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Tratamiento de los montes higrofíticos

GEORGE N. BAUR

Notas de un becario «André Mayer» de la FAO

LOS MONTES higrofíticos se pueden definir como unidades vegetales altas y densas, compuestas esencial, pero no invariablemente, de árboles higrófilos, siempreverdes, de hoja ancha, que tienden a disponerse en varios pisos o estratos más o menos netos. El tronco de estos árboles puede presentar formas curiosas como contrafuertes, raíces zancos y acanaladuras; en el piso inferior a menudo abundan los matorrales, y es frecuente encontrar plantas trepadoras y epífitas.

Este tipo de vegetación cubría casi el 10 por ciento de la superficie terrestre hasta tiempos históricos bastante recientes, y si bien en el siglo pasado fue en gran parte destruido, el monte higrofítico ocupa todavía vastas extensiones en los trópicos húmedos, especialmente en la América tropical y en Africa occidental y central, así como en el Asia sudoriental y el Pacífico. Muchos países de estas regiones dependen de la madera de los montes higrofíticos, de los cuales se extraen además muchos otros productos que no sólo satisfacen sus necesidades internas sino que también constituyen importantes partidas del comercio exterior. Por lo tanto, es natural que en muchas regiones se haya procurado aplicar a estos bosques un tratamiento silvicultural, con objeto de someterlos a una ordenación de producción sostenida (Figura 1).

Además, también se ha intentado poner al monte higrofítico en condiciones de una más fácil ordenación por medios claramente artificiales, como talas y plantaciones directas, el sistema taungya de agrosilvicultura, y las plantaciones de mejora de la masa. De estos métodos no hemos de tratar aquí, pero ello no quiere decir que no reconozcamos su importancia.

Varios países han tratado de someter a ordenación sus masas naturales. Al parecer, en muchos casos estos intentos no han obtenido gran éxito y convendría comparar las técnicas utilizadas. Sin embargo, antes de proceder a esta evaluación es necesario lograr una cierta noción de cómo se desarrolla el crecimiento en las masas higrofíticas naturales no perturbadas. No se olvide que uno de los axiomas de la ciencia forestal es que «la silvicultura no es sino ecología aplicada».

GEORGE N. BAUR es un investigador forestal, Comisión Forestal de Nueva Gales del Sur, Australia: becario «André Mayer» de la FAO, 1961-62. Las becas «André Mayer» de la FAO se conceden para fomentar las investigaciones que interesan a los Estados Miembros, siempre que se relacionen con el programa de labores de la Organización. Se destinan bien a investigadores experimentados que necesitan llevar a término, en condiciones de mayor o menor independencia, un determinado estudio o bien a jóvenes que han demostrado aptitud en la investigación y para quienes puede ser de provecho completar su preparación en metodología asistiendo a instituciones de categoría acreditada o realizando estudios de campo.

Estas becas se empezaron a conceder en 1956, habiéndose otorgado más de 75, nueve de las cuales en el campo de montes y productos forestales.

Procesos de crecimiento

Floración y fructificación

En general, un tramo de monte adulto higrofítico no perturbado contiene varios estratos o pisos diferenciados de vegetación. Para mayor simplicidad esos pisos pueden dividirse como sigue: el piso superior, de árboles muy altos y voluminosos; el piso inferior, formado por árboles más pequeños, pero que de hecho puede componerse de varios estratos independientes de árboles; un piso de arbustos bajos; y por último un estrato rasante de plantas herbáceas y brinzales. También suele haber trepadoras que contribuyen a formar la cubierta de vuelo constituida por los árboles del piso superior.

En condiciones tan diferentes de microclima es natural que los hábitos de floración de las plantas sean muy diversos. Ciertas especies florecen casi continuamente; se trata en la mayoría de los casos de las especies arbustivas y del piso inferior, así como de especies características de estaciones perturbadas recientemente, es decir, las llamadas «especies secundarias», como Trema guineensis (Taylor, 1960), del Africa occidental. A este tipo no pertenecen sino muy pocos de los árboles grandes del piso superior, que son los que comúnmente interesan a los técnicos forestales. Dichos árboles tienden a florecer estacionalmente, y con frecuencia a intervalos muy irregulares. Por ejemplo, muchas dipterocarpáceas malayas florecen sólo a intervalos de dos a siete años: la valiosa Triplochiton, de Africa, sólo ha tenido dos buenos años de floración entre 1933 y 1958 (Mackenzie, 1961).

Terminada la floración, los frutos de la mayoría de los árboles de monte higrofítico maduran con rapidez, por lo común en seis meses, y en los climas muy extremos de monte higrofítico se advierte en la vegetación una tendencia a diseminar hacia principios de la temporada lluviosa. La diseminación se efectúa en varias formas, si bien en todos los pisos suelen intervenir agentes tales como los pájaros y otros animales. La diseminación por el viento se limita casi exclusivamente a las especies del piso superior, inclusive muchas trepadoras.

La mayoría de las especies sólo conservan la viabilidad de sus semillas poco tiempo. Por ejemplo, las semillas de muchas dipterocarpáceas pierden totalmente su viabilidad -a las tres semanas de haberse recolectado (Barnard, 1954). Sin embargo, algunas especies de fruto grande, como Bertholettia, del Brasil, y Gmelina spp., de Australia, pueden germinar al cabo de varios años de caer y por otra parte hay pruebas de que algunas «especies secundarias» como Musanga cecropioides, acumulan en el suelo una reserva de semillas que sólo germinan cuando quedan expuestas al calor y la luz (Keay, 1960). Por el contrario, la luz fuerte inhibe la germinación en ciertas especies cuyos brinzales brotan únicamente bajo sombra; Guarea cedrata se comporta de esta manera (Gilbert, citado por Jones, 1955-56).

