El técnico veterinario certificado Ahmad Al Nasser es facilitador de una escuela de campo para agricultores de la FAO. Al principio, los miembros de su comunidad lo veían desde la perspectiva de la discapacidad con la que vive. Sin embargo, sus años de experiencia veterinaria y sus conocimientos técnicos especializados cambiaron rápidamente la mentalidad de la comunidad. © FAO/Bayan Ksiebi
Ahmad Al Nasser atribuye su éxito a creer en sí mismo y poder ayudar a otras personas a perseverar ante los desafíos.
Ahmad es facilitador de una escuela de campo para agricultores dirigida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en la zona rural del distrito de Hama, en la República Árabe Siria. Desde niño ha vivido con una discapacidad física provocada por la polio. Gracias al reconocimiento obtenido por sus conocimientos especializados y la gratitud de las personas a las que ayuda, su autoestima y fortaleza han aumentado con los años.
Al principio, “los agricultores se mostraban sorprendidos y asombrados. No era fácil para mí ignorar la forma en que me miraban como persona que vive con discapacidad”, recuerda Ahmad. Sin embargo, sus años de experiencia y sus conocimientos técnicos especializados cambiaron rápidamente la mentalidad de la comunidad.
Hace más de 25 años, Ahmad completó su educación técnica en el Instituto Técnico Veterinario y complementó sus estudios con un curso de capacitación de dos años sobre técnicas de inseminación artificial en ganado bovino, convirtiéndose así en técnico certificado.
Ahora, como facilitador de una escuela de campo para agricultores, trabaja con 25 ganaderos, intercambiando conocimientos y sugiriendo técnicas para mejorar la producción del ganado. Sus visitas periódicas a las explotaciones ayudan a garantizar que estas técnicas se apliquen correctamente.
“Tener a Ahmad como facilitador supuso una verdadera motivación para mí. Su determinación y gran entusiasmo nos inspiraron a escuchar la información beneficiosa que compartía. Es un gran comunicador e informa constantemente sobre prácticas fiables para mejorar la producción y la productividad del ganado”, afirma Jumana Saleh Al-Ali, una mujer de 38 años que participa en la escuela de campo para agricultores y es madre de cinco hijos.
Ahmad trabaja con 25 ganaderos intercambiando conocimientos, sugiriendo técnicas para mejorar la producción ganadera y realizando visitas periódicas a las explotaciones para asegurarse de que dichas técnicas se apliquen correctamente. © FAO/Bayan Ksiebi
No obstante, la función de Ahmad va más allá de proporcionar conocimientos técnicos; también se trata de fomentar un sentimiento de comunidad y objetivos compartidos entre los ganaderos.
“Ahmad y yo tuvimos la misma enfermedad; yo también padecí polio. Al ser el cabeza de familia de un núcleo familiar de seis personas, me sentía presionado para incrementar mis ingresos”, declara Muhammad Hassan Al-Sheikh, un ganadero de vacas y participante de la escuela de campo para agricultores. “Cuando me uní a la escuela de campo para agricultores con Ahmad, mi confianza en mí mismo, mi determinación y mi capacidad de solucionar problemas se incrementaron”.
Muhammad añade que el tiempo que pasó en la escuela de campo para agricultores repercutió positivamente en su trabajo: “Gracias a la información recibida y las técnicas aprendidas en la escuela de campo para agricultores empecé a elaborar mis propias mezclas de forraje y mis propios productos lácteos, así como a examinar correctamente a mis vacas, lo cual resultó muy útil para mi producción”.
El objetivo del proyecto de la FAO llamado “Building Local Resilience in Syria” (Crear resiliencia local en Siria), apoyado por la Oficina de Relaciones Exteriores, Commonwealth y Desarrollo del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, consiste en ayudar a los agricultores a crear resiliencia en circunstancias difíciles. La intervención se centra tanto en impartir capacitación agrícola a los agricultores como en empoderar a las personas a nivel individual, centrando la atención especialmente en quienes viven con discapacidad a fin de que contribuyan de manera significativa a sus comunidades.
Gracias a la orientación de Ahmad, los ganaderos de su aldea lograron resultados notables con las innovaciones introducidas en su producción pecuaria. Comenzaron a elaborar sus propios productos lácteos y a obtener los beneficios derivados de estos, evitando a los intermediarios que controlaban los precios. Además, empezaron a producir compost orgánico como fertilizante para sus cultivos y también su propio forraje, como cebada germinada, ensilado y alfalfa seca para sus vacas.
Esto aumentó las tasas de producción diaria de leche y redujo los gastos, dando lugar así a mayores ingresos. También aprendieron cómo calcular el peso de su ganado para negociar mejores precios para el mismo. Todo esto se añadió a una nueva autosuficiencia, que les empoderó para mejorar sus medios de vida e ingresos a pesar de la difícil situación del país.
Reflexionando sobre su trayectoria, Ahmad afirmó lo siguiente: “Mi propia percepción de mí mismo cambió tras esta experiencia. Fui consciente de mi potencial y capacidades, lo cual hizo que lograra mis sueños, independientemente de las circunstancias. Me sentí orgulloso de ser una persona con discapacidad. Vencí a la polio y me convertí en una verdadera influencia para otros a través de la escuela de campo para agricultores de la FAO”.
Con el apoyo de la Oficina de Relaciones Exteriores, Commonwealth y Desarrollo del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en el proyecto de la FAO llamado “Building Local Resilience in Syria” se está impartiendo capacitación agrícola a los agricultores y se está centrando una atención especial en los que viven con discapacidad, empoderándolos mediante el suministro de instrumentos adaptados, capacidades y confianza. © FAO/Bayan Ksiebi
Garantizando la integración de las personas con discapacidad en los proyectos agrícolas, la FAO y sus asociados están impulsando un sector agroalimentario más equitativo y resiliente.
Como parte del proyecto para crear resiliencia local en Siria, la FAO ha puesto en funcionamiento 390 escuelas de campo para agricultores, fomentando así buenas prácticas agrícolas y planteamientos relativos a la agricultura climáticamente inteligente para cerca de 9 600 agricultores en cinco distritos: Alepo, Deir ez-Zor, Hama, Homs y la zona rural de Damasco.
Mediante un apoyo continuado e inversiones en proyectos como el mencionado anteriormente, la agricultura siria no solo podrá recuperarse, sino que también prosperará. La resiliencia y la innovación demostradas por Ahmad y sus colegas ganaderos ofrecen un modelo de desarrollo sostenible incluso en las difíciles circunstancias del país.
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