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Ordenación de cuencas hidrográficas en Haití: propiedad común y acción colectiva

T.A. White y C. Ford Runge

Thomas Anderson White y C. Ford Runge trabajan como investigador y profesor, respectivamente, en el Departamento de Recursos Forestales y en el Centro de Políticas Internacionales sobre Agricultura y Alimentación, Departamento de Agricultura y Economía Aplicada de la Universidad de Minnesota, St. Paul, Estados Unidos. Nota: El presente articulo se basa en un documento presentado en la Tercera Conferencia sobre Propiedad Comunitaria, de la Asociación Internacional para el Estudio de la Propiedad Comunitaria, Washington, D.C., celebrada en septiembre de 1990, y en un articulo sobre propiedad común y acción colectiva en la ordenación de cuencas hidrográficas en Haití, publicado en la edición de octubre de 1994 del Economic Development and Cultural Change. Se puede solicitar a los autores una copia del estudio completo.

Un análisis empírico de los factores que determinan el éxito de la acción colectiva en la ordenación de cuencas hidrográficas en Haití.

Tierras altas degradadas en Haití

Los grupos que se dedican a la promoción del desarrollo se están interesando cada vez más en el tema de la propiedad comunitaria. Un siempre más alto número de investigadores y profesionales forestales cuestionan la aplicación del paradigma de la «tragedia de las comunas» al uso exagerado de los recursos, pero recién ahora está surgiendo una teoría más completa y elaborada acompañada del examen sistemático de los factores que intervienen en toda acción colectiva y que determinan su éxito (véase, por ejemplo, Wade, 1988; Tang, 1992). El presente artículo se refiere a la acción colectiva aplicada a la ordenación de cuencas hidrográficas en Haití.

ORDENACION DE CUENCAS HIDROGRAFICAS EN HAITI

Haití es uno de los países más pobres del hemisferio occidental, y uno de los más degradados desde el punto de vista ambiental. La deforestación en gran escala y la erosión del suelo causadas por el hombre comenzaron en la época colonial en la que se talaron bosques para la producción de café y caña de azúcar, y continúan en el presente al sustituirse dichos cultivos perennes y semiperennes con cultivos anuales como el maíz y los frijoles. Desde 1826, los gobiernos han promulgado más de 1001 leyes y políticas encaminadas a la protección de los bosques naturales y suelos. Han impuesto gravámenes, prohibiciones y sanciones pero no han ofrecido incentivos o condiciones para un aprovechamiento apropiado de la tierra, de modo que el problema de la degradación ha quedado intacto.

Con el fracaso de las políticas, desde comienzos de los años cincuenta el Gobierno de Haití y los organismos de ayuda han dedicado atención y recursos a la ejecución de proyectos de deforestación, conservación del suelo y ordenación de cuencas hidrográficas. Al inicio, dichos esfuerzos utilizaron un enfoque caracterizado sobre todo por el tratamiento en gran escala de tierras y barrancos contiguos y en el ofrecimiento de incentivos (en dinero o en especie) para estimular la participación de los campesinos (Lilin y Koohafkan, 1987). Pero la mayor parte produjeron resultados decepcionantes (USAID, 1990; BREDA, 1988; Murray, 1979).

Tierras altas degradadas en Haití

A comienzos del decenio de 1980 comenzó a surgir un nuevo enfoque de ordenación de cuencas hidrográficas, centrado en el aumento de la productividad de las parcelas agrícolas. Dicho enfoque (promovido en gran parte a través de un proyecto apoyado por la FAO, véase el recuadro, p. 52) se basaba en los siguientes datos, fruto de la experiencia:

· la remuneración del agricultor para que aceptara una técnica no era necesaria y hasta podía actuar negativamente en el de mantenimiento y difusión de la técnica;

· se podían mejorar algunas de las técnicas de lucha contra la erosión y prácticas agroforestales que se utilizaban en el lugar y requerían pocos insumos; y,

· la conservación del suelo para aumentar la producción agrícola era de por sí un incentivo para los campesinos (STABV, 1990).