FIGURA 1. - Vista de una parte del aserradero de la African Timber and Plywood Ltd. (Nigeria) donde se ve la madera aserrada y contrachapada que está cargándose para exportarla a Europa.

Desarrollo de los brinzales

Los brinzales de los árboles de monte higrofítico se pueden agrupar en tres clases principales, de acuerdo con su comportamiento subsiguiente. Dichas clases serían las siguientes: «especies secundarias», especies genuinamente tolerantes, y especies oportunistas que aprovechan los claros. Estas clases no son del todo netas, pero sí lo suficientemente distintas como para servir de clave útil para comprender la regeneración de los montes higrofíticos.

Las «especies secundarias» exigen una luz casi plena para sobrevivir y crecer (y, en la mayoría de los casos, también para germinar). Son por lo común de crecimiento sumamente rápido, por lo menos en sus primeras etapas, y con frecuencia están armadas de pelos urticantes (v. gr., Laportea spp.), O espinas (v. gr., Fagara spp.), o son mirmecófilas (v. gr., Cecropia spp., Barteria spp., Macaranga spp.). En general se trata de especies de vida corta que no dan más que árboles pequeños, pero las hay con un crecimiento posterior más lento que pueden llegar a ser árboles muy grandes (por ejemplo, Goupia glabra, Laportea gigas). En su mayoría, tienen muy escasa importancia económica, si bien hay notables excepciones como Ochroma lagopus, que produce la madera de balsa, Didymopanax morotonei, utilizada para contrachapeados en Trinidad, y Cecropia spp., que se aprovecha para fabricar pasta para papel en el Perú.

Las especies genuinamente tolerantes son las que componen el piso bajo, dado que en las primeras fases de su desarrollo son muy esciófilas. Sin embargo, incluyen algunos árboles que llegan al piso superior, tales como muchas Lauraceae e inclusive la muy estimada Ocotea rodiaei, y Endiandra palmerstonii. Algunas de las dipterocarpáceas de crecimiento más lento, como Balonocarpus heimii y el grupo Balan de las Shorea spp. malayas, parecen pertenecer también a esta clase. La rapidez de crecimiento de estas especies es por lo general lento (Figura 2).

Entre las especies oportunistas que aprovechan los claros figuran muchos de los árboles más valiosos que constituyen en buena parte el piso superior del monte higrofítico, motivo por el cual es este grupo el que despierta mayor interés en los técnicos forestales. Entre las especies pertenecientes a esta clase figuran muchas Meliaceae, Dipterocarpaceae y Flindersia spp. Como sucede en las especies tolerantes, las semillas de esta clase pueden germinar en el piso forestal no perturbado, pero, a diferencia de la clase precedente, los brinzales crecen poco, a menos de recibir mayor cantidad de luz a medida que se desarrollan; de lo contrario, caen en un estado muy próximo a la latencia, si bien conservan la capacidad de reanudar un crecimiento activo y con frecuencia rápido si las condiciones de luz mejoran repentinamente. Con los árboles de fructificación anual regular (v. gr. Terminalia superba y T. ivorensis) esta latencia puede durar sólo un año, transcurrido el cual muere la mayoría de los brinzales, para ser reemplazados por otros procedentes de la siguiente diseminación. Los brinzales de muchas especies de fructificación irregular como el grupo Meranti de las Shorea spp. de Malaya, sobreviven más tiempo, a voces hasta 10 años. El resultado de este comportamiento es que se establece en el piso forestal una reserva de regeneración disponible en todo momento para aprovechar cualquier apertura en el dosel forestal. La cantidad de esta regeneración varía con el tiempo y la zona, pero algunos estudios sobre bosques higrofíticos vírgenes de dipterocarpáceas realizados en Borneo Septentrional dan una idea de su magnitud. Allí, durante un período de varios años, se observó densidad media de masa de 25.000 brinzales útiles por hectárea, con un mínimo durante este período de 10.000 brinzales por hectárea (Nicholson, 1958). Cuando los brinzales de estas especies salen de su estado de latencia, suelen crecer algo más despacio que las «especies secundarias», razón por la cual en el breve lapso de vida de estas últimas tienden a quedar retrasados, sumergidos, y a veces deformados. Sin embargo, a medida que las «especies secundarias» mueren se ve que ha sobrevivido una masa de pies oportunistas suficiente para dominar en el tramo de rebrote. Algunas especies oportunistas, como Shorea leprosula, son capaces de crecer casi con la misma velocidad que sus asociadas «secundarias».

Una de las principales características silvícolas de muchos de los árboles más útiles de bosque higrofítico es esta capacidad para sobrevivir largos períodos, creciendo muy poco, para luego responder velozmente al mejorar las condiciones para vegetar. Se trata de una característica muy difundida que la especie generalmente conserva durante buena parte de su vida y que le permite resistir períodos de sumersión para reanudar intensamente su actividad vegetativa al mejorar las condiciones. Sin embargo, no es privativa de las especies útiles, sino que también la poseen muchas trepadoras perniciosas de Nigeria como Acacia ataxacantha, Calamus spp. y otras palmáceas afines.

FIGURA 2. - Bosquete de tembaga Meranti (Shorea leprosula) unos 18 meses después de salir del estado latente como resultado de las cortas y anegación con envenenamiento. Adviértase que el crecimiento de Shorea spp. es igual al de las «especies secundarias» asociadas. Reserva forestal de Pasoh, Malaya.

