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Ordenación conjunta de los recursos forestales en la India: realizaciones y desafíos

M. Sarin

Madhu Sarirn forma parte del Grupo nacional de apoyo para la ordenación conjunta de los recursos forestales de la Sociedad para el aprovechamiento de las tierras baldías. Reside en Chandigarh, India.

Análisis de la ordenación conjunta de los recursos forestales para regenerar las tierras forestales públicas degradadas y beneficiar a las comunidades locales, haciendo especial hincapié en la problemática de las diferencias por razón de sexo.

Debate entre mujeres y hombres, en un poblado de Gujerat, sobre los efectos de la defensa del bosque según el sexo

La finalidad de la ordenación conjunta de los recursos forestales es establecer relaciones entre las instituciones comunitarias locales (como gestores) y los departamentos forestales del estado (como propietarios) para la ordenación sostenible y el reparto equitativo de los beneficios derivados de las tierras forestales de propiedad pública, frecuentemente degradadas.

Aunque es demasiado pronto para determinar de manera concluyente su importancia, algunos observadores consideran que la ordenación conjunta constituye un cambio de política histórico hacia la descentralización democrática de la ordenación forestal en la India. Es necesario estudiar este hecho desde la perspectiva histórica de 14 decenios de ordenación forestal restrictiva, que gradualmente ha privado a los habitantes del bosque de sus derechos sobre las tierras y los bosques. Existe una extensa documentación sobre la consiguiente pérdida de derechos sobre las tierras de las comunidades de montaña y tribales autóctonas y del desplazamiento de las mismas, así como de la devaluación y desaparición de sus tradiciones de gestión comunitaria de los recursos (Guha, 1991; Gadgil y Gura, 1992; Kelkar y Nathan, 1991; Fernandes y Menon, 1987).

El empobrecimiento y el despojo de que han sido objeto las comunidades que dependen de los bosques han sido la causa de su destrucción generalizada y de continuos conflictos entre las comunidades forestales y los departamentos forestales de los estados. De hecho, la aceptación por parte de los estados de su incapacidad para controlar el acceso de estas comunidades empobrecidas y desposeídas a los bosques de propiedad estatal ha dado lugar al establecimiento de la ordenación conjunta.

Los bosques estatales ocupan un 23 por ciento de la superficie de la India y representan el principal recurso de tierras de propiedad comunitaria existentes en el país. Esta ordenación es particularmente importante para la mayor parte de los 54 millones de habitantes que forman la comunidad tribal del país, así como para otras comunidades forestales desfavorecidas, especialmente mujeres, cuyo sustento y subsistencia siguen dependiendo esencialmente de los bosques.

EL MARCO DE LA POLITICA DEL GOBIERNO

La nueva política forestal nacional, iniciada en 1988, estableció las bases oficiales para formular la ordenación conjunta de recursos forestales. Esta política modificó las prioridades de los estados en materia de ordenación forestal, a saber, satisfacer las necesidades industriales y comerciales de productos forestales y aumentar los ingresos, con el fin de dar mayor relieve a la protección y conservación del medio ambiente, «satisfacer las exigencias de combustible, piensos, productos forestales secundarios y madera pequeña de las poblaciones rurales y tribales», y «provocar una movilización en gran escala de la población, con la participación de las mujeres, para alcanzar dichos objetivos» (Gobierno de la India, 1988). La formulación de estos objetivos se completó con una circular del 1° de junio de 1990, (N° 6.21/89 - FP) del Ministerio de Bosques y Medio Ambiente del Gobierno de la India, dirigida a las secretarías forestales de todos los estados y de los territorios de la unión, en la que se establecían directrices para la «Participación de las comunidades rurales y de las asociaciones de voluntarios en la regeneración de los bosques degradados».

Hasta la fecha, los gobiernos de 15 estados han dictado sus propias resoluciones en las que se sientan las bases de la participación de las comunidades locales en la ordenación conjunta. Estos 15 estados poseen, en conjunto, el 74,6 por ciento de los 75 millones de hectáreas de tierras forestales de propiedad pública y el 91,4 por ciento de la población tribal del país. Según las estimaciones, hacia mediados de 1992, más de 1,5 millones de hectáreas de tierra forestal (alrededor del 2 por ciento de la superficie forestal de la India) estaban ya protegidas (en gran medida por un programa de ordenación conjunta) por más de 10 000 instituciones comunitarias, tanto oficiales como no oficiales (Singh y Khare, 1993).

