Somos lo que comemos. Transformar las dietas para transformar los sistemas agroalimentarios


Serie de historias sobre la transformación de los sistemas agroalimentarios: Parte 1 - El comportamiento de los consumidores y la demanda colectiva

Aprovechar la influencia de los consumidores y la demanda colectiva para transformar los sistemas agroalimentarios, haciéndolos más inclusivos, resilientes y sostenibles, es uno de los objetivos de la FAO. ©FAO/Max Valencia

09/04/2021

Frijoles de Jumla. Con pintas negras, rojas y amarillas, cultivados a mano en uno de los distritos más remotos de las montañas de Nepal. A pesar de su gran valor nutricional y su producción respetuosa con el medio ambiente, los frijoles de Jumla corren el peligro de ser reemplazados por otros cultivos porque los productores de las zonas montañosas no pueden obtener con ellos unos ingresos decentes. Al leer la historia de estas legumbres en la etiqueta de productos de la Alianza para las montañas, tal vez nos sintamos empujados a comprarlas, pues ya no serán solo frijoles, sino el producto del duro trabajo y la tradición de un pueblo en otro entorno cultural.

Los consumidores tienen poder.Saber la historia de fondo de los alimentos, junto con un mejor conocimiento y acceso, puede ayudar a las personas a tomar decisiones acertadas en cuanto a dietas saludables, pero puede también contribuir a proteger el medio ambiente, apoyar a los agricultores familiares y en pequeña escala y mejorar otras partes de la cadena de suministro.

Aprovechar la influencia de los consumidores y la demanda colectiva para transformar los sistemas agroalimentarios, haciéndolos más inclusivos, resilientes y sostenibles, es uno de los objetivos de la FAO.

En primer lugar, ¿qué es exactamente un sistema agroalimentario?

Es el mundo que está detrás de nuestros alimentos. Comprende el sistema solar de cómo los alimentos son cultivados, cosechados, envasados, transportados, distribuidos, comercializados, adquiridos, preparados, consumidos y eliminados. Por no hablar de todos los usos de la agricultura destinados a productos no alimentarios, como son por ejemplo la actividad forestal y los biocombustibles, que también constituyen medios de vida. Este sistema engloba a todas las personas, actividades, inversiones y decisiones que contribuyen a que consigamos estos productos alimenticios y agrícolas. Se trata de un mundo fascinante, pero complicado. Existen muchos procesos y, dentro de cada uno, hay numerosas influencias e insumos, numerosos resultados y repercusiones.

Al igual que los planetas en un sistema solar, cada parte del sistema agroalimentario posee sus propias características y fuerzas de acción. Así que cuando decimos que hay que transformar las dietas para transformar los sistemas agroalimentarios, nos referimos a cambiar una serie de actores y acciones. Afortunadamente, nosotros, como consumidores, somos uno de esos actores.

¿Dónde se sitúan los consumidores en un sistema agroalimentario?

Para responder a eso, debemos entender los elementos principales de un sistema agroalimentario. Encontramos aquí la producción de alimentos, lo que también denominamos la cadena de suministro alimentario. Esta comprende el cultivo, el almacenamiento, la distribución, la elaboración, el envasado e incluso la venta al por menor y la comercialización de alimentos. Con este gran número de procesos, algunos incluso a través de las fronteras, la cadena de suministro suele ser larga y compleja.

El entorno alimentario abarca los lugares y situaciones en los que obtenemos nuestros alimentos. Se incluyen aquí no solo los lugares físicos en los que se adquieren alimentos, como mercados y tiendas, sino también la señalización, el etiquetado y los mensajes en torno a los alimentos. El entorno alimentario también se ve influenciado por el comercio. Cuestiones como la accesibilidad y la asequibilidad de los alimentos constituyen importantes aspectos de este elemento del sistema agroalimentario.

Los consumidores y sus comportamientos, como la elección, la preparación, el consumo, la alimentación de otros y la eliminación de alimentos, son un elemento central de los sistemas agroalimentarios. El comportamiento de los consumidores se ve afectado por factores culturales, socioeconómicos, políticos y personales y, a la larga, estos determinan nuestras dietas e influyen en otras partes del sistema agroalimentario.

Moldear el comportamiento de los consumidores y la demanda colectiva puede contribuir a cambiar los mercados. Izquierda/Arriba: ©EBRD/FAO Dermot Doorly. Derecha/Abajo: ©FAO/Pier Paolo Cito

El consumo, el comportamiento de los consumidores y la demanda colectiva

La parte del sistema con la que probablemente todos estamos más familiarizados es esta última: el consumo. Quizás desconozcamos cómo llegaron los alimentos hasta nosotros, dónde se produjeron o cómo se transportaron, pero sí sabemos qué alimentos decidimos comprar, dónde los compramos, cuánto pagamos por ellos, cómo los preparamos y si los comemos o los tiramos.