Crecimiento

El área basimétrica de las masas adultas de bosque higrofítico virgen oscila, según el tipo de bosque, entre menos de 23 m² y más de 69 m² por hectárea, con valores de 36 m² a 46 m² por hectárea que suelen ser frecuentes en muchas de las zonas de bosque higrofítico de mejor calidad. El crecimiento en esas masas saturadas se puede describir, según la aceptada definición de G.G.K. Setten,¹ como un estudio de estancamiento dinámico: al cabo de un cierto número de años todo incremento es contrarrestado por la mortalidad en la masa. En estas condiciones la rapidez de crecimiento de los pies varía enormemente: en períodos de 15 o más años un árbol puede llegar a por lo menos 1,3 cm. de crecimiento medio en diámetro al año, mientras que otro pie vecino de la misma especie y de idéntico tamaño inicial puede no registrar prácticamente ningún incremento diametral. Estas enormes diferencias obedecen a varias causas, sobre todo al estado de salud y al tamaño de las copas de los árboles y a la medida en que éstas están libres de interferencia (R.W.J. Keay, comunicación personal; Dawkins, 1956, 1958).

¹ Ex Jefe de Investigaciones del Instituto de Investigación Forestal de Kepong, Malasia.

No obstante estas variaciones, se puede establecer para varias especies una relación general entre el diámetro y la rapidez de incremento (Jones, 1955-56; Keay, 1961; Schultz, 1960). Muchas especies oportunistas tienden a alcanzar su máxima velocidad de crecimiento en diámetro en los tamaños intermedios (v. gr., de 25 a 63 cm. de diámetro normal), de modo que la curva de crecimiento tiende a elevarse en las clases de tamaño más pequeño y a declinar en las de los tamaños más grandes. Estas diferencias en la rapidez de crecimiento significan, primeramente, que las clases de tamaño, dada la variación entre troncos de tamaño análogo, son indicadores sumamente inseguros de las clases de edad en el bosque higrofítico. En segundo lugar, significa que los árboles pasan más rápidamente por los tamaños intermedios que por los tamaños más pequeños y más grandes. Por consiguiente, aun cuando todos los años se incorpore a la masa un número igual de árboles, se observará una deficiencia aparente de pies de los tamaños intermedios. Esta deficiencia se ha reconocido ampliamente, sobre todo en lo que concierne a ciertas importantes especies de Africa occidental (Khaya ivorensis, Entandrophragma cylindrica, Terminalia superba), pero los porcentajes de crecimiento indican que en muchos casos es más aparente que real.

Régimen del incremento en el bosque higrofítico virgen

Con estos antecedentes, se podrá comprender el régimen general del crecimiento en el bosque higrofítico virgen. El piso superior se compone de árboles grandes, con frecuencia enlazados entre sí por trepadoras; estas especies son característicamente fotófilas, y tienden en general a ser oportunistas y a aprovechar los claros en sus hábitos de regeneración. Más abajo se encuentran otros pisos de árboles y Arbustos, en su mayoría especies tolerantes, pero que comprenden también pies inmaturos y sumergidos de especies fotófilas. A ras del suelo se encuentra una reserva de regeneración latente, y dentro del suelo puede haber otra reserva de semilla viable pero incapaz de germinar hasta que mejoren las condiciones de luz (y quizás de temperatura).

El más crítico de estos pisos es el superior, porque domina a todos los demás, y en él pueden presentarse tres alternativas: primera, uno de los árboles puede morir y desintegrarse en pie; al marchitarse y desprenderse las ramas se crea un pequeño claro. Este suele ser demasiado pequeño y no consiente la entrada de las «especies secundarias», pero por lo común basta para despertar de su latencia a la regeneración oportunista, al paso que otros árboles más pequeños, próximos al claro, al mejorar las condiciones para vegetar pueden acelerar su crecimiento asumiendo con frecuencia el predominio del lugar.

En segundo término, y es probablemente el caso más común, uno de los árboles grandes puede ser abatido por el viento en una tormenta. De copa a menudo muy amplia, y enlazado con sus vecinos por trepadoras, el árbol se quiebra por el tronco y se derrumba abriendo un gran claro de una superficie frecuentemente hasta de media hectárea. En este claro se libera la regeneración latente y entran las especies secundarias, produciendo una pequeña mancha de regeneración coetánea.

Por último, ciertos fenómenos catastróficos, como los ciclones, pueden arrasar una vasta extensión que es ocupada sucesivamente por las especies secundarias y donde los brinzales latentes reanudan su desarrollo. Se han estudiado mucho estas perturbaciones (por ejemplo, el «bosque de tormenta» malayo, en Kelantan [Browne, 1949]), habiéndose comprobado que producen efectos análogos a los de una explotación intensa y anárquica como la practicada en partes de Malaya durante la ocupación japonesa (1942-45).

En cada uno de estos tres casos se abre un claro, y si bien el tipo de regeneración que aparece tiende a ser diverso en cada caso, el resultado es siempre una mancha de regeneración relativamente uniforme que sustituye al árbol o a la masa originales. Por lo tanto, el bosque higrofítico virgen se puede considerar en casi todas las regiones como un mosaico de pequeños rodales regulares. Cada rodal es de tamaño y composición diversos, pero, debido a las distintas velocidades de crecimiento, los límites entre estos manchones pronto se vuelven confusos, ya que en un claro nuevo todo pie favorecido por su rápido crecimiento no tarda en superar a los pies más lentos de una masa más vieja. Las unidades del mosaico no son en modo alguno permanentes, pues los nuevos claros rara vez coinciden con sus predecesores y son, en gran parte, factores aleatorios los que determinan las especies que reemplazan al árbol viejo, por lo que pueden o no ser las mismas que se encuentran en otros claros de la zona.

Tratamiento del monte higrofítico

Los tratamientos silvícolas que se aplican al monte higrofítico natural son de dos tipos fundamentales: el primero, es el tratamiento de mejora; el segundo se puede denominar de establecimiento de la regeneración si bien por lo común no se limita simplemente a establecer la regeneración.