Este enfoque ha resultado más satisfactorio, y en distintas zonas de Haití muchos agricultores lo han adoptado para la conservación del suelo. Es un enfoque en el que la erosión se considera más desde la perspectiva del agricultor que desde la del técnico, y las cuencas hidrográficas se ven primariamente como un conjunto de parcelas agrícolas dentro de un espacio físico determinado y no como una unidad física. Con este enfoque, sin embargo, no se resuelven los problemas de erosión en las laderas escarpadas ni en los abarrancamientos que limitan las propiedades privadas o se encuentran entre dos confines privados o en tierras públicas.

Por consiguiente, ha surgido la necesidad de encontrar un enfoque que, aprovechando los resultados positivos de enfoque de las parcelas agrícolas, sirva para resolver el problema de la erosión transfronteriza. Para ello se necesitan incentivos privados, con respecto a las parcelas individuales, y públicos, para solucionar los problemas de confin. Además, como en Haití las parcelas son pequeñas y el nivel de erosión es alto, hay que tener en cuenta que la forma en que se explota una tierra influye sobre la productividad de otra, de modo que todos los que poseen tierras se beneficiarían con la reducción de la erosión. Un enfoque nuevo debería también promover la combinación de acuerdos entre propietarios para la explotación de las tierras privadas y la acción independiente de los propietarios, así como acuerdos colectivos y una acción colectiva encaminada a reducir la erosión del suelo transfronterizo. Ambos necesitan ya sea la cooperación que nuevos programas estratégicos y normas que estimulen dicha cooperación.

PROPIEDAD COMUN Y ACCION COLECTIVA

Los problemas de cooperación y las cuestiones del papel apropiado de los proyectos en estimular la cooperación giran alrededor de una pregunta esencial: ¿cuáles son las condiciones que más contribuyen a fomentar y mantener una acción colectiva voluntaria para la ordenación de cuencas hidrográficas? Para el agricultor haitiano ello supone una opción personal: o participar voluntariamente en un plan de ordenación de cuencas hidrográficas (cooperar) o no participar (desertar). Pero la suma de las opciones individuales tiene consecuencias colectivas, ya que una participación insuficiente da como resultado una ordenación inadecuada de la cuenca hidrográfica y la degradación del medio ambiente, mientras que una participación suficiente produce ventajas para todos que se traducen en una menor erosión y una mayor productividad de cada una de las parcelas.

Resulta evidente que la ordenación de una cuenca hidrográfica requiere el mantenimiento de instituciones cooperativas, pero hay pocas ideas claras sobre cómo definirlas desarrollarlas y promoverlas. Para lograr una teoría más definida habría que responder a una serie de preguntas básicas: ¿qué incentivo económico tienen los agricultores para participar? ¿varía dicho incentivo en función del lugar que ocupa la propiedad en la cuenca? ¿qué características sociales o culturales (religión. edad. patrimonio, tenencia de la tierra. pertenencia a grupos cooperativos anteriores) tienen que ver con la decisión de colaborar o no colaborar? El Save the Children Fund, que viene utilizando desde 1988 un enfoque cooperativo en el proyecto de ordenación de cuencas hidrográficas, en Maissade (Haití). llevó a cabo una investigación en base a las preguntas anteriores

Enfoque cooperativo de la ordenación de cuencas

En 1986. Save the Children comenzó un proyecto experimental de ordenación integrada de cuencas hidrográficas en Maissade, Haití, financiado por la USAID. Los planificadores del proyecto integraron dos enfoques nuevos que habían resultado satisfactorios. El primer enfoque consistía en la formación de grupos (groupement: grupo de campesinos de ocho miembros. por término medio, constituido en base a vínculos sociales tradicionales, que por lo general participa en actividades sociales y económicas colectivas) para la movilización de los campe sinos y para actividades de desarrollo comunitario. El segundo consistía en pro mover la plantación de árboles y la conservación del suelo con vistas a la obtención de ventajas económicas. En 1988, tras do años de intervenciones satisfactorias e explotaciones agrícolas particulares, proyecto comenzó un programa de ordenación de cuencas hidrográficas. El objetivo del programa era estimular la ordenación de pequeñas cuencas degradadas (u promedio de 9 ha), y la creación de instituciones expresamente dedicadas a la o, donación de cuencas hidrográficas.

