FAO Regional Office for Latin America and the Caribbean

Lanzamiento Panorama 2020 de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe

Santiago, 3 de diciembre, 2020
Lanzamiento Panorama 2020 de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe

Discurso de presentación Julio Berdegué

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“Muchas gracias a todas y a todos,

Quiero empezar agradeciendo a las personas que están viendo esta transmisión en vivo, a los medios de prensa que nos acompañan y cuyo su trabajo es esencial para luchar contra el hambre y la malnutrición.


Dar las gracias también a las otras 4 agencias de Naciones Unidas que junto con la FAO trabajamos en la preparación de este informe: el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización Panamericana de la Salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo Nacional de las Naciones unidas para la Infancia (Unicef) el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), junto con la FAO.

Este informe es producto del trabajo de 50 oficiales y consultores de estas 5 agencias durante muchos meses, de hecho, se inicia el año pasado. Es un trabajo muy serio, muy riguroso, que da origen a lo que sin duda es el principal documento sobre seguridad alimentaria y nutricional en nuestra región.

Esta es la treceava edición de este documento. La primera de ellas se inicia el año 2008 con motivo de la crisis de aumento de los precios de los alimentos. Desde entonces nunca habíamos presentado un panorama, estas 5 agencias, en un entorno tan adverso, tan adverso para la seguridad alimentaria y nutricional.

En esta ocasión, hemos puesto el foco de este informe en la desigualdad. En una dimensión más de la desigualdad. La desigualdad, en este caso, de la seguridad alimentaria y nutricional en nuestra región.


Antes de la pandemia, casi 48 millones de latinoamericanos, latinoamericanas y caribeñas padecían hambre. Hemos tenido un fuerte aumento, sin duda, a raíz de la pandemia, la pérdida de empleos, la pérdida de ingresos.

 

Estos datos, que son de un estudio del Programa Mundial de Alimentos, nos dicen que casi el 20 % de las familias de nuestra región, manifiestan como una de sus principales preocupaciones la incapacidad de alimentarse adecuadamente todos los días.

 

Las cifras de Naciones Unidas sobre posibles aumentos en la extrema pobreza, casi 29 millones de personas adicionales, implican un incremento de 42% en pocos meses en este indicador. Nunca habíamos tenido un golpe de esta magnitud. Y casi todas estas personas, sino es que todas estas personas, se van a sumar al contingente de quienes viven una condición de inseguridad alimentaria y nutricional grave.

 

No es solo el problema del hambre. Ante la caída fuerte en los ingresos de las personas, se reduce la calidad de la dieta. Antes de dejar de comer, las personas empiezan a comer alimentos más baratos, de menor calidad nutricional, y esto afecta particularmente a aquellas poblaciones que ya eran más vulnerables antes de la pandemia: las mujeres, las poblaciones indígenas y afrodescendientes, las niñas y los niños y los migrantes. Vamos a ver, lamentablemente, un fuerte aumento en las cifras de hambre y malnutrición.

 

Llevábamos ya, antes de la pandemia, 5 años consecutivos de aumento en las cifras de hambre en nuestra región. 13.2 millones de personas se agregaron a este contingente de seres humanos que viven en condiciones de hambre en el siglo XXI en América Latina y el Caribe desde que la curva empezó a cambiar de tendencia en el año 2014.

 

191 millones de personas, ¿Qué significa ese dato? 30% de nuestra población vive en condición de inseguridad alimentaria moderada o severa. ¿30%, en el siglo XXI, en América Latina y el Caribe? Son cifras inexplicables e inaceptables. Si se realizan las proyecciones que tenemos de impacto de la pandemia podríamos estar retrocediendo a los números de la década de 1990. 30 años perdidos en la lucha contra el hambre en América Latina y el Caribe. De eso estamos hablando, es una tragedia de una magnitud insondable para todos estos millones de seres humanos.

 

América Latina, se ha dicho, es una de las regiones o la región más desigual del planeta. Y en esta edición del Panorama nos hemos enfocado en esta dimensión territorial de la desigualdad en seguridad alimentaria y nutrición.

 

Nos hemos enfocado en las niñas y en los niños. ¿Qué está pasando con las niñas y niños que viven en distintos lugares de nuestra región? Tenemos que, en aquellos lugares que están más rezagados en cuanto, por ejemplo, retraso en el crecimiento de las niñas y niños, hay una diferencia de 16 puntos porcentuales respecto de aquellas niñas y niños que viven en lugares más aventajados. Es decir, hay niñas y niños que viven en condiciones semejantes a las del primer mundo y niñas y niños que viven en condiciones enormemente desfavorecidas.