El consumo de alimentos tal vez sea la parte que mejor conozcamos, pero puede que no sea una parte en la que siempre pensemos. Sin embargo, en muchos sentidos, esta esfera puede ser la más efectiva para la transformación. Moldear el comportamiento de los consumidores y la demanda colectiva puede contribuir a cambiar los mercados.

El poder de los consumidores

Los consumidores se interesan cada vez más por saber de dónde provienen sus alimentos y productos. La clasificación de la FAO de las áreas de pesca es una herramienta que hace que esta cuestión sea más transparente. Saber que se está comprando pescado procedente de aguas cercanas puede contribuir a apoyar la economía local. Esta clasificación garantiza asimismo que el origen de la captura es legal, ofreciendo protección frente a la sobrepesca y la destrucción de los ecosistemas.

Otra iniciativa orientada a los consumidores que apoya a los pequeños productores es el programa Calidad y Origen. Durante varios años, la FAO ha colaborado con asociados, gobiernos y productores de todo el mundo para registrar los productos elaborados de forma tradicional con etiquetas de indicación geográfica (IG). Algunos ejemplos son el té Darjeeling (India), el queso manchego (España) y el azafrán de Taliouine (Marruecos). Estas etiquetas ayudan a los consumidores a relacionar características del producto, como el sabor o la calidad, con su condición de IG. En este sentido, están dispuestos a pagar precios más altos, lo que se traduce en mayores ingresos para los hogares rurales.

La Iniciativa sobre los productos de la Alianza para las Montañas es otro proyecto que recurre al poder de elegir. Este programa apoyado por la FAO ofrece apoyo técnico y financiero a pequeños productores de las zonas montañosas de países en desarrollo para que mejoren la comercialización de sus productos y racionalicen las cadenas de valor. Estos productos reciben una etiqueta descriptiva de producto de la Alianza para las montañas que proporciona información a los consumidores sobre el origen, la elaboración, el valor nutricional y la función del producto en las culturas locales. Esta etiqueta contribuye a ampliar la disponibilidad en los mercados de determinados alimentos y productos singulares, aumentando así su valor y, por consiguiente, los ingresos de los productores.

Ante los cambios en los modelos de consumo ocasionados por la pandemia, tenemos una oportunidad de reconstruir mejor. ©FAO/Max Valencia

¿Por qué los sistemas agroalimentarios marcan una diferencia en mi vida?

Nuestro mundo moderno ejerce enorme tensión y presiones contrapuestas en nuestros sistemas agroalimentarios. El crecimiento de las poblaciones, de las ciudades y de la riqueza y su relación con los cambios en el consumo suponen un reto para la capacidad de nuestros sistemas agroalimentarios de proporcionar alimentos nutritivos y medios de vida decentes para los productores de una forma sostenible para nuestros recursos naturales y el medio ambiente. En combinación con los cambios climáticos, incluidos los fenómenos meteorológicos extremos, la degradación de la tierra y la pérdida de biodiversidad, son presiones sin precedentes y es preciso abordarlas con urgencia. Las decisiones colectivas que hoy tomamos como consumidores y productores repercuten en cómo será el mañana.

COVID-19: Una oportunidad de hacer un cambio

Ya antes de la pandemia, más de 3 000 millones de personas no se podían permitir llevar una dieta saludable. En estos tiempos de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), son muchas más las personas que no se pueden permitir alimentos nutritivos o acceder a ellos, recurriendo a menudo a otros más baratos y fáciles de conseguir. Los hábitos de consumo también están cambiando en el caso de otros que dedican más atención al papel que desempeñan las dietas en su salud, aumentando la demanda de alimentos frescos y nutritivos. Esta situación ha brindado una oportunidad de reconstruir mejor.

Los gobiernos pueden aprovechar esto para aplicar y fortalecer las políticas no solo en la agricultura, sino también en otros sectores como el comercio, la salud, el medio ambiente, la educación y la infraestructura, a fin de crear las condiciones necesarias para dietas mejores. Las políticas e incentivos deberían alentar el cultivo de variedad de frutas y hortalizas, y no solo cultivos comerciales.

Nosotros también tenemos una función que desempeñar. Informarnos sobre qué conforma una dieta sana y cómo nuestras decisiones pueden afectar colectivamente a la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios es un punto de partida.

En esta serie de historias, analizamos las diversas partes del sistema agroalimentario para desmitificar todo lo que implica la producción de nuestros alimentos, así como productos agrícolas no destinados a la alimentación, y examinar las formas en que nosotros, los consumidores, los productores, los comerciantes, podemos hacer cambios que transformen estos sistemas en otros adaptados al futuro. Estos temas principales se abarcarán en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios que se celebrará en septiembre de 2021.


Más información

2. Zero hunger, 3. Good health and well-being, 12. Responsible consumption and production