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Dendroenergía, sumideros de carbono y cambio climático mundial1

Se acumulan las pruebas del cambio climático mundial, y hay hoy un consenso creciente en que su causa más importante es la interferencia humana en el ciclo natural de los gases de invernadero, especialmente el dióxido de carbono (CO2). Desde principios del siglo XX la concentración atmosférica de gases de invernadero ha aumentado aproximadamente de 300 a 360 partes por millón, y se ha determinado que las dos causas principales son:

  • la quema de combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas natural;
  • el cambio en el uso de la tierra, en particular la deforestación.

El uso de más bioenergía puede ayudar a reducir la necesidad de combustibles fósiles y las consiguientes emisiones. Además, la plantación de árboles y bosques sosteniblemente mantenidos, incluidos los destinados a producir leña, puede ayudar a evitar la deforestación o invertir la tendencia y puede compensar las emisiones de carbono al actuar como «sumideros» de carbono.

Las plantas toman el CO2 de la atmósfera y liberan oxígeno mediante la fotosíntesis. Parte del CO2 se pierde por la respiración, pero gran parte queda secuestrada en la materia orgánica viva y muerta, por ejemplo en la madera, los productos de la madera y los suelos. Mientras que la quema de combustibles fósiles libera un CO2 que ha permanecido encerrado millones de años, la quema de biomasa simplemente devuelve a la atmósfera el CO2 absorbido por las plantas al crecer. Con una gestión sostenible, este CO2 es capturado de nuevo por el bosque en crecimiento, y no hay una liberación neta de CO2.

Si una tierra no forestal se transforma en bosque, se retirará de la atmósfera más CO2 y se almacenará en la biomasa arbórea. Aumentan las reservas de carbono en esa tierra. Sin embargo, el bosque recién creado es un sumidero de carbono sólo mientras las reservas de carbono siguen aumentando. Se alcanza al final un límite en el que las pérdidas por respiración, muerte y perturbaciones causadas por incendios, tormentas, plagas, enfermedades y extracción de madera se equiparan aproximadamente con las ganancias de carbono por fotosíntesis.

La madera extraída de estos bosques se convierte en productos madereros, que también actúan como sumideros hasta que la descomposición y destrucción de los productos viejos iguala la adición de nuevos productos. Como la extracción de madera no puede aumentar más allá de un límite sostenible, el bosque y sus productos derivados tienen una capacidad limitada de almacenamiento del CO2 de la atmósfera; funcionan como almacén perpetuo de carbono sólo en caso de gestión sostenible, pues de otro modo liberan el carbono previamente fijado.

Pero si la biomasa, en especial la madera, viene a sustituir a los combustibles fósiles, la tierra utilizada para la producción sostenible de biomasa y bioenergía puede seguir propiciando reducciones de las emisiones indefinidamente. A menudo hay posibilidades de sinergia entre producción de bioenergía y madera y gestión de los bosques como sumideros de carbono, en particular a escala regional. Un ejemplo de sinergia es el de gestión integrada de la madera, retención de carbono y bioenergía, cuando el bosque se aclara para maximizar el valor combinado de producción maderera y retención de carbono, y se utilizan para producir bioenergía la hojarasca y el ramaje resultantes de la limpieza, la tala precomercial y los residuos de corta.

Suele consumirse energía fósil para producir bioenergía, por ejemplo en la tala de árboles o el arrastre de troncos, pero las investigaciones revelan que por lo general la energía usada es una pequeña fracción de la producida: se producen de 25 a 50 unidades de bioenergía por cada unidad de energía fósil consumida en la producción. Las emisiones netas de carbono derivadas de la generación de una unidad de electricidad mediante bioenergía son de 10 a 20 veces menores que las emisiones derivadas de la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles.

El potencial mundial aproximado de mitigación biológica del cambio climático se ha estimado en 100 gigatones de carbono en 2050, alrededor del 10 al 20 por ciento del total estimado de emisiones de combustible fósil durante ese tiempo. Unos dos tercios de este almacenamiento de carbono podría realizarse en los bosques.

En algún momento, la acumulación de carbono en la vegetación llegará a la saturación ecológica o práctica. Este potencial podría alcanzarse al mismo tiempo que se realice una mayor producción de bioenergía, procediendo probablemente gran parte de la oferta futura de bioenergía de algunos de los nuevos bosques creados o de sistemas agrícolas adaptados. Se calcula que la bioenergía tiene un potencial para reducir las emisiones mundiales de CO2 en el año 2050 hasta el 25 por ciento de las emisiones proyectadas de combustibles fósiles, con mayores posibilidades ulteriormente.

1 Adaptado de: Matthews, R. y Robertson, K. 2001. Answers to ten frequently asked questions about bioenergy, carbon sinks and their role in global climate change, redactadas por la Sección de Bioenergía 38 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), “Greenhouse Gas Balances of Biomass and Bioenergy Systems”. Graz, Austria, Joanneum Research. Disponible en Internet: www.joanneum.at/iea-bioenergy-task38/ publication/task38faq.pdf. Pueden pedirse más detalles a: bernhard.schlamadinger@joanneum.at, o bien a dieter.schoene@fao.org.

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