfrutar la suprema felicidad social. 

Es así como mostramos al mundo con orgullo nuestros avances, pero con la consciencia plena de todo lo que nos falta todavía para alcanzar los horizontes que Chávez nos señaló.  

En Venezuela, hemos realizado grandes esfuerzos en estos 15 años para atender la gran deuda social heredada de la época neoliberal. En 1999, cuando inicia el Gobierno Bolivariano, el índice de pobreza en Venezuela se ubicaba en 29,9%, logrando reducirla a 19,6% para el año 2013. El aumento sostenido en la Inversión Social en Venezuela es resultado de una Política Económica revolucionaria, que se planteó el rescate y el control de nuestros recursos naturales estratégicos, como es el caso del petróleo. Para que tengamos comprensión del contraste, me permito informarles que en los últimos 15 años hemos tenido unos ingresos fiscales de 972.564 millones de dólares, de los cuales el 64% los hemos destinado a la inversión social, alcanzando para el año 2013 una inversión social acumulada del 64%, mientras que en los últimos 15 años de los gobiernos neoliberales, sólo invirtieron en lo social un 36%.

En este contexto, se reflejan grandes avances en indicadores definidos por diversas organizaciones internacionales como un Índice de Desarrollo Humano Alto, así como también el Coeficiente Gini, el cual se ubica en este momento como el más bajo de América Latina, situando a Venezuela como el país menos desigual entre los países de la región.

En el tema alimentario, la Misión Alimentación, programa universal de distribución, abastecimiento y expendio de productos subsidiados que creó el Presidente Chávez en el año 2003, ha sido determinante para la erradicación del hambre, de acuerdo a lo que constató la FAO. Sus resultados se pueden verificar en las siguientes cifras:

  • 96,4% de los venezolanos come tres o más veces al día, mientras que antes de 1990,  uno de cada cinco venezolanos sufría de hambre.
  • El Déficit en la Desnutrición Infantil se ha reducido en 62%, al pasar de 8% a 2,9%.
  • La talla de nuestros niños y niñas menores de 7 años ha aumentado en 1,8 centímetros.
  • El 96% de la población consume diariamente proteínas de origen animal: leche, carnes y huevos.
  • Existen nuevos espacios para fortalecer e incentivar la lactancia materna como primer acto de soberanía alimentaria.
  • A través de las 6.000  Casas de Alimentación distribuidas en todo el país, se atienden diariamente 900 mil personas, con un almuerzo y una merienda de forma gratuita. Lo que representa desde el año 2003 más de 3 mil 400 millones de platos de comida servidos.
  • En Venezuela se incrementó en 55% de la disponibilidad de calorías, superando el nivel recomendado por la FAO, (FAO: 2.720 calorías / En Venezuela: 3.290 calorías).
  • El Programa de Alimentación Escolar atiende diariamente, a más de 4 millones de estudiantes en todo el país.

Gracias a esta política de suministro de alimentos de carácter universal, Venezuela es hoy en día:

  • El tercer país de Latinoamérica con un adecuado suministro alimentario.
  • El tercer país en Latinoamérica con mayor disponibilidad proteica.
  • El sexto país de Latinoamérica y el Caribe con menos desnutrición infantil.
  • Pioneros en la garantía del derecho constitucional de la alimentación.

Seguimos teniendo muchos retos por superar como país, pero el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro tiene el firme compromiso de continuar el legado alimentario de Chávez y de consumar los grandes objetivos para que nuestro pueblo esté cada vez más y mejor alimentado.

Distinguidos delegados y delegadas

En el año 2000, cuando se celebró la llamada Cumbre del Milenio, el Comandante Chávez se preguntaba qué habíamos logrado desde la creación de la Organización de Naciones Unidas. Decía: “vamos de Cumbre en Cumbre y nuestros pueblos van de abismo en abismo”. En aquel momento planteaba que cuando se creó esta Organización, era necesario trabajar por la paz y la seguridad internacionales para impedir que continuaran las muertes causadas por las guerras mundiales.

En aquella Cumbre, el Comandante explicaba que en nuestros tiempos seguían muriendo diariamente miles de seres humanos, pero ya no como consecuencia de una guerra mundial, sino que ahora la principal causa de esta horrorosa verdad es la miseria, la pobreza, el hambre. Por eso, invitó a todos los Gobiernos del mundo a un nuevo pacto de lucha contra los “demonios del hambre, la miseria y la muerte que azotan a nuestro planeta, un nuevo Pacto Democrático, un nuevo consenso mundial para que los pueblos comencemos a salir de los abismos”. Sentenció en aquella oportunidad nuestro Comandante Eterno, que el cambio solo sería posible con la voluntad política de todos y todas.

Luego de aquella Cumbre vinieron varias batallas en diversos escenarios multilaterales y regionales por transformar la forma de concebir las relaciones entre nuestros Gobiernos. Cómo, para quién y con quién llevar adelante la integración fueron preguntas que líderes como el ex Presidente Lula, Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Evo Morales y muchos otros se fueron haciendo mientras pensaban cómo responder el clamor de los pueblos por una Patria distinta. Derrotamos al Alca y con ello comenzamos a soñar de nuevo con la Patria Grande.

