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Carisma de la agricultura oriental

Mi oficina está ubicada en la ciudad de Caracas, capital de Venezuela. Normalmente tenemos reuniones con las sedes centrales de las diferentes instituciones y se realizan visitas de campo a proyectos en zonas rurales, pero la pandemia por COVID-19 nos cambió por completo la coordinación y el seguimiento de las actividades de campo.

Para la temporada de siembra de leguminosas, ciclo 2020-2021, teníamos previsto realizar la siembra en parcelas demostrativas en cuatro regiones del país para la selección y evaluación participativa de cultivos. No obstante, luego de varios intentos fallidos de reuniones virtuales, decidimos delegar todos los modos de actuación a los equipos técnicos más cercanos a las comunidades rurales y nosotros desde la capital realizar las comunicaciones vía telefónica para los apoyos requeridos. 

Tal fue el caso para el estado Monagas, ubicado en la zona oriental del país, a diez horas de camino desde Caracas. Monagas se caracteriza por tres paisajes bien definidos, que enriquecen su geografía. Hacia su extremo norte hay un sector montañoso, perteneciente al Macizo Oriental, que lo conecta con la cordillera de la costa. El este y el sur, por ser parte de los llamados Llanos Orientales, presenta un relieve de planicies que se conoce como los llanos bajos. Éste ocupa más del cincuenta por ciento de su territorio y está dominado por un clima tropical lluvioso con algunas variaciones locales que responden a diversos factores como la altura y el viento. Las actividades económicas predominantes en el estado Monagas son la explotación de recursos naturales como el petróleo, el gas natural y la agricultura extensiva y familiar. Monagas es también conocido por su gente muy alegre, divertida y festiva. 

Entre los meses de noviembre 2020 y marzo 2021, se desarrollaron con éxito dos parcelas demostrativas de leguminosas con enfoque participativo con la comunidad rural de Currucay. El proyecto se caracterizó por el desarrollo de actividades de agricultura familiar en que participaban todos los integrantes de la familia. Fue una experiencia extraordinaria: a pesar de estar en pandemia con las consecuencias de la crisis económica agravada, se cumplieron todas las actividades. El personal técnico y las familias agricultoras establecieron una relación muy cercana, de tal manera que se volvieron casi familia. Al inicio del proyecto, los agricultores indicaron que habían bajado su producción por la alta dependencia a herramientas e insumos químicos, la mayoría importados; y luego de dos ciclos productivos, indican que el proyecto fue de muchos aprendizajes: gracias a las capacitaciones recibidas por parte del equipo técnico, hoy en día, saben elaborar bio-insumos utilizando recursos locales. Asimismo, saben aplicar prácticas agroecológicas y aprendieron la metodología para realizar mejoramiento genético participativo para cultivar leguminosas y maíz. Reconocían en todo momento la entrega por parte del personal técnico quienes, según lo que contaron los agricultores, realizaban esfuerzos extraordinarios debido a la poca disponibilidad de recursos como traslados, alimentación, y bioseguridad, entre otros. A su vez, los técnicos de campo comentaron que el ambiente de trabajo y la energía radiante de los agricultores fueron lo que los había comprometido, cada día más, a cumplir.

Rosangela Lugo

Al mismo tiempo, había otro proyecto para desarrollar una experiencia similar con semillas de maíz en nueve regiones del país, entre los cuales se encontraba también el estado Monagas. Desafortunadamente, la experiencia realizada en Currucay no se conocía y el otro proyecto comenzó sus actividades con altos tropiezos, debido a todas las condiciones adversas de aquel momento. Durante el año, ya se habían realizado varios intentos de coordinar por vía virtual pero no se percibía la atención debida por parte del otro equipo de trabajo. Estaba intrigada: ¿por qué el proyecto funcionaba en Currucay y no aquí?

Apenas las restricciones por la pandemia se flexibilizaron y fue posible movilizarnos otra vez, se me ocurrió convocar una mesa de trabajo técnico con la participación de ambos equipos quienes eran de instituciones diferentes pero ubicados en el mismo estado. Mi objetivo era definir acciones en la implementación de los dos proyectos y dar a conocer la experiencia y lecciones aprendidas en la comunidad de Currucay.  

Nos encontramos en la ciudad de Maturín para llevar a cabo el intercambio de experiencias entre los equipos técnicos de campo de los dos rubros y evaluar en conjunto las experiencias de las parcelas demostrativas implementadas en el estado Monagas. Fue un espacio magnifico que propició la integración de equipos técnicos de terreno; todos se escucharon, se dio un espacio para recomendaciones e inclusive, reflexiones de vida. 

Al día siguiente, se realizó una gira a dos parcelas demostrativas con la participación de todos los asistentes de la mesa de trabajo técnico. Esta gira coincidió con una jornada de formación teórico-práctica para treinta agricultores de Currucay, lo cual facilitó el intercambio entre técnicos y agricultores in situ. Los agricultores se presentaron y participaron de manera proactiva y motivadora. Era un ambiente donde se irradiaba “la energía de producir semillas” - literalmente fue lleno de energía: se escuchaban risas, sonidos de pájaros y movimientos de animales caseros acompañando los recorridos. Las mujeres explicaban sus técnicas y sus cantos a las plantaciones; y los hombres realizaban con mucho entusiasmo y alegría las jornadas con aplicación de las nuevas técnicas aprendidas. Hacían comparaciones del antes y el después, reconociendo en todo momento la importancia de contar con profesionales a disposición de su comunidad, y precisaban que sus vidas habían cambiado. Participaron en familia, incluso las mascotas fueron protagonistas en muchas fotos. ¡Era una fiesta!

Al final del recorrido se realizó el cierre de la jornada con palabras por parte de los agricultores de Currucay a todos los presentes y resaltaron su agradecimiento por los conocimientos adquiridos hasta el momento. Además, extendieron una cordial invitación a desarrollar experiencias conjuntas para resolver problemas actuales y realzaron su disposición para ser multiplicadores de su experiencia en otras comunidades. 

Por su parte, el equipo técnico que se conoció y se integró el día anterior, aprendieron a través de la experiencia vivida y hasta conocieron plantas medicinales para solventar deficiencias en su salud. Reconocieron, además, el éxito técnico–ancestral que hoy tiene esta comunidad y que puede replicarse en otros espacios. Esta experiencia permitió constatar que la agricultura familiar de Currucay, municipio de Santa Barbara, estado Monagas, ya cuenta con herramientas técnicas sólidas para el desarrollo y avance de sus cultivos y que están dispuestos a transferirlas a otras comunidades. Los equipos técnicos acordaron mantenerse en comunicación constante para atender a otras comunidades y propiciar encuentros de saberes entre técnicos y agricultores. 

Para mí, lo que aprendí en esta visita de tres días es que la energía, la buena actitud y el compañerismo genera confianza y compromisos. Es todo un reto para un equipo técnico atender las demandas de una comunidad con tan alto nivel de motivación, vocación y entusiasmo para aprender haciendo.

 

Rosangela Lugo 

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Автор: Rosangela Lugo
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Организация: The Barefoot Guide Connection
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Год: 2022
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Страна/страны: Venezuela (Bolivarian Republic of)
Географический охват: Латинской Америки и Карибского бассейна
Категория: Статья в блоге
Полный текст: https://www.barefootguide.org/
Язык контента: Spanish
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