Directeur général QU Dongyu

Acto paralelo del 179.º período de sesiones del Consejo de la FAO: acto de alto nivel de presentación del informe El estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura 2025 (SOLAW 2025)Observaciones preliminares

de M. Qu Dongyu, Directeur général de la FAO

02/12/2025

Excmos. Sres. Embajadores del Brasil, China, Egipto, Francia, el Senegal y Uzbekistán, y Excmo. Sr. Representante de la Unión Europea,

estimados y estimadas colegas: 

Me alegra mucho verles hoy aquí, especialmente en la jornada de apertura del 179.º período de sesiones del Consejo, el primero con el recién nombrado Presidente Independiente del Consejo.

Necesitamos nuevas energías. Siempre intento reunir nuevas energías para cambiar. Ya tengo mucha, pero quiero conseguir aún más de los ejercicios chinos tradicionales de movimiento (qi gong), si ustedes son lo suficientemente positivos.

Bienvenidos a la presentación del informe sobre el Estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura 2025 (SOLAW 2025)

El informe es una de las publicaciones principales de la FAO, y esta tercera edición es especialmente significativa, porque se basa en informes anteriores y ofrece una base de datos objetivos aún más sólida y orientaciones más claras para la acción.

Siempre animo a mis colegas a ser prácticos, en lugar de limitarse a meras teorías. Como he sido profesor, comprendo el valor del pensamiento teórico, pero también necesitamos enfoques orientados a la acción, ya que conducen a soluciones y resultados. Sé que es difícil, pero gracias al esfuerzo constante se nota la diferencia.

Mis colegas son muy inteligentes, lo sé. Para que se vean resultados y cambios tangibles solo se necesita un jefe un poco crítico, que presione y oriente.

El informe de hoy llega en un momento decisivo.

Las catástrofes han costado a la agricultura 3,26 billones de USD en los tres últimos decenios.

Solo en 2024, 673 millones de personas pasaron hambre.

Y en 2050, seremos 9 700 millones de personas en este planeta, por lo que se necesitarán un 50 % más de alimentos y un 25 % más de agua dulce que en 2012.

El agua dulce no procede únicamente de fuentes subterráneas y de la lluvia. Esa es la gestión del incremento, es un límite. Gracias a mis siete años y medio de experiencia en las zonas más propensas a la sequía de China —la provincia de Ningxia, que solo recibe 200 milímetros de precipitaciones—, conseguimos una mayor eficiencia en el uso del agua.

La eficiencia hídrica sigue siendo un gran reto; sin embargo, tenemos importantes posibilidades de mejora mediante métodos biológicos o a través de la ingeniería, y mediante la gestión eficaz. Hay tres formas principales de mejorar la eficiencia del agua y de los recursos, incluido el uso de la tierra.

Hoy en día, el 95 % de nuestros alimentos se producen en la tierra, por lo que abogo firmemente por la acuicultura, que no se limite al pescado, sino que se centre en todo tipo de alimentos acuáticos.

Como ya destaqué en la preparación de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios —y agradezco al Secretario General que aceptara mi recomendación—, los alimentos acuáticos no se limitan al pescado; también proceden de las plantas, las algas y las hierbas acuáticas.

Las algas marinas, por ejemplo, son un alimento muy popular en Asia oriental, especialmente en China, Corea, Japón y en toda Asia sudoriental.

Desde el punto de vista estratégico, los alimentos de origen acuático tienen un gran potencial, mientras que, por otro lado, también tenemos que seguir mejorando la productividad terrestre. Por lo tanto, necesitamos un plan sólido e integral que se centre en el uso nuestros recursos, especialmente la tierra y el agua.

Más del 60 % de la degradación del suelo inducida por el hombre se produce en tierras agrícolas, en tierras de cultivo y en pastizales.

Mañana presentaremos el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores (2026) junto con el Presidente de Mongolia. Sabemos que estas tierras tienen un gran potencial y que, si pudiéramos mejorar la productividad en tan solo un 10 % en los pastizales del mundo, atender las necesidades alimentarias futuras sería mucho más factible.

Durante siglos se ha pasado por alto el potencial científico de los pastizales.

Si pudiéramos mejorar científicamente los pastizales, el margen de rentabilidad de la inversión sería mucho mayor que cuando se invierte en tierras fértiles, ya que estas han tardado unos 10 000 años en alcanzar su potencial agrícola.

Por eso necesitamos formular un plan de acción global para el uso de la tierra, no solo para el uso del suelo.

La brecha entre la demanda y el estado de nuestros recursos productivos es cada vez mayor.

El mensaje del informe sobre el Estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura 2025 es claro: nuestros sistemas de tierras, suelo y agua son finitos, frágiles y fundamentales para la seguridad alimentaria mundial, y requieren atención e inversión inmediatas, en especial en materia de innovación y de gestión.

Estimados colegas:

Las rocas tardan más de un millón de años en convertirse en suelo fértil, pero nosotros podemos destruirlo en una sola generación y contaminarlo en unos pocos años con metales pesados y contaminación industrial. Se tarda cientos y cientos de años en recuperarlo y, en muchos casos, la recuperación es casi imposible. Por eso tenemos que proteger nuestra preciosa tierra fértil.

En esta edición del informe sobre el Estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura se pone de relieve dónde se encuentran las mayores presiones, pero también dónde existen las mayores oportunidades. 

Con políticas sólidas, inversiones específicas y prácticas mejoradas, los países pueden cerrar las brechas de rendimiento, acelerar la recuperación y aumentar la resiliencia. 

Los cimientos de la seguridad alimentaria y la nutrición se asientan en suelos sanos, tierras productivas y el suministro fiable de agua.

