Los esfuerzos gubernamentales en favor de la mujer se han caracterizado por ser puntuales y carecer de continuidad. En el sector rural, además, han estado dirigidos a apoyar principalmente la función reproductiva de la mujer y a favorecer a la familia.
La Asociación de Cooperación de la Mujer Campesina, auspiciada por el Ministerio de Agricultura, es la que ha tenido mayor continuidad. Desde 1972 viene promoviendo a la mujer campesina a través de la elaboración, asesoría y promoción de proyectos de incremento económico y generación de empleo mediante la formación de pequeños talleres artesanales. La Asociación celebra cada año una feria artesanal con mucho éxito.
La Comisión Nacional de la Mujer Perúana y el Comité Técnico de Revalorización de la Mujer, creados en 1974 como parte de los preparativos para la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en México, promovió en el sector rural la participación de las mujeres en proyectos artesanales complementarios a la agricultura; sin embargo, esta iniciativa tuvo una corta vida (1974-1976).
Entre 1985 y 1990, a pesar de que el sector agrícola fue declarado como una de las prioridades del gobierno, sus programas y proyectos no tuvieron una política específica orientada a la mujer. Los programas que le son ofrecidos por intermedio de las oficinas departamentales y regionales del Ministerio de Agricultura consistían básicamente en una orientación tradicional tendiente a mejorar la economía del hogar mediante cursos de higiene, tejido, bordado y culinaria.
El Programa de Desarrollo Comunal, que integraban los Ministerios de Agricultura, Salud, Educación, Vivienda y Planificación, abarca tanto las áreas urbano-marginales como las comunidades de la Sierra. Se reconoce en él la importancia del trabajo de la mujer en la reproducción y la necesidad de que la mujer reciba una remuneración, así sea ésta de poca cantidad y constituya sólo un ingreso complementario. El programa rural incluye el apoyo a la artesanía, considerándola complementaria de la actividad agrícola, facilita crédito para la compra de materiales, y establece un intenso programa de comercialización, promoviendo ferias y exportaciones.
La Oficina de Apoyo Alimentario coordinó todos los programas de distribución de alimentos, a través de grupos organizados de mujeres o clubes de madres que distribuían alimentos, dando prioridad a sus actuaciones en función de las madres gestantes, lactantes o con hijos menores de cinco años. La distribución exigía un aporte monetario pequeño que provenía de fondos para actividades de generación de ingresos. Actualmente se desarrollan las mismas actividades a través del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria.
El Consejo Nacional de Población realizó en 1989 un diagnóstico sociodemográficos de la situación de la mujer en el Perú, incluyendo las zonas rurales. Luego convocó a mujeres del sector público y privado para la formulación del Programa de Promoción de la Mujer, el cual se transformó en 1990 en la Red Nacional de Promoción de la Mujer, de carácter privado.
Actualmente, el Ministerio de Agricultura, desarrolla programas y proyectos que posibilitan el acceso de las mujeres a los recursos, como el Proyecto Especial de Titulación de Tierras y Catastro Rural, iniciado en 1993, que reconoce a las mujeres el derecho a la propiedad cuando son conductoras directas. Entre los programas especiales, el de Fomento a la Transferencia de Tecnología a las Comunidades Campesinas de la Sierra (con un préstamo del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola), iniciado también en 1993, se desarrolla en cinco departamentos de la Sierra y ha logrado favorecer la participación de las mujeres en la extensión agrícola y pecuaria, y la programación, a partir de 1994, de talleres de sensibilización a nivel de los diseñadores de politices, programas y proyectos. Asimismo, se han elaborado políticas para incluir a la mujer en los proyectos de desarrollo rural y la variable sexo en el diseño del II Censo Nacional Agropecuario.
La Red Nacional de Cooperación Técnica de Instituciones y Organismos de Apoyo a la Mujer Rural, que coordina el Ministerio de Agricultura, es auspiciada por la FAO y está integrada por organismos públicos, privados y de cooperación técnica. Se propone la sensibilización a nivel del sector público para el reconocimiento de la mujer rural como sujeto y objeto de las políticas públicas; la recopilación de información y la elaboración de un banco de datos; el apoyo a la organización de agricultoras; y la formulación y gestión de financiamiento para pequeños proyectos. Además, constituye un espacio de intercambio de información y experiencias.
El Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA) lleva a cabo acciones directas y proyectos encaminados a la transferencia tecnológica en las poblaciones rurales de la Costa, Sierra y Selva. Si bien en su formulación no se consideró el enfoque de género, en la implementación se ha tomado en cuenta a las mujeres como beneficiarias de la capacitación y transferencia de tecnología, y hay esfuerzos recientes para vincular el trabajo de investigación con el de divulgación (véase los Cuadros 27 y 28 del Anexo I).
