La mujer rural peruana se encuentra en situación de marginación; no obstante, diferentes entidades públicas y privadas han realizado esfuerzos en su favor en la Sierra, Selva y Costa del Perú.
El sector agrario del Perú se ha visto afectado durante las últimas décadas por una profunda crisis, cuyos efectos se han manifestado con mayor fuerza entre las mujeres.
La situación macroeconómica de los últimos diez años modificó y empobreció las condiciones de vida de la mujer dedicada a las labores agropecuarias. El sector agrario se caracterizó por un estancamiento de la producción, bajos niveles de inversión, reducida productividad, graves procesos de parcelación, descapitalización, deficiente gestión de los recursos y escasas iniciativas gremiales, resultado del debilitamiento de las organizaciones y federaciones campesinas.
A estos factores se sumaron otros fenómenos como los desastres naturales (sequías e inundaciones) que perjudicaron al campesino y empobrecieron el campo. No menos importante fue la violencia armada de grupos terroristas, que en algunas zonas ocasionaron muertes y destruyeron grandes cantidades de bienes, obligando a miles de familias desprovistas de todo recurso a migrar. Gran parte de esta población estaba formada por familias campesinas de la Sierra central y meridional, y entre ellas se contaban numerosas mujeres y sus hijos.
El presente estudio inicia con una reseña acerca de la exclusión histórica de la mujer rural, que obedece a ideas que han sido transmitidas de generación en generación. Reflejo de dicha exclusión es el tipo de cobertura que han proporcionado, en los últimos diez años, los servicios de educación y salud destinados a las mujeres rurales. A pesar de la generalización de la educación, no ha sido posible eliminar por completo el analfabetismo femenino, que es producto de restricciones socioculturales y de la falta de programas adaptados a las exigencias de las mujeres adultas y monolingües 1 Esta situación representa uno de los más severos obstáculos para la participación de la mujer en las diferentes instituciones locales y regionales, sobre todo en aquellas que establecen nexos con el resto de la sociedad.
(1 En la Sierra se habla el quechua y el aymará, y en la Selva existen 67 grupos etnolingüisticos.)
Los servicios de salud han sido deficientes, y no han cubierto las necesidades básicas de las mujeres rurales. El elevado índice de mortalidad materna es producto de esta carencia.
El presente informe consta de una introducción y cuatro capítulos. En la introducción se hace referencia al contexto macroeconómica del Perú. Se analizan las políticas gubernamentales a fin de diferenciar los programas de ajuste y de estabilización de los últimos quince años y sus impactos en la sociedad. Se destacan los fenómenos de recesión, hiperinflación, aislamiento de la comunidad financiera internacional, desempleo y reducción de la capacidad adquisitiva de los sueldos y salarios.
Otro factor importante analizado es el medio ambiente, que se considera íntimamente ligado al desenvolvimiento del sector rural. La inestabilidad climática, la mega-diversidad biológica y la fragilidad ecológica son los rasgos más importantes del comportamiento de los climas, suelos y formas de vida. Aunque el Perú es un país de gran riqueza ecológica, los procesos de degradación del medio ambiente se han hecho patentes debido a la quema indiscriminada, la tala de bosques y el sobrepastoreo en zonas altoandinas. La pobreza y la conservación del medio ambiente son una problemática no ajena a la actuación de la mujer; en algunos casos la función de la mujer es de conservación (recursos fitogenéticos o selección de semillas); en otros, su actividad es depredadora (consumo de la leña).
En los últimos años la contribución del sector agrario al PIB (producto interno broto) nacional ha disminuido. En 1965 el aporte de ese sector equivalía al 18 por ciento del PIB, mientras que en 1990 no superaba el 12 por ciento. Las medidas aplicadas por el actual gobierno en el sector agrario han consistido en tres elementos básicos: la eliminación de los controles de los precios de los alimentos, los insumos agropecuarios y las tasas de interés; una reforma comercial y reformas legales e institucionales (siendo la más importante la supresión del Banco Agrario); y la liberación del mercado de tierras.
El sector agrario ha tenido un comportamiento poco dinámico que se advierte en la reducción de la superficie de cultivos programados desde la campaña 1988-89. Se ha registrado un volumen de producción decreciente de los principales cultivos: papa, arroz, maíz amarillo duro, café y caña de azúcar. El impacto de este declive en los ingresos de los agricultores ha sido variable según el tipo de cultivo, la tecnología y la cercanía a los mercados. En su mayoría, los agricultores han visto mermados sus ingresos por la baja de los precios agrícolas y la disminución de la demanda en las ciudades. Esta es por lo tanto una coyuntura de crisis, y la parcelación de las cooperativas constituye su proceso social más importante.
En el primer capitulo de este informe se realiza un examen y evaluación de la situación de la mujer rural en la última década en relación con el empleo, y se indican las características de la participación de la mujer en la cadena agroalimentaria. Entre los principales problemas con que se enfrenta la mujer, el analfabetismo ocupa el primer lugar.