Hace dos años, cuando visité Egipto —como sabe el Embajador—, vi las tierras donde se produce el chile. Si se introduce una nueva variedad, sería posible duplicar el rendimiento utilizando la misma inversión y los mismos recursos, suelo y agua.

La innovación es la máxima prioridad, ya que es una inversión eficaz en función del costo. La segunda prioridad es la gestión. En la pequeña aldea que visité, los agricultores cosechaban pepinos y chile.

Para cuando estos productos llegan a El Cairo (Egipto), un tercio ya se ha perdido por la falta de una cadena de frío y un envasado adecuado. Por eso necesitamos un diseño integral de la cadena de valor, centrado no solo en la tierra o el suelo, sino también en los productos finales y el mercado de destino.

Eso lo hace más pertinente para políticos e inversores.

Siempre desafío al Sr. Li Feng, Director de la División de Tierras y Aguas de la FAO: cuando habla de su propio trabajo, a los políticos no les interesa mucho, pero cuando habla de los vínculos con el agua, la tierra, los empresarios, los mercados finales y la mejora de los medios de vida de consumidores y agricultores, entonces los políticos prestan atención.

Durante años, en la FAO la gente solo hablaba de cosas relacionadas con sus propias atribuciones; no relacionaban su trabajo con los intereses de los políticos.

Lo mismo ocurre en Europa. Hay científicos de primera: he conocido a muchos en los últimos 40 años, incluidos mi profesor, mis estudiantes y mis compañeros de clase. Todos son excepcionales.

Pero ¿cuántos han transformado realmente los sistemas agroalimentarios en Europa?

No hablo solamente de China, la India o el Sur del mundo. Incluso en Europa, donde abundan los recursos, las inversiones y la tecnología, no se ha producido la transformación. ¿Por qué no se ha producido? Necesitamos entablar diálogos y tender un puente.

La publicación del informe sobre el Estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura 2025 forma parte de un esfuerzo más amplio de la FAO para situar la tierra y el agua en el centro de la atención mundial.

Cuento de veras con todos los Embajadores. Ustedes no son los expertos, pero pueden enviar sugerencias muy concretas a sus dirigentes. Los dirigentes son los que pueden impulsar el cambio —no los científicos, ni el Director General de la FAO, ni los ministros de Agricultura, ni siquiera los ministros de Hacienda—, solamente los dirigentes.

Si alguien tiene la oportunidad de visitar la parte nueva de El Cairo, verá que no disponían de fondos cuando empezaron. Pero ahora, bajo el liderazgo del Presidente El-Sisi, las cosas han cambiado. Los dirigentes pueden crear valor añadido para los productos a través de su desarrollo.

Hago un llamamiento para que impulsemos iniciativas colectivas a fin de construir sistemas agroalimentarios mundiales más eficientes, más inclusivos, más resilientes y más sostenibles.

Este año, al concluir el bienio 2024-25 con el agua como tema, la FAO también presentó otras dos evaluaciones mundiales centradas en la tierra y en la urgencia de hacer frente a su degradación: 

  • Los informes titulados El estado mundial de la agricultura y la alimentación (SOFA) de 2025;
  • El estado de la tenencia y la gobernanza de la tierra.

Estas tres publicaciones ofrecen al unísono un panorama completo de la situación mundial y de las medidas que los países pueden adoptar en materia de gestión integrada de la tierra, el suelo y el agua. Aprovechan el impulso de este bienio centrado en el agua y reflejan el firme compromiso de los Miembros.

En conjunto, creo que estos informes reafirman el compromiso de la FAO, a través de asociaciones, de traducir los conocimientos en medidas concretas sobre el uso sostenible de los recursos de la tierra, el suelo y el agua para las cuatro mejoras: una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás.

Por eso apoyamos al Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), como rama técnica de la FAO, para que celebre la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (CIRADR+20) en Cartagena (Colombia), el próximo año.

Este es nuestro papel, como organismo técnico, pero el CSA también debe desempeñar el suyo, ya que es un comité independiente.

Siempre que cualquier foro político —como el Grupo de los Veinte (G20), el Grupo de los Siete (G7), los BRICS (Brasil, Federación de Rusia, India, China y Sudáfrica) u otros— requiera apoyo técnico, en especial en cuestiones relacionadas con el sistema agroalimentario, la FAO está determinada a desempeñar su papel.

Sé que el año que viene el Senegal continuará como anfitrión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, lo que supone una continuidad positiva. He dicho a sus ministros y a sus dirigentes que la FAO apoyará plenamente al Senegal, no solo porque está situado en África, sino también porque los países en desarrollo pueden beneficiarse de su experiencia y de su papel activo para progresar.

A través del Marco conceptual de la FAO para la ordenación integrada de los recursos de tierras y aguas colaboramos estrechamente con países y socios —incluidos la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Fondo Verde para el Clima y la Alianza mundial sobre los suelos— para conservar, restaurar y gestionar los recursos terrestres e hídricos de forma más sostenible.

El mensaje central de la edición de 2025 del informe es crucial: las decisiones que se tomen hoy sobre la gestión de la tierra, el suelo y el agua determinarán la capacidad del mundo para alimentar a una población creciente en el futuro, salvaguardando al mismo tiempo la salud de nuestro planeta para las próximas generaciones.

Prepárense para participar en la Cumbre Una sola salud. He dicho muchas veces a nuestros colegas, en especial a los de la División de Tierras y Aguas, la División de Actividad Forestal, la Oficina de Cambio Climático, Biodiversidad y Medio Ambiente y la División de Pesca y Acuicultura, que deberíamos considerar el enfoque de “Una sola salud” a partir del suelo y el agua para ir subiendo hasta las plantas y los animales y, finalmente, hasta nosotros mismos como seres inteligentes: los seres humanos.

Así pues, trabajemos desde la realidad sobre el terreno, no desde la teoría.

Gracias.