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Capitulo 4: Mejoramiento de la disponibilidad de datos


Capitulo 4: Mejoramiento de la disponibilidad de datos

Del examen de las fuentes de datos nacionales y subnacionales se deduce que hacen falta considerables mejoras con respecto a la disponibilidad y pertinencia de los datos sobre las mujeres en la agricultura. Se deberá velar por una mayor cobertura nacional de las series de datos existentes, el aumento del desglose por sexos y el desglose entre zonas rurales y urbanas, entre otras variables; el perfeccionamiento de los conceptos y las metodología y la recopilación de datos no reunidos actualmente. El examen que se hace a continuación aborda estas cuestiones en lo que respecta a los datos nacionales y subnacionales, por separado.

Datos nacionales

El mejoramiento de la recogida de los datos nacionales sobre las mujeres en la agricultura es un proceso en marcha. Las recomendaciones correspondientes a la ronda de los censos agropecuarios de 1990, y las nuevas definiciones de la actividad económica y la clasificación de ocupaciones de la OIT son algunas de las iniciativas recientes positivas en este proceso.

En el examen de las fuentes nacionales se han señalado otras posibilidades de mejorar los datos. Las más generales se examinan a continuación, con relación a la distinción hecha en el Capítulo I entre disponibilidad, disponibilidad parcial y no disponibilidad de datos, tal como se resumen en el Cuadro 2. Aspectos más específicos (como la omisión de una tabulación particular) ya se han mencionado en el Capítulo 2.

Datos disponibles

Aunque en el Cuadro 2 se indique que se dispone de datos, el examen de las fuentes nacionales (Capítulo 2) ha mostrado que los datos recopilados a menudo son escasos o poco fiables (especialmente los relativos al empleo procedentes de fuentes de la OIT). Existe, por consiguiente, la necesidad de abordar la cuestión de la disponibilidad real frente a la disponibilidad teórica. A este respecto, existen cuestiones generales, y a los organismos competentes de las Naciones Unidas y a las instituciones nacionales les incumbe la responsabilidad de estimular la realización de censos y encuestas y el mejoramiento de los conceptos y métodos. Esta tarea se debe efectuar por medio de los cauces existentes, con inclusión de los servicios de asesoramiento y los documentos pertinentes.

Estos últimos comprenden las directrices de las Naciones Unidas relativas a cada ronda de censo de población y vivienda (Naciones Unidas, 1980a) y el programa nacional de fomento de la capacidad para efectuar encuestas de los hogares (Naciones Unidas, 1984c y 1989e); las recomendaciones de la OIT relativas a la producción de estadísticas del trabajo (OIT, 1988b); y las directrices de la FAO relativas a la producción de estadísticas agropecuarias (FAO, 1986d).

Se necesita una mayor colaboración entre la Dirección de Recursos Humanos, Instituciones y Reforma Agraria, la Dirección de Estadística, la Dirección de Operaciones Agrícolas, el Departamento de Montes y el Departamento de Pesca, de la FAO, para producir datos pertinentes sobre los recursos humanos en general, y sobre las mujeres en la agricultura en particular. Esta colaboración podía concentrarse en los censos agropecuarios como principal fuente de los datos relativos a la agricultura. Una forma de abarcar mejor a las mujeres en la agricultura en dichos censos podría consistir en que la FAO recomendara criterios para el establecimiento de una dimensión mínima de la explotación, insistiendo en la necesidad de datos relativos a los pequeños agricultores. Los países que realizan encuestas agropecuarias por muestreo en lugar de censos auténticos podrían «sobremuestrear» las explotaciones de cierta dimensión (con una ponderación, adecuada al establecer los totales) o, en ciertas zonas, para tener en cuenta más cabalmente la presencia de las agricultoras.

