Las empresas que producen fertilizantes, semillas, equipos agrícolas, medicamentos para animales u otros productos agrícolas deben garantizar que sus productos sean sostenibles, respetuosos con la biodiversidad, inocuos, culturalmente apropiados, así como relevantes y asequibles para los pequeños productores y agricultores familiares, de modo que puedan producir más y mejores alimentos.