Regeneración del bosque (al fondo), con un grupo de ordenación forestal conjunta en el estado de Gujarat

REPERCUSIONES DE LA ORDENACION CONJUNTA DE RECURSOS FORESTALES: UNA VISION GENERAL

Aunque no se dispone de información precisa, existen diversas indicaciones de que la ordenación conjunta de recursos forestales ha tenido un impacto positivo sobre las condiciones de los bosques. En muchos estados, en los bosques que se aplica esta ordenación se está registrando una vigorosa regeneración y un notable aumento de la diversidad. Las instituciones comunitarias locales protegen sus bosques de manera mucho más eficaz de lo que podrían hacerlo los departamentos forestales de los estados. El estado de Bengala occidental cuenta con el programa de ordenación de recursos de mayor envergadura, con más de 2 300 comités de protección forestal registrados, que tienen a su cargo alrededor de 320 000 hectáreas de tierras forestales de propiedad pública. Los datos obtenidos por teledetección comienzan a mostrar una mejora de la calidad de los bosques del suroeste de Bengala y un incremento de su superficie y los comités de protección forestal del estado recibieron un reconocimiento internacional por su contribución a la regeneración forestal. En los bosques de Bengala occidental se ven nuevamente elefantes, animales que durante los primeros decenios de este siglo habían desaparecido. Los estudios realizados en Gujarat, Haryana, Madhya Pradesh y Bengala occidental también registran la mejora de la productividad y el aumento de la diversidad de la vegetación, así como el incremento de los beneficios que reportan a los miembros de las instituciones comunitarias los productos forestales no madereros.

Por lo tanto, no cabe duda de que estos programas han comenzado con buen pie la mejora de las condiciones de los bosques degradados y, en cierta medida, han beneficiado a los habitantes cuyo sustento y subsistencia dependen de ellos. Sin embargo, para lograr la sostenibilidad a largo plazo mediante la ordenación conjunta de recursos forestales, y para que ésta llegue a ser una opción viable, es importante tener en cuenta la complejidad y diversidad de la relación de dependencia de las poblaciones locales con respeto al bosque. La dificultad reside en pasar de la protección forestal comunitaria a la formulación de opciones para satisfacer de manera sostenible las necesidades esenciales de productos forestales de la población local. Los aspectos de la ordenación conjunta que menos se han analizado en su forma actual son, salvo algunas excepciones, los altos costos de oportunidad que entraña la protección para los miembros de la comunidad, en general, y su distribución desigual entre los diferentes subgrupos y sexos, en particular.

Miembros de un grupo tribal de ordenación forestal conjunta en el sur de Bihar bailando una danza tradicional, al fondo un bosque de shorea regenerado (Shirea robusta)

DOS PROYECTOS PILOTOS

Antes de examinar algunas de las cuestiones mencionadas más arriba, es conveniente estudiar los dos proyectos experimentales más conocidos realizados a principios del decenio de 1970 en Arabari Bengala occidental, y Sukhomajri Haryana. Estos proyectos sentaron las bases los planes oficiales posteriores de la ordenación conjunta. El origen de ambos estuvo motivado por el hecho de que algunos funcionarios comprendieron que no se podían «proteger» a los bosques de los campesinos empobrecidos y que lo que en realidad, hacía falta era concebir alternativas viables para obtener el sustento, que les permitieran poner fin a la explotación forestal no sostenible y comprometerse con la protección forestal.

En la cordillera Arabari del distrito de Midnapore, en Bengala occidental, se motivó a los campesinos locales a que formaran comités de protección forestal para proteger los bosques públicos de shorea. A cambio, se les concedía prioridad de empleo en el departamento forestal y, asimismo, el usufructo gratuito de la mayoría de los productos forestales no madereros y una participación del 25 por ciento en los beneficios netos derivados de la venta de postes de shorea, de rotación corta, cuando estuvieran listos para la explotación. Como consecuencia de los buenos resultados obtenidos inicialmente, el esfuerzo se expendió gradualmente a las zonas colindantes y se consiguió mayor apoyo del departamento forestal de Bengala occidental.