Se analiza el acceso de la mujer a las instancias de decisión de los organismos oficiales, a las carreras profesionales vinculadas al sector agrario, y su participación en las organizaciones campesinas. La mujer ha avanzado en todos estos niveles pero sin llegar a alcanzar un grado de participación óptima.
La pobreza de la población rural sigue siendo un factor estructural del panorama social del país. El 87 por ciento de las familias rurales no logra satisfacer sus necesidades básicas, mientras que el 57 por ciento, según datos de 1984, vive en condiciones de miseria. El 85 por ciento de los hogares dirigidos por mujeres en la zona rural no logra satisfacer sus necesidades básicas, mientras que el 48 por ciento vive en condiciones de miseria.
La desigualdad en el acceso a los recursos productivos, como el crédito, la tenencia de la tierra, el agua y la tecnología, constituye ano una realidad para la mujer rural. Quizás donde más se ha avanzado es en los servicios de extensión, debido a proyectos especiales del sector agrícola como el Programa Nacional de Manejo de Cuencas (PRONAMACHS), el de Fomento de la Transferencia de Tecnología a las Comunidades Campesinas de la Sierra (FEAS), a proyectos del Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA) y a proyectos e instituciones de cobertura nacional que cuentan entre sus beneficiarios a las mujeres.
Respecto a las características de la participación de la mujer en la producción agropecuaria, cabe diferenciar a las mujeres de la Costa de las de la Sierra y la Selva. En la Costa se pueden identificar tres grupos de mujeres rurales: las conductoras directas de su parcela, las esposas de pequeños agricultores, y las trabajadoras agrícolas estacionales vinculadas a la producción o transformación de alimentos (como en el caso de la producción de espárragos). El comportamiento de estos grupos depende de la magnitud de los recursos de la familia y de la distribución de los beneficios entre sus miembros. En la Sierra, la mujer campesina participa plenamente en todas las tareas del ciclo agrícola y está especializada en labores delicadas, como la selección de la semilla, contribuyendo a mantener la biodiversidad de los cultivos en la siembra, en las labores posteriores a ésta y en la cosecha. Interviene además en la cría de animales mayores, como la alpaca o el ganado vacuno, y es responsable de la cría de los animales menores. En la Selva, cabe distinguir a la mujer indígena de la campesina ribereña y de la mujer campesina colonia de la Selva alta.
La mujer trabaja asimismo en el sector pesquero artesanal, en actividades de extracción, transformación, procesamiento y comercialización en 78 puertos y caletas del litoral.
En el segundo capítulo se evalúan los programas estatales y no gubernamentales en apoyo a la mujer rural. Los programas y proyectos del sector público no son muy numerosos; entre ellos figuran la Red Nacional de Cooperación Técnica de Instituciones y Organismos de Apoyo a la Mujer Rural y la Asociación de Cooperación de la Mujer Campesina (ACOMUC). En cuanto a la cooperación privada, las organizaciones no gubernamentales (ONG) proporcionan una mayor diversidad de programas e iniciativas con la participación de numerosas instituciones, pero su alcance es generalmente reducido. Entre 1988 y 1991 el número de ONG que trabajaban en el sector rural ha disminuido de 116 a 76.
Entre los objetivos de las ONG «rurales» está en primer lugar el fortalecimiento de la gestión de organizaciones de mujeres y la difusión y defensa de los derechos de la mujer; en segundo lugar, el desarrollo rural (uso eficiente de los recursos, productividad, agroforestería); en tercer lugar, la generación de ingresos, y en cuarto lugar, los proyectos de orden cultural.
El decenio de 1980 marcó cambios importantes en los tipos de proyectos destinados a la mujer: se fue asumiendo progresivamente una perspectiva de género en los proyectos. Los beneficiarios eran principalmente grupos de mujeres de comunidades campesinas de la Sierra.
Entre los proyectos y programas más importantes de las ONG figura la Red Nacional Mujer Rural del Centro de la Mujer Peruana «Flora Tristán»; el proyecto de participación de la mujer rural en el proceso de transferencia tecnológica, de la Organización Nacional Agraria; la experiencia «Perú Mujer» en Chinchero (Cusco), y las alternativas tecnológicas de procesamiento de alimentos en áreas rurales del Grupo de Desarrollo de Tecnologías Intermedias.
En el tercer capítulo se examina la cooperación internacional en materia de programas y proyectos que se financiaron durante los últimos años en el Perú, y se destaca la necesidad de que los proyectos de cooperación beneficien sobre todo a las mujeres rurales.
En el cuarto capitulo se presentan los objetivos estratégicos que dimanan de los acuerdos de Nairobi y los avances realizados en el Perú en la última década. Se hacen propuestas sobre la generación y transferencia de tecnología; acceso a los recursos productivos (tierra, agua, crédito y comercialización); capacitación, investigación, sistematización e información; y acceso a los servicios sociales, educación y salud, y desarrollo institucional.
Para llevar a cabo estas acciones, los recursos financieros que se necesitan para sacar a la mujer rural de su situación de exclusión y marginación han de aumentar tanto en cantidad como en calidad, y los programas de extensión han de tener una más amplia cobertura territorial.