Departamento de Desarrollo Económico y Social

Informes de Política

 
septiembre 2009
El hambre ante la crisis
Ralentización de la economía global revela la urgencia por encarar desafíos de largo plazo en la seguridad alimentaria

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Las últimas estimaciones de la FAO muestran que en los últimos 10 años hubo un considerable deterioro de la subnutrición. Dicho deterioro ya era muy desalentador, y sin embargo tuvo un repunte en el 2009. Haber superado los mil millones pone de relieve la urgencia de encarar con rapidez y eficacia las causas profundas del hambre a nivel mundial.

La crisis económica mundial
La crisis de la economía mundial que ocurre después de la crisis alimentaria en 2006-2008, juega un papel fundamental en el fuerte aumento del hambre en el mundo. Ella ha impactado en los pobres con una reducción de sus ingresos, posibilidades de empleo, y de acceso a los alimentos.

Con menos ingresos, la gente pobre adquiere mucho menos alimentos porque coincide con que los precios han alcanzado niveles históricos elevados. Si bien los precios de los alimentos a escala mundial se han reducido en comparación con los niveles máximos alcanzados en junio de 2008, la caída de precios a nivel local en países en desarrollo se ha retrasado. En junio del 2009, éstos eran en promedio un 22 porciento más altos en términos reales que dos años antes; y ello es cierto para una amplia gama de importantes productos alimenticios.

Preocupa que las últimas cifras sobre el aumento del número de personas subnutridas no sea el resultado de restricciones de la oferta internacional de alimentos. Las recientes Perspectivas Alimentarias de la FAO indican que la producción de cereales en 2009 será elevada, aunque ligeramente inferior a la producción récord del año pasado. Claramente se pueden producir alimentos suficientes como para eliminar el hambre del mundo.

Sin embargo, la distribución mundial de este suministro es desigual. Mientras los países ricos mantienen grandes reservas, muchos países en desarrollo no tienen cantidades suficientes de alimentos para garantizar a su población un nivel de consumo necesario que les permita gozar de una vida saludable.

Otra preocupación se refiere al uso de los alimentos. Únicamente la mitad de la producción mundial de cereales se destina al consumo humano directo. Cada vez más la producción agrícola se destina a la alimentación animal para satisfacer la creciente demanda de carnes, especialmente en países con economías emergentes, y para usos no alimenticios como la producción de biocombustibles.

El impacto del hambre
La subnutrición afecta a grandes segmentos de la población de países en vías de desarrollo. Afecta particularmente a los pobres que viven en áreas urbanas, y a aquellos sin tierra que viven en áreas rurales que no pueden depender únicamente de la agricultura de subsistencia. Los hogares a cargo de mujeres constituyen otro grupo vulnerable, dado que ellas a menudo están impedidas de participar en empleo pago y por ende carecen de medios para acceder a alimentos adecuados

La subnutrición no es sólo una preocupación humanitaria. También debilita el potencial de desarrollo de los países.  Frente a la inseguridad alimentaria, los mecanismos de las familias pobres para hacer frente a la crisis suponen concesiones indeseables, pero a menudo inevitables: por ejemplo, pasar a consumir alimentos menos nutritivos, o simplemente comer menos. La malnutrición afecta a la productividad laboral y reduce el potencial cognitivo de los niños; el ausentismo escolar destruye el capital humano a largo plazo; la venta de bienes reduce las existencias de recursos físicos o financieros y no es fácilmente reversible; migran y venden activos tales como el ganado; prestan o participan en nuevos tipos de actividades económicas, inclusive el trabajo infantil.

¿Qué políticas pueden aplicarse?
El sistema alimentario actual es frágil. Necesita cambios estructurales con carácter urgente. Ante la crisis, un enfoque de doble vía es crucial, este implica la puesta en marcha de medidas de emergencia con resultados inmediatos así como cambios estructurales fundamentales.

A corto plazo, hay que crear redes de seguridad y programas de protección social, o mejorar los existentes, para llegar a los más necesitados. Simultáneamente, hay que dar acceso a los pequeños agricultores a medios de producción y tecnologías indispensables para aumentar la producción. Estas acciones incluyen el suministro de semillas de alta calidad, fertilizantes y equipo agrícola. Una mayor producción a nivel local será instrumental para reducir los precios de los alimentos para los consumidores pobres rurales y urbanos.

A medio y largo plazo, la solución estructural al problema del hambre reside en el aumento de la producción, particularmente en los países susceptibles al déficit alimentario. En ese contexto, son esenciales políticas estables y eficaces, mecanismos reglamentarios e institucionales e infraestructuras de mercado funcionales que promuevan las inversiones en el sector agrícola.

Se necesitan más cambios fundamentales
Seguir actuando como se ha hecho hasta ahora no permitirá reducir la subnutrición en la medida que se requiere. Para escapar del hambre, las poblaciones necesitarán mejor gobernabilidad a escala nacional e internacional.

En los países con inseguridad alimentaria es necesario crear instituciones sobre la base de los principios del Derecho a una Alimentación Adecuada.  Estas instituciones deberán promover una mayor transparencia y asignación de responsabilidades, así como potenciar la capacidad de acción de los pobres y su participación en las decisiones que les afectan. La aplicación de las directrices voluntarias en apoyo de la realización progresiva del derecho a una alimentación adecuada a escala nacional constituirá un importante paso en esa dirección.

A nivel internacional una mejor forma de gobernar incluye reformar la Comisión sobre Seguridad Alimentaria Mundial, que se convierta en la piedra angular de la cooperación internacional en el campo de la seguridad alimentaria. La Comisión debería actuar con liderazgo político en el combate contra el hambre, asegurando que todos los actores sean escuchados en los debates políticos y que las decisiones estén sustentadas con evidencia científica sólida.

Mantener a la agricultura en la agenda política
Al constituir una amenaza para la seguridad y la paz en el mundo, la crisis alimentaria mundial hizo que la seguridad alimentaria, la agricultura y la agro-industria pasaran a ocupar de nuevo un lugar preferencial en el programa de los encargados de formular políticas. Como consecuencia de la reducción gradual de los precios de los productos alimenticios básicos en el mercado mundial y de la crisis financiera y económica mundial, se corre el riesgo de que la atención se desvíe de la difícil situación de los países más pobres que luchan por alimentar a sus poblaciones. La comunidad internacional no debe olvidar los compromisos contraídos respecto de los mil millones de personas que padecen hambre.

Las crisis económicas han dado lugar a una reducción en la inversión pública destinada para la agricultura, con consecuencias devastadoras en términos de pobreza y hambre. Las experiencias anteriores y los estudios empíricos nos indican que el apoyo a la agricultura, especialmente en estos momentos, no debería reducirse; de hecho, tiene que fortalecerse. La disminución y eventual erradicación de la inseguridad alimentaria y del hambre sólo será posible si los países cuentan con sectores agrícolas y agro-industriales saludables que se articulan a redes sociales eficaces y  economías en crecimiento.

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