Cinco sistemas para alimentar al mundo preservando el planeta
La necesidad de unir a las personas con el planeta para un futuro próspero constituye el cimiento para los nuevos objetivos de desarrollo mundial que deberán adoptarse dentro de unos pocos meses.
Introduciendo a la agricultura de conservación, la gestión integrada de las plagas, los sistemas agroforestales y a la agroecología, estos cinco casos cuentan con iniciativas de la FAO que incorporan prácticas agrícolas sostenibles y el uso sostenible de los recursos naturales. Basadas en un enfoque ecosistémico para la intensificación de los rendimientos de cultivos, los casos evidencian que el aumento de los rendimientos y de los ingresos de los más pobres y vulnerables no tiene porqué comprometer al planeta.
La agricultura de conservación en Azerbaiyán
Las pequeñas explotaciones agrícolas dominan el paisaje rural en Azerbaiyán. Sin embargo, a pesar de poner un fuerte énfasis en la producción de cereales, el país de Asia Central todavía importa el 40 por ciento de su trigo para el consumo interno. Un proyecto de cooperación entre FAO y Turquía que promueve la agricultura de conservación, pretende alterar esta tendencia. Gracias a técnicas tales como la producción de cultivos en plataformas elevadas, la labranza cero y la diversificación de cultivos, el proyecto ha contribuido a un aumento de los rendimientos en invierno, de 3,5 hasta 4,3 toneladas por hectárea en el Tártaro y de 4 a 5,5 toneladas por hectárea en Barda, distritos en Azerbaiyán donde el proyecto se está poniendo a prueba desde 2011.
Este enfoque utiliza menos semillas, agua de riego y fertilizantes que los métodos agrícolas convencionales de siembra en terreno llano y de riego por inundación de todo el campo, técnicas que conllevan un alto consumo de agua y conducen a la erosión del suelo. Una parte importante del proyecto, que también cubre áreas de Kazajstán y Uzbekistán, consiste en la formación e instrucción de los agricultores en la agricultura de conservación.
El sistema agroforestal kihamba en África Oriental
El cultivo del café ha permitido al sistema agroforestal kihamba de adaptarse con éxito a la economía comercial de finales del siglo 20. Cubriendo 120.000 hectáreas en las laderas del sur del Monte Kilimanjaro, el sistema de 800 años de antigüedad se compone de cuatro capas de vegetación: árboles escasamente espaciados en el nivel superior, seguidos de plantas de banano, arbustos de café y hortalizas. Aporta medios de vida a un millón de personas, produciendo agua para la región y una variedad de alimentos a lo largo del año.
Sin embargo, cuando los precios del café en el mercado mundial comenzaron a desplomarse en la década de los noventa, la productividad y la rentabilidad sufrieron una caída aguda y se estima que el 20 por ciento de los cultivos de café en la zona fueron abandonados. Las implicaciones medioambientales y socioeconómicas en la zona alrededor del monte más alto de África fueron enormes.
Un proyecto de la FAO, en el marco de la Iniciativa de sistemas importantes del patrimonio agrícola mundial (SIPAM), pretende mejorar los ingresos de los agricultores a la vez que se conserva la integridad del sistema kihamba. Desarrollado junto con la comunidad y puesto en marcha en 660 hogares, el nuevo enfoque incluye la conversión al cultivo de café orgánico certificado, la introducción de la vainilla como cultivo adicional de alto valor, y la introducción de la acuicultura de truchas en los canales del sistema de irrigación. La fusión de innovaciones modernas con técnicas milenarias ha resultado positiva y se espera que los ingresos de los agricultores aumenten en un 25 por ciento en los próximos tres años.
Los enfoques ecosistémicos para la pesca y la acuicultura en Nicaragua
Situado a lo largo de la costa norte pacífica de Nicaragua, el estuario tropical de manglares Estero Real fue declarado zona de interés internacional en 2003. A poco más de una década después, este paisaje natural se encuentra en riesgo de degradación debido, en parte, a la pesca de camarones y a la acuicultura, así como a los residuos urbanos, la minería y la deforestación. Por si esto no fuera suficiente, la alta sedimentación, el uso de pesticidas y la pérdida de manglares tropicales están amenazando a la acuicultura y la pesca, así como a la biodiversidad en el ecosistema.
La alarmante situación del estuario ha excitado el interés del gobierno de Nicaragua y de las instituciones de pesca y acuicultura locales en torno a un enfoque ecosistémico a la pesca y la acuicultura. Con el apoyo de la FAO en la planificación participativa, el enfoque permite a los pescadores mantener y aumentar los alimentos e ingresos derivados de la pesca en el Estero Real, al tiempo que se conservan los servicios ambientales y se aumenta la resiliencia de las comunidades ante el cambio climático. El plan de gestión que cuenta con cuatro componentes consiste en un sistema de monitoreo del medio acuático; la promoción de medios de vida alternativos; el mejoramiento de la gobernanza local; y la comunicación del plan en todo el Estuario Real y más allá.
