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Funciones e importancia para el desarrollo


Foto 6. Cuneta vegetalizada con Leucaena leucocephala en Cabo Verde. (© Bellefontaine/Cirad)

Los árboles fuera del bosque son esencialmente árboles con funciones y usos múltiples; que son un reflejo de la sociedad mejor que los árboles forestales. Sus funciones productivas, ecológicas y culturales son también determinantes. Dan lugar a funciones sociales, económicas y ambientales, que contribuyen a la subsistencia y a los ingresos familiares, participan en el funcionamiento de las economías nacionales e internacionales y favorecen la conservación y sostenibilidad de los recursos arbóreos. Examinar su lugar en las estrategias de ingresos de los campesinos, su valor en la constitución de los indicadores económicos y de mercado, y sus efectos en la conservación de los ecosistemas, representa un desafío y una innovación en el enfoque de las cuestiones forestales.

Recurso con usos y servicios múltiples

Aunque todos los árboles se caracterizan por sus múltiples usos potenciales, estos últimos son más evidentes para los árboles fuera del bosque. La diversidad de utilizaciones y la variedad de servicios ofrecidos crean entre el hombre y este recurso una interrelación permanente y cotidiana, que se expresa tanto en las estrategias de producción como en las de investigación y movilización de los medios de existencia.

Los árboles fuera del bosque son a veces espontáneos, en otros casos plantados, generalmente cultivados y conservados. Las especies pueden ser exóticas o procedentes de domesticación y selección por las poblaciones locales (Recuadro 5).

Mientras que en los países industrializados las principales razones aducidas por los agricultores para conservar los árboles en sus campos son el papel de sombra y abrigo, protección del suelo y mejora del medio ambiente rural y paisajístico (Auclair et al., 2000), en los países en desarrollo, las poblaciones favorecen, seleccionan y plantan sobre todo las especies que pueden proporcionarles productos y servicios varios. La tierra, el trabajo y el capital son gestionados entonces de forma óptima (Arnold, 1996). Así, por ejemplo, la palmera babaçu en el norte de Brasil ha sido integrada, desde hace mucho tiempo, en el sistema de agricultura migratoria (May et al., citado por Arnold, 1996). En las islas Vanuatu, los árboles son fuertemente protegidos desde que disminuye la diversidad biológica (Walter, 1996). Cuando las especies son poco numerosas o raras, la población tiende a recurrir a toda la gama de productos potenciales, mientras que en un medio ambiente diversificado, valoriza menos los usos diferentes (ibid.).

Los árboles fuera del bosque representan una fuente alimentaria importante para la población rural. Los parques de neré (Parkia biglobosa) y karité ((Vitellaria aradoxa) perduran, entre otras cosas, por los alimentos obtenidos a partir de las vainas y nueces, como condimentos o mantequilla. El consumo de mantequilla de karité se estima en unos 10 kilos por persona y año en África Occidental (Boffa, 2000b). En Irak, sin hablar de su papel de sombra y de protección de los cultivos, las palmeras datileras son apreciadas por sus frutos. En el África subsahariana y saheliana, el pericarpio del fruto de la palmera doum (Hyphaene thebaica) y de Boscia senegalensis proporciona, después de triturado, una harina que sustituye a los cereales en períodos de escasez (Bernus, 1980). Los árboles fuera del bosque han adquirido también la designación de árboles nutritivos (Bergeret y Ribot, 1990) (Recuadro 6), denominación significativa para las poblaciones sin tierra y que se aprovechan de los productos de los árboles que están a su alcance. Las mujeres, primeras interesadas en la recogida de estos productos, saben constituir reservas de hojas y frutos y efectuar las transformaciones para su conservación con el fin de alimentar a la familia a lo largo de todo el año. Asimismo, un estudio efectuado en Java ha mostrado que el 60 por ciento de la alimentación familiar proviene de los huertos caseros, donde los árboles desempeñan un papel esencial (FAO, 1989); estos huertos son, en general, gestionados por las mujeres.

Recuadro 5 .

Selección de especies locales o exóticas

La mayoría de las 40 a 50 especies leñosas cultivadas en Tanzania en los huertos caseros son indígenas (Banana et al., 1999). A veces, en otros países, las especies exóticas dominan, como en Kenia, donde, se plantan muy pocas especies locales para la producción de madera (10 por ciento del total). La diversidad de especies exóticas depende, la mayoría de las veces, del número de especies propuestas por los servicios agrícolas y forestales, y corresponde al abanico de especies cuyo crecimiento en vivero se domina. En Burundi, las especies exóticas predominan tanto en las explotaciones agrícolas (Eucalyptus, Grevillea) como en las pantallas de abrigo y cortavientos en zonas de pastizales. En Uganda, los árboles forrajeros más corrientes son Leucaena leococephala y Sesbania sesban (ibid.). En Mauritania, Prosopis juliflora sirve para detener el avance de las dunas alrededor de los oasis amenazados por el enarenamiento (Selme, 1999).

 

Recuadro 6 .

Diversidad de los productos del boraso

El boraso (Borassus aethiopum) es un árbol del que se dice que no tiene desperdicio; todos los órganos se utilizan. Se consume el hueso y el mesocarpo del fruto. La jalea de los frutos inmaduros es excelente y la cocción de las raíces es refrescante para los recién nacidos. Las plántulas se preparan como legumbres. La savia sirve para la fabricación de vino. El tronco suministra una de las mejores maderas. Las hojas son buenas para setos y techumbres. Los peciolos se utilizan como combustible y para fabricar muebles. Los nervios de las hojas y las raíces son ideales para trenzar esteras, redes, cuerdas y cestas. La cáscara de las semillas se emplea en la artesanía. Las yemas apicales permiten atar las gavillas de mijo y sorgo. Las flores masculinas constituyen un excelente forraje y, mezcladas con mantequilla de karité, curan las irritaciones de la piel.

Además de una cierta contribución a la seguridad alimentaria, los productos de los árboles fuera del bosque ayudan al equilibrio nutricional, a la diversidad de los regímenes alimentarios y a la salud. Los frutos del tamarindo (Tamarindus indica son particularmente ricos en vitamina C; las hojas de baobab (Adansonia digitata) consumidas en fresco o secas, y sus semillas, son fuentes de proteínas, vitaminas A, B y C, calcio, fósforo y hierro (Boffa, 2000a). Scoones et al. (1992) subrayan la importancia de los productos comestibles procedentes de los bosques o de los sistemas agroforestales complejos, pudiéndose comprobar que el aporte de los árboles fuera del bosque es cuantitativamente más elevado que el que puede proporcionar el bosque. Todos estos productos pueden ser un simple tentempié en el trabajo o en los desplazamientos (Ogle y Grivetti, 1985), o ser consumidos cuando hay penurias alimentarias, como el fruto del baobab (FAO, 1992), o incluso constituir la base de la alimentación, como los frutos del pan (Artocarpus altilis o la castaña de Tahití (Inocarpus fagiger) (Walter, 1996). Los árboles fuera del bosque constituyen el origen de medicamentos, y sus productos (hojas, raíces, cortezas, etc.) sirven para la fabricación de remedios de uso medicinal y veterinario (Recuadro 7).

Los árboles fuera del bosque, por el forraje que producen, son una verdadera fuente alimentaria para el ganado. Aunque son relativamente poco solicitados en las regiones húmedas, excepto en las zonas urbanas y periurbanas de los países en desarrollo, son por el contrario un factor clave de supervivencia en las regiones semiáridas y áridas. El ganado, en muchas regiones, debe su buen estado o su supervivencia al consumo de hojas o frutos de especies leñosas para completar y equilibrar la ración diaria de forraje. Los árboles son los únicos abastecedores de forraje verde en períodos denominados de "empalme", hasta que vuelven las lluvias. Además, los árboles forrajeros pueden conservarse o plantarse en las proximidades del hábitat cuando los ganaderos no pueden acceder a ciertos pastos comunales, o bien cuando falta mano de obra para conducir el ganado.

