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Capítulo IV. División del trabajo por género


Capítulo IV. División del trabajo por género

Hombres y mujeres comparten responsabilidades en el área rural. Esto es practicado en diferentes niveles y en algunas actividades más que en otras. Las actividades son compartidas, principalmente, en la producción agropecuaria. Es así que podemos observar a hombres y mujeres totalmente atareados en la siembra, desde mediados de septiembre a mediados de noviembre; en la cosecha, de abril a junio; cada uno con sus roles y responsabilidades específicos.

Sin embargo, durante los meses no dedicados intensamente a la agricultura, cuando algunos hombres migran hacia el valle o, sobre todo, hacia las ciudades para complementar la economía familiar, las mujeres dedican mayor tiempo a sus ganados y a las actividades artesanales: producción textil, a veces con fines comerciales.

Si el esposo permanece en la comunidad durante la época de lluvias por ejemplo, tejen los ch'ulos (prenda masculina), las mujeres se dedican al hilado de lana y al tejido de awayos.

"Siempre trabajamos ambos, como ahora, mientras yo estoy en la reunión mi esposo está pastando las ovejas" (comunaria de Qampaku).

La injerencia del hombre en las actividades femeninas como el pastoreo de ovejas, puede darse en determinadas situaciones, por ejemplo, cuando la mujer está enferma o debe ausentarse. Es excepcional que el hombre la reemplace en sus menesteres para que ella asista a cursos de capacitación o a reuniones. De todas formas, existe cierta flexibilidad para la alternancia de roles.

Menos flexibilidad, por su propia estructura y función, encontramos en los ritos, en este caso, asociados a la producción agrícola donde hombres y mujeres realizan actividades específicas con significados relacionados con la tierra (femenino) y con los cerros (masculino). Por ejemplo, cuando se presenta el granizo, hombres y mujeres participan en los ritos para ahuyentar el mal. El esposo se ocupa de hacer reventar la dinamita, la esposa sahuma con hierbas, retama, molle y semillas de ají. Ambos también rezan cubiertos con "luto" (cubrirse la cabeza con una tela negra como los deudos en un velorio) hasta ahuyentar este fenómeno natural tan dañino para la producción agrícola.

Otro rito donde participan ambos para mejorar y proteger sus cultivos, se realiza el 20 de enero, fecha dedicada a San Sebastián, muy "milagroso" y "malo" a la vez, tal como lo expresan los comunarios.

"Muchas veces este santo envía granizos y heladas a la comunidad, por esta razón realizamos una costumbre llamada jark'a de la granizada (atajo de granizada). La costumbre consiste en que este día nadie debe trabajar en actividades relacionadas a la tierra (pachamama). Todos, hombres y mujeres, nos reunimos en la casa comunal a partir de las 10 de la mañana. Una ve; reunidos en la casa comunal ch'allamos en honor de las montañas o cerros que tienen diferentes nombres, al mismo tiempo preparamos en chuwas (platos de madera) harina de maíz con molles y q'uwa, además de la grasa de llama; toda esta preparación se hace con el fin de ofrecer a los cerros; estos cerros están bajo el control del santo, son como sus representantes" (autoridad masculina de la Comunidad Jarana Baja)

Por otra parte, las mujeres preparan la kanka, carne cocida de oveja sin sal y mote. Al atardecer, la autoridad sirve a los asistentes en la casa comunal el mote y la carne cocida. Esta debe consumirse sin romper los huesos porque éstos deben agregarse a las chuwas preparadas para ofrecer a los cerros por medio de la autoridad natural y una comisión conformada solo por hombres. Esta misma ofrenda hacen las mujeres a la tierra, en las chacras o en las orillas de las quchas. Sólo van las mujeres en grupo. Esta ceremonia es una invocación y un agradecimiento a la tierra (femenina) y a los cerros (masculino); así se sentirá satisfecho el santo y no enviará más granizo.

La realización de estos ritos "confiere al hombre andino una confianza saludable en el buen éxito de un trabajo azaroso en una ecología difícil. Sin estas técnicas autopoiéticas sería difícil enfrentar el riesgo y la incertidumbre, tanto de la variedad como del clima." (Medina 1995:7).

"El ritual de producción expresa y estimula la sensibilidad del hombre andino hacia la dimensión mistérica de la existencia y de los fenómenos de fertilidad, vida y muerte" (ibíd.) Por la trascendencia de estos ritos, los roles no son intercambiables, pero si el esposo está ausente, la mujer debe participar en las funciones atribuidas a su sexo y otros hombres se encargarán del rito con los cerros.

Los roles del hombre y de la mujer varían de acuerdo al calendario agrícola que establece épocas con mayor o menor requerimiento de mano de obra. Estos roles son complementarios en la familia y en la comunidad. Pero, cuando migran los hombres temporalmente, las mujeres asumen los roles de jefes de familia no sólo en el hogar sino en las actividades agrícolas y, en algunos casos, ejercen como "autoridad" dentro de su comunidad en reemplazo del esposo.

La administración de la economía familiar a pesar de los escasos ingresos económicos, generalmente, es compartida entre la mujer y el hombre; pero como la mujer es quien permanece de manera estable en la comunidad, es ella quien se va haciendo cargo más plenamente. La administración económica del conjunto de recursos agrícolas, pecuarios, artesanales y de recolección hace que sean las defensoras de todos estos recursos y que realicen sus actividades de manera integral, fortaleciendo las redes de sobrevivencia económica y cultural.

No obstante esta participación conjunta para elaborar y administrar las estrategias de sobrevivencia, las mujeres no siempre están representadas en los niveles públicos de toma de decisiones; por esta razón, la palabra de la mujer, su aporte cultural, social y económico requiere ser validado e incorporado en los niveles públicos.

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