Apurando el paso, Jasinta empieza el día yendo a su granja, situada en Bokwango, al sudoeste del Camerún. Todos los días se levanta, va a ver a sus gallinas, las alimenta y rellena las cubetas. Esta madre de cuatro hijos es un ejemplo para muchos de sus vecinos, que la admiran por los animales que cría y vende con orgullo.
Su nuevo negocio es el producto de una iniciativa de la FAO que ayuda a personas vulnerables de las regiones de habla inglesa de Camerún, que actualmente están sufriendo una crisis sociopolítica. La inseguridad y la violencia en alza en estas regiones fuerzan a las personas a dejar sus hogares y dirigirse a otros lugares del país. En zonas en las que la población depende en gran medida de la agricultura para sus medios de vida, el recrudecimiento de la violencia también dio lugar a una importante disminución de la producción agrícola y un aumento de los precios de los alimentos básicos.
Ofrecer ayuda a los que la necesitan
Jasinta, que vive en esta parte de Camerún desde hace 10 años, ofrece la calidez de su casa a 12 personas desplazadas internamente (PDI) que huyeron de sus hogares a causa del conflicto.
“Todo empezó a fines de 2016. Las cosas se pusieron realmente muy feas para nuestros hermanos en el país. Como esposa del jefe de mi localidad, decidí comprometerme a aliviar su sufrimiento. Recibí a dos, luego a cuatro y actualmente hay 12 personas viviendo en casa”, dice.
La labor de la iniciativa de la FAO en la región, el Proyecto de mejora de la seguridad alimentaria de las poblaciones afectadas, consiste en impulsar los medios de vida y las actividades agrícolas, como la cría de aves, a fin de fortalecer la seguridad alimentaria. El proyecto brinda ayuda a los PDI, las familias de acogida y los retornados, que sufrieron los efectos de la crisis en las regiones del sudoeste y el noroeste del Camerún.
“La Organización me dio 40 pollos de engorde, el equipamiento necesario y la capacitación para criarlos. La FAO despertó mi interés en esta actividad de la que no sabía casi nada”, dice. “Después de mi primera venta, me sorprendí por el dinero que había ganado y decidí invertir un poco más en esto”.
La iniciativa ofreció apoyo a 1 000 hogares para que criaran aves de corral y vendieran huevos. Financiado por el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF, por sus siglas en inglés), tan solo en 2019 el proyecto de la FAO distribuyó 10 000 gallinas ponedoras, 20 000 pollos de engorde, 100 toneladas de pienso para aves y equipamiento para la construcción de 1 000 unidades de producción de aves de corral. Gracias a la orientación brindada por la FAO, en muy poco tiempo las personas desplazadas y las de sus comunidades de acogida pasaron de ser granjeros principiantes a verdaderos profesionales de la cría.
“Empecé con 40 pollos de engorde que me dio la FAO y ahora tengo 600. Amplié mi granja y mi empresa es floreciente. La actividad me permite pagar las matriculas escolares y la formación profesional de las personas desplazadas internamente que están a mi cuidado”, explica Jasinta.