Recuadro 7 .

Farmacopea procedente de los árboles

En las poblaciones pastoriles peules de África, el término lekki designa tanto el árbol como los "medicamentos". Este doble sentido revela la importancia de los árboles en la fabricación de remedios. Todas las partes del árbol son utilizables: hojas, raíces, corteza, etc. A menudo, la recogida de uno u otro elemento debe hacerse en momentos precisos del día. Esta tarea se encomienda a una persona poseedora de conocimientos botánicos y mágicos. Asimismo, las poblaciones del África subsahariana conocen las numerosas propiedades medicinales del neré: la corteza trata las enfermedades infecciosas y las molestias de digestión, las hojas curan las heridas y las enfermedades de piel, las raíces se usan en el tratamiento de la epilepsia y la pulpa es un febrífugo (Boffa, 2000b; Arbonnier, 2000).

Los árboles fuera del bosque desempeñan también otras funciones para el ganado: ofrecen condiciones de bienestar y protección a los animales, como Pinus radiata en cortavientos en las regiones ganaderas de Nueva Zelanda, Samanea saman o Albizia que dan sombra en las regiones tropicales subhúmedas, o las dobles filas de hayas (Fagus sylvatica) en los taludes de Normandía (Francia). Cuando se trata de plantaciones de setos a base de plantas frondosas o espinosas, sirven para delimitar los espacios y para reglamentar el acceso y los movimientos de los rebaños. Se puede citar las euforbias tóxicas (Euphorbia tirucalli, E. balsamifera), Gliricidia sepium en Indonesia que, plantadas con los tallos muy apretados, forman una valla viva cuyos productos de poda son forrajeros, los Hibiscus tiliaceus en Vanuatu, cuyas hojas se dejan a los bovinos, y el majuelo (Crataegus oxyacantha) en Europa que, podado, constituye un seto impenetrable.


Foto 7. Cría de bovinos bajo cocoteros en Vanuatu. (© Toutain/Cirad)

Los árboles fuera del bosque desempeñan igualmente un papel crucial para el medio ambiente. Sirven para señalar el territorio, primera etapa hacia la apropiación, delimitan las propiedades, adornan los barrios residenciales y dan sombra providencial a los hombres y animales que viven en las regiones cálidas. Por otra parte, la sombra es beneficiosa para la producción de café, cacao y té en ciertos sistemas agroforestales, Así, Cordia aliodora y Erythrina poeppigiana atenúan la acción del sol en las plantaciones de café de América latina. En los paisajes áridos, al señalar el horizonte, los árboles fuera del bosque sirven de mojones y permiten orientarse a los pueblos nómadas. Así, en los países de los tuareg, la mayoría de los topónimos hacen referencia al árbol (Bernus, 1980).

Los árboles fuera del bosque están cargados de valores simbólicos y culturales, a veces religiosos. Están presentes en muchos aspectos de la cultura: la lengua, la historia, el arte, la religión, la medicina, la política, etc. El folklore, los cuentos y los proverbios revelan igualmente la importancia simbólica de los árboles en el pensamiento (Calame-Griaule, 1980 y Kaboré, 1987, citados por Boffa, 2000b). Son denominados a veces "árboles notables" cuando están aislados, en particular cuando, por su edad avanzada, han adquirido un diámetro y un porte sorprendentes y forman parte de la historia del lugar3 . Watkins (1998) ha mostrado cómo son apreciados en Gran Bretaña por su belleza, su carácter solemne y su misterio.

Esta enumeración podría proseguirse; tan diversos son los servicios y productos ofrecidos por el árbol, como el suministro de madera como recurso energético, materia prima para la artesanía, materia a transformar en mangos de herramientas y mobiliario o a utilizar para vivienda y abrigo. Más de un millón de personas viven en casas de bambú4 o en las que el bambú es un elemento clave de la estructura, de su revestimiento o de la techumbre (Kumar y Sastry, 1999). Señalemos igualmente la explotación de productos (resina, látex, goma arábiga) o incluso la extracción de aceites esenciales y la fabricación de productos cosméticos. Un mismo árbol cumple con frecuencia varias funciones y es raro que una especie sea conservada para un solo uso o un solo producto. Todas las partes del árbol son fuente de productos de utilizaciones variadas.

Recurso con productos económicamente subestimados

El árbol fuera del bosque, fuente de productos consumidos directamente o transformados por las familias rurales, de rentas dinerarias regulares, como la comercialización de la madera para energía, o de ingresos excepcionales, como la venta de troncos, representa un valor comercial real. De forma general, los productos son en gran parte de autoconsumo, y su venta en pequeña escala puede ser esencial para los campesinos de pocos recursos (Arnold, 1996), pues entran poco o nada en cadenas de producción y mercados formales. La participación de los árboles fuera del bosque en la constitución de las rentas familiares es, pues, difícil de evaluar. Por tanto, es arriesgado pronunciarse sobre la producción, consumo, valor y rentabilidad económicas de los productos de los árboles fuera del bosque a nivel local, porque el precio de un producto tiene parcialmente en cuenta su valor, ya que raramente integra los costes de producción y de mano de obra.

Si es difícil apreciar la contribución económica de los árboles fuera del bosque a escala local, la evaluación es todavía más compleja, a fortiori en los niveles nacional e internacional. Las estadísticas no mencionan los productos leñosos y no leñosos fuera del bosque, salvo si son objeto de transacciones comerciales oficiales, nacionales o de exportación. Incluso en este caso, no se ha efectuado la diferenciación entre producción forestal o no forestal. Es el caso de la goma arábiga, el karité, el cacao, el café, el tanino, etc., de los que una parte proviene de pequeñas explotaciones que están sometidas a las fluctuaciones económicas mundiales. Si bien las cadenas de producción y las cantidades producidas son con frecuencia relativamente bien conocidas, las dinámicas del sistema de producción y del recurso son poco comprendidas o lo son de forma separada. El desconocimiento de la importancia económica de los árboles fuera del bosque hace de ellos un recurso oculto5 . Sin embargo, se puede obtener una imagen de la importancia económica de este recurso procediendo al examen de las ventajas proporcionadas a través de los productos forestales leñosos y de los no leñosos.

Productos leñosos

Madera para energía

En los países en desarrollo, la madera sigue siendo la fuente de energía más utilizada (Recuadro 8), representando los combustibles leñosos el 81 por ciento de la madera aprovechada. En África, Asia y América Latina representa, respectivamente, el 91, 82 y 70 por ciento (FAO, 1999a). A título de ejemplo, una familia de seis personas en Mozambique consume como media anual 7 m3 de leña. En este país, el consumo total de madera para energía se ha estimado, en 1985, en 18 millones de metros cúbicos para una población de 17 millones de habitantes (Saket, 1998). Ahora que la población se calcula en unos 18 millones de personas, se estima que el consumo ha pasado a 20 millones de metros cúbicos. La participación de las energías tradicionales (esencialmente la madera para energía) equivale solamente al 7 por ciento del consumo energético en los países industrializados (FAO, 1998a). En Finlandia, esta cifra se eleva al 17 por ciento aproximadamente (FAO, 1999a).

Recuadro 8 .

