FAO Regional Office for Latin America and the Caribbean

XII Sesión- Comisión Interparlamentaria de seguimiento a la Alianza del Pacífico

10 de agosto, 2020
Discurso sobre situación alimentaria y proyecciones regionales post-pandemia

"Muchas gracias presidente y a todos los participantes por esta gran oportunidad de dialogar en esta instancia tan decisiva. Ustedes saben que la FAO tiene una relación muy fuerte con los parlamentos de América Latina y el Caribe a través de nuestras alianzas por hambre cero. Tenemos diputados y senadores que están trabajando en estos foros de colaboración en 21 parlamentos de ALC para lograr nuestra meta de hambre cero así que nuestra colaboración con ustedes es ya tradicional y tiene más de 10 años.

Quiero cubrir tres temas: cómo estaba la situación del hambre y situación alimentaria antes de la pandemia; cuáles son las proyecciones; y tercero, qué podemos hacer frente a esta situación que - como ya se imaginan - no es nada positiva.

ALC, antes de la pandemia, venia acumulando cuatro años de aumento en sus niveles de hambre e inseguridad alimentaria. Habíamos perdido el buen rumbo que teníamos desde inicios de la década del 2000 cuando nuestra región fue un ejemplo mundial de cómo combatir y erradicar el hambre. A partir del 2000, las tendencias cambiaron.

La pandemia nos encuentra con 48 millones de latinoamericanos y caribeños en condición de hambre, además nuestra proyección es que de seguir las cosas como están - sin pandemia- íbamos a terminar el 2030, donde se suponía que llegaríamos a la meta de hambre cero, con 67 millones de latinoamericanos y caribeños en condición de hambre, prácticamente el 10% de la población de nuestra región. Y además, si miramos la situación por países y nos enfocamos en los cuatro países de la alianza, tenemos un total de 14.6 millones de ciudadanos en condición de hambre. Es decir, personas cuya ingesta diaria de calorías no es suficiente para llevar una vida mínimamente activa. Esta situación que ya es muy grave.

Tenemos 63 millones de personas, antes de pandemia, en una condición de inseguridad alimentaria moderada o severa, esto significa personas que tienen que restringir su acceso a los alimentos porque no les alcanza y no comen todos los días adecuadamente.

Quiero además resaltar, que esta situación sin duda se agravará, y estoy seguro que Alicia Bárcena comentará luego las proyecciones entregadas de CEPAL, donde indican que se agregarán 28 millones de personas al número de extrema pobreza en ALC. Estos 28 millones de personas, sin duda viven en algún grado de inseguridad alimentaria importante. Con esta proyección, podemos estar llegando a 70-80 millones de personas en condición de hambre o inseguridad alimentaria severa en 2020 y esto es una situación que nos retrotraería a números similares al de la década de 1980, perdiendo todos los avances conseguidos todos estos años en políticas de erradicación del hambre.

Esto no es el único problema de inseguridad alimentaria que amenaza a nuestros países. Cuando las personas se enfrentan a una situación de pérdida de ingresos, antes de dejar de comer empiezan a comer más barato y de menor calidad: más sodio, más calorías y más grasas. Algo que no es bueno para la salud. En ALC, antes de la pandemia, 40 millones de habitantes (solo en Chile, México, Colombia y Perú) vivían en condición de obesidad. Ya lo decía una persona que me presidió: Cerca del 80% de los fallecidos en el Perú a causa del COVID tenían obesidad. Ahora con la pérdida de ingresos, estos números se van a agravar porque las personas se moverán a una dieta muchísimo menos saludable.

Un estudio mundial que acabamos de publicar, demuestra que ALC es la región del planeta donde es más caro comer saludablemente. Somos una región que alimenta al mundo, exportamos a todo el mundo nuestras frutas, verduras, carnes y granos sin embargo somos la región donde es más caro comer bien. El costo de una dieta que cubra las necesidades energéticas mínimas es 34% más caro que el promedio global. El costo de una dieta adecuada en nutrientes, pero poco diversa, es el más alto del planeta: 2.3 veces más caro de lo que una persona bajo la línea de la pobreza puede gastar en comida, y el costo de una dieta saludable -la cual debiese ser nuestra meta- es 3.3 veces más caro que lo que una persona en línea de pobreza puede gastar, es también el más alto del mundo. Esto es una situación que nos encontrábamos antes de la pandemia y sin duda estos indicadores se agravaran severamente post-pandemia.

¿Qué podemos hacer? En el corto plazo, es impedir que la crisis sanitaria se convierta en una crisis alimentaria. Junto con la CEPAL hace unas pocas semanas atrás lanzamos un informe orientado a este objetivo. Una crisis alimentaria no solo es un problema social, sino un problema político. Si la crisis sanitaria hace que las personas se refugien en sus casas, la crisis alimentaria saca a las personas a las calles. Necesitamos por todo tipo de razones incluyendo éticas, de salud, de bienestar y de estabilidad política, impedir que la crisis sanitaria se convierta una crisis alimentaria. En este informe, se muestra una estrategia con 3 objetivos y 10 medidas bajo estos objetivos. Los objetivos se enfocan en las personas, las empresas y en las cadenas de abastecimientos nacionales:

· Personas: Aquellos hogares en pobreza extrema e inseguridad alimentaria severa necesitamos que accedan a una alimentación suficiente y nutritiva. Para ellos hay varias iniciativas pero las principales son:

1. Reforzar el Ingreso Básico de Emergencia que ya había propuesto CEPAL junto con promover el Bono contra el hambre. Este bono es una medida temporal orientada a personas en pobreza extrema y que les aseguren por distintos medios ya sea transferencias monetarias, canastas alimentarias, bonos para comprar alimentos con tarjetas pre-pagadas etc. La alimentación. El bono es equivalente al 70% de la línea de pobreza extrema regional, lo que costaría menos de 0.5% del PIB regional y con esto podemos contener el aumento del hambre e inseguridad alimentaria.

