En Wau (Sudán del Sur) las agricultoras constituyen la columna vertebral de su comunidad y utilizan sus conocimientos y habilidades para alimentar a sus familias. © FAO/ Adam Ibrahim
El sol aún no ha salido sobre el condado noroccidental de Wau (Sudán del Sur), pero las mujeres ya están despiertas, preparándose para el día que les espera. Algunas remueven en las ollas puestas al fuego para preparar el desayuno a sus familias, mientras otras toman sus aperos y se ponen en marcha hacia sus granjas. La tranquila quietud de primera hora de la mañana pronto se convierte en un bullicio creciente de actividad a medida que las cocinas, los campos y los mercados cobran vida con la energía de las mujeres trabajando.
Sus obligaciones diarias no se limitan a alimentar a sus familias o a cuidar de los cultivos; las mujeres son la columna vertebral de su comunidad.
En los últimos tres años, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) —con financiación de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo— ha apoyado a miles de agricultoras y pequeñas empresarias de Wau con instrumentos y habilidades en agricultura climáticamente inteligente, nutrición e inclusión financiera.
Entre ellas figuran tres mujeres —Rebecca, Grace y Viola— que convirtieron sus conocimientos y habilidades en negocios para alimentar a sus familias y nutrir a su comunidad.
Izquierda/arriba: Rebecca, que forma parte del grupo de ahorro comunitario, pudo pedir un préstamo para poner en marcha su negocio de productos de panadería. Derecha/abajo: Grace recibió cabras para criar, contribuyendo así a proporcionar una mayor diversidad alimentaria a su hogar. © FAO/ Adam Ibrahim
1. Rebecca: ahorrar un poco y soñar mucho
Rebecca Adhel, de 34 años, está al frente de un hogar multigeneracional de 16 miembros. Durante años, dependió de la producción de sorgo para satisfacer las necesidades básicas de su familia.
Hace cuatro años, Rebecca se unió a un grupo de empoderamiento económico de mujeres creado por la FAO y a través del cual los expertos de la Organización impartían capacitación a agricultoras con ambiciones empresariales.
Rebecca, por ejemplo, siempre había querido montar una panadería pero carecía del capital para hacerlo. Gracias al programa, ella y todo su grupo aprendieron habilidades prácticas como elaboración de presupuestos, comercialización y mantenimiento de registros, así como habilidades sociales, entre ellas, formación de equipos, toma de decisiones, negociación y liderazgo, que son importantes para el emprendimiento.
La FAO también ayudó a las mujeres a poner en marcha la asociación de ahorro y préstamo de las aldeas, un grupo de ahorro comunitario en el que juntan su dinero y ofrecen préstamos a miembros y no miembros para gastos esenciales o capital para iniciar un negocio.
Este grupo permitió a su vez a Rebecca pedir un préstamo para poner en marcha su negocio de venta de panes y pasteles recién horneados. Con los ingresos que obtiene de su negocio, consigue ingresos adicionales para mantener a su familia al tiempo que puede devolver su préstamo.
Rebecca afirma: “quiero convertirme en una de las mayores empresarias de Agok, para poder ayudar a mi comunidad a pasar de la pequeña empresa a la de gran escala”.
2. Grace: vivir del ganado
Grace Ali Darfur es responsable de una familia de nueve personas. Antes de unirse al proyecto, su principal medio de vida era el cultivo de hortalizas. En 2022 fue puesta al corriente del proyecto de la FAO, gracias al cual recibió capacitación, semillas de hortalizas y aperos para mejorar y diversificar su producción hortícola.
Sin embargo, lo que tuvo mayor repercusión fue la medida de darle cabras para criar. La FAO distribuyó pequeños rumiantes a 2 100 mujeres con hijos menores de cinco años que padecían malnutrición. Los pequeños rumiantes como las cabras y las ovejas ayudan a salvaguardar los medios de vida de los agricultores en caso de malas cosechas y proporcionan leche para el consumo tanto a los adultos como a los niños, añadiendo diversidad alimentaria a los hogares.
“Siento una gran alegría trabajando como criadora porque el ganado salvó la vida de mi hija”, asegura Grace. Cuando su hija se enfrentaba a la malnutrición, a Grace le aconsejaron que le diera leche de cabra como suplemento. Pronto vio cómo mejoraba su salud. “Ahora mi hija es feliz y está sana”, añade Grace.
Más allá de la nutrición, su ganado ha dado a Grace un nuevo propósito. Aplicando las mejores prácticas de cría de animales que aprendió de la FAO, cuida de sus cabras mientras sus hijos están en la escuela. Los vecinos buscan ahora su consejo y conocimientos en la cría de ganado, y ella, a su vez, les anima a participar, habiendo visto por sí misma cómo puede ayudar a prevenir la malnutrición en la comunidad.
Con capacitación e instrumentos para mejorar la producción agrícola, Viola puso en marcha su huerto y su negocio, cultivando hortalizas como quimbombó y caupí, entre otras. © FAO/Adam Ibrahim
3. Viola: cultivar la nutrición
Viola Albino, agricultora de 32 años, es el principal sostén de su familia de seis miembros. Se dedicaba a la elaboración de productos agrícolas en pequeña escala y a la agricultura antes de conocer el proyecto de la FAO.
Con la ayuda de la FAO, puso en marcha en 2022 su huerto y su negocio. Viola recibió capacitación en producción agrícola mejorada y se le proporcionaron semillas y aperos para sembrar quimbombó, amaranto, sorgo, malva de los judíos, caupí y otros cultivos. También participó en demostraciones de cocina centradas en la preparación de comidas ricas en nutrientes y de elevado valor energético.
Las hortalizas que cultiva con éxito proporcionan ahora a su familia una dieta variada y nutritiva y benefician a su hogar y a sus vecinos, que pueden comprarle productos frescos a un precio más barato en lugar de recorrer largas distancias hasta los mercados.
Cada día espera ilusionada acudir a su huerto doméstico, que rebosa actividad, ya que sirve como espacio de aprendizaje compartido en el que las mujeres intercambian conocimientos y aplican prácticas agrícolas mientras cultivan sus hortalizas. De cara al futuro, Viola confía en ampliar la producción y convertirse en una de las principales productoras hortícolas de su comunidad.
A través de prácticas agrícolas mejoradas, pequeños negocios y una mejor nutrición, las agricultoras de Wau —como Rebecca, Grace y Viola— están transformando sus vidas y su comunidad.
Este artículo forma parte de una serie dedicada a las agricultoras de todo el mundo, desde productoras, pescadoras y pastoras hasta comerciantes, científicas agrícolas y empresarias rurales. El Año Internacional de la Agricultora (2026) reconoce su contribución esencial a la seguridad alimentaria, la prosperidad económica y la mejora de la nutrición y los medios de subsistencia, a pesar de la mayor carga de trabajo, las condiciones laborales precarias y el acceso desigual a los recursos. Con él se exhorta a la acción colectiva y a la inversión para empoderar a las mujeres, en toda su diversidad, y construir un sistema agroalimentario más justo, más inclusivo y sostenible para todos.
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