Hoy la FAO ha reconocido la voluntad política de nuestros gobiernos para erradicar el hambre. Ha reconocido no solo esfuerzos nacionales sino también los esfuerzos regionales en esa dirección, que vienen de la exigencia de nuestros pueblos y la preocupación de nuestros Gobiernos porque la integración sirva para liberarnos.

Me permito señalar dos elementos que pueden ser determinantes para explicar ese cambio de rumbo de una integración de corte neoliberal a un proceso de unión de los pueblos basado en lo social:

En primer lugar, el enfoque de derechos. En el caso que nos ocupa, la existencia de 66 millones de hermanos y hermanas latinoamericanos padeciendo de hambre a principios de los 90, obligó a atender la situación a través de políticas públicas orientadas a garantizar el derecho a la alimentación. Eso conlleva a un enfoque integral, sostenible y progresivo de las necesidades del ser humano, así como a la atención de sus requerimientos de acuerdo al momento de su ciclo de vida.

En segundo lugar, la visión hacia adentro, latinoamericana y caribeña. El análisis de la historia y la recuperación de la identidad como pueblo. En Venezuela, nuestra herencia bolivariana nos lleva por el camino de la construcción del concepto planteado por Simón Bolívar en Angostura que consiste en que el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. En el resto de los países de Nuestra América existen otros principios y otra historia de lucha, en el Sur, en el Caribe, pero su estudio y reivindicación como referente ha sido determinante para nuestra construcción democrática.

Sobre la base de estas ideas se creó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, nació Petrocaribe y la Unión de Naciones Suramericanas. En todos estos espacios la preocupación ha sido lograr la unión para la paz, para la justicia social, mirando la realidad propia de nuestro pueblo, creando modelos y formas de concebir la colaboración a través de la solidaridad y la complementariedad. Permítanme mencionar algunos ejemplos:

El Fondo Alba – Alimentos se creó en 2008 y hasta el momento ha financiado 12 proyectos no reembolsables por un monto de 21 millones de dólares. El Fondo Alba – Caribe, que inició con un aporte de 50 millones de dólares de Venezuela, se ha consolidado a través de recursos provenientes del ahorro generado por el financiamiento de la factura petrolera y el comercio directo en Petrocaribe, y ha financiado entre 2006 y 2011, 88 proyectos por un monto de inversión que supera los 200 millones de dólares que han beneficiado de manera directa a nuestros hermanos y hermanas del Caribe.

En Mercosur, luego de la entrada en vigencia del Plan Estratégico de Acción Social, se acordó priorizar la creación e implementación del Programa “MERCOSUR Libre de Hambre”, que articula y fortalece los programas nacionales en materia de seguridad alimentaria y distribución de alimentos para poblaciones en situación de pobreza.

En UNASUR, por su parte, los Presidentes suscribieron el Compromiso de Suramericano contra la Desigualdad, lo cual propició el acuerdo para una Agenda de Acciones Sociales Prioritarias, donde se incluyó en 2012 tanto la erradicación de la desnutrición crónica infantil, como promover iniciativas que faciliten el acceso suficiente y oportuno a los alimentos sanos y de calidad.

Al calor de estos debates y con el saldo que había dejado la consolidación de la unión latinoamericana y caribeña en este período, nace la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el proyecto más profundamente arraigado en nuestros ideales de Patria Grande, cuya creación obedece a nuestra responsabilidad histórica de convertir a la región en un polo de poder soberano y justo en nuestro mundo.

Nutridos con el ideario de nuestros libertadores, la CELAC contiene una dimensión social con gran peso, que otorga identidad propia al proceso de unión. En este contexto, hemos acordado 4 premisas que deben fundamentar el desarrollo de la política social en nuestra región que conforman lo que hemos denominado la doctrina social de la CELAC:

  1. La Política social debe estar centrada en las personas con base en un enfoque de derechos humanos.
  2. Los derechos sociales son universales, interdependientes y progresivos.
  3. Los Estados son responsables de materializar las condiciones para el ejercicio y pleno disfrute de los derechos sociales de todas y todos, en corresponsabilidad con la sociedad.
  4. Los Estados juegan un rol central en la universalización del ejercicio de los derechos a la alimentación, la educación y la salud, reivindicando su carácter público, con el compromiso de impulsar una mayor y más eficiente inversión social.

En este contexto, en el año 2013 los Ministros, Ministras y autoridades del área social elaboramos el Plan de Acción de Políticas Públicas en materia social de la CELAC, que contiene un nutrido Programa Latinoamericano y Caribeño para la erradicación del hambre.

El Programa para la erradicación del hambre de la CELAC contiene acciones específicas que dimensionan, por una parte, el desarrollo de lineamientos comunes de políticas públicas orientados al derecho a la alimentación, sobre la base de la existencia en la región de grandes esfuerzos por parte de nuestros Gobiernos con resultados palpables y reales, como bien reconoce la FAO, al afirmar que de mantenerse el esfuerzo sostenido de nuestros países, es factible que por primera vez en la historia, la presente generación de latinoamericanos y caribeños deje de convivir con el hambre y la malnutrición.