La inclusión del concepto del hogar en los censos agropecuarios (Capitulo 2) complica la recopilación de datos y da origen a desviaciones que oscurecen la participación de las mujeres en la agricultura. Se ha sugerido (FAO, 1986a) que los censos agropecuarios deben considerar al hogar como la unidad estadística, pero esta propuesta no ha sido llevada a la práctica. Sin embargo, los dos conceptos (explotación agrícola y hogar) han de separarse, si se quiere que las mujeres estén adecuadamente representadas como titulares de explotaciones. (Es de señalar que la correspondencia entre la explotación y la unidad familiar dirige la explotación se dice que es correcta, pero en ella no se toma en consideración a los trabajadores sin tierra.) Se recomienda que, si la unidad estadística debe ser la explotación, los censos agropecuarios deberían obtener información sobre la mano de obra utilizada en la explotación, por el propietario titular, los miembros de la familia, o por contrata (con carácter permanente, temporal o eventual); y que se ha de conocer la edad, el sexo y, de ser posible, la remuneración pagada. No es necesario obtener información sobre los miembros del hogar del titular de la explotación que no participan en actividades agropecuarias. En realidad, dada la escasa amplitud de los datos sobre la composición de la familia, quizá sea oportuno que la información relativa a los recursos humanos, como mano de obra, sea algo mayor debido a la relación más evidente del trabajo con la producción agropecuaria.

Las explotaciones se han de definir correctamente. Cuando los cónyuges administran explotaciones separadas, éstas deben registrarse como tales. La eliminación del concepto de hogar y de la enumeración de los miembros de la familia evita problemas con que se tropezaba en la doble enumeración de los hogares con múltiples explotaciones. Para identificar adecuadamente las explotaciones que normalmente se agruparían bajo un solo titular (y hogar), cabe preguntarse si alguna parte de la explotación inicial está, de hecho, administrada por una persona (o personas) distinta(s) del entrevistado. En caso afirmativo, se deben definir dos (o más) explotaciones y propietarios o titulares. El hecho de que el titular de una explotación pueda a veces proporcionar trabajo para la explotación del otro no plantea problemas, y debe registrarse como mano de obra de la forma habitual.

Análogamente, en el caso de las explotaciones conjuntas, no sería necesario identificar a un titular principal, puesto que no se requiere identificar el hogar. Todos los titulares podrían registrarse como titulares conjuntos con el carácter jurídico de un titular variable. Si en las tabulaciones las explotaciones conjuntas constituyen una proporción Importante del total, sena apropiado indicar el sexo del titular o propietario y su situación jurídica, para proporcionar una clasificación con más de dos categorías (por ejemplo, propietaria sola, propietario solo, explotación conjunta, más información complementaria sobre el sexo de los titulares).

Este enfoque no debería quitar significado a los datos ya obtenidos de los censos agropecuarios, sino que al contrario podría aportar más información sobre las mujeres y sobre los trabajadores sin tierra. Tampoco se oscurecería la estimación de la población agrícola, puesto que los datos de los censos agropecuarios no se utilizan con este fin. Además, puede ser más fiable la información sobre los hogares obtenido en las encuestas que consideran el hogar como la unidad estadística. Se aduce que algunas explotaciones funcionan conjuntamente como una unidad económica familiar (cuando los cónyuges son titulares separados), pero esto no justifica su agrupación: la unidad estadística es la explotación y no el hogar.

Se reconoce que cualquier nueva recomendación a los países relativa a los censos agropecuarios no se aplicará hasta la ronda del año 2000, que abarcará el período de 1996 a 2005, a menos que se puedan formular recomendaciones complementarias para la ronda actual de 1990. Esto último sería factible con respecto a la tabulación de los datos que ya se están recopilando.

Datos parcialmente disponibles

Los datos a que se ha hecho referencia como parcialmente disponibles en el Cuadro 2 son datos recopilados, pero no tablados. La cuestión central estriba, por tanto, en su desglose. En lo que respecta a las mujeres en la agricultura, el desglose por sexos y por zonas rurales o urbanas es esencial, pero también hacen falta otras clasificaciones para obtener datos significativos.

Desglose por sexos. El desglose por sexos podría mejorar en casi todas las fuentes de datos examinadas en el Capítulo 2. En los censos de población y las encuestas de los hogares. se solicita, casi sin excepción, información sobre el sexo de cada persona, aunque esos datos no siempre se utilizan con eficacia en la tribulación. el Cuadro 5 se observa que los datos procedentes de los censos de población están desglosados por sexos en lo que respecta a la mayor parte de la serie que figura con regularidad en el Anuario demográfico. pero que la información recopilada es muy reducida con respecto a temas especiales. Los datos sobre educación, actividad económica y el cabeza de familia no siempre se dan con indicación del sexo, aunque las Naciones Unidas recomiendan cl desglose por sexos.