CUADRO 1. - INDICADORES PARA EL TRATAMIENTO DE MONTE HIGROFÍTICO

Situación

Acción

1. Monte todavía inaccesible para la explotación

(2)

1x. Monte disponible ya para la explotación o que lo estará en un futuro próximo

(3)

2. No se dispone de fondos para el tratamiento

Reserva y protección

2x. Se dispone de fondos para el tratamiento

Tratamiento de mejora (v.gr. Congo: «uniformisation par le haut»)

3. Ordenación con vistas a obtener beneficios indirectos (v. gr. protección de una cuenca hidrográfica, recreo)

Método de cortas por entresaca (v. gr. Puerto Rico)

3x. Ordenación con vistas a la producción maderera

(4)

4. Abundancia de las clases de tamaño intermedio; los derechos impuestos hacen conveniente su conservación

(5)

4x. Relativa escasez de las clases de tamaño intermedio

(6)

5. Un clareo excesivo del vuelo es perjudicial

Método de cortas por entresaca (v. gr. Nueva Gales del Sur)

5x. Un clareo riguroso del vuelo no es perjudicial

Entresaca por bosquetes (v. gr. Queensland Septentrional)

6. Suficiente regeneración útil en el bosque virgen, o que se produce rápidamente al emprenderse la explotación

(7)

6x. La regeneración natural no es suficiente

(8)

7. La regeneración es capaz de responder a un aumento repentino y total de la luz y la exposición

Corta rasa (v. gr. «Cortas a clareo sucesivo uniforme» de Malaya, [Borneo Septentrional])

7x. La regeneración necesita una cubierta parcial durante algunos años

Regeneración bajo cubierta posterior a la corta (v. gr. T. S.S. de Trinidad)

8. Regeneración inducida por clareo de la cubierta de vuelo y limpia

(9)

8x. La regeneración no puede provocarse fácilmente con medios naturales

Regeneración artificial, posiblemente combinada con algún otro tipo de tratamiento (v. gr. Reunión; partes de Queensland Septentrional)

9. La regeneración, una vez inducida, responde a la luz y a la exposición completas

Cubierta anterior a la corta (v. gr. T. S. S. en Nigeria)

9x. La regeneración, después de inducida, sigue requiriendo una cubierta algunos años

Regeneración bajo cubierta prolongada (v. gr. Islas Andamán)

Los tratamientos de mejora constituyen una fase transitoria en la conversión de quizás todas las masas anteriormente no ordenadas en montes ordenados (por ejemplo, los tratamientos de «mejora de masas maderables» [T.S.I.] que se aplican a los montes de pino y frondosas en los Estados Unidos y de eucalipto en Australia). Como la ordenación de los montes higrofíticos es cosa relativamente reciente, las operaciones de mejora son parte intrínseca de todo tratamiento aun cuando el principal objetivo de éste sea el establecimiento de la regeneración. Las operaciones implican principalmente la eliminación de los pies que por algún defecto, mala forma o especie a que pertenecen no tienen salida comercial en el país. Con la destrucción del área basimétrica inútil se consigue que los restantes pies útiles y la regeneración crezcan más rápidamente de lo que, de lo contrario, hubiera sido posible y, aunque este tratamiento suele coincidir con el establecimiento de la regeneración, se puede emplear en zonas con escasas probabilidades de ser sometidas a explotación forestal o a tratamientos de regeneración antes de mucho tiempo; gracias a esto, los pies potencialmente útiles pueden alcanzar un mayor volumen en la época en que finalmente se efectúa la corta, además de que el monte queda en mejores condiciones para los subsiguientes tratamientos de regeneración. El tratamiento de «uniformisation par le haut», que se aplicaba en el antiguo Congo Belga (Donis y Maudoux, 1951), pertenecía a este tipo, y hace poco se recomendó un tratamiento análogo para ciertos montes de Malaya (Wyatt-Smith, 1962).

Los tratamientos de establecimiento, junto con los cuidados sucesivos del repoblado, se consideran, por lo común, como la parte principal de los diversos sistemas silvícolas perfeccionados en las zonas de bosque higrofítico. Como se ha indicado arriba, en estos sistemas los diversos tratamientos contienen una alta proporción de operaciones de mejora. Sin embargo, en los turnos subsiguientes esta proporción conviene que sea mucho menor. Los sistemas en boga se pueden clasificar entre los métodos que producen una masa regular y los que mantienen una masa irregular.

Para cualquier monte higrofítico, se determina el tipo de tratamiento que conviene aplicar, en parte sobre la base de consideraciones locales de orden económico y político, y en parte, como ya hamos visto, atendiendo a las características silviculturales de las principales especies que forman la masa. El Cuadro 1 es un intento de ilustrar las principales características económicas y silvícolas que pueden encontrarse, y el tipo de tratamiento que parecería más apropiado para cada combinación de estas características. En el cuadro, los epígrafes 1 a 4 se refieren ante todo a los aspectos económicos, mientras que los epígrafes 5 a 9 corresponden a los silvícolas. Si se reconoce una gran importancia a los factores económicos no es por accidente, sino porque ello refleja la preeminencia de los factores económicos al determinar las actividades forestales.

FIGURA 3. - Destrucción de un pie indeseable en un monte higrofítico mediante apelación de una solución de veneno que contiene 1 Kg. de arseniato de sodio por 4,5 1. de agua. Reserva forestal de Kemasul, Malaya.

Operaciones silviculturales

Todo tratamiento aplicado a los montes higrofíticos se compone de varias operaciones silviculturales. Algunas de ellas pueden efectuarse simultáneamente, otras han de hacerse por separado, pero siempre son relativamente pocas las diferentes operaciones que entran en juego.

El tratamiento del suelo sólo en raras ocasiones se aplica en los montes higrofíticos con objeto de que sea mas receptivo para la germinación, aunque la perturbación originada por la extracción con tractores equivale con frecuencia a un tratamiento de dicho tipo. En Queensland Septentrional, se limpia a veces el barrujo en torno a los portagranos para favorecer la regeneración (Anónimo, 1954).

