Los informes son públicos y el mensaje es claro: todos debemos tomar decisiones teniendo en cuenta el clima. El sector de la agricultura es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero, pero también es uno de los más importantes aliados del clima. El sector agrícola puede desempeñar un papel importante en la mitigación del clima al reducir las emisiones y evitar una mayor pérdida de carbono almacenado en los bosques y el suelo. Mantener los suelos y los bosques saludables también ayuda a combatir el cambio climático, ya que ambos actúan como “sumideros” que almacenan el carbono. Por último, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos y abogar por mejores patrones de consumo de alimentos son otros esfuerzos importantes que se pueden hacer dentro de la esfera de influencia de la agricultura.
Más de tres cuartas partes de los pobres del mundo viven en zonas rurales y muchos de ellos dependen de la agricultura para su subsistencia. Son las personas que habitan en zonas rurales, particularmente en los países en desarrollo, los más perjudicados por el cambio climático.
Nuestros sistemas agrícolas y alimentarios son los más afectados por las altas temperaturas, los cambios en los patrones de precipitación, el aumento del nivel del mar y los fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.
La agricultura climáticamente inteligente (CSA, por sus siglas en inglés) es un enfoque que ayuda a transformar y reorientar los sistemas agrícolas para garantizar la seguridad alimentaria y apoyar el desarrollo rural en el contexto de un clima cambiante. Este enfoque se centra en los agricultores, los pescadores o los pastores. Por definición, la CSA persigue tres objetivos: aumentar de forma sostenible la productividad agrícola y mejorar los ingresos de los agricultores; aumentar la resiliencia de los agricultores al cambio climático y ayudarlos a encontrar maneras de adaptarse; y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Aquí enumeramos solo 5 de las iniciativas exitosas de la FAO en las que se ha utilizado la agricultura climáticamente inteligente para beneficiar a las comunidades agrícolas y trabajar para lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 13: adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.
1. “Reverdecer” el Sahel para los agricultores de Burkina Faso y Níger
En el Sahel, las tierras secas y los desiertos representan dos tercios del total de la tierra disponible. La desertificación está afectando a millones de las personas más vulnerables. Establecida en 2007 y liderada por la Unión Africana, la Iniciativa de la Gran Muralla Verde para el Sahara y el Sahel se ha convertido en el programa emblemático de África para combatir los efectos del cambio climático y la desertificación.
En Burkina Faso y Níger, la FAO brindó apoyo en la restauración de tierras a gran escala mediante la combinación de distintas técnicas, tales como: plantación de enriquecimiento, siembra directa y vallado para impulsar la regeneración natural; además fomentó la capacidad local y promovió cadenas de valor de alto potencial de productos forestales no madereros, ayudando así a la diversificación de las actividades económicas.
Como resultado del programa Acción contra de la desertificación, se sembraron y rehabilitaron aproximadamente 12 000 hectáreas de tierra degradada. Estas actividades pueden aplicarse en todos los países que enfrentan la degradación de la tierra y la desertificación.