Roma - El cierre del estrecho de Ormuz no solo supone una perturbación temporal del transporte marítimo, sino también el inicio de una crisis agroalimentaria sistémica que podría desencadenar una grave crisis mundial de los precios de los alimentos en un plazo de entre 6 y 12 meses. Evitar tal desenlace requerirá rutas comerciales alternativas, moderación en las restricciones a la exportación, protección de los flujos humanitarios y mecanismos de amortiguación para absorber unos costos más elevados de transporte, según ha advertido la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Ha llegado el momento de “empezar a pensar seriamente en cómo incrementar la capacidad de absorción de los países, cómo aumentar su resiliencia ante este estrangulamiento, de forma que empecemos a minimizar las posibles repercusiones”, afirmó el Sr. Máximo Torero, Economista Jefe de la FAO, en un nuevo podcast publicado el miércoles.
Esto implica explorar “la intervención de los gobiernos, las organizaciones financieras internacionales, el sector privado, los organismos de las Naciones Unidas y otros centros de investigación para tratar de ayudar a los países a poder afrontar mejor la situación actual”, explicó el Sr. Torero.
Según la FAO, el margen para la acción preventiva es cada vez más estrecho. Las decisiones que tomen ahora los agricultores y los gobiernos sobre el uso de fertilizantes, las importaciones, la financiación y la elección de los cultivos determinarán si surge una grave crisis mundial de los precios de los alimentos en un plazo de 6 a 12 meses.
El efecto ya es visible. El Índice de precios de los alimentos de la FAO, que mide las variaciones mensuales de los precios internacionales de una cesta de productos alimenticios básicos comercializados a nivel mundial, subió por tercer mes consecutivo en abril, impulsado por los elevados costos de la energía y las perturbaciones relacionadas con el conflicto en Oriente Medio.
La crisis se desarrolla por etapas: energía, fertilizantes, semillas, menor rendimiento, aumento de los precios de los productos básicos y, por último, inflación de los precios de los alimentos
Para mitigar estos efectos será necesario recurrir a rutas terrestres y marítimas alternativas, incluidas las del este de la Península Arábiga, el oeste de Arabia Saudí y el mar Rojo, según el Sr. David Laborde, Director de la División de Economía y Política Agroalimentaria de la FAO. Sin embargo, estas rutas tienen una capacidad limitada, por lo que es fundamental evitar las restricciones a la exportación por parte de los principales productores.
Esto reviste especial importancia para salvaguardar los flujos alimentarios humanitarios, añadió el Sr. Torero.
La situación podría empeorar con la llegada de El Niño, del que se espera que traiga sequías y altere los regímenes de lluvias y las temperaturas en varias regiones.
Recomendaciones sobre políticas
La FAO ha recopilado una serie de recomendaciones sobre políticas destinadas a hacer frente a la crisis del estrecho de Ormuz.
Recomendaciones a corto plazo:
- Asegurar rápidamente corredores terrestres y marítimos alternativos para evitar Hormuz: esto no resolverá la magnitud de la crisis en el suministro de insumos, pero ayudará a reducirla ligeramente.
- Evitar las restricciones a la exportación, en especial de energía, fertilizantes e insumos.
- Eximir a la ayuda alimentaria de las restricciones comerciales.
- Promover en las intervenciones de emergencia los cultivos intercalados (cereales y legumbres) para reducir el uso de fertilizantes nitrogenados y proporcionar importantes beneficios nutricionales, ambientales, económicos y agronómicos.
- Activar programas de protección social, aprovechando las lecciones aprendidas de América Latina.
- Evitar los subsidios generalizados, que generan una gran presión fiscal y tienden a ser regresivos; en su lugar, dar prioridad al apoyo específico a los más vulnerables a través de registros digitales que puedan orientar de forma eficiente la ayuda a los hogares rurales vulnerables y a los pequeños agricultores, en especial en África.
Recomendaciones a medio plazo:
- Evitar el aumento de la demanda de biocombustibles en períodos de escasez para limitar la competencia entre alimentos y combustibles.
- Garantizar que las respuestas en materia de política energética no acentúen las crisis alimentarias.
- Ampliar el crédito asequible para los agricultores y los agronegocios a través de instituciones de segundo nivel para proporcionar líneas de crédito que lleguen a las pequeñas y medianas empresas, a las microempresas y a los agentes de la cadena de valor. Estas líneas deberían ser de crédito de emergencia a bajo interés, con calendarios de reembolso ajustados a los períodos de cosecha y con plazos de gracia de al menos entre seis y nueve meses.
- Combinar los préstamos agrícolas con acuerdos de compra garantizados por parte de agrupadores, elaboradores o adquirentes públicos.
- Utilizar registros digitales de agricultores y sistemas de dinero móvil, como los aplicados en Mozambique y el Perú, para efectuar desembolsos rápidos.
- Integrar a los agricultores informales en diferentes formas de coordinación horizontal (asociaciones de agricultores, grupos de agricultores, cooperativas, etc.) para mejorar el acceso a la financiación y al apoyo y aprovechar las crisis como una oportunidad para formalizar a los agricultores a través de registros digitales.
- Proporcionar facilidades para la balanza de pagos, apoyar el desembolso rápido y ampliar la financiación de las importaciones alimentarias y de fertilizantes. El Servicio de financiación de las importaciones de alimentos está diseñado para ello y debería reactivarse la aplicación de la ventanilla para las crisis alimentarias impulsadas por conmociones, como se hizo en 2022.
- Utilizar la financiación acelerada y aumentar las donaciones para los países sobreendeudados a través de los mecanismos existentes de los bancos multilaterales de desarrollo y las instituciones financieras internacionales
Recomendaciones a largo plazo:
- Diversificar los puertos, los corredores, el almacenamiento y los sistemas logísticos a nivel mundial para reducir los riesgos de estrangulamiento en el futuro.
- Crear reservas regionales y capacidad de almacenamiento para reforzar la absorción de crisis en el futuro.
- Mejorar la resiliencia de los sistemas de transporte internos y transfronterizos.
- Utilizar la financiación en condiciones favorables para acelerar la diversificación de la combinación energética y ampliar el regadío, sustituyendo el gasóleo por sistemas eléctricos y solares, en particular para el riego.
- Ampliar el uso de maquinaria eléctrica, drones y tecnologías de agricultura de precisión.
- Mejorar la eficiencia mediante la cartografía del suelo y la aplicación de precisión para reducir el desperdicio de fertilizantes y aumentar la eficiencia en el uso de nutrientes.
- Desarrollar fondos de innovación para apoyar el amoníaco verde, los bioestimulantes, la diversidad genética de los cultivos y las tecnologías de eficiencia en el uso de nutrientes. Aunque esto llevará de tres a cinco años, reforzará notablemente la resiliencia a largo plazo.
- Coordinarse con las empresas de fertilizantes para desarrollar sistemas compartidos de cartografía de suelos y fertilizantes basados en normas comunes acordadas.
- Apoyar el cambio de cultivos, los cultivos intercalados y las mejoras en la eficiencia de los fertilizantes en lugar de pretender una reforma completa del sistema.
- Reforzar la resiliencia macroeconómica ante la inflación de los precios de los alimentos y las crisis de las importaciones.
- Ampliar el uso de sistemas de alerta temprana, seguros y mecanismos de seguimiento para actuar antes de que las crisis se agraven. Esto es aún más urgente dada la elevada probabilidad de un fenómeno de El Niño fuerte.
Se puede acceder al podcast aquí.