Los seres humanos recurrimos a un número de plantas asombrosamente bajo para obtener la mayor parte de las calorías que consumimos diariamente. De hecho, de las miles de especies de frutas y hortalizas que se cultivan con fines alimentarios, menos de 200 representan una parte sustancial de los alimentos producidos en el mundo. Pero ¿qué ocurriría si el cambio climático, las especies invasivas, la contaminación, la expansión de las ciudades o la sobreexplotación de la tierra hicieran que esas especies se debilitaran, mermando así su capacidad de producción o supervivencia en el futuro?
Miles de especies y variedades de plantas que alimentaron a nuestros antepasados ya se han extinguido, y cada día son más las que desaparecen. La diversidad es el seguro de vida de nuestros alimentos. Es la biodiversidad de los cultivos la que mantiene nuestros sistemas alimentarios fuertes y resilientes frente a esas amenazas reales y peligrosas.
Las comunidades indígenas y locales de todo el mundo son los principales defensores de la conservación de la agrobiodiversidad. Tienen amplios conocimientos tradicionales sobre las distintas variedades de cultivos y la forma de cultivarlos. Sin embargo, a menudo esas mismas comunidades son vulnerables, ya que habitan en zonas especialmente expuestas a los efectos del cambio climático o donde los recursos se han degradado. El Fondo de distribución de beneficios, creado en virtud del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO, presta apoyo a esos agricultores de los países en desarrollo en su empeño por salvaguardar y utilizar la diversidad fitogenética para la seguridad alimentaria y ayudar a sus comunidades a hacer frente al cambio climático. Además, la colaboración es fundamental a la hora de preservar los conocimientos indígenas y promover el acceso y el intercambio de variedades de cultivos resilientes y adaptadas a sus necesidades.
A continuación, se muestran cinco ejemplos de proyectos en curso del Fondo de distribución de beneficios y la importancia de la biodiversidad de las semillas.
1. Protección de las variedades de cultivos autóctonos en el Ecuador
En el distrito de Cotacachi, en los Andes ecuatorianos, la agricultura familiar, mayoritariamente en manos de mujeres, constituye la principal fuente de alimentos e ingresos. La zona funciona como un microcentro de diversidad agrícola gracias a sus cultivos tradicionales adaptados a las grandes altitudes andinas y, recientemente, la FAO la ha designado como uno de los Sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial. A pesar de la amplia disponibilidad de recursos naturales, las 45 comunidades indígenas que habitan esta zona se enfrentan al cambio climático y a la degradación de la tierra, lo que merma la disponibilidad de cultivos autóctonos. A través de la Unión de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Cotacachi, en el marco del proyecto del Fondo de distribución de beneficios se trabaja con estas comunidades a fin de hacer frente a la pérdida de diversidad de cultivos locales y hallar variedades que se adapten al cambio climático.
Se están creando dos centros de conocimientos sobre biología con miras a facilitar el acceso a semillas adaptadas a las condiciones locales y se está ofreciendo capacitación a 30 agricultores para que se conviertan en productores de semillas. Gracias al proyecto más de 1 500 agricultores se benefician de la reintroducción de especies de plantas autóctonas y mejor adaptadas para su consumo en los hogares y su comercialización.