El concepto de «demarcación social del bosque», que surgió en Sukhomajri, Haryana, trataba de reducir la dependencia de la población rural con respecto a las prácticas de pastoreo sostenibles en las laderas forestales frágiles. Con este fin, se construyó en los bosques una presa de tierra para recoger el agua de lluvia, que luego se utilizaría para regar las tierras de cultivo de los pequeños agricultores marginales. La producción agrícola se multiplicó por cuatro casi inmediatamente, y ello sirvió como incentivo a la población rural para evitar el pastoreo en la zona de captación, e impedir así que el entarquinamiento redujera su capacidad de almacenamiento. No se podía pretender que los campesinos compartieran de manera equitativa los costos de protección (renunciando a los derechos de pastoreo libre), sin disfrutar de sus beneficios (mediante un aumento de la producción agrícola). Por lo tanto, se asignó a cada hogar el mismo volumen de agua, sin tener en cuenta la titularidad de la tierra y el tamaño de la explotación, a cambio de que dejara de apacentar sus rebaños en las montañas. Aquellos que no poseían tierras en propiedad, o cuyas explotaciones eran muy pequeñas, podían utilizar el agua que les correspondía en las tierras que arrendaran a los propietarios con mayores extensiones. De esa forma, participaban del aumento de la producción agrícola.

La experiencia de Sukhomajri permitió establecer los siguientes principios en relación a la ordenación conjunta de recursos forestales en Haryana:

· asegurar en mayor medida el sustento de toda la población rural, contribuyendo a crear un sistema de ordenación de los recursos naturales más sostenible y rentable, que incluyera tanto las tierras forestales como las no forestales;

· asegurar la sostenibilidad institucional, transfiriendo las responsabilidades de la ordenación de los recursos a una organización comunitaria autónoma (las Sociedades de ordenación de los recursos de montaña) basada en el derecho de todos los hogares a formar parte de la misma y en el reparto equitativo de los costos y beneficios de la protección entre todos los miembros.

Posteriormente, se planteó la cuestión del reparto de la producción adicional obtenido en las zonas forestales demarca das socialmente entre la población rural y el principio adoptado fue que la mayor parte de la producción adicional correspondía legítimamente a los campesinos. Por lo tanto, cuanto más aumentara la producción forestal, mayores beneficios obtendrían los campesinos.

Existen actualmente alrededor de 40 sociedades de ordenación de recursos de montaña autónomas que se encargan de proteger unas 15000 hectáreas de tierra forestal, bajo el sistema de ordenación conjunta. Mientras que para decidir la distribución de los beneficios derivados de los postes o la madera fue necesario un largo proceso en Bengala occidental y en otros estados, las sociedades de ordenación de recursos de montaña se han convertido casi inmediatamente en colaboradores directos del departamento forestal en la ordenación de los recursos forestales, al tener acceso prioritario al arrendamiento anual de los piensos y de la hierba bhabbar (Eulaliopsis hinata) en condiciones muy favorables.

Es interesante destacar que mientras que el programa de Haryana se ha mantenido en pequeña escala, el de Bengala occidental ha tenido un impulso extraordinario. La estructura de ordenación conjunta de recursos forestales de Bengala occidental ha pues servido como modelo para otros estados.

Una de las razones de la rápida expansión del programa de Bengala occidental ha sido la garantía del reparto de los ingresos obtenidos de la explotación de postes. Esto, a su vez, ha tenido dos consecuencias implícitas. En primer lugar, no se han tenido en cuenta los costos de oportunidad inmediatos para comenzar con la protección. Se dispone de muy poca información acerca de los grupos o individuos sobre los que han recaído la mayor parte de estos costos de oportunidad, y de las consecuencias que esto les ha acarreado. En segundo lugar, se ha adoptado un modelo tradicional de ordenación forestal centrado en la madera, incluso en el caso de la ordenación conjunta de productos forestales, y no se ha prestado atención a la necesidad de desarrollar alternativas de ordenación basadas en las necesidades. Además, este hecho ha acrecentado manifiestamente el poder de miembros de la comunidad que pueden renunciar a] consumo inmediato de los productos con miras a obtener beneficios a largo plazo en detrimento de aquellos que deben cubrí' sus necesidades urgentes de supervivencia. Como se analiza detalladamente a continuación, están empezando a aparecer datos preocupantes que indican que son las mujeres las que asumen la mayor parte de los costos de oportunidad de la protección de los bosques, sin adquirir derechos ni siquiera sobre los beneficios a largo plazo.