Los árboles fuera del bosque y la producción de madera para energía

En la zona Asia-Pacífico, la madera para energía, esencialmente utilizada para cocinar y más raramente para calentarse, es la fuente energética básica para más de dos mil millones de personas. La leña de origen no forestal cubre los dos tercios de la demanda (FAO, 1998a). Jensen (1995) da unos valores relativos de consumo de madera para energía de origen no forestal del 50 por ciento para Tailandia y comprendidos entre el 75 y el 85 por ciento en Vietnam, Pakistán, Sri Lanka, Filipinas y Java (Indonesia). En Bangladesh, el 90 por ciento de la leña proviene de huertos con bosque (Torquebiau, 1992). Un estudio realizado en el estado de Gujarat (India) ha demostrado que multiplicando la densidad por dos y reduciendo el turno de 10 a 7 años, la productividad de los bosquetes campesinos de Casuarina equisetifolia podía pasar de 4,1 a 11,8 m3 por hectárea y año (Verma, 1988). En el Sahel, los combustibles leñosos representan el 90 por ciento como media de la energía total consumida (Minville, 1999) y provienen de los campos y los espacios forestales. En Francia, un kilómetro de seto tratado en monte bajo lineal produce de 8 a 15 estéreos de leña al año, o sea el equivalente energético de 1.500 a 2.500 litros de fuel (Schmutz et al., 1996).

Muy pocos estudios hacen un balance global de la producción de madera para energía a partir de macizos boscosos y de los árboles fuera del bosque, y raros son los que detallan las diferentes procedencias. Los sistemas agroforestales (Recuadro 9) constituyen, no obstante, una fuente interesante de madera para energía por su proximidad y por su gestión poco intensiva. Los huertos, aunque no sea su objetivo principal, producen igualmente leña, de forma a veces notable en los países en desarrollo. En Marruecos, los cuidados sanitarios, el rejuvenecimiento y la reposición de olivares producen generalmente de 0,8 a 1,5 m3 por hectárea y año de combustible leñoso según la zona climática (M'Hirit y Et-Tobi, 2000).

Recuadro 9 .

Sistemas agroforestales y producción de madera para energía

En Asia, los sistemas agroforestales son cruciales para el aprovisionamiento de madera para energía. En Java, en el este de la isla, el 63 por ciento de esta energía proviene de dichos sistemas; en el centro de la isla del 49 al 81 por ciento (Ben Salem y van Nao, 1981). En América central, árboles como el laurel (Cordia alliodora), famosos por dar sombra a los cafetales y a los árboles del cacao, pueden suministrar madera para energía (y madera de construcción) en su turno total, que va de diez a quince años (Somarriba, 1990). En Paraguay, Evans y Rembold (1948) han estimado la productividad de bosquetes de paraíso (Melia azedarach var. Gigante) en 110 m3 de leña por hectárea en 15 años, además de la obtención de estacas y postes. En Sudán, los sistemas de barbechos forestales con Acacia senegal, con vistas esencialmente a la producción de goma arábiga, contribuyen igualmente a ello (Ben Salam y van Nao, 1981). En Malí, los parques de Parkia biglobosa, además de su producción frutal, pueden generar de 0,15 a 2 m3 de leña por hectárea y año (Bagnoud et al.,1995). En Níger, en el marco del Plan rector de aprovisionamiento de Niamey, las planicies forestales de combretáceas (2.600.158 hectáreas) tienen una productividad anual forestal de cerca de 300.000 toneladas; las tierras agrícolas no forestales (unos 4 millones de hectáreas) producen anualmente cerca de 188.000 toneladas de leña, o sea un aporte suplementario de más del 60 por ciento (Ichaou, 1993).

De la forma más inesperada, los árboles fuera del bosque son considerados como recurso de madera para energía en el contexto de la silvicultura urbana. En las zonas tropicales, en pequeños núcleos urbanos de Asia y África, una proporción nada despreciable de madera se recoge en las ciudades (Kuchelmeister, 2000). En los países industrializados, y especialmente en América del Norte, aunque la silvicultura urbana está bien desarrollada, se constata una subexplotación de los residuos de poda de los árboles. Un estudio en los Estados Unidos ha demostrado que solamente se utiliza el 6 por ciento de los 13,5 millones de metros cúbicos de residuos leñosos urbanos (el 3 por ciento se vende como leña y el 3 por ciento se quema para energía), no teniendo el resto ninguna utilización directa (Whittier et al., 1995a,b). En ciertas regiones de sabana o bosques claros de países en desarrollo, se han propuesto hace poco centrales energéticas de madera. En diversos países, como Nicaragua, se han creado unidades que utilizan la bioenergía procedente de residuos vegetales, o que alternan la leña y el bagazo por ejemplo. Estas fuentes de energía renovables constituyen una alternativa a los combustibles sólidos. Los árboles fuera del bosque plantados por los agricultores, situados en la proximidad de estas centrales energéticas, encontrarán sin ninguna duda mercados remuneradores.

Madera de uso doméstico y madera de construcción

Los árboles fuera del bosque son muchas veces utilizados como madera de uso doméstico para la fabricación de tablas, estacas, postes y piquetes destinados a la construcción (armaduras, techumbres, mobiliario y marcos de puertas) y a la fabricación de cercas y de medios de transporte (carretillas, carretas). Son igualmente empleados en la artesanía local. Es el caso, por ejemplo, de la madera de Faidherbia albida y de Sclerocarya birrea en Malí. La palmera pejibaye (Bactris gasipaes) en América tropical la compran los entarimadores (Clément, 1989).

La madera de construcción no es la primera vocación de los árboles fuera del bosque, con algunas excepciones. Sin embargo, las cantidades pueden ser importantes: hasta el 70 por ciento de la oferta de madera de construcción y de madera industrial en Sri Lanka, entre el 84 y el 95 por ciento en el Estado de Kerala (India (Krishnankutty, 1990), citado por Mohan Kumar et al., 1994; Sharma, 2000). Beer et al. (2000) señalan, en América central, una productividad potencial de madera para aserrar de 21,8 millones de metros cúbicos anuales si los productos leñosos de las plantaciones de sombra y otros sistemas silvopastorales fueran explotados eficientemente. También existen asociaciones entre industrias forestales y pequeñas explotaciones agrícolas para la producción de madera de construcción o de uso doméstico. Citemos, por ejemplo, la Wimco Ltd., industria productora de cerillas en el norte de la India, que ha fomentado la agrosilvicultura en la región (Newman, 1997), o el caso de los pequeños productores de Kwazulu-Natal (Sudáfrica), sostenidos por empresas productoras de pasta de papel (Arnol, 1998).

Productos no leñosos

Los productos forestales no leñosos de los árboles fuera del bosque provienen tanto de especies no forestales (huertos, sistemas agroforestales) como de especies forestales. Los productos no leñosos de estas últimas son designados como "productos forestales no leñosos"6 . A medida que los recursos forestales disminuyen y aumentan las necesidades en ciertos productos no leñosos, los árboles fuera del bosque satisfacen cada vez más la demanda. En ciertos casos, su rendimiento puede ser superior al de los bosques (Boffa, 2000b) y las rentas generadas más elevadas que las obtenidas por la explotación de madera de construcción (Peters et al., 1989). Esta afirmación ha impulsado a los científicos a redescubrir, a principio de los años 90, la importancia de los productos diferentes de la madera, especialmente los "alicamentos", o alimentos naturales que poseen propiedades terapéuticas que pueden frenar o evitar el desarrollo de ciertas patologías. Estos productos, objeto de un comercio informal importante, son muy valiosos, por su interés social y económico. Su demanda no puede más que progresar debido al crecimiento de la población mundial y a la investigación en ese campo.

Los productos forestales no leñosos figuran entre las mercancías de intercambio más antiguas: en el año 2000 antes de J.C., los egipcios importaban la goma arábiga del Sudán para alimentación, pinturas, colas y procedimientos de momificación (Seif el Din y Zarroug, 1996). En las regiones templadas, desde hace más de 2.000 años, se ha explotado la resina de los pinos (Vantomme, 1998, citado por Taylor, 1999). El comercio del aceite de madera de sándalo se remonta al siglo XII (FAO, 1995b).