Los extensionistas del proyecto invitaron a una acción colectiva organizando reuniones y haciendo notar que par resolver el problema de la erosión tras - fronteriza no era suficiente la acción individual e independiente. No se ofrecieron incentivos externos para estimular la participación, ni se seleccionaron los miembros del groupement, ni se dirigió la formación de los grupos ni sus actividades.

Después de dos años de actividad, en 2 cuencas hidrográficas se construyeron e total 590 presas de retención, a razón de una media de 27 por cuenca. Las presas construyeron en las tierras del 49 por ciento de los propietarios: con un promedio c tres presas por propiedad. En 10 cuencas se hizo un tratamiento completo de los barrancos principales; en 7 se logró un tratamiento parcial; y en 5 el tratamiento fue escaso. La categoría correspondiente al tratamiento «completo» de la cuenca incluye aquellas donde el barranco principal fue tratado de la parcela más alta a la más baja. La categoría con tratamiento «parcial» incluye aquellas en las que más de una presa fue construida en más de una parcela. La categoría con tratamiento «escaso» incluye aquellas cuencas donde fueron instaladas menos de 10 presas en una o menos parcelas.

Se contó con la participación del 54 por ciento de los propietarios por término medio, a razón de 4,6 por cuenca, que aportaron mano de obra y tiempo. Los «sin tierra» (personas que no poseían tierras en la cuenca aunque podían tenerlas fuera de ella) participaron, por término medio, a razón de 3,7 por cuenca.

Análisis de la participación

Se realizó una investigación que tenía por objeto lograr una mejor comprensión de los factores que influían en la decisión de los individuos de cooperar o desertar la actividad colectiva, y que se proponía determinar en qué forma influían la escala de recursos y la heterogeneidad de las variables en la creación de las instituciones colectivas. ¿Por qué en algunas cuencas se daba un alto grado de colaboración y en otras no?

Se utilizaron diversos instrumentos de investigación para obtener una información rápida y poder hacer referencias cruzadas. Para ello se contó con la ayuda de los técnicos agroforestales y de los animadores de comunidades de Save the Children, los cuales trabajaron durante los meses de agosto, septiembre y diciembre de 1990. Los datos obtenidos sobre el terreno se recopilaron en una base de datos con 19 parámetros socioeconómicos para cada uno de los propietarios de tierras de las 22 cuencas hidrográficas estudiadas, y para cada una de las 268 personas incluidas: 101 propietarios participantes; 85 no participantes; y 82 participantes «sin tierras».

Apoyo de la FAO

El proyecto de la FAO para la creación de un Centro de capacitación en la ordenación de cuencas hidrográficas (GCP/HAI/011/SWI), financiado por el Programa Cooperativo FAO/Suiza, ha estado operando en Haití desde comienzos de los años ochenta. Mediante la investigación, capacitación, organización de seminarios y difusión de información, el proyecto ha sido un instrumento para el diseño y promoción de métodos de conservación de aguas y suelos basados en medidas biológicas más que físicas, que los agricultores pueden aplicar fácilmente en sus propias fincas o en áreas comunitarias.

Como se señaló anteriormente, el primer objetivo era determinar qué clase de personas participaba, cuáles no y por qué. En particular, interesaba determinar quiénes eran los participantes «sin tierras» y qué incentivo les movía a participar en el tratamiento de las cuencas hidrográficas.

A tal fin, se compararon los siguientes factores entre los participantes y no participantes, para estudiar las correlaciones que existían con la decisión de participar.

· Posibilidad de obtener ventajas económicas de los resultados de la acción colectiva, es decir, de la instalación de presas de retención en el terreno propio. Este factor se indica gracias a la posición de la tierra con respecto a la cuenca (ladera, o parte superior, media o inferior del valle) y la longitud del barranco en la tenencia individual de tierras.

· Pertenencia o no a un grupo (groupement).

· Formas en que la persona realiza tareas agrícolas importantes: individualmente (pou kont yo) canje de trabajo (houkante maten); grupos de intercambio de mano de obra (asosye o combit); contratos por día (bay djob).

· Experiencia de técnicas de conservación del suelo en las propias tierras.

· Ventajas económicas efectivamente obtenidas de los resultados de la acción colectiva. Este factor está indicado por la ubicación y el número de presas construidas.

