3. Examen y evaluación del apoyo internacional
La cooperación internacional en el Pero se ha canalizado a través de convenios bilaterales y multilaterales.
La cooperación canalizada a través del gobierno no ha tenido mandato explícito de incluir las necesidades o intereses de las mujeres, y se ha dirigido en general al desarrollo agrícola pecuario y pesquero. Durante la década de los ochenta los programas de crédito con asistencia técnica, apoyados por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, se canalizaron a través del Banco Agrario y no contemplaban el enfoque de género. Algo parecido ha sucedido con los proyectos para combatir los efectos de la sequía en el Sur andino, ejecutados durante los años ochenta y en el actual decenio, que consideraron a la unidad familiar como beneficiaria de alimentos y, en contados casos, a las mujeres jefas de familia como participantes en actividades que se pagaban con alimentos.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) se ha caracterizado por brindar apoyo alimentario a familias rurales a través de programas nacionales como el Programa Nacional Agroalimentario (PRONAA) y el Programa Nacional de Manejo de Cuencas (PRONAMACHS). Apartirde 1994, el PMA ha incorporado en la planificación, programación y evaluación de sus proyectos el enfoque de género.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia ha movilizado a las mujeres para las campañas de nutrición y adiestramiento infantil.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación se caracteriza por su trabajo de sensibilización, y ha orientado la reflexión sobre la función productiva de las mujeres, difundiendo experiencias que destacan la participación femenina en la producción de semillas y alimentos y la conservación del medio ambiente. La Organización ha auspiciado seminarios, en colaboración con el Instituto Nacional de Investigación Agraria, sobre la problemática de género en los procesos de transferencia de tecnologías.
Cabe mencionar el trabajo de algunas agencias de cooperación en materia de gestión y financiamiento de proyectos conjuntos. Dentro de este marco de apoyo internacional el primer lugar corresponde a los Países Bajos y el Canadá, que tienen mandatos específicos con respecto a las mujeres y han desarrollado instrumentos de implementación y medición de resultados.
Algunas ONG de países donantes que actúan en cooperación con las ONG nacionales y con organizaciones rurales se van comprometiendo cada vez más con las organizaciones de mujeres. Las ONG de los Países Bajos (NOBIB, CEBEMO, ICCO y SNV) y del Canadá (CUSO, WUS y ACDI), desde 1985, así como la Sociedad Alemana de Cooperación Técnica, con su programa «Pan para el mundo», y diversas ONG de los Estados Unidos, España e Inglaterra, en el presente decenio, han desarrollado una labor destacada.
Las ONG nacionales que reciben fondos de cooperación internacional siguen múltiples enfoques y propuestas de desarrollo rural, e intervienen en los aspectos productivos, organizativos y en la toma de conciencia en materia de derechos.
Existe un gran porcentaje de proyectos de desarrollo rural e integral (63 en 1989 y 68 en 1993); las organizaciones sociales y la población beneficiaria son diversas, y la participación de las mujeres es un factor invisible. No se toman en cuenta las actividades de las mujeres, sus necesidades y capacidades.
Un grupo significativo desarrolla actividades con mujeres en aspectos reproductivos y de servicios: alimentación y salud (26 en 1989 y 33 en 1993), pequeños huertos y cría de animales menores (13 en 1989 y 20 en 1993). Estos se complementan con los proyectos que se desarrollan en la misma zona con participación masculina mayoritaria en materia de conservación de suelos, pequeñas y me lanas Irrigaciones y proyectos pecuarios entre otros. Estas actividades con mujeres son pequeñas y de escasa importancia para las instituciones que las desarrollan.
Son pocos los proyectos de desarrollo en actividades agrícolas y pecuarias que incluyen a las mujeres como beneficiarias. Estos proyectos muestran dos tipos de comportamiento:
- los que aceptan la participación de las mujeres por ausencia de hombres en la zona debido a la migración o fallecimiento ocasionado por la crisis y violencia política;
- los que tienen como objetivo explícito incluir a las mujeres como participantes y beneficiarias de sus acciones (4 en 1989 y 8 en 1993). Estos son recientes y avanzan muy lentamente debido al proceso de sensibilización.
Desde mediados de los años ochenta las mujeres rurales y sus organizaciones vienen pidiendo al Estado, las agencias internacionales y las ONG ser consideradas beneficiarias directas de los proyectos de desarrollo, como es el caso de las federaciones y asociaciones distritales y provinciales de mujeres, secretarías femeninas de gremios, rondas campesinas y clubes de madres.
Sin embargo, las mujeres participan sobre todo a nivel rural en proyectos reproductivos, o en pequeños proyectos de huertos y granjas. Sólo contadas veces participan en proyectos de mejoramiento de semilla de papa, granos andinos y viveros, y es aún más escasa su participación en proyectos de riego y producción agropecuaria de mayor escala.
Las dificultades de promover la mayor participación femenina en los proyectos de desarrollo rural están dadas por una actitud de no reconocimiento y de prejuicio que lleva a ignorar la real participación de la mujer en las tareas productivas. Esto trae como consecuencia:
- la resistencia explícita a cualquier innovación que signifique mayor participación de la mujer en la capacitación y promoción, poniendo como disculpa la división de la familia campesina;
- la aceptación de la participación de la mujer en la producción, pero sin alterar sus otras costumbres, y por lo tanto sobrecargándola de trabajo o manteniendo las trabas más comunes de horarios, lugares, lenguaje, convocatoria y tipo de capacitación no adecuados a sus experiencias y visiones;
- la poca sensibilidad y disponibilidad de los profesionales y encargados de la formulación, ejecución y seguimiento de los proyectos.