EL CONTEXTO OFICIAL DE LA ORDENACION CONJUNTA DE LOS RECURSOS FORESTALES

Para convertir los proyectos experimentales en programas de ámbito estatal fueron necesarias resoluciones oficiales en las que se especificaron los términos y las condiciones de la ordenación conjunta. Tanto el contenido de dichos términos como el proceso a través del cual se han fijado reflejan la relación inevitablemente desigual entre las poderosas burocracias de los estados y un gran número de instituciones comunitarias pequeñas, diversas y dispersas.

Básicamente, las resoluciones estatales relativas a la ordenación conjunta aseguran a los campesinos que participan en ella el libre acceso a la mayoría de los productos forestales no madereros y una participación del 25 al 50 por ciento en la extracción final de postes o madera. A cambio, se espera que los campesinos protejan los bosques, apoyándose en una organización que se ajuste a la estructura y a las condiciones de participación especificadas por el departamento forestal. Los departamentos forestales se reservan el derecho de cancelar unilateralmente el programa de ordenación conjunta de recursos forestales (y en la mayoría de los casos, incluso de disolver la misma institución comunitaria). Si llega a producirse esa situación, la comunidad no tiene derecho a ningún tipo de compensación por el trabajo, el tiempo y el capital invertidos. Si el departamento forestal no cumple sus compromisos, los campesinos no tienen derecho a iniciar una acción penal (salvo en Haryana, donde al menos pueden exigir una compensación).

A posar de la medra de los recursos forestales, no se han reducido necesariamente las tareas de las mujeres

Teniendo en cuenta las deficiencias que se han evidenciado durante la ejecución, algunas resoluciones estatales relativas a la ordenación conjunta de recursos forestales, incluidas las de Bengala occidental y Orissa, se han modificado o revisado totalmente. Por ejemplo, recientemente, el gobierno de Bengala occidental estableció un comité de expertos para que estudiara la distribución de beneficios y las disposiciones conexas de la resolución relativa, con el fin de asegurar la sostenibilidad del programa principal de ordenación conjunta del estado.

EL DESAFIO PLANTEADO POR LAS INICIATIVAS COMUNITARIAS

En muchos estados, simultáneamente a las iniciativas del departamento forestal, y a menudo precediéndolas, la población rural que depende de los bosques ha puesto en marcha por cuenta propia actividades de protección forestal. Miles de estos grupos de protección forestal, creados por iniciativa propia, están repoblando aproximadamente 400000 ha de bosques en los estados orientales de Orissa y Bihar y, en menor escala, en Gujarat, Rajasthan, Karnataka, Madhya Pradesh y Andhra Pradesh. Estos grupos, que reúnen características muy dispares, han surgido casi exclusivamente en las zonas en las que la población sigue teniendo una gran dependencia económica de los bosques y en las que perdura una tradición de ordenación comunitaria de los recursos. A menudo, su estabilidad interna depende del reparto equitativo de los costos y beneficios entre todos sus miembros (casi exclusivamente hombres) y de la adopción de decisiones de manera abierta y responsable. La incapacidad de mantener un equilibrio dinámico entre las presiones internas y externas puede producir la desaparición repentina de estos grupos, lo que provocaría un «saqueo masivo» de los bosques protegidos.

A medida que se extienden las experiencias de ordenación conjunta de recursos forestales patrocinadas por el estado, se tropieza inevitablemente con los grupos de iniciativa propia y los departamentos forestales deben afrontar una situación desconocida. Las experiencias de los campesinos, por crear un consenso para proteger los bosques, basándose en las prioridades de ordenación forestal establecidas por sus miembros y conociendo los problemas a enfrentar, ponen en tela de juicio las suposiciones en las que se basan las resoluciones en materia de ordenación conjunta y contribuyen a establecer los términos y condiciones de los campesinos para participar en el programa. Dichas condiciones se basan en los siguientes puntos: mantener su autonomía, poseer la autoridad necesaria para llevar a cabo la protección de los bosques y la extracción de sus productos en función de las necesidades, poder elegir a sus propios dirigentes y determinar sus prioridades en cuanto a la ordenación forestal. También, desean que la responsabilidad sea mutua, y no unilate, rol, y que al momento de repartir los beneficios se tengan en cuenta los elevados costos de oportunidad que ha supuesto para ellos la regeneración de los bosques. Muchos de estos grupos se oponen radicalmente a que los departamentos forestales puedan realizar la tala final de la madera madura, en parte por miedo a perder nueva mente los bosques, a cuya regeneración han dedicado tantos esfuerzos.