Una situación análoga es bastante común en las encuestas sobre los hogares: existen datos desglosados por sexos, pero no se utilizan para examinar las cuestiones relativas a la diferencia de sexos. No se suele captar que la tabulación de la edad y la estructura por sexos del hogar por sí solas no constituyen una tabulación significativa por sexos. Es menester capacitar a los productores de datos en este desglose de las estadísticas. Los datos de los censos de población y de las encuestas de los hogares (Cuadro 2) están casi todos relacionados con el sexo del cabeza de familia y deberían estar desglosados. Los datos enumerados en los conceptos 8.1, 8.2, 9.1 y 11.1 requieren en todos los casos que se utilice el sexo del cabeza de familia en la tabulación que va más allá de las características del hogar. Un primer paso para alcanzar ese fin sería que los organismos de las Naciones Unidas recomendasen esas tabulaciones.

En los datos obtenidos actualmente en los censos agropecuarios (por ejemplo, en la ronda de 1980), la inclusión de la variable del sexo es mucho menos común, y el desglose por sexo se limita a los propietarios y a los miembros de la familia. como se observa en el Cuadro 3.

Las recomendaciones relativas a la ronda de 1990 comprenden una tabulación amplia por sexo del propietario, pero las estadísticas obtenidas según este método son aún escasas. Las recomendaciones tampoco aluden a la identificación por sexo de los miembros de la familia que trabajan en la explotación concepto que, según el Cuadro 2 (1.1), debería ser objeto de un desglose por sexo. Por consiguiente, se constatará una falta de datos respecto a las mujeres que n<o son propietarias, que en muchos países constituyen la mayoría. Aún es tiempo para que los países participantes en los censos agropecuarios de la ronda actual proporcionen este tipo de tabulación.

Desglose entre zonas rurales y urbanas. A menudo es la falta de desglose entre zonas rurales y urbanas la causa de que no se disponga de datos acerca de la mujer en la agricultura en los censos de población y vivienda y en las encuestas de los hogares. En el Cuadro 5 se muestra, por ejemplo, que el volumen de los datos tablados disponibles de los censos de población se reducen substancialmente cuando se exige la dimensión rural o urbana.

Una de las razones de esta falta de desglose es que las directrices de las Naciones Unidas no contienen una definición de zonas rurales y urbanas. Cada país define dichos conceptos de la manera más adecuada a su situación, de tal modo que una zona clasificada como rural en un país se clasificaría como urbana en otro. Además, la definición de zona rural no es a menudo la que no es un centro urbano reconocido. Esta falta de una determinación uniforme provoca la no compatibilidad de los datos en el plano internacional. Induce asimismo a algunos países a tabular datos correspondientes a zonas sin clasificarlas explícitamente como urbanas o rurales, aunque esto podría entenderse desde el punto de vista nacional, de tal manera que el usuario no familiarizado con el país pueda fácilmente localizar los datos correspondientes a las zonas rurales. En las publicaciones estadísticas internacionales también se producen omisiones a causa de la omisión de una definición clara.

Si bien las Naciones Unidas publican datos relativos a zonas rurales (con inclusión de datos desglosados por sexos) en el Anuario demográfico por ejemplo no hay ningún plan para uniformar las estimaciones de población (que se hacen por sexo) en forma de un desglose entre zonas rurales y urbanas.

Un segundo motivo de la falta de desglose entre zonas rurales y urbanas puede tal vez encontrarse en la forma apologética en que las directrices de las Naciones Unidas relativas a los censos de población y de vivienda examinan el desglose entre zonas rurales y urbanas y otros desgloses geográficos (Naciones Unidas. 1960a y 1990b). El desglose entre zonas rurales y urbanas se recomienda, de hecho, igualmente para todo el país, para cada división civil importante y para cada división civil menor. Se pociría dar una mayor prioridad a la tabulación de datos por zonas rurales y urbanas de todo el país.

Entre los datos específicos que, según el Cuadro 2, deberían desglosarse entre zonas rurales y urbanas figuran el estado civil, la mortalidad materna y la esperanza de vida. Estos datos se consideran como variables de base con respecto a la mujer en la agricultura. El estado civil es, no obstante. una variable importante en el sentido de que determina quién es el cabeza de familia. La disponibilidad de datos sobre la mortalidad materna y la esperanza de vida desglosados entre zonas rurales y urbanas es una prioridad de segundo orden, especialmente en países en los que la subdivisión de la población reduciría la fiabilidad estadística.

