Agronoticias: Actualidad agropecuaria de América Latina y el Caribe
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América Latina y El Caribe

05/03/2018

Impulsar el activismo contra la desigualdad de género

El día de la mujer 2018 centra su atención en los movimientos sociales que han saltado a la palestra a lo largo del último año. Romper el ciclo de discriminación por género en entornos rurales y urbanos se convierte en un objetivo clave para garantizar el desarrollo.

Mujer indígena de Brasil

2017 supuso el salto definitivo de la lucha por la igualdad de género a la agenda global. A través de una fuerte movilización de individuos y organizaciones, el feminismo pasó de lo institucional a lo cotidiano, de la teoría al debate público, de la palestra a las calles y plazas. Campañas contra el feminicidio, la brecha salarial o el acoso sexual encendieron su mecha en Estados Unidos, extendiéndose rápidamente todas las regiones del globo y tomando terreno en los distintos sectores económicos y contextos sociales. El día de la Mujer de este año toma su inspiración de esta lucha por el cambio y centra su lema en la transformación a todos los niveles.

"Ahora es el momento: Las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres" es el lema que propone la Naciones Unidas, rindiendo homenaje al activismo que ha luchado por un cambio de esquema alejado de la discriminación de género. El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, se mostraba tajante sobre el mensaje a transmitir: “Seré claro: no se trata de hacer un favor a las mujeres. La igualdad de género tiene que ver con los derechos humanos, pero también redunda en interés de todos: hombres y niños, mujeres y niñas. La desigualdad de género y la discriminación contra la mujer nos perjudica a todos”.

Las mujeres rurales, un precedente necesario

La ruralidad juega un papel fundamental en esa transformación. Las mujeres rurales, según la FAO, son garantes de la seguridad alimentaria de sus respectivas comunidades. “Constituyen el 43 por ciento de la fuerza de trabajo agrícola en los países en desarrollo y son ellas, quienes producen una gran parte de la cosecha mundial de alimentos”, afirmaba recientemente el representante de la FAO en El Salvador, Alan González. Las mujeres son también agentes fundamentales en la resiliencia al cambio climático, y suelen llevar a cabo labores extenuantes que van desde el cuidado del hogar a intensas horas de trabajo en el campo.

A pesar de ello, su labor pasa desapercibida con frecuencia, o se invisibiliza -un hecho que no sólo perjudica economías locales, nacionales y regionales, sino que deriva en una situación de precariedad, incertidumbre y escasa autonomía económica para ellas. Según ONU Mujeres, esta precariedad tiene impactos nefastos en su calidad de vida y afecta severamente su salud y a la de los suyos. Por ejemplo, las mujeres rurales tienen un 38 por ciento menos de posibilidades de recibir asistencia profesional en el parto que las mujeres urbanas. Esta brecha es aún más pronunciada en el caso de las mujeres de pueblos originarios y comunidades afrodescendientes.

La realidad de la discriminación de género se refleja en la seguridad alimentaria: en América Latina y el Caribe, por ejemplo, dónde la población rural representa el 21 por ciento del total de habitantes, el hambre afecta al 30 por ciento de las mujeres, mientras que sólo un 25 por ciento de los hombres la sufren.

Este gráfico (FAO, 2017) compara el número de horas que trabajan las mujeres y hombres, tanto rurales como urbanos, en 8 países de América Latina y el Caribe. En él se aprecia un patrón de discriminación que se repite en casi todos los países: a pesar de trabajar un número similar de horas, el hombre urbano tiene un porcentaje de trabajo remunerado mayor que el hombre rural, y éste, a su vez, mayor que el de la mujer urbana; siendo la mujer rural la más perjudicada del conjunto. El gráfico evidencia también la brecha rural-urbana entre mujeres: aunque las rurales trabajan igual o más que las urbanas, su porcentaje de remuneración es sistemáticamente inferior.

Gráfico del Atlas de las Mujeres Rurales en América Latina y el Caribe (2017) indicando la brecha salarial entre hombres y mujeres y rural-urbana.

Reconocer sus derechos

Apenas una de cada 10 personas que poseen tierras agrícolas en el mundo son mujeres. De ahí que el reconocimiento de los derechos de las mujeres rurales pueda acelerar el avance hacia una posición de igualdad, sentando un precedente muy necesario en América Latina y el Caribe. Y es algo que funciona: llamativos son los casos de reformas sobre la tenencia y titularidad de la tierra en Brasil, dónde el número de mujeres casadas o en pareja que ponían las tierras a su nombre pasó del 23 al 72 por ciento en 12 años. También Bolivia, que en 2014 pasó del 9 al 46 por ciento de mujeres con titularidad de tierras. De hecho Bolivia cuenta con la tasa de participación económica femenina en la agricultura más alta de toda Sudamérica: un 41,8 por ciento. El Caribe presenta la tasa más baja con los llamativos casos de Belice (3,2%), Bahamas (0,0%) y Guadalupe (0,0%).

En palabras de Guterres, “invertir en las mujeres es la forma más eficaz de que las comunidades, las empresas e incluso los países prosperen. La participación de la mujer hace que los acuerdos de paz sean más sólidos, que las sociedades sean más resilientes y que las economías sean más pujantes. Normalmente, cuando se discrimina a las mujeres es porque hay prácticas y creencias de por medio que nos perjudican a todos. En cambio, las licencias de paternidad, las leyes contra la violencia doméstica y la legislación que favorece la igualdad salarial nos benefician”. 

Autor: Agronoticias FAO
Fotografía: 1- APIB Comunicação (CC BY-SA 2.0); Gráfico © FAO 2017 (ver enlace),

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