Dirigentes de un grupo tribal de protección forestal, en el estado de Gujarat

Esta situación exige que los departamentos forestales desempeñen una función de colaboración antes que la de dirección. Para ello es necesario adaptar las estructuras oficiales, de manera que sea los departamentos forestales los que participen en las iniciativas comunitarias, y n a la inversa. Sólo un mecanismo de ese tipo, aceptable para las dos partes y que aproveche las aportaciones de ambas, permitirá sentar las bases de una colaboré cien en las actividades de ordenación conjunta para regenerar los bosques de la India de acuerdo con los principios de igualdad y sostenibilidad.

Regeneración de bosques como resultado del cercado comunitario en el estado de Haryana

LA PROBLEMATICA DE LAS DIFERENCIAS POR RAZON DE SEXO

Para conseguir la sostenibilidad a largo plazo de la ordenación conjunta de recursos forestales es necesario resolver urgentemente los problemas que se plantean. Es preciso que la relación entre las instituciones comunitarias y los departamentos forestales sea más equitativa respecto a la distribución de los costos, los beneficios, las competencias y los derechos relacionados con la ordenación forestal, también hay que resolver la problemática de la equidad en las aldeas y entre ellas que, de no resolverse, pueden generar conflictos que pongan en peligro la supervivencia de los programas.

Sin embargo, el aspecto al que menos atención se ha prestado y que puede resultar más conflictivo es el de la problemática de las diferencias por razón de sexo. Como se ha señalado anteriormente, ni en las estructuras oficiales de la ordenación conjunta, ni en los sistemas comunitarios tradicionales de toma de decisiones de los grupos autónomos de protección forestal existe un mecanismo institucional que aborde las prioridades y necesidades de las mujeres relacionadas con los bosques. Esto sucede pese a que, conforme a la división de funciones y responsabilidades vigente en los bosques de la India, las mujeres son las que se encargan de recolectar una amplia gama de productos forestales no madereros tanto con fines de subsistencia como de obtención de ingresos. En las actividades de extracción de madera y de recolección de leña se reflejan perfectamente las diferencias por razón de sexo. Según la división tradicional del trabajo en función del sexo, los hombres se encargan de conseguir la madera para la construcción de las casas y de las herramientas agrícolas, y las mujeres de recolectar la leña para las necesidades del hogar. Pero, mientras que la madera de construcción sólo se necesita de manera ocasional, la leña hace falta todos los días.

Debido a que, tanto en las instituciones comunitarias que participan en el programa de ordenación conjunta como en los grupos autónomos, la toma de decisiones corresponde casi exclusivamente al hombre, la tarea de la mujer, encargada de satisfacer las necesidades de leña para cocinar en el hogar, ha sido ignorada casi por completo en ambos casos. Los estudios de campo realizados recientemente en Bengala occidental, Bihar y Gujarat (Sarin, 1994; Sarin y Sarthi, 1994) muestran un espectacular incremento del trabajo y del tiempo invertido por la mujer en recolectar el combustible para cocinar, así como una mayor utilización de combustibles de calidad inferior, a menudo perjudiciales para el medio ambiente, desde que las instituciones comunitarias comenzaron su tarea de protección de los bosques. Si bien la mujer se ve forzada a cubrir largas distancias para recoger combustibles en zonas forestales todavía sin protección, se ejerce una fuerte presión en otras zonas para permitir la regeneración de los lugares más cercanos. Debido a la falta de planificación de alternativas, a corto o largo plazo, para satisfacer las necesidades de combustible en el hogar, ya que tanto la protección forestal comunitaria como la ordenación conjunta de recursos forestales se centran en la madera, los departamentos forestales han transferido su función de vigilancia a los hombres de la comunidad, socavando todavía más los derechos de las mujeres que, según la norma social, no pueden oponerse a la autoridad masculina dentro del hogar.