En el Cuadro 2 se señala también que el desglose entre zonas rurales y urbanas es necesario con respecto a los datos incluidos en los puntos 7.2 y 7.3, relativos a la matricula escolar en los niveles primario y secundario. En el Capítulo 2 ya se ha señalado que la Unesco no tabula los datos de los registros administrativos de los ministerios de educación por zonas rurales y urbanas. Una de las razones de ello, por lo menos a nivel de enseñanza secundaria, es que los niños que viven en zonas rurales a menudo frecuentan escuelas urbanas. Sin embargo. en la enseñanza primaria, las escuelas son locales. de manera que el desglose entre zonas rurales y urbanas tendría sentido. Como los datos se obtienen de escuelas consideradas singularmente, no parece haber motivos para que la Unesco no pida a los países que tabulen los datos correspondientes a las escuelas rurales y a las urbanas por separado.

Aunque el desglose geográfico se ha abordado en términos de emplazamiento en zonas rurales o urbanas, que es de lejos el criterio más común, existen otras posibilidades de desglose. Entre estas cabe mencionar el desglose entre familias de agricultores y otras familias, familias que forman un grupo de explotación y familias que no lo forman y familias campesinas y no campesinas. Cabe hacer un desglose análogo a nivel de toda la población. De las tres posibilidades, se prefiere la de familias campesinas y no campesinas puesto que las otras dos omiten partes importantes de la población objeto de estudio. Las familias de agricultores incluyen únicamente a los residentes en la explotación, con lo que se excluye a los propietarios y a los trabajadores sin tierra que residen fuera de la explotación, mientras que las familias que constituyen un grupo de explotación incluyen solo a los miembros de una familia que administra una explotación, con lo que se excluye a los trabajadores sin tierra. La definición recomendada por la FAO de una familia agrícola se basa en una combinación de los dos criterios de actividad económica: se considera que una familia es agrícola cuando por lo menos uno de sus miembros administra una explotación, o cuando el cabeza de familia. la persona de referencia o la persona que obtiene los principales ingresos es económicamente activo principalmente en la agricultura (FAO, 1978a). Este criterio implicaría la combinación de datos de los censos agropecuarios y de población. Las recomendaciones suplementarias con respecto a la ronda de 1990 de los censos de población se han formulado para obtener una dicotomía agrícola/no agrícola basada en los datos existentes procedentes de los censos de población. La población agrícola se definiría como el conjunto de los individuos en los hogares cuyos cabras o personas de referencia se dedican principalmente a la agricultura. Las estadísticas resultarán sesgadas en la medida en que algunos hogares excluidos contengan personas que participan en la agricultura (o que dependen de los ingresos de la agricultura). y en la medida en que algunas familias puedan contener personas dedicadas a actividades no agrícolas (o que dependan de ingresos procedentes de actividades no agrícolas).

Otra forma de desglose geográfico es el desglose por zonas agroecológicas, pero su definición es relativamente compleja. Esta variable se está utilizando en los análisis de las encuestas sobre los niveles de vida del programa SDA 1 del Banco Mundial.

(1 Proyectos destinados a abordar los aspectos sociales del ajuste)

Otros desgloses. Los desgloses por sexos o entre zonas rurales y urbanas no bastan para definir datos significativos sobre la mujer en la agricultura, por lo que se requieren a menudo otros desgloses específicos. Entre éstos figuran el desglose por clasificaciones industriales y de profesiones, y el desglose por temías de estudio

Los detalles señalados en el Cuadro 2 se refieren casi todos a'. la tabulación de los códigos ISCO-88 al nivel de cuatro dígitos. Esas tabulaciones se deberían poner a disposición en los informes nacionales (de los censos de población y de las encuestas de la mano de obra) más que en el Anuario de la OIT. (Las Naciones Unidas tendrían que formular recomendaciones con respecto a este particular.)

Se requieren otros pormenores de los censos agropecuarios, con inclusión de la extensión del desglose por sexos para que abarque a los trabajadores eventuales (concepto 1.6). De hecho, esto se ha recomendado en directrices suplementarias (FAO, 1990a y c), pero es difícil saber cuántos países las aplicarán.