El aclareo del vuelo es una operación muy importante en la mayoría de los montes higrofíticos, y comprende generalmente cuatro fases:

1. Corta de trepadoras (CC²). Esta operación es necesaria en casi todos los casos y cumple varios fines, entre ellos facilitar el paso a través del bosque, aligerar la cubierta de vuelo y destruir un grupo de plantas adventicias muy nocivas.

² Los símbolos CC, F, Ru, Ro. etc., sirven para indicar estas diversas operaciones en el Cuadro 2.

2. Explotación (F). Las operaciones de explotación son normalmente las que originan un mayor aclareo del vuelo. Además de la extracción de los árboles apeados, éstos al caer causan a los pies vecinos daños que aumentan las dimensiones del claro.

3. Eliminación del piso inferior (Ru). Los árboles tolerantes del piso inferior suelen tener copas muy densas que es necesario eliminar para provocar y despejar la regeneración. En general, esto se hace mediante anelación y envenenamiento con una solución de arseniato sódico, aunque se recurre también a los venenos hormonales (v. gr., 2, 4, 5-T), a la anelación sin envenenamiento, e incluso al apeo de los árboles más pequeños.

4. Eliminación del piso superior (Ro). Se trata de una operación esencial que tiene por objeto eliminar los árboles grandes e inaprovechables que de otra manera ocupan mucho espacio. Comúnmente se recurre a la anelación con envenenamiento (Figura 3).

La regeneración artificial (P), mediante plantaciones de enriquecimiento o, lo que es menos frecuente, mediante siembra (v. gr., en Reunión; Miguel, 1955), se puede utilizar en tratamientos aplicados principalmente a masas naturales (Figura 4). Se persiguen dos objetivos: primero, regenerar los tramos donde no se ha podido inducir la regeneración natural (v. gr., Queensland Septentrional; Anónimo, 1954); segundo, introducir en la zona especies valiosas raras o que no se dan naturalmente en la masa, pero que se espera se regenerarán naturalmente en los turnos subsiguientes (v. gr., Trinidad; Moore, 1957).

La limpia del sotobosque (C) se practica mucho para eliminar los matorrales, las palmáceas acaules, las hierbas altas y demás sotobosque indeseable que pueda entorpecer el establecimiento o el despeje del poblado. Sin embargo, como se ha comprobado que a menudo esta operación destruye accidentalmente mucho diseminado, en la actualidad se tiende a limitar la operación a las zonas donde la densidad del sotobosque tiene probabilidad de impedir el establecimiento de la regeneración natural (v. gr., en los cerros de Malaya con una densa cubierta baja de palmas acaules, Eugeissona triste).

Los tratamientos de despeje tienen por objeto mantener casi la máxima rapidez de crecimiento de la regeneración establecida mediante la eliminación de los pies inútiles o de menos valor que interfieren con el crecimiento de los árboles más deseables. A este respecto cabe distinguir dos tipos de operación:

1. Eliminación de impedientes (L). Se trata por lo común de una operación selectiva aplicada a las masas jóvenes para eliminar muchos pies inútiles (v. gr., muchas de las «especies secundarias» de crecimiento rápido), en los sitios donde dominan o compiten en alguna forma con un latizal útil.

2. Claras (T). Es la extracción de los estados de latizal y fustal de los pies menos satisfactorios de la misma especie o de otras especies competidoras para favorecer a los mejores pies.

CUADRO 2. - SECUENCIA DE LAS OPERACIONES EN LOS TRATAMIENTOS CLÁSICOS DE REGENERACIÓN REGULAR +

Año

Corta rasa (Malaya)

Cubierta anterior a la aorta (Nigeria)

Regeneración bajo cubierta posterior a la corta (Trinidad)

Regeneración bajo cubierta prolongada (Is. Andamán)

Turno

70 años

100 años

60 años

?

n - 5

(Ru) (1)

S, CC, Ru



n - 3

(C) (2)



C, Ru* (9)

n - 2

(CC) (3)




n - 1



CC

CC

n

S, F, Ro, Ru (4)

F

F

F, Ru*

n + 1



Ru*, Ro* (P) (8)

L, C, CC

n + 2

(L) (5)

CC, L, Ro

L

L, C, CC

n + 3



L

L, C, CC, Ro

n + 4



CC, L


n + 5

S (CC, L, T, Ru) (6)


CC, L, Ro


n + 6



T

T

n + 9



S (7)


n + 10

S (CC, L, T, Ru) (6)




+ Este cuadro se basa en las secuencias más características en uso; los símbolos de las operaciones son los mismos que se indican en la sección sobre «Operaciones de Tratamiento» más: * Operación de carácter exclusivamente selectivo [es decir, parcial, no completa] Operación efectuada únicamente en estaciones selectas o si se indica (generalmente con una S) su necesidad.

NOTA: (1) Unicamente en zonas selectas (por ejemplo, algunos montes estacionales higrofíticos del noroeste), donde la regeneración se establece con dificultad. (2) En los montee infestados densamente de palmas acaules o bambúes. (3) Se practica en los montes donde las trepadoras son particularmente densas (por lo general, en viejas zonas de agricultura nómada) (4) Primero S, después F, seguidas por el envenenamiento de los arboles inútiles. (5) Se practica únicamente donde se quieren obtener «maderas duras pesadas» de crecimiento más lento (v. gr. Balanocarpus, ciertas Shorea spp.), que requieren más cuidados; en la práctica se aplica raramente. (6) S a 5 años (parcelas de ¼ «square chain»**) y 10 años (parcelas de ½ «square chain») seguido por las operaciones que sean del caso para despejar los pies más convenientes. (7) Se propone S a n+9, y probablemente se obtendrán resultados análogos a los de S a n+10, en Malaya [véase la nota (6) arriba]. (8) La cubierta del vuelo se aclara parcialmente para conseguir una cubierta ligera, se puede recurrir a la plantación de enriquecimiento para inocular la zona con pies de especies exóticas valiosas (v. F. Chlorophora, Terminalia spp.) principalmente como portagranos para los futuros turnos. (9) Las operaciones iniciales se efectúan de modo que coincidan con buenos años de fructificación, los cuales suelen presentarse a intervalos de unos 4 años; por lo tanto, de 4 a 5 aortas anuales reciben simultáneamente tratamiento inicial (C, Ru*), efectuándose las operaciones subsiguientes de acuerdo con el plan de explotación prescrito de años n - 1, n, eta. para los subtramos de que se trate.

