Objetivos de Desarrollo Sostenible

El crecimiento verde coloca la agricultura en el centro del desarrollo sostenible

22/05/2015

Cómo ahorrar para crecer, es decir conseguir mayores rendimientos mitigando los efectos ambientales negativos, es uno de los complejos desafíos a los que se enfrentarán este año los responsables políticos al tratar de finalizar los objetivos y las estrategias de inversión para lograr un futuro sostenible para el planeta y sus habitantes.

La forma en que trabajamos la tierra está al centro del debate sobre el desarrollo sostenible. La agricultura utiliza los recursos naturales – la tierra, el agua, la biodiversidad, los bosques, los peces, los nutrientes y la energía - y los servicios ambientales, y los transforma en alimentos para el consumo humano, en piensos, fibras y combustibles.

Según las estimaciones de la FAO,  la producción de alimentos tiene que elevarse en un 60 por ciento a nivel mundial, a fin de alimentar a una población mundial cada vez más numerosa que según lo previsto alcanzará los 9 mil millones de personas en 2050. Sin embargo, ese aumento no deberá comprometer a la tierra y a sus ecosistemas aún más. Los gobiernos del mundo entero, que deberán adoptar la Agenda de Desarrollo Post-2015 en septiembre, han  debatido esta cuestión desde el inicio del proceso, hace más de dos años.

De la Revolución Verde a sistemas alimentarios sostenibles

La investigación de formas para intensificar la producción agrícola no es algo nuevo. En el último cuarto del siglo 20, la Revolución Verde aumentó el rendimiento de cereales en Asia Meridional en más de un 50 por ciento, gracias a la utilización de variedades de alto rendimiento, riego y altos niveles de insumos químicos. No obstante, según una reciente publicación de la FAO, Construyendo una visión común para la agricultura y alimentación sostenibles, esas tecnologías en gran medida pasaron por alto  el uso eficiente de recursos tales como los insumos y el agua: “La Revolución Verde se basó ampliamente en el riego para aumentar los rendimientos y garantizar la producción, contribuyendo asimismo a un acelerado agotamiento de los recursos hídricos”.

La necesidad de transformar los sistemas alimentarios modernos se hace más evidente con cada nuevo elemento de prueba. Hoy en día, una tercera parte de la tierra agrícola está degradada, hasta el 75 por ciento de la diversidad genética de los cultivos se ha perdido y el 22 por ciento de las razas de ganado están en riesgo. Casi el 30 por ciento de las poblaciones de peces sufren condiciones de sobrepesca y, en la última década (2000-10), unas 13 millones de hectáreas de bosques al año fueron transformadas para otros usos.

Aunque el sector agrícola produce alimentos más que suficientes para todos los habitantes del planeta, sigue habiendo 805 millones de personas – es decir una de cada nueve personas -  viviendo en condiciones de hambre crónica. Los sistemas de producción y distribución de alimentos actuales están fallando en asegurar la seguridad alimentaria a todo el mundo; su ineficiencia se destaca por la pérdida o desperdicio de una tercera parte de la producción mundial de alimentos. Mientras que la población mundial sigue creciendo, la principal causa del hambre y la malnutrición no es la falta de alimentos en general, sino la incapacidad de comprar y producirlos.

“El sistema alimentario mundial experimentará una confluencia de presiones sin precedentes en los próximos 40 años”, prevé un informe del 2011 del gobierno británico, El futuro de los alimentos y la agricultura. La revisión de 2012 del informe de la FAO Agricultura mundial: hacia los años 2030/2050 indica que “una parte significativa de la población alcanzará niveles de consumo per cápita que no darán plazo a nuevos aumentos”.

Más con menos

La FAO ha desarrollado una serie de enfoques en diferentes sectores de la agricultura, centrados en cómo producir más con menos y en facilitar la transición de los países a sistemas alimentarios sostenibles.

No existe una semilla mágica para mejorar el desempeño ambiental de la agricultura para todos los paisajes y todas las regiones. Sin embargo, las técnicas que cumplen cinco principios tienen varios elementos en común: el intercambio de conocimientos y el desarrollo de capacidades, la mejor utilización de los servicios ecosistémicos, la buena gobernanza y coherencia entre los diferentes sectores de la agricultura, la conservación y el uso sostenible.

El modelo Ahorrar para crecer desarrollado por la FAO en 2011 utiliza un enfoque ecosistémico para intensificar la producción de cultivos, el cual mejore tanto la productividad como la sostenibilidad, favorece la resiliencia al cambio climático y mitiga las emisiones de gases de efecto invernadero. Ahorrar para crecer fomenta los sistemas agrícolas basados ​​en las prácticas agrícolas de conservación, el uso de buenas semillas de variedades adaptadas y de alto rendimiento, la gestión integrada de plagas, la nutrición vegetal basada en suelos sanos, una gestión eficaz del agua y la integración de cultivos, pastizales, árboles y el ganado.

Las otras iniciativas de la FAO y de sus socios que integran las tres dimensiones del desarrollo sostenible incluyen:

La importancia del sector agrícola - el primer empleador a nivel mundial – ya ha sido reconocida por los responsables políticos encargados de la redacción de un marco global para suceder a los Objetivos de Desarrollo del Milenio a principios de 2016. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, dedicado específicamente a la alimentación y la agricultura, titulado “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, y promover la agricultura sostenible” incluye metas relacionadas con la biodiversidad, el acceso a la tierra y los recursos, la calidad del suelo, la resiliencia y el cambio climático. El uso sostenible de los recursos naturales también se destaca entre varios otros ODS, incluidos los ecosistemas, la biodiversidad y los bosques; la pesca; los recursos hídricos y el cambio climático.

Pero la transición a la agricultura sostenible también necesitará un importante compromiso de recursos. En el camino hacia las negociaciones finales del post-2015 sobre los medios de ejecución, la Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo en Addis Abeba en julio ofrece una oportunidad para evaluar las políticas, las instituciones y las inversiones necesarias para lograr fomentar la agricultura sostenible. En la agenda ocupará un lugar prominente el debate sobre la evaluación del coste ambiental de la producción, la mejor inclusión de los recursos naturales y de los valores nutricionales en los precios agrícolas y en las cadenas de valor, y como pasar de inversiones de escasos beneficios en “sostenibilidad” a inversiones con mayores beneficios al respecto.

Las decisiones adoptadas en los próximos meses están destinadas a diseñar el futuro del planeta, respondiendo a la pregunta fundamental de cómo producir más con menos.

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