Otros desgloses de carácter general pueden tener importancia para describir la situación de la mujer en la agricultura. El desglose por edades, por ejemplo proporciona una dimensión adicional. En el Cuadro 2 se prevé que las mujeres más jóvenes asumirán una carga de trabajo mayor que las mujeres de edad (estudios sobre utilización del tiempo).

Otro sector que se presta al desglose es el grupo socioeconómico (normalmente basado en al actividad económica). Sin embargo, las solicitudes de datos para la CMRADR han mostrado que pocos países recogen datos sobre las mujeres en la agricultura desglosados también por grupos socioeconómicos (FAO, 1988d). Se debería dar prioridad a esta estera una vez que se haya establecido la base de datos sobre la mujer en la agricultura. Sena útil además realizar una encuesta de las necesidades de datos de los usuarios de las bases de datos.

En lo que respecta a los hogares, uno de los principales problemas con respecto a la mujer en la agricultura es la falta de datos individuales. Este problema puede superarse en parte mediante un desglose adecuado de los datos de los hogares. Por consiguiente, la tabulación de variables como los niveles de ingresos del hogar por fuente de ingresos, grupo socioeconómico, número de personas que obtienen ingresos en el hogar, número de personas que obtienen ingresos fuera del hogar y composición de la familia proporcionaría una información indicativa sobre las cuestiones relacionadas con la mujer en la agricultura.

No disponibilidad de datos

El Cuadro 2 muestra que muchos de los datos requeridos no se pueden actualmente obtener en la FAO. Algunos de éstos podrían obtenerse a nivel nacional. como se indica en el cuadro, pero muchos más se obtendrían mejor a nivel subnacional. Algunos de los datos no disponibles pueden, de hecho, existir en los países; en el Capítulo 4 se indican los medios de obtenerlos.

Una de las principales omisiones en lo que respecta a los datos nacionales disponibles sobre la mujer en la agricultura es la que se refiere a los trabajadores sin tierras (concepto 2.1 del Cuadro 1). Por definición éstos no se incluyen en los censos agropecuarios basados en la explotación, salvo como trabajadores permanentes. Aunque los trabajadores sin tierras se incluyen en los censos de población y de vivienda y en las encuestas de los hogares, como parte de la población total, estas fuentes no suelen proporcionar información acerca de la propiedad de la tierra o de otras formas de tenencia de la tierra. La enumeración de los trabajadores sin tierras ha sido examinada por la Dirección de Estadística y la Dirección de Recursos Humanos, Instituciones y Reforma Agraria, de la FAO, a raíz de la consulta de expertos sobre los trabajadores sin tierra (FAO, 1 986a). Los tres métodos recomendados consisten en incluir a los trabajadores agrícolas sin tierras: i) en un censo de población; ii) en una lista en la etapa de elaboración de un marco de hogares para el censo agropecuario, o iii) mediante la obtención de un marco de hogares de trabajadores sin tierras al establecer el marco de explotaciones para un censo agropecuario, realizando luego una encuesta especial sobre dichos trabajadores. Sena igualmente posible introducir una pregunta sobre la tenencia de la tierra en las encuestas de los hogares rurales. En todos los casos, las tabulaciones deben incorporar la propiedad individual de la tierra, por sexos, o la propiedad de las tierras de los hogares por sexo del cabeza de familia en una tabulación cruzada con otras variables de interés.

Muchos de los datos necesarios enumerados en el Cuadro 2 como no disponibles podrían obtenerse a partir de los censos de población y de vivienda y de las encuestas de los hogares. Entre éstos cabe mencionar los datos de la familia, por sexo del cabeza de familia, sobre la propiedad o el acceso al transporte privado (concepto 2.9), y sobre el estado de la vivienda (concepto 8. 1). El estado de la vivienda se aborda parcialmente en las tabulaciones recomendadas por las Naciones Unidas con respecto a la construcción de viviendas, dato de que se dispone en los informes sobre el censo nacional. Variables relacionadas con la comunidad como las distancias hasta la escuela primaria (concepto 7.2), el transporte público y las rutas de superficie (concepto 8.2), la leña (concepto 8.3), el agua potable (concepto 8.4), las instalaciones de salud (concepto 8.5), los servicios sociales (concepto 8.6) y los mercados (concepto 10.1) podrían asimismo obtenerse a partir de los censos de población y de vivienda y de las encuestas de los hogares. En algunos censos se recomendados sobre las variables relacionadas con la comunidad, que figuran en los informes respectivos.

