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El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2016

El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo

En la edición de El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo de este año se hace balance de los progresos realizados hacia la consecución del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM 1) y el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación establecidos por la comunidad internacional en relación con el hambre y se reflexiona sobre lo que debe hacerse todavía, mientras se prepara la transición a la nueva agenda para el desarrollo sostenible después de 2015. En el informe se examinan los progresos hechos desde 1990 en todos los países y regiones, así como en el mundo en su conjunto.

Pese a los progresos generales, queda mucho trabajo por hacer para conseguir erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria en todas sus dimensiones. En el informe del año 2015 no solo se facilitan estimaciones de los progresos ya realizados, sino que también se señalan los problemas restantes y se proporciona orientación sobre las políticas en las que debería hacerse hincapié en el futuro. Asimismo se señalan los principales factores que han determinado el éxito hasta la fecha en la consecución de los objetivos relativos a la seguridad alimentaria y la nutrición. La lista de factores —el crecimiento económico, el crecimiento de la productividad agrícola, los mercados (incluido el comercio internacional) y la protección social— no es en absoluto exhaustiva. En el informe se muestra también que las crisis prolongadas, causadas por conflictos o por catástrofes naturales, tienen efectos nocivos sobre los progresos en la reducción del hambre. 

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Mensajes principales

  • Hay unos 793 millones de personas subalimentadas en el mundo, es decir, 167 millones menos que hace un decenio y 216 millones menos que en 1990-92. El descenso ha sido más pronunciado en las regiones en desarrollo, a pesar del considerable crecimiento demográfico. En los últimos años, los progresos se han visto obstaculizados por un crecimiento económico más lento y menos inclusivo, así como por la inestabilidad política en algunas regiones en desarrollo, por ejemplo en África central y Asia occidental.
  • El año 2015 marca el final del período de seguimiento de las metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En las regiones en desarrollo en su conjunto, la proporción de personas subalimentadas en la población total ha disminuido del 23,3 % en 1990-92 al 12,9 %. En algunas regiones, como América Latina, las regiones oriental y sudoriental de Asia, el Cáucaso y Asia central, y las regiones septentrional y occidental de África se han hecho progresos rápidos. También se han registrado progresos en el Asia meridional, Oceanía, el Caribe y el África austral y oriental, pero a un ritmo demasiado lento para alcanzar la meta 1.C de los ODM, consistente en reducir a la mitad la proporción de personas que sufren subalimentación crónica.
  • Un total de 72 países en desarrollo de 129, o sea, más de la mitad de los países objeto de seguimiento, han alcanzado la meta 1.C de los ODM, relativa al hambre. La mayor parte disfrutaron de condiciones políticas estables y crecimiento económico, a menudo acompañados por políticas de protección social dirigidas a los grupos vulnerables de la población.
  • En las regiones en desarrollo en su conjunto, los dos indicadores relacionados con la meta 1.C de los ODM —la prevalencia de la subalimentación y la proporción de niños menores de cinco años que padecen insuficiencia ponderal— han disminuido. En algunas regiones, a saber, África occidental, Asia sudoriental y América del Sur, la subalimentación disminuyó más rápido que la tasa de insuficiencia ponderal infantil, lo que indica que hay margen para mejorar la calidad de las dietas, las condiciones higiénicas y el acceso a agua limpia, especialmente entre los sectores más pobres de la población.
  • El crecimiento económico es un factor clave del éxito en la reducción de la subalimentación, pero tiene que ser inclusivo y ofrecer oportunidades para mejorar los medios de vida de la población pobre. El aumento de la productividad y los ingresos de los pequeños agricultores familiares es fundamental para lograr progresos.
  • Los sistemas de protección social han sido decisivos con vistas a promover la realización de progresos hacia la consecución de las metas del ODM 1 relativas al hambre y la pobreza en diversos países en desarrollo. La protección social contribuye directamente a la reducción de la pobreza, el hambre y la malnutrición mediante la promoción de la seguridad de los ingresos y el acceso a una mejor nutrición, atención sanitaria y educación. Al mejorar las capacidades humanas y mitigar los efectos de las crisis, la protección social favorece la capacidad de los pobres para participar en el crecimiento mediante un mejor acceso al empleo.
  • En muchos países que no han logrado alcanzar los objetivos internacionales relativos al hambre, las catástrofes naturales y las provocadas por el hombre o la inestabilidad política, se han traducido en crisis prolongadas que han conllevado una mayor vulnerabilidad e inseguridad alimentaria de gran parte de la población. En estos contextos, las medidas para proteger a los grupos vulnerables de la población y mejorar los medios de vida han sido difíciles de aplicar o ineficaces.

El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo

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