· Régimen de tenencia de las parcelas agrícolas en la cuenca: alquiler (fem), aparcería (demwatye), propiedad (tit, achte), o herencia no dividida (indivize)

· Afiliación religiosa (católica o protestante).

· Participación en ceremonias religiosas folklóricas (vudú).

· Riqueza, establecida en función de las siguientes variables: número y tamaño de las tierras poseídas; número de vacas y cerdos que se poseen.

· Edad.

Construcción de una presa de retención

Los cuatro primeros factores aparecieron muy relacionados con la opción de colaborar (p<0,05). Sin embargo, el peso relativo de cada una de las variables en cuanto a la decisión de colaborar o no, se empleó un modelo de encuesta que admitía una única respuesta (colaboración o no colaboración). Se probaron trece modelos, comenzando por el más completo, y se fueron eliminando las variables que tenían una correlación muy baja con la respuesta. De los modelos probados, resultó más apto el que incluía la pertenencia a un grupo, la experiencia en técnicas de conservación y el número de presas de retención adquiridas.

Los datos se utilizaron también para determinar cuáles eran los factores que influían en la creación de instituciones cooperativas. Según el tipo de tratamiento se dividieron las cuencas hidrográficas en tres categorías de tratamiento (completo, parcial y escaso) correspondientes a tres niveles de actividad cooperativa, y a través de un análisis comparativo de los datos estadísticos de las categorías se determinaron las condiciones de las que dependía el nivel de colaboración.

CONCLUSIONES

Factores que influyen en la decisión de colaborar

No es de sorprender que la decisión de colaborar haya aparecido notablemente asociada a aquellos parámetros socioeconómicos que se referían a la posibilidad de obtener ventajas de la colaboración. La mayoría de los colaboradores poseía parcelas agrícolas en la parte superior y central del valle, mientras que las de la mayoría de los que no participaron estaban en las laderas y en la parte inferior. Los colaboradores poseían además una extensión notablemente mayor de los barrancos en los que se realizaban los tratamientos de conservación del suelo. Es interesante señalar que en general los dueños de parcelas ubicadas en la parte inferior optaron por no participar. Según los resultados de la investigación, la propiedad de un considerable número de parcelas ubicadas en esa parte era colectiva, lo cual aumentaba los costos de transacción de la distribución de los beneficios y, en consecuencia, reducía el incentivo para invertir en una empresa cooperativa.

Los análisis también indicaron que no había una relación entre la decisión de colaborar y el hecho de haber recibido efectivamente beneficios. al menos no la había con los beneficios calculados en el estudio. Además, aunque los colaboradores solían beneficiarse más que los no colaboradores, el hecho de no participar no constituía un impedimento para que se instalaran presas de retención en la propiedad de los que habían tomado esa decisión. De hecho, el 28 por ciento de las presas se construyó en propiedades de no colaboradores. Esto sugiere que la mayor parte de estas tierras estaban ubicadas río arriba respecto a la tierra de los colaboradores, lo cual hace pensar que los propietarios de las tierras de río abajo estaban protegiendo sus inversiones al tratar las tierras de arriba. Según otros análisis, no había una diferencia notable en cuanto a la cantidad de mano de obra aportada por los que habían obtenido beneficios y los que no se habían beneficiado. Por lo demás, casi un 40 por ciento de la mano de obra aportada a la actividad colectiva provenía de personas que no poseían tierras en la cuenca. Ello indica, tal vez, que los que no habían obtenido beneficios en el lapso considerado por el estudio podían obtenerlos después o en alguna otra forma no contemplada en el estudio. Por ejemplo, arrendando en el futuro las parcelas mejoradas.