El INIA también ha ejecutado un proyecto en colaboración con la Organización Nacional Agraria, con la finalidad de motivar y capacitar a la mujer rural y propiciar una participación mayor y eficaz de ésta en el proceso de transferencia de tecnología (véase el Cuadro 29 del Anexo I).
El Ministerio de Pesquería ha puesto en marcha un proyecto de pesca artesanal que beneficia a las mujeres ofreciéndoles capacitación y el crédito que facilitan sus labores de procesamiento y comercialización (véase el Cuadro 30 del Anexo I).
La FAO y la Cooperación de los países Bajos tienen a su cargo el proyecto «Apoyo a las plantaciones forestales con fines energéticos y para el desarrollo de las comunidades rurales de la Sierra peruana»; dicho proyecto, implementado por el Programa Nacional de Manejo de Cuencas, facilita la formación de promotoras forestales y reconoce a las organizaciones de mujeres en sus planes comunales (véase el Cuadro 31 del Anexo I).
Las experiencias más interesantes provienen de las pocas organizaciones no gubernamentales (ONG) que han respondido a los pedidos de las mujeres de participar en proyectos de desarrollo rural o que han cumplido con la exigencia de las agencias donantes de considerar entre sus beneficiarios a las mujeres, ya sea dentro de la comunidad y la familia, ya sea de manera independiente en organizaciones de mujeres.
Sin embargo, estas experiencias son aún muy limitadas porque son pocas las ONG que trabajan en esta perspectiva, y porque su actuación es local, lo cual limita el impacto que puedan tener.
La labor de las ONG en el desarrollo rural en favor de las necesidades de las mujeres ha sido objeto de una evolución. En los años ochenta los proyectos de desarrollo rural no involucraban a las mujeres, y esta exclusión no se consideraba desfavorable. Cuando se empezó a investigar acerca de la participación de las mujeres campesinas en la producción de subsistencia y en la pequeña producción rural, las ONG comenzaron a considerar a las mujeres como interlocutoras, según distintas circunstancias:
- Ciertas ONG sólo encuentran mujeres en las chacras a la hora de llevar sus propuestas de capacitación productiva. Debido a la migración temporal o permanente de los hombres en las comunidades campesinas de la Sierra afectadas por la violencia, las mujeres se quedan a cargo de la conducción de sus parcelas.
- Las mujeres organizadas con ocasión de donaciones de alimentos o cursillos de alfabetización que solicitan a las ONG participar en la capacitación, en los créditos rotatorios y en la asesoría técnica productiva.
- Las agencias donantes que exigen incluir entre sus beneficiarios a las mujeres, en actividades específicas o como parte de los proyectos de riego, tecnologías andinas, promoción productiva, conservación de suelos, etc.
- La presión de instituciones y profesionales de organizaciones femeninas para incorporar a las mujeres en los proyectos de desarrollo e incluir una perspectiva de género en los mismos ha jugado también un papel importante. Se destacan los esfuerzos de la Red Nacional de la Mujer Rural del Centro «Flora Tristán», para sensibilizar a las ONG y proporcionar apoyo mediante diagnósticos, capacitación en metodologías de intervención, intercambios de experiencias e indicadores de evaluación que facilitan la participación de las mujeres rurales en las estrategias de desarrollo. La difusión y documentación de esta experiencia son objeto de publicaciones en la revista trimestral del Centro, en programas radiofónicos y concursos fotográficos sobre la mujer rural.
- La Escuela para el Desarrollo que ofrece cursillos de capacitación de promotores de ambos sexos en los que se sistematizan experiencias, y los espacios de discusión promovidos por agencias de los Países Bajos, del Canadá y de Alemania.
En 1993 los buenos resultados de determinadas experiencias tenían aún un carácter aislado, y el proceso de sistematización e intercambio era lento, lo que dificulta su replicación.
Se hace necesario un debate más amplio sobre estos avances y sus limitaciones, debido a la tendencia generalizada de evaluadores, gobernadores de proyectos y agencias financieras de incluir a las mujeres en pequeños proyectos marginales o complementarios de los grandes proyectos. Sin embargo, hay experiencias interesantes entre las que destacan la inclusión de mujeres en proyectos de irrigación 1 y en créditos rotatorios 2.
(1 Los proyectos de IDEAS (Piura), CAME (Puno), CADEP (Cusco) y CAPRODA (Arequipa) ofrecen orientaciones posibles para mejorar la participación de la mujer en proyectos de riego.
2 Son los más generalizados en las zonas rurales, pero las mujeres recién empiezan a ser consideradas beneficiarias. SEPAR (Huancayo), CADEP y ARARIWA (Cusco) muestran logros importantes en sus metodologías de participación femenina.)