Por otra parte, nuestro Programa de la CELAC dedica gran importancia a las especificidades de cada país y la manera de otorgar apoyo entre todos a las amenazas climáticas en algunas zonas de la región o la adecuada distribución de alimentos a las poblaciones más vulnerables. En este sentido, el Programa contiene iniciativas para:

  • La provisión de alimentos ante desastres naturales y la protección de los pequeños productores, con especial énfasis en los países insulares.
  • Programas de prevención de riesgos y manejo de desastres para los agricultores, entre otros.

Igualmente, en la CELAC analizamos con detalle los elementos clave para erradicar el hambre en función de los desafíos persistentes en la región, acertadamente señalados por la FAO en su informe, ante lo cual se establecieron temas como:

  • El programa regional de alimentación escolar, que contempla la inclusión de complementos nutricionales en las escuelas y controles regulares sobre los niveles nutricionales.
  • La elaboración de marcos de referencia nacionales y regionales sobre la educación alimentaria y nutricional, en atención a los niveles de obesidad que amenazan a nuestros niños y niñas.
  • El fortalecimiento de los Programas de Transferencias Condicionadas, en aquellos países que los aplican, para facilitar el acceso a la adquisición de alimentos que permitan a las familias contar con una alimentación y nutrición sana.

Respetado Director General,

Me permito mirar con orgullo y satisfacción que una Organización de carácter mundial como la FAO ha escuchado la naturaleza de la región latinoamericana y caribeña, analizando de manera específica sus avances, desafíos y posibilidades, estableciendo un marco de prioridades para el próximo período de trabajo bianual respetuoso de nuestra identidad y enfoque de políticas.

Con humildad agradecemos en nombre de la Comunidad Latinoamericana y Caribeña la intención de prestar el brazo experto de la FAO para cumplir nuestros objetivos.

En este sentido, si bien existe una orientación general en nuestro Plan de Acción de la CELAC y convergemos en este espacio con metas y objetivos muy claros, estimo que uno de nuestros grandes retos es dar atención especial a cada país o grupo de países de acuerdo a sus características propias. Si bien existe una identidad regional en Nuestra América, no podemos desconocer nuestras especificidades y nuestras potencialidades.

Nuestro corazón caribeño, rebelde y luchador, determina por ejemplo una realidad muy concreta. En este caso, hemos creado el Plan para la Erradicación del Hambre y la Pobreza Extrema en el seno de Petrocaribe, cuyos países miembros nos han honrado al denominarlo “Hugo Chávez”, ante lo cual estamos profundamente orgullosos y agradecidos. Este Plan contempla el uso de los recursos petroleros para la realización de proyectos en materia de seguridad alimentaria y nutricional, con acompañamiento de la FAO. Los días 3 y 4 de abril de 2014 se celebró en Caracas la primera reunión sobre este tema con resultados altamente consistentes.

Sin embargo, persisten situaciones graves y preocupantes en algunos países, donde me atrevo a decir que si conjugamos la fuerza de nuestros mecanismos de unión, ya sea UNASUR, ALBA o MERCOSUR, combinado con el apoyo de la FAO, es factible avanzar más rápido.

Desde Venezuela hemos querido dar un modesto aporte a través del Programa Ejecutivo con la FAO en materia la seguridad alimentaria y nutricional y la reducción de la pobreza en el marco de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre. Este programa Consiste en la dotación de un fondo de recursos para proyectos de cooperación triangular que permitan a nuestros hermanos latinoamericanos tener apoyo en sus proyectos nacionales.

Estoy seguro que muchos países tienen la posibilidad de ofrecer aportes similares que tributen a los mismos objetivos.

Compañeros Ministros y compañeras Ministras,

Hago una invitación, por tanto, a analizar cómo conjugar nuestras capacidades para acelerar el ritmo de trabajo. Nuestro pacto está sellado con los valores de la solidaridad y la complementariedad, nuestro sueño compartido por lograr una América Latina y el Caribe unida, libre de hambre y pobreza, está más vivo que nunca.

Miremos entonces cómo los países que ya alcanzamos la meta podemos dar impulsos vitales a aquellos que aún están transitando el camino. Analicemos juntos la forma de compartir lo que nos falta, siguiendo el ejemplo del glorioso pueblo cubano. Yo me atrevo a hacer esta invitación y a pedirle a la FAO que se sume en este enfoque.

Salgamos juntos del abismo, enfrentemos y derrotemos los demonios del hambre y la miseria. Construyamos esta Patria Grande y hagamos irreversible la consolidación de un pueblo libre e independiente.

Pensando en Nuestra América, me despido con un fragmento del poema de Neruda llamado “Cuando Chile”:

“Ay cuándo, Patria,
te casarás conmigo
con ojos verdemar y vestido de nieve
y tendremos millones de hijos nuevos
que entregarán la tierra a los hambrientos.” 

Esa es nuestra esperanza, es nuestro compromiso con los pueblos. Muchas gracias a todos y todas. Cuenten ustedes con el abrazo de la Venezuela de Bolívar y Chávez.

¡Que viva la Patria Grande!