Muchos profesionales especializados en ordenación de cuencas hidrográficas sostienen que el régimen haitiano de tenencia de tierras, complejo y en gran medida no reglamentado, constituye un desafío importante para la adopción de técnicas de conservación del suelo y para la rehabilitación de las cuencas hidrográficas en su conjunto. Algunos «expertos» externos suelen definir como «inseguras» las herencias no divididas (indivize), las tierras arrendadas (fem) y las de aparcería (demwatye), (que representan aproximadamente el 47 por ciento de todas las parcelas objeto de estudio), es decir, no las consideran lugares en los que se puedan hacer inversiones para la conservación del suelo, a pesar de que falta una investigación válida al respecto. Sin embargo, el hecho de que las propiedades fueran consideradas «inseguras» no afectó la decisión de colaborar o no colaborar. El porcentaje de los diferentes tipos de tenencia de tierras era igual entre los participantes y los no participantes, y las presas se construyeron independientemente de ese particular. Ello hace pensar que para la población local esas formas de tenencia no son inseguras. En cambio, los propietarios que compartían barrancos con otros, es decir, barrancos que separan dos parcelas, acusaron un notable índice de no participación. Dado que este arreglo de tenencia tampoco cuenta con seguridad institucional local, representa un límite al valor efectivo del enfoque colectivo de la ordenación de cuencas hidrográficas.

Construcción de múltiples presas de retención en una zona erosionada

Los indicadores de riqueza no mostraron correlación significativa con la decisión de participar en tres de los cuatro parámetros de medida. Por lo tanto, la riqueza no reduce el incentivo para colaborar. Por el contrario, en algunos casos, una cierta riqueza permite una colaboración mayor porque da la posibilidad de ejercer un liderazgo. La pobreza puede ser un factor que induce a los que no tienen tierras en la cuenca a colaborar con la causa colectiva, aunque los ingresos se retrasen o sean inciertos, pues crea una gran cantidad de trabajo efectuado que posteriormente podrá ser recompensado. Es interesante señalar que en las zonas pobres de Haití, donde la gente tiene poco dinero, el trabajo es el medio común de intercambio entre agricultores y el único bien que los pobres pueden aportar a un esfuerzo colectivo. Como ha señalado el antropólogo Murray (1977), en Haití «el éxito de los agricultores consiste no solamente en poseer tierras sino también en disponer sistemáticamente de las energías de otras personas (...) Gran parte de su comportamiento sólo se puede comprender si se capta con claridad su dependencia del trabajo de otros».

El estudio reveló una correlación estrecha entre pertenencia o no pertenencia a los groupements y la decisión de colaborar o no colaborar. Además, la mayoría de los colaboradores «sin tierras» eran miembros de un groupement (90 por ciento). Asimismo, la mayoría de los no colaboradores trabajaban sus tierras por cuenta propia o contrataban mano de obra, mientras que la tendencia de los colaboradores era a intercambiar mano de obra. También la mayoría de los colaboradores «sin tierras» participaba en arreglos de intercambio de mano de obra. Las conclusiones indican que los colaboradores, al contrario de los no colaboradores, tienden a pertenecer a instituciones sociales basadas en la reciprocidad, ya sea por preferencia personal o por la seguridad de que la inversión les será devuelta.

No había diferencia en cuanto a promedio de edad entre los colaboradores y los no colaboradores, pero los colaboradores «sin tierras» eran notablemente más jóvenes. Esto es comprensible ya que son por lo general más pobres y miembros de grupos de intercambio de mano de obra.

Según el modelo construido para evaluar el peso relativo de los parámetros en relación con la decisión de colaborar o no, el factor más relacionado con la opción de colaborar fue la pertenencia al groupement; en segundo lugar, figuraba la experiencia en técnicas de conservación del suelo, y en tercer lugar las ventajas realmente obtenidas de las presas construidas en las tierras de los propietarios. En general, ninguno de los otros parámetros examinados anteriormente tenían una incidencia significativa en la opción de colaborar.

Esto indica claramente que la decisión de colaborar depende en gran medida en las siguientes características personales: i) «espíritu de grupo» y seguridad del carácter recíproco de las contribuciones (facilitado por la pertenencia al groupement); ii) conciencia de la importancia del bien producido mediante la acción colectiva (gracias a la experiencia ya realizada en materia de conservación del suelo); y, iii) la obtención efectiva de beneficios a corto plazo.

