Promover el comercio y proteger las especies marinas al mismo tiempo


Los datos ponen en evidencia las especies amenazadas y ayudan a gestionar las exigencias del mercado

Las coloridas colonias de coral constituyen uno de los ecosistemas más diversos de la Tierra. ©Gregory Piper/Coral Reef Image Bank.

01/02/2021

El coral es uno de los tesoros del mar, ya esté embelleciendo las aguas tropicales poco profundas del Caribe o escondido en las profundidades más oscuras del Océano Pacífico.

No obstante, su belleza no ha pasado desapercibida y a menudo es muy demandado para decorar acuarios grandes y pequeños, crear joyas elegantes y producir medicamentos. Millones de estos pólipos marinos de gran valor se extraen y se venden cada año en todo el mundo.

Pocas personas saben que, en realidad, los arrecifes de coral son organismos vivos. Los corales pueden parecer plantas, pero son animales. Agrupados en coloridas colonias, utilizan las células urticantes que se encuentran en sus minúsculos tentáculos para capturar plancton e incluso pequeños peces. Estos arrecifes constituyen uno de los ecosistemas más diversos de la Tierra. Sin embargo, muchas de nuestras especies de coral están amenazadas.

El aumento de la temperatura del mar y la contaminación del agua han provocado la decoloración y la pérdida generalizadas de arrecifes en todo el mundo. La Gran Barrera de Coral de Australia es un ejemplo destacado de ello.

“Los arrecifes de coral, así como los peces que los habitan, son un elemento fundamental de los ecosistemas costeros tropicales, pero se encuentran bajo presión debido a la contaminación por gases de efecto invernadero que está haciendo aumentar la temperatura del agua hasta el punto de que los corales están muriendo”, dijo la Sra. Kim Friedman, Oficial superior de recursos pesqueros de la FAO.

“Ello no solo pone en peligro a estos maravillosos sistemas, sino también a los alimentos y los medios de vida de muchas personas que dependen de ellos”.

Numerosas especies de coral están amenazadas debido al aumento de la temperatura del mar, la contaminación y el comercio ilegal. En la fotografía de la izquierda se observa un arrecife de coral sano, mientras que en la de la derecha, el coral está descolorido. Izquierda/Arriba: ©D. Nicholson Derecha/Abajo: ©T. Holmes.

El comercio es un salvavidas

El comercio de pescado y otras especies marinas, como los corales, es fundamental para la vida y los medios de sustento de muchas comunidades y ha aumentado en los últimos decenios. Sin embargo, la distribución mundial es desigual y la sobrepesca y el comercio ilegal están poniendo a las especies en riesgo.

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, conocida como CITES, se concibió para estudiar y controlar el comercio de especies de plantas y animales en peligro de extinción.

La CITES entró en vigor en 1975 y ha sido adoptada por 183 países. El tratado tiene la finalidad de garantizar que el comercio internacional de animales y plantas no ponga en peligro su supervivencia. Sus mecanismos y disposiciones están concebidos para asegurar que el comercio sea legal, sostenible y rastreable. Cada tres años, los países que son partes del acuerdo consideran hacer cambios en la lista de la CITES.

“La CITES es importante porque necesitamos toda la ayuda posible para proteger nuestros entornos marinos naturales y los sistemas sociales que dependen de ellos”, afirma la Sra. Friedman.

La FAO, junto con el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, ha publicado el informe CITES and the Sea (La CITES y el mar) en el que se revela el papel decisivo que puede desempeñar el comercio en la supervivencia de una especie.

Y no solo del coral. A pesar de su reputación como asesinos implacables, algunas especies de tiburones también están amenazadas. Según el informe de la CITES, entre 2007 y 2016, se mataron 44 637 tiburones para comercializar sus aletas y su carne, a pesar de estar incluidos en la lista de la CITES.

La anguila europea, los caballitos de mar, las maragotas, las almejas gigantes y los cobos rosados también se encuentran en peligro de extinción. Su inclusión en las listas de la CITES pone de relieve la necesidad de que los países hagan una mejor gestión de estas especies mediante planes de recuperación u otras medidas.

El tratado de la CITES tiene la finalidad de salvaguardar las especies en peligro ayudando a los países a mejorar la gestión del comercio de recursos marinos valiosos. ©Phillip Hamilton/Coral Reef Image Bank

Tradicionalmente, la pesca se ha concentrado en la gestión de poblaciones: el pescado y su captura. Pero para gestionar satisfactoriamente las especies marinas, debemos tener en cuenta el ecosistema y la cadena de valor desde la que se captura, se manipula y se elabora el pescado y la forma en que los consumidores reciben sus productos pesqueros.

La FAO aporta conocimientos técnicos sobre la situación de las especies marinas y presta asesoramiento acerca de los beneficios que supone para la conservación utilizar las disposiciones de la CITES. Ello significa que los encargados de formular las políticas pueden estar mejor informados sobre la gestión de su sector pesquero a fin de velar por la sostenibilidad futura.

“La FAO está ayudando a los países a tomar las decisiones correctas con la finalidad de que puedan obtener mejores resultados para los pescadores, los mercados y sus comunidades en general”, afirma la Sra. Friedman. “Es importante para que todo el ecosistema alcance la sostenibilidad y los consumidores se beneficien de tener más productos pesqueros disponibles a largo plazo”.

La recopilación de información es fundamental

La CITES posibilita que los países compartan los registros del comercio de especies marinas silvestres, aunque para ello deben participar activamente. La FAO ayuda tanto a los gobiernos como a los pescadores a ser plenamente conscientes de las implicaciones del comercio de especies marinas.

La Sra. Friedman afirma que “no se trata solo de recopilar datos, sino de concienciar a las comunidades. Debemos asegurarnos de que los pescadores entiendan lo que exigen los tratados internacionales como la CITES”.

Cuando una especie figura en la lista de la CITES, la FAO ayuda a concienciar a los países alentando al sector pesquero y los ministerios públicos a trabajar conjuntamente.

“Se trata de lograr hacer un uso sostenible del pescado y de proteger la biodiversidad, y ambos objetivos no son mutuamente excluyentes”, concluye la Sra. Friedman.

“Debemos cooperar si queremos tener océanos productivos y sostenibles en el futuro; en este sentido, la FAO tendrá un papel destacado en hacerlo una realidad”.


Para más información

13. Climate action, 14. Life below water