 

¿Qué quiere decir 27% de niñas y niños en condiciones de retraso en el crecimiento? 27% es superior a Burkina Faso, 27% es superior al Congo, 27% es superior a Zimbawe, 27% es superior a Haití. Hay niñas y niños de América Latina y el Caribe que viven en condiciones que se parecen más a las de estos otros países.

 

Las niñas y niños que viven en estos territorios, rezagados en cuanto a retraso en el crecimiento, son particularmente habitantes rurales, son indígenas, son afrodescendientes, tienen poco acceso a los servicios, agua potable y saneamiento, que son elementos básicos para la nutrición de los niños, altos niveles de pobreza y baja escolaridad.

 

La otra cara de la malnutrición en nuestra región es la de sobrepeso y obesidad. Enfrentamos una epidemia, lo hemos dicho en este mismo foro durante ya muchos años las agencias que estamos aquí reunidas. Y otra vez, de vuelta, hay niñas y niños que viven en muy disímiles condiciones en cuanto a sobrepeso y obesidad dependiendo del lugar donde han nacido y crecido.

 

Aquí, la desigualdad es menor. Esto que quiere decir que el sobrepeso y obesidad está afectando de manera más pareja a niños de distintos territorios rurales y urbanos. Y en este caso, a diferencia del anterior, que era retraso en el crecimiento, cuando se trata de sobrepeso, son las niñas y los niños que viven en las ciudades los que están en una situación más desventajada. Son las clases medias las que están destruyendo la salud y el futuro de sus niñas y niños alimentándolos de una forma inadecuada.

 

¿Qué se puede hacer al respecto? En primer lugar, tenemos que tomar conciencia y esperamos que el Panorama de la Seguridad Alimentaria 2020, contribuya a ello, porque es muy fácil escondernos en los promedios nacionales.

 

América Latina y el Caribe en los indicadores de desnutrición infantil ha venido mejorando notablemente durante muchas décadas, pero esta mejoría en los promedios nacionales esconde estas desigualdades que hemos observado. Hay niñas y niños que viven en situaciones que el resto de la región dejó atrás hace décadas. Se requiere un enfoque territorial en la lucha contra el hambre y la malnutrición en las niñas y los niños.

 

Esto quiere decir que tenemos que coordinar distintos tipos de políticas y herramientas en los territorios. Hemos señalado 3 grandes categorías de políticas e instrumentos de políticas que tenemos que mover en estos territorios rezagados.

 

1.      Políticas para mejorar el acceso económico y promover una alimentación adecuada. 104 millones de personas en nuestro continente no pueden pagar una dieta saludable, es un sueño imposible.

 

Las madres de estas niñas y niños en estos territorios rezagados, una dieta saludable es simplemente algo que ni se imaginan, que está totalmente fuera de su alcance. Y esto no porque no haya comida, comida hay, es la desigualdad económica la que les impide. Entonces necesitamos ahí sistemas de protección social, apoyo a los medios de vida de las agricultoras, empleo decente.

 

2.      Pero también necesitamos acceso físico. Hay barrios enteros en nuestras ciudades donde es literalmente imposible comprar alimentos frescos, nutritivos y saludables. En cambio, en cada esquina tenemos un local que vende comida chatarra, esto es lo que explica estos índices de sobrepeso en las niñas y en los niños.

 

Es lo que llamamos pantanos alimentarios o desiertos alimentarios, no hay ahí una oferta de alimentos saludables, por mucho que una familia quiera y pueda comprar, muchas veces no encuentra mercados, tiendas que venda alimentos saludables. Por lo tanto, el tema del acceso físico es importantísimo.

 

Los programas de alimentación escolar son vitales, 84 millones de niñas y niños dependen de ellos. Para 10 millones de niñas y niños en nuestra región esos programas de alimentación escolar proporcionan la comida del día. Son vitales para su desarrollo.

 

3.      Finalmente, medidas para mejorar el uso de los alimentos y su calidad. Aquí no podemos dejar de poner un acento muy muy fuerte en el fomento de la nutrición materna infantil, es esencial.

 

La alimentación complementaria. Agua, saneamiento e higiene, en estas zonas rurales, muchas veces, lo que los niños y niñas pueden comer, lo pierden, porque padecen altas tasas de diarrea porque no tienen acceso a agua potable.

 

En fin, son las medidas que queremos proponer y recomendar.

 

Amigas y amigos, estamos teniendo esta reunión en un año muy difícil en materia de seguridad alimentaria y nutricional, el más grave en décadas. Ciertamente el más grave en la vida de todos los que estamos participando en este evento.

 

Pero queremos decir que aún dentro de esta desgracia hay territorios principalmente rurales, donde las niñas y niños están desde hace mucho tiempo viviendo en situaciones semejantes a las que vivimos hoy en día el resto de la población.

 

Muchas gracias”.