Condiciones de las que depende el surgimiento de una acción colectiva

Ni el tamaño de la cuenca hidrográfica, ni la distribución de las parcelas según el tipo de tenencia, ni el número de años de actividad ni el número de propietarios han tenido influencia en el hecho de que surgiera (o no) una acción colectiva. Lo que es más importante todavía, el aumento de los datos correspondientes a estos parámetros (indicadores de heterogeneidad de las cuencas) no ha limitado la acción colectiva. Por lo que se refiere a los recursos de la cuenca, sólo la ubicación de las parcelas (un indicador de la posibilidad de obtener ganancias económicas) tenía una correspondencia con la acción colectiva. En efecto, ésta se vio facilitada en los casos en que dicha posibilidad era mayor (lo que se demuestra por el mayor número de parcelas ubicadas en la parte superior y central del valle). Los costos sociales de transacción que representaba la creación de una nueva institución de acción colectiva sólo parecían justificarse en los casos en que la posibilidad de obtener ganancias superaba con mucho los costos.

Los indicadores de la heterogeneidad de los propietarios (niveles de riqueza, edad, preferencia religiosa, pertenencia al groupement) no constituyeron limitaciones importantes al surgimiento de una acción colectiva. A una mayor diversidad no ha correspondido un nivel más bajo de acción colectiva, o bien porque la población era relativamente homogénea o porque la seguridad que ofrecía la comunidad conjuraba el riesgo y la incertidumbre que entrañaba la heterogeneidad. Sólo el porcentaje de los que tenían experiencia en el uso de técnicas y de los que habían concertado arreglos de intercambio de mano de obra arrojó una correspondencia con el surgimiento de una acción colectiva. Cuanto mayor el porcentaje, tanto más alto era el nivel de la acción colectiva. Ello indica la importancia que tiene el hecho de conocer bien el valor del objetivo (conservación del suelo) que se pretende con la acción colectiva.

Sedimentos fértiles acumulados detrás de una presa de retención situada estratégicamente

Cabe señalar que la pertenencia al groupement fue el parámetro que más influyó en la decisión de colaborar, pero no en el nivel de participación. De hecho, cuanto mayor era el nivel de pertenencia al groupement tanto menor era el nivel de la acción colectiva. Ello indica que tal pertenencia es una condición necesaria pero no suficiente para la acción.

El groupement y los grupos de intercambio de mano de obra son las principales normas institucionales de la acción cooperativa y, probablemente, los principales facilitadores de la adopción y difusión de la ordenación de las cuencas mediante una acción de colaboración. La fuerza de estas instituciones autóctonas trasciende la heterogeneidad de la población o los vínculos basados en la proximidad física. La plena seguridad en el carácter recíproco de las contribuciones y en los menores costos de transacción permite a los miembros efectuar contribuciones «anticipadas» gracias a las cuales las instituciones se transforman en la base social de la acción colectiva y de la gestión autónoma.

Conclusiones sobre la acción colectiva

i) Han resultado moderadamente eficaces los intentos destinados a mejorar la ordenación del paisaje rural, a saber: el estímulo a la formación de organizaciones voluntarias autónomas en materia de organización y gestión; la prestación de ayuda técnica para la adopción, por parte de los individuos, de prácticas de conservación; y el estímulo para emprender una acción colectiva voluntaria orientada a la ordenación de cuencas hidrográficas. Surgieron grupos de acción colectiva que trataron con resultados satisfactorios la erosión transfronteriza en la mayoría de las cuencas estudiadas. Aunque en esos casos no hubo necesidad de incentivos externos para impulsar la acción, tal vez se hubieran necesitado para llevar a cabo el tratamiento en todas las cuencas. Los participantes tratan voluntariamente las tierras de los que no participan. De hecho, el 28 por ciento de las presas de retención se construyeron en tierras de no participantes. Este es el indicador más claro de la no separabilidad de la producción de las cuencas hidrográficas.

ii) La opción individual de colaborar en acciones colectivas que producen bienes públicos se ve facilitada por los siguientes factores: la pertenencia anterior a organizaciones sociales basadas en la reciprocidad de las contribuciones; el conocimiento práctico de las ganancias que se pueden obtener de la colaboración; y la posibilidad de aprovechar los beneficios de dicha acción. La mayoría de los colaboradores no obtuvo ganancias en los dos años que duró el estudio (al menos, según los resultados del mismo). También se vio con claridad que, si se dan las condiciones apropiadas, los pobres contribuyen voluntariamente a acciones colectivas que producen bienes públicos, con la seguridad de que en virtud del carácter recíproco de las contribuciones la comunidad les devolverá, con el tiempo, la contribución que ellos han dado a la comunidad.