Foto 8. Parque agroforestal de Faidherbia albida en Burkina Faso.(© Depommier/Cirad)

Recuadro 10 .

Comercialización de productos forestales no leñosos en Camerún

En ciertos mercados de la zona de bosque húmedo de Camerún, el Centro de investigación forestal internacional realizó en 1995-1996 un estudio sobre los productos forestales no leñosos. Los comerciantes, sobre todo mujeres, designan un(a) responsable encargado(a) de la organización del mercado, de la aplicación de los reglamentos locales y oficiales y de la coordinación de los mecanismos de crédito no institucionalizados, como las "tontines". Nueve productos de uso alimentario o medicinal, procedentes de ocho especies (Garcinia kola, Garcinia lucida, Elaeis guineensis, Gnetum spp., Cola spp., Irvingia spp., Ricinodendron heudelotii, Dacryodes edulis) y que representaban el 95 por ciento de los productos comercializados, fueron seguidos durante 16 semanas respecto a los frutos de D. edulis y 29 semanas para los otros productos. El beneficio semanal medio por persona se ha estimado en 8.200 FCFA8 , teniendo en cuenta que el salario mensual de un obrero en la ciudad era entonces de 6.500 FCFA (Ruiz Pérez et al., 1999).

Los productos forestales no leñosos son tan esenciales para las economías de los países industrializados como para las de los países en transición o en desarrollo. Sólo en las regiones del noroeste de los Estados Unidos que bordean el Pacífico, el comercio de estos productos (plantas ornamentales, setas y otros productos comestibles, y plantas medicinales) se cifra en un mínimo de 200 millones de dólares EUA anuales (Hansis, 1998, citado por Taylor, 1999). En la República checa, en el período 1994-1996, el valor medio anual de los productos forestales no leñosos recogidos en verano fue del orden de 2,7 mil millones de coronas7 , o sea un cuarto o un tercio de las ventas de madera de construcción que, en esos mismos años, oscilaron entre 9 y 12 mil millones de coronas (Olmos, 1999). Las exportaciones de brotes de bambú comestibles proporcionan a China 130 millones de dólares EUA anuales (Kumar y Sastry, 1999).

Una de las claves del éxito de los productos forestales no leñosos es el valor añadido al recurso por su transformación in situ para conservarlos, reducir las pérdidas después de la recolección y llegar a mercados alejados. Estos productos son importantes para la población que tiene poco o ningún acceso a los factores de producción y a los recursos. Los grupos minoritarios o las mujeres los recolectan juiciosamente, los conservan y los transforman con fines de subsistencia y comercio (Recuadro 10). En África Occidental, la comercialización de los productos forestales no leñosos es ante todo una actividad de las mujeres, que puede representar, como en Gambia, el 50 por ciento de sus ingresos frente al 25 por ciento de los de los hombres (Boffa, 2000a).

Cuadro 2. Los árboles fuera del bosque, fuente de productos forestales no leñosos muy diversos

Órganos del árbol

Ejemplos de productos

Sistemas de producción

Ejemplos de utilización

Frutos y semillas

Frutos suculentos o secos, semillas (café, karité)

Huertos con frutales, huertos caseros, parques arbóreos

Alimentación humana, cosmética, farmacopea

Hojas

Forrajes animales, condimentos, medicamentos

Sistemas agrosilvopastorales

Alimentación animal, uso alimentario y medicinal

Troncos y cortezas

Caucho, goma arábiga, resina, tanino, fibras Corcho, productos de corteza, aceites esenciales

Plantaciones, huertos caseros, parques arbóreos Sistemas agrosilvopastorales

Industria del neumático, alimentación e industrias agroalimentarias, farmacéuticas, cosméticas, cuero, textiles, pasta de papel Tapones, revestimiento de paredes, aislamiento, derivados farmacéuticos

Flores

Miel, aceites esenciales

Sistemas agrosilvopastorales

Alimentación humana, industria farmacéutica

Savia

Bebidas, zumos

Sistemas agrosilvopastorales

Bebidas alcohólicas

El examen de los productos obtenidos a partir de los órganos del árbol (Cuadro 2) puede dar una idea del valor económico potencial generado por los árboles fuera del bosque, aunque los conocimientos actuales hacen difícil, si no imposible, la distinción del origen forestal, o no, de los productos.

Frutos y semillas

Los frutos y semillas provienen principalmente de huertos (arboricultura) o de sistemas agroforestales. En el primer caso, hay informaciones y estadísticas accesibles, porque la arboricultura frutal depende de los servicios técnicos agrícolas. En el segundo caso, las informaciones son mucho más parciales o puntuales.

Recuadro 11 .

Producción frutal en huertos caseros o del pueblo

El interés por cultivar árboles frutales en los huertos caseros o de aldeas reside ante todo en la mayor proximidad del recurso, que permite una gestión más intensiva, una mayor densidad y una mejor productividad que la obtenida en el bosque. En Pará, Brasil, un estudio sobre la palmera açai (Euterpe oleracea) en las llanuras inundables del estuario amazónico ha demostrado que su productividad frutal pasaba de 7,3-12,2 toneladas por hectárea y año, en bosque secundario, a 13,7-18,2 toneladas por hectárea y año en huertos caseros (Muñiz-Miret et al., 1996). Además, la proximidad de un mercado puede favorecer la venta y valorizar la producción frutera. Es el caso de Cibitong, a 50 km. de Yakarta (Indonesia), donde, desde hace varios decenios, los huertos de los pueblos próximos a la capital son transformados en huertos de frutales diversificados con varias producciones comerciales (Mary y Dury, 1993).

En el huerto, en los países industrializados, los árboles frutales son objeto de una gestión intensiva, al estilo de los cultivos agrícolas, tratados con frecuencia en monocultivo y sometidos a mejoras genéticas. Así, los datos cuantitativos sobre producción, consumo y rendimientos están fácilmente disponibles y son relativamente fiables. En ciertos países en desarrollo, como Perú, la producción frutal está integrada en los sistemas agroforestales o proviene de fincas especializadas para la exportación (Kleinn, 1999). En Brasil, las plantaciones de frutales ocupan 2,3 millones de hectáreas, cubriendo sólo los huertos de cítricos (mandarinas, naranjas, limones) un millón de hectáreas. Este sistema de árboles fuera del bosque proporciona más de cuatro millones de toneladas de productos (frutos y látex) (ibid.).


Foto 9. Campamento peul en un parque agroforestal a base de Balanites aegyptiaca en la región saheliana, en Burkina Faso. (© Faiduti/FAO)

En los sistemas agroforestales, la producción frutal no está organizada en cadenas de producción tan estructuradas como en los sistemas de árboles frutales. En el seno de los tradicionales huertos caseros (Recuadro 11), árboles y arbustos se cultivan en asociación con cultivos agrícolas perennes y anuales y con actividades ganaderas, especialmente de ganado menor. Estos sistemas se encuentran en muchas regiones tropicales, entre las densamente pobladas. Las especies leñosas preferidas son de uso múltiple: hasta dos tercios de las especies utilizadas por los campesinos de Bangladesh son árboles frutales o nutritivos (Mehl, 1991).

