35.º período de sesiones de la Conferencia Regional para Europa y Asia Central (ERC) Declaración de apertura
del Sr. QU Dongyu, Director General de la FAO
11/05/2026
Excmo. Sr. Primer Ministro de la República de Tayikistán,
Excmo. Sr. Presidente de la Conferencia Regional,
Excmo. Sr. Presidente Independiente del Consejo,
Excelencias,
señoras y señores:
Me complace enormemente inaugurar el 35.º período de sesiones de la conferencia Ministerial Regional de la FAO para Europa y Asia Central aquí en Dushanbé, maravillosa ciudad y hermosa capital de Tayikistán.
Permítanme comenzar expresando mi profundo agradecimiento al Excmo. Sr. Kohir Rasulzoda, Primer Ministro, al Gobierno y al pueblo de Tayikistán por su generosa hospitalidad y colaboración desinteresada, y por el firme liderazgo demostrado por el Excmo. Sr. Emomali Rahmon, Presidente del país y amigo mío desde hace muchos años.
Resulta especialmente apropiado que celebremos esta Conferencia Ministerial Regional en un país que es crisol de agua y montañas y cuna de antiguas tradiciones agrícolas, puesto que se nos recuerda que la sostenibilidad comienza con el respeto por la naturaleza.
Este año nos reunimos en torno al tema “Unidos por la sostenibilidad: integración de la acción por el clima, la conservación de la biodiversidad y la restauración de tierras en favor de sistemas agroalimentarios sostenibles en Europa y Asia central”.
Los desafíos a los que nos enfrentamos —el cambio climático, las presiones económicas y las perturbaciones en las cadenas de suministro, entre otros— no conocen fronteras. Nuestros sistemas agroalimentarios están interconectados, al igual que deben estarlo nuestras soluciones.
Durante los debates que mantengamos, deberíamos centrarnos en tres prioridades urgentes:
La primera, fortalecer la resiliencia de los sistemas agroalimentarios en toda la región y en otras partes del mundo.
La segunda, garantizar una financiación adecuada para hacer posible esa resiliencia.
Y la tercera, utilizar todos los instrusmentos a nuestra disposición, especialmente la aplicación de tecnologías avanzadas y programáticas sobre el terreno y a gran escala.
Excelencias,
señoras y señores:
La resiliencia debe cultivarse. Esto requiere diversificar las cadenas de suministro, restaurar las tierras degradadas, invertir en sistemas de alerta temprana, empoderar a los pequeños agricultores e innovar mediante la agricultura digital y resiliente al clima.
Los recientes fenómenos meteorológicos extremos que se han producido en toda la región, desde inundaciones hasta sequías, son un punzante recordatorio de que seguir obrando como hasta ahora ha dejado de ser una opción.
Nuestra hoja de ruta sigue siendo el Marco estratégico de la FAO para 2022-2031, fundamentado en las cuatro mejoras: una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás.
No podemos crear resiliencia sin medios económicos. Actualmente, la financiación de la transformación de los sistemas agroalimentarios permanece a un nivel muy inferior del que se necesita.
Los presupuestos públicos se ven limitados, y el capital privado no se está moviendo a gran escala, especialmente hacia las pequeñas y medianas empresas. Esto debe cambiar.
Necesitamos trabajar con los gobiernos, los bancos de desarrollo, las instituciones financieras internacionales y los asociados del sector privado con los siguientes fines:
Primero: aumentar las asignaciones de los presupuestos nacionales, en los que la parte pública debería cumplir su función como señal de firme compromiso político con la agricultura y el desarrollo rural, con especial atención a la adaptación al cambio climático y la inclusión social.
Segundo: reducir el riesgo del préstamo para los pequeños agricultores y las cooperativas, por medios como la financiación combinada, los seguros y los reaseguros.
Tercero: reorientar las subvenciones a la agricultura hacia incentivos para la competitividad por medio de la aplicación de las mejores prácticas.
Y cuarto: aprovechar la financiación internacional relacionada con el cambio climático en favor de una agricultura resiliente al clima y de la gestión integrada y sostenible del agua y del suelo.
Los desafíos complejos y superpuestos a que nos enfrentamos suponen una amenaza para los medios de vida, la seguridad alimentaria y el desarrollo rural. Se calcula que más de 90 millones de hectáreas de tierras en Europa y Asia central están degradadas.
Al mismo tiempo, esta región sigue siendo un pilar de los sistemas agroalimentarios mundiales, uno de los principales productores y exportadores y un centro de innovación.
La región atesora inmensos activos —paisajes diversificados, una fuerte capacidad en materia de ciencia e investigación, comunidades rurales dinámicas y actores públicos y privados innovadores—, los cuales en conjunto pueden impulsar la transformación de los sistemas agroalimentarios para que sean más eficientes, más inclusivos, más resilientes y más sostenibles.
Sin embargo, nos faltan planes integrales con medidas concretas, continuidad, dinamismo y resultados cuantificables.
El mensaje que lanzo hoy es claro: debemos actuar con decisión, juntos y con urgencia. La vía es clara y factible. Así pues, debemos:
En primer lugar, entender las nuevas y mayores demandas que tienen las generaciones más jóvenes en cuanto a seguridad alimentaria, calidad de los alimentos y diversidad de la alimentación, ya que los nacidos después del año 2000 tienen una demanda de calidad y diversidad de los alimentos completamente distinta a la de las generaciones mayores de esta región. Después de la Segunda Guerra Mundial, hubo un problema de inanición y de cantidad, pero ahora se trata de calidad, diversidad y sabor. Es el nuevo tipo de demanda.