2. Reforzar los programas de alimentación escolar: 84 millones de niños y niñas en ALC se alimentan en los programas de alimentación escolar, en todos los países hemos cerrado las escuelas, pero tenemos que mantener vivos estos programas. De estos 84 millones, hay 10 millones de niños y niñas donde esta comida es la principal de su día, si se las quitamos estamos enviando a estos niños y niñas directo a la desnutrición infantil.

3. Apoyar las iniciativas de asistencia alimentaria que están llevando a cabo las organizaciones de la sociedad civil. En México, por ejemplo, la Asociación de Bancos de Alimentos nos comentaron que tienen capacidad de aumentar en 25% el número de personas que pueden atender con comida. Hay que hacer un vínculo con las tiendas de supermercados, porque actualmente tiramos el 30% de la comida que entra en los supermercados.

· Empresas de la agricultura y del sistema alimentario: Necesitamos que sigan funcionando con normalidad, hasta ahora es un sistema que no se ha detenido. Nuestros campesinos son tan esenciales como los trabajadores de la salud y nos hemos dado cuenta ahora en momentos de crisis.

1. Asegurar liquidez a las pymes agrícolas y alimentarias porque están en serios aprietos. El problema es que, si estas pymes se paran, tenemos un problema mayúsculo porque garantizar la alimentación es esencial y dependemos de millones de micro y medianas empresas.

2. Ajustar protocolos de sanidad y salud en toda la cadena.

3. Producción para el autoconsumo: tenemos 50 millones de personas que dependen de la producción para el autoconsumo y si esto se pierde, esas personas pasarán a la fila de las personas que debemos dar asistencia alimentaria a un costo muchísimo mayor.

4. Asegurar que funcionen 4 millones de unidades de agricultores familiares campesinos y 2 millones de pescadores artesanales. Ellos ponen 1/3 de los alimentos que están en nuestras mesas. Si estas 6 millones de empresas se paran, ya sea por falta de capital o falta de acceso a los mercados, tenemos un severo problema de abastecimiento.

· Abastecimiento nacional: Lo clave es mantener abierto el comercio mundial de alimentos. Las voces de protección al mercado son un craso error.

Además de responder a emergencia, hay que trabajar en la reactivación de nuestras economías donde la agricultura y alimentación son claves para esta reactivación. El sector agroalimentario ampliado, no solo la producción primaria, sino las agroindustrias y los servicios, representa entre un 20-30% de PIB de nuestros países. Las exportaciones agrícolas y alimentarias constituyen un 25% del total de nuestras exportaciones, ALC aporta al mundo el 45% de las exportaciones netas de alimentos del planeta, muy por encima de cualquier otra región.

La agricultura y alimentación generan entre un 15-20% del empleo total, y por cada empleo en la agricultura, el Banco Mundial estima que hay 2 empleos en las agroindustrias y los servicios relacionados. Así que la agricultura y sistemas alimentarios son claves en la estrategia de reactivación por sus efectos en el PIB y en los empleos.

No se trata de recuperarnos solo para estar donde estábamos a fines de 2019, necesitamos una ruta de recuperación que resuelva fallas estructurales y aborde debilidades y carencias visibles en esta pandemia. Dos ejemplos: esta pandemia y otras que le presidieron, todas han emergido en la interface de agricultura, alimentación y biodiversidad. Hemos roto equilibrios fundamentales, y romperlos nos está pasando la cuenta. Todos los muertos por covid-19 los debemos por haber roto estos equilibrios entre agricultura, alimentación y biodiversidad.

Sabemos cuáles serían los programas que permitirían una recuperación con transformación, por ejemplo: restauración de hasta 200 millones de hectáreas de ecosistemas. Cada millón de dólares invertido en restauración de sistemas y biodiversidad permitiría recuperar hasta 2.500 hectáreas donde pueda florecer la biodiversidad y eso puede crear hasta 500-1000 empleos por cada millón de dólares de inversión y un beneficio de casi 600 mil dólares incrementales anuales en bienes y servicios forestales y eco sistémicos capturando enormes cantidades de carbono, ayudando al cambio climático. Otro ejemplo, modernización y dinamización de mercados locales, ferias libres, mercados municipales y mayoristas donde la inmensa mayoría de las capas medias y bajas compra sus alimentos frescos en ALC. Si nos enfocamos solo en las 64 ciudades de los países de la Alianza, que tiene entre 300-1 millones de habitantes, estaríamos beneficiando 36 millones de consumidores, asegurando acceso a alimentos frescos, saludables y a bajo precio. Es decir, tenemos las propuestas para impedir que la crisis sanitaria en alimentaria y también tenemos las propuestas que ayudan a la reactivación de nuestras economías, pero con transformación en nuestros sistemas alimentarios.

Muchas gracias".