En el África sudano-saheliana, los parques agroforestales, caracterizados por la presencia regular y sistemática de los árboles en medio de los campos, proporcionan frutos a las poblaciones rurales. Por árbol adulto y año, la producción de la datilera del desierto (Balanites aegyptiaca) se estima entre 100 y 150 kilos, la del azufaifo (Ziziphus mauritana) entre 80 y 130 kilos y la del tamarindo entre 150 y 200 kilos (Bofa, 2000a). Entre todas las especies, el karité se desmarca claramente. Su productividad media es de 48 a 65 kilos de almendras secas por hectárea y año. Las actividades relacionadas con ella pueden representar del 20 al 60 por ciento de los ingresos de las mujeres en Burkina Faso (ibid.). Además de su utilización como madera de construcción y para energía, su principal riqueza reside en los múltiples usos de sus frutos (Bagnoud et al., 1995): la pulpa se come, con la almendra se hace mantequilla utilizada para la cocción de los alimentos y la fabricación de cosméticos y velas, y sirve incluso para la permeabilización de las paredes de las chozas. Además de los usos locales, las almendras de karité se exportan: anualmente, entre 40.000 y 75.000 toneladas a Europa y de 10.000 a 15.000 toneladas a Japón (Boffa, 2000a). Se destinan a las industrias alimentarias, de cosmética y farmacéuticas. El valor económico (aportación de los árboles en comparación con las pérdidas de producción que ocasionan a los cultivos) de los parques de karité y neré se cifraría entre 4.800 y 10.600 FCFA por hectárea y año (Boffa et al., 1996). Los ingresos de exportación son de difícil apreciación, por falta de datos fiables, lo que va en contra del desarrollo y optimización del recurso.

La cadena de producción del café de los sistemas agroforestales es mejor conocida, porque se inscribe en los intercambios internacionales. Aunque el 85 por ciento del consumo se hace en Europa, Estados Unidos y Japón (Álvarez et al., 1992), la mayor parte de la producción viene de América Latina y el Caribe (FAOSTAT, 1999, citado por FAO, 2000c). En Colombia, en 1996, el café representó el 14,9 por ciento de las exportaciones con un valor de 1,5 mil millones de dólares, contribuyendo así a los 80 mil millones del producto interior bruto. En El Salvador, en 1989, las exportaciones de café representaron el 44 por ciento del valor añadido (en precios constantes) de la economía nacional (Rice y Ward, 1996). El comercio del café genera allí entre 9 y 15 mil millones de dólares, según las campañas y las cotizaciones mundiales, de los que el 40 al 80 por ciento revierte en los pequeños productores (Follin, 1999). Esta producción constituye con frecuencia un eslabón esencial de la economía de estos países.

Esta observación se puede aplicar a otros cultivos perennes, como la palma datilera, el cocotero y el árbol del cacao, que son factores de estructuración social y desarrollo local, elementos motrices de la economía y vectores de integración en el comercio internacional (Cuadro 3). Para los productores a escala local, además de los ingresos, estos cultivos ofrecen la ventaja de garantizar una explotación durante un lapso de tiempo a veces de varias generaciones y en un espacio limitado, del que muchas veces es propietario el mismo agricultor (Follin, 1999). Costa de Marfil cubre cerca del 40 por ciento de la producción total de semillas de cacao (FAOSTAT, 1999, citado por FAO, 2001c). Los cocoteros, que se distinguen por la gran rusticidad del cultivo, suministran a la población local alimentos, bebidas y materiales. El desarrollo de la cadena de producción de la palmera es sostenido porque el aceite de palma esté en la primera fila de los aceites vegetales exportados y, en los años futuros, se situará a la cabeza de la producción mundial sobrepasando al de soja (ibid.).


Foto 10. Árbol podado en el Puy de Dôme, Francia. (© Bellefontaine/Cirad)

Cuadro 3. Recapitulación sobre las cadenos de producción de ciertos cultivos perennes (datos de 1996)

 

Árbol del cacao

Cafeto

Palmera de aceite

Cocotero

Superficies* (millones de hectáreas)

5,8

Arábica: 6,8 Robusta: 4,3

5

11,6

Producción (millones de toneladas

2,5 (cacao comercial)

Arábica: 3,8 Robusta: 1,7

16,1 (aceite de palma)

copra: 5,3 aceite: 3,3

Distribución geográfica

África: 60% Asia:25%

África:18% Asia: 18% América: 15%

Malasia: 52% Indonesia: 28% América: 64%

Asia: 80% (Filipinas, otras: 20% India, Indonesia)

Sistema de producción

Mayoría de pequeños plantadores

80% de pequeñas explotaciones

África: grandes plantaciones sobre todo Asia: plantaciones campesinas incluidas

Organizadas

Limitaciones técnicas principales

Calidad Replantación Enfermedades y plagas

Calidad Enfermedades y plagas

Potencial de producción de ciertas enfermedades y plagas

Variedad Itinerarios técnicos Cultivos asociados Enfermedades

Exportaciones (primeros países)

Costa de Marfil Ghana Indonesia

Brasil Colombia Indonesia

Malasia Indonesia Papua Nueva Guinea

Filipinas Indonesia Malasia (aceite)

Importaciones (primeros países)

Países Bajos Estados Unidos Alemania

Estados Unidos Alemania Japón

Unión Europea China India

Unión Europea Estados Unidos Corea

Fuente: Follin, 1999.
* Las superficies incluyen todas las tierras en conjunto.

Hojas y forrajes

Los pastores de las regiones tropicales viven principalmente de la ganadería y dependen del forraje herbáceo y leñoso. Cuando la hierba falta, el follaje juega un papel alimentario esencial para el ganado. En los países templados, los árboles de los setos desmochados proporcionaban tradicionalmente reservas forrajeras para las cabras en invierno (Bortoli, 1987). En las regiones secas, como en África en las zonas sahelianas y sudano-sahelianas, donde el recurso herbáceo no es suficiente para garantizar una alimentación de calidad conveniente en el conjunto del ciclo anual, las especies leñosas ocupan un gran lugar en la alimentación del ganado. En Malí, las cabras y las ovejas dedican respectivamente el 34 y el 87 por ciento de su tiempo anual de pastoreo a los forrajes leñosos (Dicko y Sangaré, 1981, citado por Cissé, 1985). Estos forrajes se venden en los mercados de las grandes ciudades para alimentar a los animales criados en las concesiones (Recuadro 12). En los sistemas silvopastorales de las sabanas arbustivas sudano-sahelianas, las especies leñosas forrajeras más apreciadas son: Pterocarpus lucens (hasta el 50 por ciento de la alimentación leñosa de los rebaños del noroeste de Burkina Faso), la mayoría de las acacias (Acacia senegal, Acacia seyal, Acacia raddiana, Faidherbia albida), Balanites aegyptiaca, Ziziphus mauritana (Bernard et al., 1995; Bortoli, 1987, Cissé, 1985). Las tres cuartas partes de las 10.000 especies leñosas de África son probablemente utilizadas para el ramoneo (FAO, 1992).

Recuadro 12 .

Los árboles fuera del bosque, fuente de alimentación para el ganado

En las grandes aglomeraciones urbanas de ciertos países en desarrollo, es corriente ver bicicletas fuertemente cargadas de gavillas de forraje, con frecuencia más de 70 kilos, o carretas llenas de forraje leñoso. Una encuesta realizada en Bamako (Malí) muestra que los corderos caseros reciben una ración diaria de forraje arbóreo de 1,8 kilos como media, recogido de Pterocarpus erinaceus y Khaya senegalensis (Anderson et al., 1994). En 1989-1990, más de 1.400 toneladas de forraje fresco de Pterocarpus erinaceus fueron comercializadas en la capital. En Sri Lanka, el follaje de Gliricidia sepium forma parte de los forrajes preferidos transportados para el ganado. Las vainas de las leguminosas forrajeras y otros frutos de árboles son cruciales debido a su alto contenido de materias nitrogenadas o de energía. Las bellotas de encina son un recurso para los cerdos en los países templados y mediterráneos. En las regiones templadas cálidas, se planta la morera (Morus alba) no sólo para la cría del gusano de seda, sino también cada vez más para los rumiantes. La calidad forrajera y la digestibilidad de sus hojas son notables, prometiéndole un gran futuro, tanto en el continente euroasiático como en América Latina (Sánchez, 1999).