** 1 square chain = 0,1 acres; 1 acre = 0,5 de Ha.

FIGURA 4. - Arce de Queensland (Flindersia brayleyana) de 6 años, plantado en monte higrofítico con tratamiento, en un claro que carecía de regeneración natural. Reserva 99, Queensland Occidental.

FIGURA 5. - Descargando trozas de un monte higrofítico a la orilla de un río, para transportarlas por agua al aserradero de Sapele. Reserva forestal de Okomu, Nigeria.

FIGURA 6. - Regeneración de Kapur (Dryobalanops aromatica) creciendo rápidamente después de salir del estado latente como resultado de operaciones recientes de corta y anelación. Reserva forestal de Kluang, Malaya.

FIGURA 7. - Vista general de una zona explotada, donde se ha practicado, unos 18 meses antes, la anelación de algunos pies, sometida al «método malayo de cortas a clareo sucesivo uniforme». Adviértanse los pies muertos por envene namiento y los pies conservados de árboles inmaturos, con un denso rebrote de «especies secundarias» (inclusive Trema ap. en abundancia) y regeneración deseable. Reserva forestal de Pasoh, Malaya.

Muestreo de diagnosis (S) operación final, aunque no auténticamente silvícola. Sin embargo, por influencia de los resultados obtenidos en Malaya (Barnard, 1950), se usa mucho en la actualidad en las diversas fases de tratamiento para comprobar la necesidad de varias secuencias posibles de operaciones. Generalmente se realiza estableciendo en el área en tratamiento, transecciones pequeñas (miliacre, 1/160 de acre, 1/40 de acre), y registrando la composición y estado de la regeneración en cada una. Los resultados pueden utilizarse a continuación para diagnosticar el tipo de tratamiento que se requiere (Barnard, 1950; Dawkins, 1958; Wyatt-Smith, 1960).

Regeneración de masas regulares

En casi todos los lugares donde se está haciendo un esfuerzo sincero de someter a ordenación el bosque higrofítico natural, el objetivo principal es obtener masas regulares. Las razones de esto son varias y entre ellas cabe mencionar las siguientes:

1. El fracaso de los viejos métodos de explotación selectiva. Anteriormente, la corta en los montes higrofíticos se hacía principalmente de una manera anárquica, y sumamente selectiva. Esto no era silvicultura, sino degradar las masas; pero el hecho de que no se produjera una regeneración conveniente, ha dado lugar en muchas regiones a una predisposición contra los sistemas de ordenación selectiva.

2. El perfeccionamiento de métodos de explotación mecánica, que para resultar económicos requieren un elevado rendimiento por hectárea, tienden a traducirse, en el monte higrofítico normalmente de bajo rendimiento, en operaciones de corta tan intensas como lo permita la masa (Figura 5).

3. La mayor facilidad de ordenación de masas regulares.

4. Los daños que causan a los otros árboles durante la corta y extracción, por lo que resulta más conveniente una extracción total que no dejar árboles dañados en pie.

5. Las normas cada vez más elevadas de utilización, de manera que en la actualidad el técnico forestal se ve cada vez menos obligado a destruir árboles grandes de buena forma, pero de especies no comerciables.

6. El haber comprendido que las especies más útiles son fotófilas y que son sumamente aptas para la regeneración en masas regulares (Figura 6).

Existen cuatro sistemas fundamentales para regeneración del bosque higrofítico en masas regulares (véase Cuadro 1, epígrafes 7, 7x, 9 y 9x). En tres de ellos, se considera la creación de una cubierta como indispensable para estimular el establecimiento del futuro vuelo o para ayudarlo en los primeros años, mientras que en uno no se necesita. El Cuadro 2 contiene detalles de las secuencias típicas de tratamiento que se siguen en la actualidad con estos cuatro sistemas. Esas secuencias son rígidas sólo en pocos casos, pues los tratamientos varían de acuerdo con las condiciones locales y los resultados del muestreo de diagnosis. Es de advertir que en todos los casos se conservan los pies inmaturos de las especies deseables, de manera que el monte tratado no tiene nunca la apariencia de una masa regular cortada rasa (Figura 7).

Es de señalar también que en las zonas de Malaya donde se procede a la extracción del piso inferior antes de la explotación,³ el sistema seguido no es ya el de corta a hecho, sino más bien el de formación de una cubierta previa a la explotación. En Nigeria, la cubierta se forma 5 años antes de la explotación y se elimina poco después de efectuada ésta; en Trinidad se ferina en el momento de la explotación y se elimina 5 años más tarde. En las islas Andamán se forma en el momento de la diseminación, de 2 a 5 años antes de la corta en programa, y se conserva hasta unos 3 años después de ésta. En otras regiones, se usan otras variantes de estos sistemas además de las que aparecen en el Cuadro 2.

³ Véase la nota (1) del Cuadro 2.

Regeneración de masas irregulares

Aunque los sistemas para masas regulares son indudablemente más fáciles de aplicar y se ha demostrado en una gran variedad de casos que son apropiados para la ordenación de los montes higrofíticos, en varias zonas, y por excelentes razones, se emplean sistemas de masas irregulares. Estos ejemplos se suman a las todavía grandes extensiones, donde se practica la corta selectiva, no controlada, sin el menor intento efectivo de ordenar el monte higrofítico.

