“Unas veces nos enfrentamos a sequías, otras a inundaciones”, dice Anita António Candeeiro, líder de un grupo de pequeñas agricultoras en Chemba (Mozambique). Además de causar la pérdida de alimentos y fuentes de ingresos, estas catástrofes también suelen arrasar los campos, lo que obliga a los agricultores a empezar de cero, por lo que necesitan semillas nuevas para recomenzar. Esta necesidad básica, y posiblemente la parte más importante de la agricultura, no es tan automática o fácil de conseguir como podría suponerse.
La conservación de semillas ha sido la respuesta durante milenios, una práctica que los agricultores y sus familias han llevado a cabo necesariamente. Sin embargo, es una habilidad en sí misma, y conocer los métodos adecuados de almacenamiento de semillas es esencial para garantizar que su conservación sea un éxito. El almacenamiento de semillas era el punto débil de la comunidad de Anita.
“Las metíamos en bolsas y se pudrían”, explica.
En varias ocasiones, incluso tuvieron que dejar el “campo vacío” por falta de semillas, comenta Anita.
Con financiación de la Agencia Austriaca de Desarrollo y el apoyo de la FAO, las escuelas de campo para agricultores ayudaron a las comunidades a cambiar esta situación mediante la creación de bancos de semillas y la aplicación de técnicas de conservación agrícola. Con los conocimientos adquiridos, la asociación de Anita, Manja Athu (que significa nuestras manos en la lengua local), se puso manos a la obra para recoger y almacenar semillas que pudieran utilizarse en tiempos de adversidad para la agricultura.
La selección de las variedades más adecuadas para una zona determinada requiere tiempo y es un proceso de ensayo y error, pero con el deseo de aprender y con el apoyo técnico, pudieron identificar las mejores variedades para conservarlas en el banco de semillas.
“Antes nos costaba mucho buscar semillas y no podíamos conseguirlas, pero ahora hemos guardado una reserva de semillas”, dice Anita.
En los bancos de semillas comunitarios, estos valiosos insumos se mantienen a salvo de plagas y enfermedades. Los agricultores pueden acceder a estas existencias para la siguiente temporada de siembra o como recurso alternativo en momentos de emergencia cuando sus cultivos han sido dañados o destruidos, una situación cada vez más común debido a los efectos del cambio climático.
De hecho, en los últimos años, Mozambique se ha visto azotado por multitud de peligros y desastres naturales como ciclones, inundaciones y sequías que han afectado directamente a los medios de vida y provocado un retroceso respecto de los logros conseguidos con tanto esfuerzo por los pequeños agricultores.