En segundo lugar, debemos integrar las políticas y las inversiones, pues son elementos de los sistemas agroalimentarios sostenibles que se refuerzan mutuamente.
Las políticas, los planes de inversión y los programas deben elaborarse de modo que reporten múltiples beneficios, como la resiliencia al cambio climático, la buena salud de los suelos y el agua y una rica biodiversidad, y aseguren la diversidad alimentaria y los medios de vida para los consumidores, los pequeños productores y las comunidades rurales.
Los enfoques integrados aumentan la eficiencia, reducen las compensaciones de ventajas y desventajas y atraen una financiación más amplia.
En tercer lugar, la resiliencia debe cultivarse no solo a nivel de las explotaciones agrícolas, sino en la totalidad de los sistemas agroalimentarios, desde el campo hasta la mesa.
Esto reviste una importancia crucial, ya que nos encontramos en un momento en que los riesgos climáticos, económicos y biológicos ocurren con frecuencia creciente y se amplifican entre sí.
En la región de Europa y Asia Central, el riesgo económico es alto en el 24 % de los países, mientras que el riesgo de inundación fluvial es elevado en 36 países y el riesgo de sequía afecta al menos a 10 países.
Esto significa que es crucial que protejamos y diversifiquemos los medios de vida, que invirtamos en infraestructuras y servicios resilientes, que fortalezcamos la alerta temprana y la financiación de riesgos y que promovamos prácticas de producción sostenible que permitan a los agricultores y los pescadores producir más con menos —menos tierra, menos agua, menos insumos agrícolas y menos efectos negativos para el medio ambiente— a la vez que se produce más y se aumenta la protección del capital natural.
En cuarto lugar, debemos movilizar recursos e incrementar la financiación más inteligente y más inclusiva. No bastará con los recursos públicos.
Desde 2015, la cuantía de los flujos de financiación para el desarrollo destinados a los sistemas agroalimentarios de Europa y Asia Central asciende a unos 21 400 millones de USD, pese a lo cual siguen a un nivel muy inferior a lo que se necesita.
Al mismo tiempo, el gasto público en agricultura de muchos países es menos de la mitad de la contribución que hace la agricultura al producto interior bruto, mientras que los créditos bancarios a la agricultura se mantienen muy por debajo de la paridad.
Debemos desbloquear la financiación combinada, aprovechar el capital privado y garantizar que la financiación llegue a los agricultores familiares y los pequeños agricultores, los pastores, los pescadores, las agricultoras y los jóvenes.
En quinto lugar, el enfoque de “Una sola salud” es crucial, ya que la sanidad animal y vegetal y la salud humana están interrelacionadas.
Únicamente las enfermedades transfronterizas de los animales suponen pérdidas por valor de entre 50 000 y 330 000 millones de USD aproximadamente cada año en todo el mundo. El fortalecimiento de la prevención, la preparación y la respuesta integradas frente a las enfermedades transfronterizas de los animales, las enfermedades zoonóticas y las plagas de plantas resulta esencial para la resiliencia de los sistemas agroalimentarios y la salud pública.
Aliento encarecidamente a todos los Miembros y países de esta región a que participen en la próxima puesta en marcha del Programa de asociación mundial de lucha contra las enfermedades transfronterizas de los animales, un modelo operativo innovador para hacer frente a dichas enfermedades.
En sexto lugar, para orientar las decisiones relativas a políticas y facilitar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, deberá contarse con una prospectiva estratégica, pruebas sólidas y datos de gran calidad.
Es necesario invertir en investigación, herramientas digitales y el intercambio regional de conocimientos para anticipar de forma eficaz los riesgos, elaborar políticas de adaptación y ampliar la escala de las innovaciones demostradas.
Los jóvenes científicos e investigadores de esta región constituyen un recurso fundamental; debemos brindarles apoyo y colaborar con ellos para que sean la fuerza impulsora que encabece la transformación.
Excelencias,
señoras y señores:
La paz y la estabilidad son requisitos previos indispensables para la seguridad alimentaria, y el derecho a la alimentación es un derecho humano fundamental.
Debemos trabajar juntos para mitigar los efectos de los conflictos en la población vulnerable y garantizar que los alimentos, los fertilizantes y las semillas lleguen a quienes más los necesitan.
La FAO está preparada para apoyar respuestas inclusivas que mantengan a los mercados en funcionamiento y protejan a las personas más expuestas.
La equidad y la inclusión son los cimientos de la transformación sostenible.
La FAO calcula que transformar los sistemas agroalimentarios requerirá inversiones adicionales por valor de unos 650 000 millones de USD cada año, en particular en los países de ingresos medios y bajos.
Debemos ampliar las oportunidades, desarrollar las capacidades y eliminar los obstáculos para que los jóvenes y las mujeres puedan convertirse en agentes del cambio sobre el terreno.
La FAO es su asociado en este camino.
Seamos ambiciosos pero pragmáticos; compartamos y ampliemos; seamos concretos y competitivos.
Hagamos que la Conferencia Ministerial Regional de Dushanbé sea el lugar en que Europa y Asia Central se comprometen a pensar juntos, aprender juntos y obrar juntos para construir un sistema agroalimentario centrado en las personas en pro de un futuro mejor.
En beneficio de las personas, de nuestro planeta y de la prosperidad.
Muchas gracias.