Entre las razones en pro de las masas irregulares figuran:

1. La posibilidad de conservar pies pequeños, pero sanos, de valor momentáneamente bajo. De hecho, esos pies se conservan en la mayoría de los sistemas de masa regular; pero en los lugares donde abundan y donde se exigen derechos más elevados por un determinado volumen de troncos grandes se tiende a conservar estos árboles inmaturos en cantidades tan grandes que ya no es posible aplicar la ordenación de masa regular.

2. La posibilidad de conservar en el monte la distribución existente de clases de tamaño.

3. La protección que se da al suelo contra la exposición y la posible erosión. Incluso con el drástico sistema de corta rasa practicado en Malaya, el suelo casi nunca queda desnudo mucho tiempo.

4. La resistencia a la fuerza de los ciclones. Las masas regulares tienden a ser más vulnerables que las irregulares (Wadsworth y Englerth, 1959).

5. La mejor protección contra otras amenazas meteorológicas. Esto es quizá más importante para el monte higrofítico de clima templado que para el de clima tropical (Baur, 1962).

6. El mantenimiento de un bosque de aspecto más atractivo, característica digna de tenerse en cuenta en los casos en que el monte tenga un elevado valor recreativo.

7. La posibilidad de conservar especies que aunque de momento no sean comerciables pueden encontrar buen mercado en el siguiente ciclo de corta.

FIGURA. - Regeneración densa de arce de Queensland (Flindersia brayleyana) resultante de un tratamiento normal de monte higrofítico 8 años antes. Reserva 99, Queensland Occidental.

Los principales inconvenientes de los sistemas de masa irregular son: (a) el hecho de que las especies más importantes del bosque higrofítico sean más bien fotófilas; (b) la conveniencia de que las cortas sean pocas y concentradas, en vez de frecuentes y ligeras; (c) los daños que se causan durante la explotación a los pies que se desea conservar (Dawkins, 1958).

Dos ejemplos de sistemas de masa regular bastarán quizás para ilustrar sus características principales.

Puerto Rico. El tratamiento que se aplica en las montañas de Luquillo tiene un carácter experimental más bien que de práctica normal, aunque se han tratado superficies apreciables. Lo que se persigue es crear una masa con un área basimétrica de unos 18 m² por hectárea, equilibrada en cuanto a la distribución de clases de tamaño y presencia de grupos de especies y sometida a un ciclo de corta de 5 ó 10 años. En general estas masas se han degradado por efecto de las operaciones de explotación precedentes y, dado que se encuentran en una cuenca hidrográfica y zona de recreo importante, debe evitarse el aclarar excesivamente el vuelo actual. El tratamiento implica la extracción de árboles en los lugares en que las copas se tocan, evitar la creación de claros de más de 7,62 m. de diámetro y dejar a los pies restantes unos 2 m. de espacio libre en torno a la copa. Ante todo, lo que se persigue es extraer los pies más grandes, así como los de las especies menos deseables o de mala conformación. En último término, la masa se ordenará como monte alto regular donde se espera que predominen las especies más tolerantes (Wadsworth, 1947; 1952; 1957).

Queensland Septentrional. Los montes higrofíticos del altiplano de Atherton tienen mucho en común con los de las montañas de Luquillo, pues ambos se clasifican como montes higrofíticos submontanos y se encuentran en una zona de ciclones. La demanda de madera es bastante fuerte en la zona, y las tarifas aplicadas a la madera en pie presentan una marcada diferencia de precios entre los grupos de especies más deseables (v. gr., Flindersia brayleyana) (Figura 8). y los de las especies menos apreciadas, y entre los troncos grandes y pequeños de la misma especie. Estas diferencias de precios estimulan la conservación de los pies más pequeños (pero comerciables) porque a medida que crezcan adquirirán un valor cada vez más alto por unidad volumétrica. Esto ha hecho que se adoptara una ordenación de monte irregular que, después de la fase inicial orientada hacia el mejoramiento, se parece al tratamiento de entresaca por bosquetes muy corriente en los eucaliptales australianos (Jacobs, 1955). Se prevé un ciclo de corta de 15 a 20 años, con la secuencia de operaciones siguiente:

1. Corta de lianas y eliminación del sotobosque indeseable.

2. Eliminación de los brinzales o chirpiales de Laportea moroides (árbol urticoso muy virulento).

3. Marqueo de los árboles respetando los límites diamétricos mínimos, pero procurando lo siguiente:

a) conservar los árboles de gran tamaño, de la especie más deseable, como portagranos allí donde la densidad de regeneración sea pobre;

b) extraer los árboles pequeños de mala forma o escaso vigor;

c) aclarar los rodales densos de árboles pequeños.

4. Corta de los árboles marcados, seguida por una nueva limpia de L. moroides.

5. Extracción de los pies inútiles, donde haga falta, para favorecer los pies potencialmente más valiosos, y extracción de los pies de las especies menos deseables.

6. Tratamiento del suelo en las zonas donde haya portagranos pero la regeneración sea escasa, y plantaciones de enriquecimiento donde escaseen también los árboles padres.

7. Corta de liberación al cabo de 3 a 4 años.

Los límites diamétricos por debajo de los cuales normalmente se conservan los árboles, oscilan entre más de 2,43 m. y 76 cm. de diámetro normal, para los grupos más deseables, y 1,82 m. y 58 cm. de diámetro normal, para las especies menos deseables.

CUADRO 3. RENDIMIENTOS PREVISTOS DEL MONTE HIGROFÍTICO TRATADO

País

Turno/ciclo de corta

Rendimiento desde la explotación inicial

Incremento anual del futuro vuelo (1)

Rendimiento (1)

Años

pies/acre

m.³/Ha.

Pies/acre

m.³/Ha.

Pies/acre

m.³/Ha.