iii) En la base de la formación de instituciones cooperativas de alto nivel y del suministro de bienes públicos se encuentran grupos cooperativos que son autóctonos y autónomos. La heterogeneidad de las cuencas hidrográficas y de los propietarios no ha limitado la colaboración precisamente porque la pertenencia a dichos grupos da una gran seguridad a los individuos respecto al cumplimiento de las normas y de la reciprocidad. Además, el hecho de que todos, ricos o pobres, tenían parcelas dispersas hizo nacer un interés común por la ordenación de cuencas hidrográficas.

iv) Las personas no se sienten motivadas solamente (o quizás ni siquiera principalmente) por los resultados que se pretende con la acción colectiva, sino también por el beneficio que supone el hecho mismo de participar en el proceso. Más que pensar en la acción colectiva como una institución que afronta el desafío de producir un único y determinado «bien público», quizás es más apropiado pensarla como un «conjunto de oportunidades», como una institución capaz de brindar prestaciones diferentes a individuos diferentes. Algunos quizás colaboran para ganarse un prestigio social, otros tal vez para obtener créditos para cuando escasea la mano de obra; en fin, otros puede que colaboren para obtener ganancias financieras a corto plazo.

Vista aérea de una parcela pequeña de propiedad común limitada por un seto vivo de Euphorbia) en mitad de una propiedad pública mal vigilada en Haití central

Consecuencias en materia de políticas

i) Dejar que sean los otros los que trabajen no es el modo predominante de comportamiento. Para colaborar en la nueva actividad colectiva acudieron en tropel individuos de la zona de las cuencas y de otras partes. La acción mancomunada al servicio de la ordenación de las cuencas hidrográficas era una oportunidad para obtener riqueza y para invertir mano de obra. La conclusión según la cual la colaboración depende del comportamiento de los otros contradice el supuesto fuertemente individualista que subyace en las políticas y proyectos tradicionales de Haití (y de otros lugares).

ii) Los arreglos a corto plazo en materia de tenencia de tierras y otros arreglos que los expertos externos caracterizan como «inseguros» no han impedido la aplicación de prácticas de conservación del suelo ni la adopción de actividades relativas a la ordenación de cuencas hidrográficas. Como se dijo anteriormente, la mano de obra es el medio principal de intercambio entre los campesinos, y el acceso a ella en tiempos de necesidad es de hecho más importante que la tenencia de tierras o la posesión de dinero.

iii) Se puede hacer un tratamiento completo de los barrancos, aunque no siempre se forman grupos específicamente orientados a la ordenación de cuencas hidrográficas. En resumen, los diferentes niveles de la ganancia neta, y la heterogeneidad de las cuencas y de los propietarios determinarán formaciones institucionales distintas. La administración de los recursos se puede realizar a pesar de la diversidad de las cuencas y de los propietarios.

iv) Los agentes externos pueden promover más eficazmente una participación colectiva en proyectos de utilidad pública contribuyendo a que la gente del lugar se organice por sí misma y no transfiriendo o imponiendo arreglos desde afuera. Los gobiernos pueden ejercer una función subsidiaria mediante instrumentos legales, tales como normas, impuestos, subsidios o inversiones, para ayudar a las instituciones locales a obtener el bien público necesario. Dicho enfoque, aunque problemático en términos de seguimiento, sería barato y aumentaría las capacidades de las instituciones locales para administrar los recursos destinados a un desarrollo sostenible.

El tratamiento de las cuencas hidrográficas de las tierras altas de Haití se promovería con el apoyo de proyectos y políticas destinadas a la difusión de arreglos en materia de intercambio de mano de obra, y con la adopción previa de tratamientos de conservación del suelo. También el apoyo de los groupement por parte del gobierno contribuiría a fomentar la acción colectiva. Los grupos de intercambio de mano de obra podrían servir como base del sistema de extensión. La opresión de los groupement por parte del gobierno y otras instituciones locales reduce la posibilidad de los campesinos haitianos de ordenar adecuadamente sus tierras, y tiene un impacto negativo, indirecto pero sustancial, en el medio ambiente rural.

Bibliografía

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