Las repercusiones de las diferencias por razón de sexo no se limitan sólo a la leña. Se suele pensar que la regeneración de los bosques beneficia por igual al hombre y a la mujer. Sin embargo, las investigaciones preliminares de campo indican que, tal vez, el precio de la protección forestal con fines madereros puede reducir la disponibilidad de algunos de los principales productos forestales no madereros utilizados por la mujer y otros grupos desfavorecidos. En dos aldeas de Bengala occidental, donde recientemente se estudiaron dichos efectos, se comprobó que la mayoría de los productos forestales no madereros eran casi exclusivamente recogidos por mujeres, y que habían disminuido los beneficios obtenidos de los productos principales debido a la aplicación de medidas de protección.

Por ejemplo, en muchas zonas de Bengala occidental, Orissa y Bihar, la venta de hojas de shorea es una fuente habitual de ingresos (aunque el rendimiento obtenido en relación al trabajo es muy bajo) sobre todo para las mujeres pobres. Los árboles de shorea protegidos crecen abundantemente, lo cual impide el fácil acceso a las nuevas hojas útiles, que son prácticamente inalcanzables. Análogamente, el número de hojas de tendu, otra importante fuente de ingresos en efectivo estacionales, especialmente para las mujeres, tiende a disminuir en los bosques en fase de regeneración puesto que los arbustos de tendu son sofocados por la sombra de otros árboles, a menos que se tomen medidas adecuadas para evitarlo. Además, para que las hojas crezcan satisfactoriamente es necesario podar anualmente los arbustos. Sin embargo, no hay aún una resolución estatal de la ordenación conjunta de recursos forestales que autorice a una institución comunitaria participante en el programa a realizar la poda.

Cada decisión relativa a la ordenación conlleva diferentes costos y beneficios, que probablemente, repercuten de forma distinta según el sexo. No cabe duda que para rehabilitar los bosques hombres y mujeres tendrán que asumir algunos costos de oportunidad. Lamentablemente, en la actualidad, ya se trate de la protección forestal autónoma u oficial, raras veces se consulta o se informa a la mujer sobre las diferentes opciones de ordenación, pese a que recaen sobre ellas la mayor parte de los costos de oportunidad. Simplemente, se les asigna la función de ejecutoras pasivas del desarrollo forestal o de las decisiones masculinas y se las educa, «motiva» o «presiona» para que hagan aceptar lo que es «mejor para la familia». La función adicional que con más frecuencia se les asigna, ya sea en Bihar, Orissa o Bengala occidental, es la de alejar de los bosques protegidos a las mujeres que no pertenecen a la comunidad. A este respecto, se diría que la protección forestal comunitaria, tal como se practica hoy en día, sólo sirve para enfrentar a distintos grupos de mujeres sin ofrecer una solución satisfactoria a los problemas.

También se suele discriminar a la mujer en la distribución de los beneficios derivados de la extracción final de la madera de los bosques regenerados en el ámbito de la ordenación conjunta de los recursos forestales. Los estatutos estatales relativos a la ordenación comprenden dos tipos de acuerdos para el reparto de beneficios. O bien la totalidad de los ingresos en efectivo o en especies, o sólo una parte del producto va a parar al fondo común de la institución comunitaria, o se distribuye todo, o una parte, entre sus miembros. De esa manera, los beneficios están directamente vinculados a la condición de miembro de la institución comunitaria. Ahora bien, en la mayoría de los estatutos estatales de la ordenación conjunta se ignoran casi por completo los derechos de la mujer. En nueve de los 15 estados que participan en estos programas, no existe una disposición clara que haga referencia a la participación de la mujer en la institución comunitaria. En casi todos los estatutos se habla de un «representante» por hogar o se trata el asunto de manera vaga. El resultado es que la mujer queda de hecho excluida de la participación en la institución comunitaria y, probablemente, también de los beneficios.