Malaya

70

-

860 (2)

60

30-60 (3,4)

2,1-4,2

2 100-4 200

145-290

Nigeria

100

-

400 (5)

28

60 (5)

4,2

6 000 (6)

420

Trinidad

60

-

1 300 (7)

91

89 (8)

6,2

5 000

350

Puerto Rico

-

5-10

?


60 (9)

4,2

300-600

21-42

Queensland









Septentrional

-

15-20

c. 400 (10)

28

40 (11)

2,8

600-800

42-55

NOTA: (1) El incremento es incremento medio anual para las masas regulares, incremento periódico anual para las masas irregulares; el rendimiento se obtiene multiplicando el incremento por el turno o ciclo de aorta. (2) Vincent, 1960. (3) Cousens, 1957 - sobre la base de un amplio muestreo de monte regenerado antes de 1940 en Perak, con arreglo al antiguo «sistema de aorta de mejoramiento de regeneración» (una variante del sistema de cubierta anterior a la aorta, que es el precedente directo del actual sistema nigeriano). (4) Este valor mas alto se obtuvo en parcelas situadas en masas de buena densidad de monte viejo regenerado (33-60 años de edad). (5) Rosevear, 1952. (3) El rendimiento final incluye una estimación de 140 m.³/Ha. obtenido sobre la base de las aortas intermedias. (7) Datos facilitados por D. Moore (comunicación personal); rendimiento de trozas de aserrío: 84 m.³/Ha. de leña. (8) Parcela mencionada por Moore, 1957. (9) Incremento de trozas de aserrío, exclusivamente; Wadsworth, 1957. (10) Explotación parcial, únicamente. (11) Parcelas mencionadas por Volck, 1960.

Rendimientos previstos

Aunque estos sistemas de tratamiento del bosque higrofítico difieren considerablemente entre sí, quizá sea pertinente aclarar que todos ellos no son sino adaptaciones de la forma en que crece y se regenera naturalmente el bosque higrofítico virgen; es decir, que el sistema de corta rasa practicado en Malaya no es más «antinatural» que el sistema de entresaca practicado en Puerto Rico (Figura 9).

Es difícil calcular los rendimientos probables que pueden obtenerse con estos tratamientos. La masa más antigua de monte higrofítico ordenado que conoce el autor es el magnífico rodal de Kapur (Dryobalanops aromatica), en la reserva forestal de Kanching en Malaya, que se regeneró hace unos 50 años, pero en la mayoría de las zonas la ordenación efectiva no empezó sino al terminar la segunda guerra mundial. En el Cuadro 3 se intenta dar una estimación de los rendimientos probables en diferentes zonas.

Si bien en el Cuadro 3 se estiman incrementos anuales de hasta 6 m³ por hectárea, parece que en una vasta extensión el monte higrofítico sometido a tratamiento rara vez produce más de 3,5 m³ por hectárea. Estas cifras pueden compararse con los incrementos de 14 a 42 m³ por hectárea que se obtienen comúnmente en estaciones de monte higrofítico con plantaciones de determinadas Pinas, Araucaria y Eucalyptus spp. Para explicar estas enormes diferencias se sugieren las siguientes razones:

1. Los caracteres innatos que permiten a un corto número de especies (inclusive muchas coníferas y eucaliptos) producir volúmenes superiores a los de la mayoría de otras especies. Por ejemplo, las plantaciones de Flindersia brayleyana en Queensland Septentrional (Figura 10) y de Tectona en la India y Trinidad, pocas voces dan un rendimiento medio anual superior a 10,5 m³ por hectárea.

2. Se observan diferencias en las normas para determinar el incremento volumétrico, pues con frecuencia la evaluación del rendimiento de los pies de plantación se hace sobre la base de la madera para pasta, postes, etc., mientras que en el caso de las masas naturales se hace en cuanto a trozas de aserrío relativamente grandes.

3. La ordenación puede ser de intensidad diversa. En las plantaciones, prácticamente todo el incremento se concentra en los pies deseables, mientras que incluso en los montes higrofíticos ordenados gran parte del incremento corresponde a especies inútiles y al sotobosque.

Parece que el máximo absoluto de producción de la mayoría de los montes higrofíticos es de unos 10 m³ por hectárea anuales, y normalmente sometido a ordenación un monte produce cuando mucho una tercera parte de esto. Los afectos del interés compuesto indican que para recuperar el costo del tratamiento del monte higrofítico, hay que alcanzar este incremento limitado lo antes posible concentrando la máxima proporción del incremento en los árboles destinados a la corta final. En las masas regulares el número de éstos se calcula en unos 2 a 2,8 m³ por hectárea. La conclusión lógica es que las operaciones de despeje constituyen la fase más importante del tratamiento del monte higrofítico.

FIGURA 9. - Masa de tembaga Meranti (Shorea leprosula), de 34 años de edad, con un promedio de incremento volumétrico anual de 4,2 m³ por hectárea. Esta zona se regeneró con el «Sistema de corta de mejoramiento de la regeneración empleado en Malaya antes de la segunda guerra mundial, y en el que se basa el actual sistema de Nigeria, de cubierta anterior a la corta. Reserva forestal de Pasoh, Malaya.

Las consideraciones antes expuestas confirman de manera rotunda la conclusión de Wadsworth (1960) de que: «a medida que aumenta la población y las exigencias de tierra y productos forestales, y progresan otros tipos de agricultura, es posible que la práctica de la plantación intensiva resulte ser el único medio para obtener económicamente madera en los trópicos.»

FIGURA 10. - Plantación de arce de Queensland (Flindersia brayleyana), de 31 años de edad, establecida en una estación de monte higrofítico y con un promedio anual de incremento volumétrico de unos 11,2 m³ por hectárea. Obsérvese la mala conformación de los árboles que crecen de esta manera. Reserva 310 Gadgarra, Queensland.

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