Sin embargo. en general esos datos no están suficientemente recopilados ni uniformados.

Los censos de población también permiten obtener datos sobre la migración, y a este efecto se necesitan datos brutos y datos netos. En los informes nacionales se recopilan y tabulen datos sobre la migración, pero éstos no se compilan internacionalmente. En general, los datos publicados requerían cierta manipulación para obtener los índices de migración de adultos, desglosados por sexos, exigidos en el concepto 13.4 del Cuadro 2. Se deben consultar tanto las tabulaciones como los análisis de las migraciones de los informes de los censos nacionales.

Los datos sobre la migración pertinentes para la mujer en la agricultura incluyen igualmente la falta de esposo y la falta de adultos, por sexo, en el hogar (concepto 8.2). Los cónyuges ausentes se pueden identificar mediante la inclusión de una categoría de «casada con cónyuge ausente» en el estado civil, situación que se ha de distinguir claramente de la de las parejas separadas (con referencia al desglose de los matrimonios). Teóricamente este aspecto se podría desglosar aún más por duración de la ausencia o por distancia, puesto que muchos hombres mantienen el control de las decisiones familiares por medio de visitas de fines de semana o de mensajes. Esto permitiría identificar mejor a los cabeza de familia femeninos y masculinos en las familias con un hombre ausente. Podrían obtenerse datos sobre el cónyuge ausente en los censos de población y en las encuestas de los hogares, pero detalles, como la ausencia de otros miembros de la familia, se limitarán preferiblemente a las encuestas de los hogares, en las que se puede dedicar más tiempo a identificar a los miembros de la familia de tacto y de jure.

Los datos sobre la emigración internacional pueden únicamente proporcionar información de base con respecto a la mujer en la agricultura, y se obtienen a partir de estadísticas de los viajes internacionales. Muchos países; no desglosan esos datos por sexo, y muy pocos incluirían la distinción de la zona de origen del emigrante entre rural y urbana.

Los datos restantes incluidos en el Cuadro 2 que no están disponibles son los relativos a los afiliados a organizaciones agrícolas o de desarrollo rural (conceptos 3.1 a 3,6) y la educación en la agricultura y el desarrollo rural (conceptos 7.4 y 7.5). Se pueden obtener datos nacionales a partir de los registros administrativos, algunos de los cuales se publican en informes estadísticos anuales.

Mejora de los datos subnacionales

El breve examen de los datos subnacionales que se presenta en el Capítulo 3 no permite una evaluación cabal de dónde y cómo se podrían introducir mejoras. Con todo. es evidente que la necesidad inmediata estriba en aumentar el volumen de los datos. La creación de las bases de datos servirá para organizar los datos disponibles, con el fin de que se puedan señalar esferas y temas que han de ser objeto de un acopio por medio de las actividades de la FAO y como parte de las actividades de otros organismos. Las bases de datos estimularán la investigación sobre la mujer en la agricultura, tanto con respecto a los datos disponibles como en las esferas en las que no se dispone de datos.

Una fuente potencial de datos sobre los recursos humanos son los propios proyectos de la FAO, que comprenden estudios de base, especialmente los emprendidos por proyectos relativos a la participación de la mujer en la agricultura. La producción de datos desglosados por sexos ya forma parte del programa de capacitación sobre la participación de la mujer en el desarrollo en lo que respecta a todos los funcionarios del cuadro orgánico de la FAO. Esta capacitación podría complementarse útilmente con un conjunto de directrices o un manual sobre las cuestiones relacionadas con las diferencias entre los sexos en materia de producción de los datos que debe utilizar el personal de los proyectos como información de referencia.

El método de los sistemas agrícolas y el Programa de participación popular son adecuados para recopilar datos sobre los recursos humanos, y parecerían constituir los mejores medios para estimular la producción de datos sobre la participación de la mujer en la agricultura. En consecuencia, se recomienda una mayor colaboración entre el Servicio de Promoción de la Mujer en la Producción Agrícola y el Desarrollo Rural, el Servicio de Gestión Agraria y Economía de la Producción, y el Servicio de Análisis y Organización del Desarrollo Rural, de la FAO, para lograr que se disponga de datos desglosados por sexos.