Hasta la fecha, el reparto de beneficios de la extracción final sólo se ha efectuado en dos casos: en Arabari, Bengala occidental, y en la aldea de Soliya en Gujarat. En Arabari, la mayor parte de los beneficios fue a parar a manos de los hombres (posteriormente, se modificó el estatuto de la ordenación conjunta para que las esposas tengan también la condición de miembros, junto con sus maridos). En Soliya, la institución comunitaria estaba constituida principalmente por miembros masculinos y, en general, las mujeres quedaron excluidas.

A partir de 1995, cientos de comités de protección forestal de Bengala occidental tendrán derecho a participar en el reparto de beneficios. Ya en enero de 1994, se planteó a los miembros de tres comités de protección forestal del sur del distrito de Bankura la cuestión de quién debía ser el destinatario de los beneficios: el marido, la esposa, o ambos. A estas reuniones asistieron tanto las mujeres como los hombres. Las mujeres de las tres aldeas opinaron que los beneficios debían dividirse en partes iguales y darse por separado al marido y a la esposa. Rechazaron la fórmula de la «cuenta conjunta» y se negaron también a que el marido recibiese una parte mayor como «cabeza de familia». Las mujeres, encargadas de la mayor parte del mantenimiento del hogar, evidenciaron su deseo de controlar una parte igual de los ingresos, dado que son ellas quienes soportan la mayor parte de los costos de oportunidad de la protección forestal.

Es claramente necesario introducir el concepto de igualdad de sexos en la estructura del programa de ordenación conjunta de recursos forestales y asegurar que la mujer no quede excluida de los mismos.

CONCLUSIONES Y DESAFIOS FUTUROS

La ordenación conjunta de los recursos forestales supone un cambio progresivo hacia el reconocimiento estatal de la interdependencia entre el bienestar de los bosques y el del hombre y la mujer cuyo sustento y subsistencia dependen de ellos. Aunque las resoluciones estatales relativas a la ordenación conjunta de recursos forestales no transfieren la propiedad o la tenencia de la tierra a la comunidad local, garantizan la legitimidad administrativa de los acuerdos para el reparto de beneficios con las instituciones comunitarias, lo que ha motivado que cientos de miles de campesinos inicien o participen en la regeneración forestal a través de la protección controlada por la comunidad.

Sin embargo, es necesaria cierta precaución a la hora de utilizar la mejora de las condiciones de los bosques como principal indicador de los «buenos resultados» de este programa. En la mayoría de las «comunidades» existen jerarquías internas de castas, clases, tribus y sexos; el carácter y el grado de dependencia de los bosques en el caso de cada subgrupo varía dentro de la comunidad y entre las diferentes comunidades. Tal como se practica hoy en día, la ordenación conjunta hace caso omiso, en gran medida, de dichas diferencias. Centrada en la protección forestal para la producción de madera y no en las necesidades de la población, permite que los individuos que dependen del bosque en menor grado obliguen a los miembros de la comunidad cuya dependencia es mayor a abandonar las actividades de extracción inmediata sin facilitarles otras alternativas. Tal desigualdad de las repercusiones está principalmente diferenciada por sexos y, en algunos casos, se llega a excluir casi por completo a la mujer del proceso de toma de decisiones, siendo ella la principal usuaria de los bosques. El consecuente incremento de la desigualdad dentro de la comunidad y entre comunidades y las diferencias por razón de sexo también constituyen una amenaza potencial para la sostenibilidad a largo plazo de la ordenación conjunta de recursos forestales.

Para que este programa represente verdaderamente la ordenación forestal «participativa», es necesario que se pase de la regeneración de la madera mediante la protección comunitaria al desarrollo de alternativas sostenibles para satisfacer las diversas necesidades de productos forestales de los miembros de las instituciones comunitarias que dependen en mayor medida de dichos productos. Para ello es necesario desglosar el tipo de dependencia del bosque en función de la casta, la clase, la tribu y el sexo en el plano comunitario, y crear mecanismos para satisfacer las necesidades básicas inmediatas de los miembros más dependientes a través de intervenciones de ordenación forestal adecuadas. Es necesario poner fin a la marginación de las mujeres estructurando su integración en las instituciones comunitarias como miembros independientes y principales del comité de ordenación, y explicitando sus derechos a los beneficios en las resoluciones de los programas oficiales de ordenación conjunta de recursos forestales.

Bibliografía

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