Frijoles de Jumla. Con pintas negras, rojas y amarillas, cultivados a mano en uno de los distritos más remotos de las montañas de Nepal. A pesar de su gran valor nutricional y su producción respetuosa con el medio ambiente, los frijoles de Jumla corren el peligro de ser reemplazados por otros cultivos porque los productores de las zonas montañosas no pueden obtener con ellos unos ingresos decentes. Al leer la historia de estas legumbres en la etiqueta de productos de la Alianza para las montañas, tal vez nos sintamos empujados a comprarlas, pues ya no serán solo frijoles, sino el producto del duro trabajo y la tradición de un pueblo en otro entorno cultural.
Los consumidores tienen poder.Saber la historia de fondo de los alimentos, junto con un mejor conocimiento y acceso, puede ayudar a las personas a tomar decisiones acertadas en cuanto a dietas saludables, pero puede también contribuir a proteger el medio ambiente, apoyar a los agricultores familiares y en pequeña escala y mejorar otras partes de la cadena de suministro.
Aprovechar la influencia de los consumidores y la demanda colectiva para transformar los sistemas agroalimentarios, haciéndolos más inclusivos, resilientes y sostenibles, es uno de los objetivos de la FAO.
En primer lugar, ¿qué es exactamente un sistema agroalimentario?
Es el mundo que está detrás de nuestros alimentos. Comprende el sistema solar de cómo los alimentos son cultivados, cosechados, envasados, transportados, distribuidos, comercializados, adquiridos, preparados, consumidos y eliminados. Por no hablar de todos los usos de la agricultura destinados a productos no alimentarios, como son por ejemplo la actividad forestal y los biocombustibles, que también constituyen medios de vida. Este sistema engloba a todas las personas, actividades, inversiones y decisiones que contribuyen a que consigamos estos productos alimenticios y agrícolas. Se trata de un mundo fascinante, pero complicado. Existen muchos procesos y, dentro de cada uno, hay numerosas influencias e insumos, numerosos resultados y repercusiones.
Al igual que los planetas en un sistema solar, cada parte del sistema agroalimentario posee sus propias características y fuerzas de acción. Así que cuando decimos que hay que transformar las dietas para transformar los sistemas agroalimentarios, nos referimos a cambiar una serie de actores y acciones. Afortunadamente, nosotros, como consumidores, somos uno de esos actores.
¿Dónde se sitúan los consumidores en un sistema agroalimentario?
Para responder a eso, debemos entender los elementos principales de un sistema agroalimentario. Encontramos aquí la producción de alimentos, lo que también denominamos la cadena de suministro alimentario. Esta comprende el cultivo, el almacenamiento, la distribución, la elaboración, el envasado e incluso la venta al por menor y la comercialización de alimentos. Con este gran número de procesos, algunos incluso a través de las fronteras, la cadena de suministro suele ser larga y compleja.
El entorno alimentario abarca los lugares y situaciones en los que obtenemos nuestros alimentos. Se incluyen aquí no solo los lugares físicos en los que se adquieren alimentos, como mercados y tiendas, sino también la señalización, el etiquetado y los mensajes en torno a los alimentos. El entorno alimentario también se ve influenciado por el comercio. Cuestiones como la accesibilidad y la asequibilidad de los alimentos constituyen importantes aspectos de este elemento del sistema agroalimentario.
Los consumidores y sus comportamientos, como la elección, la preparación, el consumo, la alimentación de otros y la eliminación de alimentos, son un elemento central de los sistemas agroalimentarios. El comportamiento de los consumidores se ve afectado por factores culturales, socioeconómicos, políticos y personales y, a la larga, estos determinan nuestras dietas e influyen en otras partes del sistema agroalimentario.