Obtención de los datos existentes de los piases

En los niveles nacional y subnacional, existen indudablemente datos que no se pueden obtener en la FAO. El problema consiste en ubicar esos datos dentro de los países y en organizar su transmisión a la FAO lo cual podría realizarse por conducto de las oficinas de campo de la Organización (o de otros organismos de las Naciones Unidas). El personal encargado de las bases de datos en la Sede de la FAO debería compilar una lista de fuentes con respecto a cada país, basada en los exámenes contenidos en los Capítulos 2 y 3 y en las listas de las Naciones Unidas (Naciones Unidas, 1982), y en la documentación de que disponen las bibliotecas. Debería ponerse una marca a estas fuentes para saber si se pueden obtener en la FAO, y se debe pedir al personal de campo que trate de localizar las que no están disponibles en la Organización, y que envíe el documento a la Sede.

Si se considera necesario y los recursos lo permiten, el personal de campo, el personal encargado de las bases de datos o los consultores podrían buscar datos complementarios en el país. Este proceso seria análogo al del programa de acopio de datos especiales de la FAO realizado en 1984-85, que considera información sobre la participación de la mujer en la agricultura de siete países. Este programa tendía a producir documentos especiales por países; que contenían la recopilación de datos de diversas fuentes, pero esto no se considera necesario con respecto a las bases de datos. Se estima, preferible que se trasmitan a la FAO las fuentes completas de datos más que una colección de cuadros, debido a la necesidad de conocer las prácticas de recopilación.

Una vez reunido el material publicado, este proceso podría ampliarse para abarcar el material no publicado (Scott, 1989). Se debería estimular también a los gobiernos en su tarea de generar datos sobre la mujer en la agricultura, en cumplimiento de las recomendaciones de las Naciones Unidas y de las sugerencias hechas en la presente publicación.

Capacitación para mejorar la recopilación de datos

Si bien los organismos de las Naciones Unidas podrían contribuir al proceso de recopilación, las actitudes que prevalecen en los países con respecto a las mujeres en general y a la producción de datos sobre las mujeres en particular no facilitan estos esfuerzos. Por consiguiente, es necesario capacitar al personal de estadística en los usos de los datos, y promover una mayor colaboración entre el productor de datos y el usuario.

Capacitación de los estadísticos nacionales

Uno de los principales obstáculos a la producción de datos sobre la participación de la mujer en la agricultura es la falta de reconocimiento por parte de los estadísticos de la necesidad de esos datos y de sus usos. Añádase a esto el hecho de que las metodología y prácticas no tienen en cuenta a las mujeres, o las tienen en cuenta de una manera insuficiente. Esos obstáculos se pueden superar mediante una capacitación adecuada.

Las Naciones Unidas y el instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer (INSTRAW) han avanzado mucho en esta esfera, publicando incluso tres informes que se refieren a la utilización eficaz de los datos existentes (Naciones Unidas, 1984a), la mejora de los conceptos y métodos (Naciones Unidas, 1984b) y la elaboración de estadísticas e indicadores por medio de datos sobre los hogares (Naciones Unidas, 1988a). Además, se han organizado talleres de capacitación regional, por ejemplo en Harare, Zimbabwe (Naciones Unidas, 1987), en los que participan los productores y usuarios de estadísticas. La Comisión del Pacífico Sur celebró un taller análogo para el Pacífico en Nouméa, en 1987 (SPC, 1987).

Esa capacitación no suele sin embargo abordar el obstáculo subyacente de las actitudes negativas hacia las mujeres, y podría resultar mucho más eficaz si fuera precedida por una capacitación relativa a la participación de la mujer en el desarrollo: los estadísticos de todo el mundo deberían adquirir este tipo de capacitación.

Colaboración entre productores y usuarios nacionales

Los servicios nacionales de estadística proporcionan sus servicios esencialmente a los departamentos públicos y otros usuarios, con inclusión de dirigentes de mujeres. Como usuarias, las dirigentes deben definir cuáles son los datos relativos a la mujer que se necesitan, de ser posible en una etapa inicial, con el fin de que se acopien y tabulen de manera apropiada. El INSTRAW y las Naciones Unidas han iniciado una capacitación en estadística destinada a dirigentes de mujeres por medio de los talleres regionales ya mencionados (Naciones Unidas, 1987). La FAO podría igualmente participar en esta actividad, en el ámbito de las estadísticas agrícolas.

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