Foto 11. Transporte en bicicleta de forraje arbóreo de cailcedrat para la alimentación de corderos caseros en Bamako, Malí. (© Bertrand/Cirad)

Sin embargo, en ciertos casos, este recurso es sobreexplotado: ritmo de poda de ramas demasiado frecuente, heridas por arranque de la corteza que favorecen la entrada de parásitos (Bortoli, 1987; Cissé, 1985) y sobrepastoreo que compromete la regeneración natural de ciertas especies leñosas. Por ello la Cordeauxia edulis, alimentación principal en la estación seca de los rebaños de camellos y cabras de las llanuras centrales de Somalia, está progresivamente en trance de desaparecer (FAO, 1992). Es necesaria una gestión racional de este tipo de sistema. En Asia, los campesinos comienzan a plantar árboles que pueden utilizar, entre otros fines, como recurso forrajero: los árboles plantados al borde de campos inclinados, en el oeste de Nepal, cubren del 41 al 58 por ciento de la demanda de forraje (Fonzen y Oberholzer, 1984). El recurso, más accesible, evita el desplazamiento de los rebaños al bosque.


Foto 11. Transporte en bicicleta de forraje arbóreo de cailcedrat para la alimentación de corderos caseros en Bamako, Malí. (© Bertrand/Cirad)

Troncos y cortezas

Gomas, resinas y látex, explotados con mucha frecuencia por campesinos y ganaderos, están casi siempre presentes en los mercados internacionales. Este es el caso del caucho extraído de la hevea que, fuera de las plantaciones, se produce también en los sistemas agroforestales, así como la goma arábiga, que se distingue por su valor comercial e industrial (Recuadro 13). Las Acacia senegal y Acacia seyal se explotan en la zona saheliana en los "huertos de goma" o en los parques arbóreos con barbecho forestal. La producción mundial, después de haber alcanzado 60.000 toneladas al año a finales de los años 60, ha bajado a 33.800 toneladas en 1994 (Spore, 1990; Nour y Osman, 1997), a razón de 250 g. por árbol y año como media (Coppen, 1995). La exportación de goma arábiga aportó a Sudán (primer productor mundial) cerca de 100 millones de dólares EUA en 1993 (Danthu, 1994). Ningún sustituto sintético ha reemplazado a este producto inestimable para numerosas industrias. Este ejemplo muestra que los productos forestales no leñosos de fuente no forestal, integrados en un verdadero sistema de producción, pueden ser fuente de divisas.

De la corteza de Prunus africanum se extrae un polvo utilizado en la medicina tradicional en Camerún: anualmente se recogen 3.500 toneladas de corteza, pero la especie está en vías de extinción (Spore, 2000). La corteza de Irvingia y la de karité son utilizadas por sus propiedades medicinales a nivel local, mientras que la de Grewia tenax, cuya producción anual se estima en 900 toneladas en Sudán, sirve para la confección de cepillos de dientes (Ayuk et al., 1999; Boffa et al., 1996; Ezeldeen y Osman, 1998; Ladipo et al., 1996). Los productos de la corteza pueden tener una importancia comercial de gran envergadura, como el corcho obtenido de Quercus suber, cultivado principalmente en las dehesas, sistemas agrosilvopastorales característicos del sur europeo (Pointereau y Bazile, 1995).

Flores

Las flores de los árboles fuera del bosque producen igualmente aceites esenciales, miel y sus derivados. Además del interés que representan estos productos para las industrias alimentarias, farmacéuticas y cosméticas, son lucrativas para numerosos pequeños cultivadores. En Mozambique, la apicultura es una práctica corriente en el medio rural; las mieles de acacia y miombo (Brachystegia) son las más corrientes. Los apicultores tradicionales (aproximadamente 20.000) producen como media al año 360.000 kilos de miel y 60.000 kilos de cera; la producción de los apicultores modernos se estima respectivamente en 20.000 y 8.000 kilos. El precio del kilo de miel ha pasado de 3,6 dólares EUA, en 1994, a 5,6 dólares EUA en 1999 (Mange y Nakala, 1999). Por otra parte, Etiopía es el cuarto productor de cera en el mundo, después de China, México y Turquía, con una media anual de 3.000 toneladas, y el quinto país exportador. En el período 1984-1994, exportó como media 270 toneladas al año (Deffar, 1998).

Savia

La fabricación de bebidas a partir de la savia es una práctica corriente. El conocido vino de palma proviene de especies como Borassus aethiopum, Hyphaene coriacea y Phoenix reclinata. En Mozambique, la producción de esta bebida, que puede alcanzar los 20 litros por día en la región de Matutuine, es una actividad lucrativa durante todo el año para las familias que viven a lo largo de las carreteras principales (Mange y Nakala, 1999). En Benin, en la región de Bassila, asociada a la destilación del alcohol de palma, es la única actividad ligada a los árboles que puede cubrir enteramente los costes de subsistencia de una persona (Boffa, 2000a).

Recuadro 13 .

La goma arábiga: un producto precioso de los árboles fuera del bosque

La goma arábiga es un polisacárido complejo ligeramente ácido. Su propiedad principal es ser fácilmente soluble en agua, dando soluciones de escasa viscosidad, lo que le confiere unos caracteres emulsionantes y estabilizadores. Sus utilizaciones se dividen en tres categorías: alimentarias, farmacéuticas y técnicas. En los países industrializados se utiliza principalmente en confitería (60 por ciento del consumo), pero también como gelificante en las conservas y estabilizador en las sodas o las bebidas alcohólicas. En Mauritania, las poblaciones nómadas la utilizan para confeccionar el N'dadzalla, mezcla de goma tostada y molida con mantequilla y azúcar. La medicina tradicional la emplea como una panacea para tratar migrañas, fracturas y furunculosis, y la industria farmacéutica y la cosmética la valoran como agente emulsionante y antiprecipitante. La goma se encuentra en la artesanía (preparación de colas, tintes y pomadas), la imprenta, la litografía y la cerámica, y sirve para producir ciertas tintas (Coppen, 1995; Giffard, 1975; Seif el Din y Zarroug, 1996).

Los productos de los árboles fuera del bosque representan una fuente financiera nada despreciable para los países y una renta dineraria crucial para las poblaciones rurales. Un mejor conocimiento del valor económico de los productos de los árboles fuera del bosque los valorizaría y facilitaría su inserción en las estadísticas nacionales e internacionales.

Recurso clave del medio ambiente

Según un proverbio africano: "La Tierra no es un bien que nos legan nuestros padres, sino un bien que nosotros pedimos prestado a nuestros hijos". Si bien fueron necesarios dos millones de años para llegar a los mil millones de personas sobre la tierra (hacia 1800), en el año 2025 la población mundial estará próxima a los nueve mil millones, de los que más de siete mil millones estarán en los países en desarrollo. Mil millones de personas son pobres (Banco Mundial, 1995) y más de 800 millones sufren diariamente hambre (FAO, 1996a). El desafío consiste por tanto en conservar y perpetuar los recursos naturales para luchar contra la pobreza y garantizar a las poblaciones actuales y futuras de las ciudades y del campo unos medios de existencia que garanticen la seguridad alimentaria. En relación con esta exigencia de gestión y ordenación de los recursos, los árboles fuera del bosque tienen un importante papel que desempeñar, tanto en el medio rural como en el urbano. En efecto, las grandes aglomeraciones urbanas que cuentan con 30 a 40 millones de habitantes serán cada vez más numerosas. La silvicultura urbana es, y será todavía más, un factor esencial para la calidad del medio ambiente, proporcionando beneficios ecológicos innegables: mejora del clima, limitación y organización territorial de la expansión demográfica, reciclaje de las aguas sucias y utilizadas, reducción del ruido y disminución de la contaminación atmosférica y acústica (Greye y Deneke, 1978, citado por El-Lakany et al., 1999).