Los primeros indicios del éxito del proyecto han sido positivos. Dos exitosas cooperativas de cultivo de camarones se han creado en colaboración con la institución nacional de pesca y con cooperativas de cultivo de camarones de mayor escala, mientras que el proyecto también ha permitido una mayor sensibilización sobre el cambio climático y la gestión de los recursos naturales.
Las escuelas de campo para agricultores y el manejo integrado de plagas en Asia sudoriental
Contribuyendo a más del 30 por ciento de la cosecha mundial, la producción de arroz en el sudeste Asiático tiene un significado más amplio que el de su papel en la economía local. Este grano ha sido el elemento básico de la cocina de la región durante más de 4.000 años y, hoy en día, provee casi la mitad de la ingesta de calorías para su población. Sin embargo, a pesar de su larga tradición, los rendimientos de arroz están amenazados por el considerable aumento de las inundaciones repentinas, de los devastadores ciclones y períodos de sequía. Por si esto no fuera suficiente, las prácticas agrícolas modernas, como el uso excesivo de productos químicos, han resultado en una disminución de los recursos hídricos, del suelo y de la tierra, y en un aumento de los brotes de plagas.
Desarrolladas en el sudeste Asiático a finales de 1980 como parte de un programa regional de la FAO para la gestión integrada de las plagas del arroz, las escuelas de campo para agricultores han tenido éxito en la gestión de plagas para distintos cultivos en todo el mundo. Han permitido a los agricultores a reunirse, compartir conocimientos y elaborar sus propias soluciones, lo cual contrasta con la asesoría tradicional “de arriba hacia abajo”.
En las ocho principales provincias de Laos que cultivan arroz y hortalizas, los graduados de la escuela de campo que adoptaron el enfoque de la gestión integrada de plagas, obtuvieron mayores rendimientos y mayores beneficios en comparación con los agricultores convencionales. Esta técnica, que combina la vigilancia regular sobre el terreno y el análisis agroecosistémico por expertos con una reducción del uso de plaguicidas, es probable que se convierta en el enfoque estándar de Camboya para la gestión de los cultivos ya que los productores de arroz han reducido sus costos y registrado un aumento del rendimiento y de los ingresos del 24 y 54 por ciento, respectivamente, y que los agricultores de frijoles espárragos y de tomates han logrado aumentar sus rendimientos en un 15 por ciento y sus ingresos en un 38-45 por ciento en un período de 10 años hasta 2007.
Promover el modelo agroecológico de la Quinua de los Andes al mundo
Hace dos años, la atención mundial se centró rotundamente sobre la quinua ya que pudo gozar de todas las oportunidades de promoción asociadas con el hecho de haberle otorgado su propio año internacional. El cultivo, que crece en los Andes desde hace más de 5.000 años, fue abandonado durante la conquista española de América Latina desde el siglo 16, pero volvió a surgir durante la segunda mitad del siglo 20. Sus propiedades nutricionales, su fácil adaptabilidad a diferentes condiciones agroecológicas y su extraordinaria diversidad genética resultan en un cultivo verdaderamente excepcional. Mientras que en el pasado alimentaba exclusivamente a los indígenas andinos, el número de países productores de quinua ha aumentado rápidamente pasando de ocho en 1980 a 44 en 2010 y a 75 en 2013. Otros 20 países tienen programado sembrar quinua por primera vez este año.
Un estudio reciente en Bolivia destacó que el 81 por ciento de los agricultores declaró que la quinua era su principal fuente de ingresos. Una mayor demanda del cultivo ha mejorado los ingresos, el acceso al crédito, al comercio informal y a la mano de obra y maquinaria adicionales. Los efectos más amplios consisten en mejores condiciones de vida, mejor saneamiento y educación. Cabe señalar que los resultados revelaron que la quinua sigue siendo consumida regularmente, pero que las dietas locales ahora son mucho más variadas.
La FAO está evaluando el cultivo de la quinua en 26 países situados fuera de la región andina, mientras que también promueve el cultivo a través de estrategias de cooperación Sur-Sur. Al mismo tiempo, la organización de la ONU ofrece sus conocimientos a los países andinos sobre la intensificación de la producción sostenible de la quinua y el desarrollo de los sistemas alimentarios integrados basados en el cultivo. Si bien el auge de la quinua permite a los agricultores aumentar sus ingresos a corto plazo, la FAO está llevando a cabo investigaciones para garantizar que la comercialización de la quinua se traduzca en seguridad alimentaria a largo plazo en todas sus cuatro dimensiones.
