“El aniversario de la muerte de mi hermano es el 26 de julio. Fue asesinado hace 27 años”, explica Robinson Salas. Robinson es uno de los millones de personas que se han visto desplazadas de sus hogares y sus tierras por el conflicto armado entre el Gobierno de Colombia y el grupo rebelde de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Este conflicto se prolongó durante 52 años, dejó 220 000 muertos y a más de ocho millones de personas desarraigadas.
“La situación continuó empeorando, con más violencia cada día, hasta que tuvimos que irnos de nuestra tierra. Decidí marcharme porque estaba casado y tenía dos hijos. Siempre tuve mucho miedo con la presencia de esas personas (las FARC)”.
Robinson y su familia se resistían a abandonar sus tierras, pero llegados a cierto punto, era demasiado peligroso quedarse. Se mudaron a la cercana ciudad de Corozal, a unos 10 kilómetros de distancia.
“Mi padre siguió con idas y venidas para ocuparse de su tierra hasta que murió de un ataque al corazón en 2003. Trabajaba allí durante el día, pero se volvía por la noche porque no era seguro. Luego, uno de mis hermanos asumió el cuidado de nuestro terreno hasta que fue asesinado (por hombres armados) en 2006. Otro hermano murió en 2007. Después de ello, abandonamos el lugar por completo”, explica Robinson. Los combates le hicieron perder a su familia, su medio de sustento e incluso la tierra de sus ancestros.
En la ciudad, Robinson trabajó en una estación de policía, ayudando al Inspector con los trámites. Aunque trabajaba a tiempo completo, solo le pagaban como empleado a tiempo parcial. Se dio cuenta de que añoraba todo acerca de su antiguo modo de vida: su aldea, su granja, su tierra. Robinson está casi completamente ciego, pero de vuelta en Pertenencia, su aldea, esto no fue un problema. Siempre había algo que hacer en la granja y alguien de la comunidad para ayudarle si lo necesitaba. “No hay tiempo para estar quieto”, explica Robinson.
“Robinson es un buen ejemplo de cómo hay que construir la paz. Sí, su vista es pobre, pero posee una gran visión: una visión del desarrollo comunitario dentro del territorio, renovando las tierras de Montes de María”. Rafael Zavala – Representante de la FAO en Colombia
5 décadas de conflicto habían afectado profundamente el campo colombiano. Tan solo 7 de los 22 millones de hectáreas de tierras cultivables de Colombia estaban siendo utilizados. Gran parte de esta superficie había sido abandonada debido a los enfrentamientos.
Hubo que esperar hasta julio de 2017 para que por fin terminase el conflicto: los miembros de las FARC entregaron sus armas como parte del acuerdo de paz negociado en los años anteriores. Sin embargo, quedaron pendientes las cuestiones del control de la tierra y los medios de vida.