Foto 12. Erosión en garras y papel de los árboles fuera del bosque en Togo. (© Sarlin/Cirad)

Para los suelos y las aguas

Las tasas de regeneración de los suelos son muy inferiores a las tasas de degradación, lo que incita a una agricultura cada vez más respetuosa del medio ambiente, de la diversidad biológica y de la conservación de la fertilidad. Los árboles fuera del bosque pueden contribuir eficazmente a hacer frente a este desafío, pues, bajo forma de poblaciones más o menos densas, árboles alineados o aislados y setos, preservan la materia orgánica de los suelos (Roose, 1994) y mejoran su fertilidad. Estas funciones les son unánimemente reconocidas, así como la lucha contra la desertificación; frenan la erosión eólica e hídrica, facilitan la infiltración de las aguas de lluvia y aseguran a largo plazo la producción agrícola (Recuadro 14).

Recuadro 14 .

Algunos ejemplos del papel ambiental de los árboles fuera del bosque

En ciertos países, como Egipto, Irak y Libia, los cortavientos favorecen un aumento considerable de la producción (FAO, 1986). Bajo esta misma perspectiva, más de 800 km. de cortavientos en Mauritania han permitido fijar las dunas, ralentizando así la desertificación y combatiendo la sequía (Ben Salem, 1991). En los oasis de Irak, los cultivos intercalares, donde se superponen un piso superior de palmeras, un subpiso de árboles frutales y un cultivo en el suelo (ibid.), han demostrado su capacidad para luchar contra la erosión eólica. En Irán, los campesinos de las regiones montañosas conservan de 20 a 100 árboles por hectárea cultivada para asegurar la protección del suelo y de los cultivos. Por las mismas razones, los campesinos afganos colocan moreras, álamos, eucaliptos y árboles frutales en los límites de las parcelas y a lo largo de los canales de riego (FAO, 1993). En las regiones secas africanas, los árboles dispersos, como Faidherbia albida, conservan la fertilidad del suelo, protegen la cubierta herbácea y dan sombra protectora a los hombres y animales.

En numerosas regiones del mundo, los frentes colonizadores de desmonte avanzan, contribuyendo a la degradación de los recursos naturales, mientras que es fundamental conservar suficientemente árboles, bajo diversas formas y disposiciones. En este sentido, los sistemas lineales son una riqueza para la protección ecológica, la conservación biológica, la depuración de las aguas y la protección contra la intemperie. Los árboles fuera del bosque en alineaciones o en bosquetes ocupan su lugar (Recuadro 15) en la gestión conservadora del agua, la biomasa y la fertilidad de los suelos. Su instalación apropiada tiende a sustituir las acciones más mecánicas de defensa y restauración de suelos y de conservación del agua y el suelo.

Recuadro 15 .

Protección de los suelos y conservación de las aguas

Las opciones biológicas de conservación y protección de las aguas y los suelos consisten en establecer sistemas de protección que cubran el suelo, reciclen la materia orgánica y participen en la dispersión de la energía de escorrentía. Para manejar a la vez las aguas en terrenos inclinados, la biomasa y los nutrientes minerales, cuando aún es posible, se construyen pequeñas barreras, hechas de cordones de piedra, asociadas o no a franjas enyerbadas, plantadas con matorrales o árboles, que desempeñan el papel de setos vivos. Los árboles pueden ser propagados por esquejes de raíz de especies que retoñan (Bellefontaine et al., 1999). Este tipo de lucha limita el trabajo del suelo y ofrece una cobertura permanente de especies leñosas o camas de paja (Roose, 1999).


Foto 13. Paisaje montañoso del suroeste de China. (© Hofer/FAO)

Los árboles fuera del bosque, por su regeneración natural o plantación de conservación o por extensión de la cubierta arbórea, son de gran utilidad en la ordenación de cuencas hidrográficas para evitar la degradación de los suelos y luchar contra la desertificación. Los arroyos y ríos de las zonas montañosas, y los ecosistemas que los contienen, son protegidos por los árboles fuera del bosque de pequeñas explotaciones y ripisilvas. En 1992, la CNUMAD recordó que "las montañas son una importante reserva de agua, energía y diversidad biológica", y que "los ambientes de montaña son indispensables para la supervivencia del ecosistema mundial".

Recuadro 16 .

Diversidad biológica y huertos caseros

Los huertos caseros son sistemas tradicionales de explotación vitales para las poblaciones. En Tailandia, una encuesta ha enumerado en 60 huertos caseros 230 especies vegetales, de las cuales el 29 por ciento eran silvestres; cada huerto tenía entre 15 y 60 especies diferentes, de las que por lo menos 10 especies no eran domesticadas (Bunning y Hill, 1996). En los huertos de las islas del Pacífico, se encuentra una amplia gama de árboles, arbustos y especies vegetales, por ejemplo, en el atolón de Kiribati: cocoteros, árboles del pan, Musa, Pandanus y Ficus tinctoria, papayas, cítricos, aguacates, guayabos, Annona, Syzygium y Terminalia spp., Spondias dulcis y Pometia pinnata. Esta considerable diversidad se ve aumentada por el recurso a diferentes variedades de una misma especie. En las islas Salomón, ciertos estudios han demostrado que las familias que tenían un huerto estaban mejor alimentadas que las que no lo tenían, presentando esta últimas carencias de vitaminas A y C, y de hierro (FAO, 1995b).

Para la diversidad biológica

Ningún país puede sobrepasar sus recursos fitogenéticos para aumentar sosteniblemente sus disponibilidades alimentarias y para hacer frente a los desafíos de las modificaciones del medio ambiente, incluido el cambio climático. Gracias a generaciones de agricultores, las comunidades locales han desempeñado un importante papel en la conservación y mejora de estos recursos, sobre los cuales pesan graves peligros (Declaración de Leipzig, 1996). En los países sahelianos, la sobreexplotación de los recursos leñosos constituye la más grave amenaza para la conservación y el desarrollo sostenible de los recursos genéticos. Los riesgos de desaparición o reducción dramática de especies o poblaciones de árboles, son amplificados por los episodios recurrentes de sequía climática. La resistencia de las especies a estos choques es variable: Chad informa que existen pérdidas considerables en sus poblaciones de Acacia senegal, de Anogeissus leiocarpus y de Dalbergia melanoxylon. En Camerún y Senegal, se estima en 100.000 hectáreas la desaparición anual de las sabanas. Especies como Acacia nilotica, Pterocarpus lucens, Sclerocarya birrea, Prosopis africana, Lannea microcarpa y Dalbergia melanoxylon manifiestan una gran sensibilidad a los efectos climáticos (FAO, 2001c).


Foto 14. Algunos islotes y corredores de diversidad biológica conservados entre el bosque (al fondo a la derecha) y los campos, Ardenas belgas. (© Bellefontaine/Cirad)

Dos estrategias se presentan para conservar estas riquezas (Secretaría del Convenio sobre la diversidad biológica, 2000). Una ex situ, en jardines botánicos, arboretos y poblaciones de conservación, y en este marco, en el Sahel, ciertos programas de selección y mejora genética dan ya serias esperanzas para Anacardium occidentales y Faidherbia albida (Declaración de Leipzig, 1996). La otra, la conservación in situ; la diversidad biológica está protegida por los agricultores, gracias a su conocimiento de las interacciones entre el medio ambiente, los recursos genéticos y sus modos de gestión. En muchos países, los huertos caseros son a veces refugio de ciertas variedades vegetales, y algunas especies arbóreas raras participan en la diversidad biológica (Recuadro 16). Ocurre lo mismo con los agrobosques que, por su alta densidad y su diversidad en especies leñosas y no leñosas, prestan servicios ambientales comparables a los de los bosques.

En términos de diversidad biológica animal, las especies con escasa cubierta arbórea soportan una biomasa mayor y más diversificada que los bosques. El ejemplo más famoso es el parque de Serengeti (Tanzania), donde viven los rebaños de antílopes más imponentes del mundo. En las sabanas, los animales encuentran sombra para protegerse, comida para alimentarse y ramaje para anidar.

En las tierras agrícolas, los setos, cortavientos y bosquetes dispersos forman igualmente refugios para la flora y la fauna, constituyendo islotes y corredores de diversidad biológica. Esta función es bien conocida por los cazadores, que defienden la conservación de los setos y bosquetes, y también por los agricultores. Estos últimos tienen a veces una opinión más matizada entre la presencia creciente, por una parte, de roedores y aves que atacan a los cultivos y, por otra parte, de insectos fecundadores como las abejas y aves insectívoras y depredadores útiles para el control de las plagas. Al pie de las alineaciones de árboles, se reinstalan muchas veces por zoocoria9 especies leñosas, algunas raras o poco frecuentes, que enriquecen la diversidad biológica. Varias especies animales deben su conservación a la plantación, la restauración o la conservación de sotos. Además, las ripisilvas, asiento de una gran riqueza biológica, sirven como lugar de desove para los peces y los crustáceos y reducen los problemas de eutrofización por la sombra de los cursos de agua y la limitación del desarrollo de la flora acuática. La fauna terrestre utiliza estas ripisilvas como corredores de desplazamiento. La gestión de los árboles fuera del bosque en los espacios agrícolas, bajo una óptica de perpetuación de la diversidad biológica, tiene por objeto un equilibrio entre la promoción de los efectos benéficos y el control o limitación de las consecuencias negativas.

Para el clima

Los árboles son reservas de almacenamiento y fuentes de carbono. El papel de los ecosistemas forestales tropicales en el almacenamiento y liberación de carbono comienza a ser conocido en el contexto global del papel de la biosfera, en la regulación del dióxido de carbono atmosférico y en la reducción de gases con efecto invernadero. La cuantificación de las fuentes y sumideros de carbono, y la de las emisiones debidas a las actividades humanas, es una de las tareas actuales de la comunidad científica (Alexandre et al., 1999). Los cambios de utilización de las tierras, en primer lugar la deforestación de las zonas tropicales por incendios, provocan actualmente un 20 por ciento de las emisiones de gas carbónico. Según el Grupo intergubernamental de expertos sobre la evolución del clima (GIEC), entre 1995 y 2050, la fijación mundial de carbono procedente de la reducción de la deforestación, de la regeneración de los bosques, de la intensificación de las plantaciones y de las prácticas agroforestales equivaldría del 12 al 15 por ciento de las emisiones de carbono de combustibles fósiles (FAO, 2001a).

En el marco de las negociaciones internacionales sobre las cuestiones climáticas mundiales (Protocolo de Kioto), se ha visto que el carbono podría llegar a ser un nuevo "producto" a vigilar, cuantificar y gestionar de forma diferente que en el pasado, así como una nueva razón de ser de las actividades que influyen en la evolución del clima. Se imponen cambios importantes en los sectores de la energía, de los transportes y de la industria, y en la agricultura y la silvicultura. El efecto de los árboles fuera del bosque en la disminución de la deforestación, la estabilización de los suelos y los ecosistemas y la captación de carbono serán cada vez más significativos.

Ciertas prácticas de gestión forestal pueden aminorar la acumulación de CO2 en la atmósfera. En el XI Congreso forestal mundial de 1997 (Antalya, Turquía), uno de los puntos discutidos para aumentar los sumideros de carbono era "establecer plantaciones en tierras no boscosas, (...) incrementar la cubierta forestal en tierras agrícolas o pastizales con ayuda de sistemas agroforestales" (Brown, 1997). En las regiones subsahelianas, Unruh et al. (1993) han estimado la acumulación media de carbono en la biomasa subterránea y aérea de 21 sistemas agroforestales diferentes. Han considerado que la agrosilvicultura juega una función ambiental, más por su efecto de reducción de la deforestación (y por tanto, de emisión de carbono) y de mantenimiento de la materia orgánica del suelo, que por el efecto de captación directa de carbono. La plantación de árboles fuera del bosque en el marco de una ordenación integrada del territorio podría permitir mantener el almacenamiento de carbono en un buen nivel. Estas reflexiones sobre la relación entre los árboles fuera del bosque y la regulación del clima están todavía muchas de ellas a nivel de investigación. Conviene, por tanto, movilizar los medios para evaluar el peso de los árboles fuera del bosque en el ciclo del carbono (Alexandre et al., 1999). Estos han mostrado ya cierta eficacia en la mejora de los microclimas (Recuadro 17).

Recuadro 17 .

Plantación de árboles y mejora del clima en ciudad

En el valle del Yangtsé, en Nanjing, China, ciudad industrial de alrededor de 1,5 millones de habitantes, se han plantado 34 millones de árboles entre 1949 y 1981, o sea el equivalente a unos 23 árboles por habitante. Estas plantaciones, en la ciudad y sus alrededores, tenían como objetivo reducir las temperaturas estivales, regular el clima y purificar el aire, embelleciendo el escenario de la vida. En 32 años, las temperaturas estivales han pasado de 32,2ºC a 29,4ºC, baja atribuible al efecto de frescor proporcionado por los árboles que se han distribuido en cortavientos, reforestación de colinas, alineaciones arbóreas a lo largo de las calles y en setos triples que bordean las vías férreas (Carter, 1995).

El examen de la importancia de los árboles fuera del bosque para el desarrollo, más particularmente respecto a la seguridad alimentaria, la lucha contra la pobreza y la conservación de los ecosistemas, ha puesto en evidencia la necesidad crítica de informaciones cuantificadas, precisas y estables. Éstas son indispensables para concebir y sostener unas políticas de promoción y apoyo en favor de los árboles fuera del bosque. Además, permitirían seguir mejor la evolución y la dinámica de este precioso recurso, todavía en gran parte subestimado, o incluso menospreciado.3. No existe una definición única para los árboles notables; varios criterios justifican tal designación, como la morfología, la edad, la especie y los valores culturales.


3 No existe una definición única para los árboles notables; varios criterios justifican tal designación, como la morfología, la edad, la especie y los valores culturales.

4 Según el país, el bambú puede ser considerado o no como recurso forestal.

5 Este término se refiere a las especies o a los tipos de valor que no son tenidos en cuenta en los cálculos económicos y que siguen siendo desconocidos por los responsables de las decisiones y los investigadores (Guijt y Hinchcliffe, 1998).

6 Desde 1999, la definición de la FAO de los productos forestales no leñosos (PFNL) hace expresamente mención de los árboles fuera del bosque: "Los productos forestales no leñosos son bienes de origen biológico distintos de la madera, derivados de los bosques, de otras tierras boscosas y de los árboles fuera del bosque" (Unasylva, 1999).

7 En 1995, 1 dólar EUA valía aproximadamente 26 coronas.

8 En 1996, 1 dólar EUA valía aproximadamente 511 FCFA.

9 Zoocoria: dispersión de frutos o semillas por medio de animales (fauna, ganado, aves, etc.).

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