Señor Director General Adjunto:
En pocos minutos acaba de hacer un examen general tan preciso como penetrante de todas las actividades de la Comisión del Codex Alimentarius, consideradas desde el excelente puesto de observación que constituye vuestro alto cargo en la FAO. Por otra parte, el hecho de que usted haya hablado en nombre de los Directores Generales de la FAO y de la OMS hace que sus puntos de vista hayan adquirido aún más fuerza.
No me considero la persona adecuada para hacer un comentario personal sobre los puntos que usted ha subrayado tan oportunamente.
Por otra parte, la mayoría de ellos serán examinados dentro del marco del Programa de nuestro actual período de sesiones, y nosotros tendremos en cuenta su espíritu, en el curso de los debates, así como las esperanzas que usted ha formulado respecto a su adopción por la Comisión.
Se ha hablado mucho de la nueva orientación de los trabajos de la Comisión del Codex, antes y después de su 12o período de sesiones. Esta nueva orientación es real y está justificada. Puede considerarse, con toda naturalidad, dentro de las posibilidades de elección de las prioridades que la Comisión está obligada a establecer, de acuerdo con sus estatutos. La Comisión, por tanto, fijó estas prioridades en nuestra última reunión.
Esta nueva orientación no ha tenido en cuenta un hecho nuevo en la elaboración de las normas del Codex.
Sin querer remontarnos a la creación de la Comisión a la que usted contribuyó y que, ahora, ha recordado, la Comisión en 1962 contaba con una treintena de países miembros. Actualmente, el número de los miembros de la Comisión es de 117.
Este hecho constituye una demostración clamorosa, espectacular, del interés manifestado por los países miembros de la FAO y de la OMS por los trabajos del Codex y, en particular, en el curso de estos últimos años, por los países en desarrollo. Este interés no se ha manifestado en una forma repentina, sino insensiblemente, en una forma constante, cada día más evidente y convincente mediante la participación siempre más activa de estos últimos países en los trabajos del Codex.
Es muy natural que los trabajos de la Comisión, en un principio, se hayan orientado hacia los productos que son más corrientes, y que son objeto del comercio internacional; el resultado de estos trabajos ha cristalizado en la publicación de un centenar de normas o códigos de prácticas recomendados. Ninguna intención, por parte de nadie, de monopolizar cualquier actividad.
El interés, cada vez mayor, manifestado por los países en desarrollo por los trabajos del Codex, tiene como consecuencia que, actualmente, insistan, con razón, en que los productos que podrían representar para ellos un interés económico inmediato o potencial sean objeto de las preocupaciones de la Comisión.
Esto está perfectamente de acuerdo con el espíritu de las líneas directrices de la Comisión, la que, de acuerdo con sus estatutos, ha de decidir acerca de las prioridades de los trabajos.
En su discurso, ha mencionado usted la creación de dos nuevos comités: el Comité de Cereales y Productos de Cereales y el Comité de Proteínas Vegetales.
Esta realidad yo la completaría, por mi parte, mencionando la actividad de los comités ya existentes, como el de aceites y grasas, o el de zumos (jugos) de frutas, cuyo campo de acción se amplía para abarcar productos provenientes de los países en desarrollo. Y estos no son más que unos cuantos ejemplos.
Por otra parte, con este enfoque de las actividades, los Comités regionales de coordinación tienen ya un campo de acción más grande, que les permitirá poder ocuparse de los productos estrechamente ligados a la economía de sus regiones.
Por tanto, la Comisión ha tenido muy en cuenta los votos expresados por el Comité del Programa de la FAO, y por el Consejo de la FAO. El 20o período de sesiones de la Conferencia de la FAO, que se ha celebrado recientemente, ha reconocido este hecho expresamente.
Tengo la firme esperanza de que la Comisión no dejará de avalar el nuevo procedimiento establecido por el Comité de Principios Generales para poder tener en cuenta, en una forma más evidente, las posibles repercusiones económicas en los países en desarrollo, en el curso de la elaboración de las normas del Codex.
Ha expresado usted el deseo de que la Comisión preste una mayor atención a los aspec tos nutricionales. Permítame recordar a este respecto, que las normas se elaboran de acuerdo con un esquema, el cual, y creo poder hacer esta afirmación, constituye un modelo en su género. En él se tienen en cuenta los factores esenciales de composición y de calidad, los aditivos, los contaminantes y las exigencias relativas a la higiene.
Existen, también, tantos factores, ligados directamente a la promoción de productos, que deben garantizar una mejor calidad de la alimentación. No obstante, el Codex no sabría ni podría resolver mediante sus normas y sus códigos de prácticas los problemas de la nutrición. No debe olvidarse que la promoción de una mejor nutrición constituye fundamentalmente un problema de medicina preventiva. Sin embargo, los trabajos de la Comisión FAO/OMS del Codex Alimentarius pueden hacer una contribución muy positiva en pro de la promoción de una mejor nutrición, mediante la elaboración de las normas sobre factores de calidad.
Pienso, especialmente, en los límites máximos de residuos de plaguicidas u otros contaminantes, o en las exigencias de composición de los productos destinados a la alimentación de los niños de corta edad, o en todos los demás factores determinantes, relativos a los contenidos de elementos nutrientes indispensables.
Usted ha insistido, en una forma muy pertinente, en la necesidad de que los países en desarrollo fomenten el control de los productos alimenticios. Esta necesidad es evidente, pero su puesta en práctica sobrepasa el cuadro de actividades de la Comisión.
El control es el corolario de la publicación y de la aplicación de las normas. Constituye un objetivo que debe lograrse con la ayuda internacional. Pero en esto, también, la Comisión habrá aportado una contribución notable.
En el ínterin, mientras se alcanza este objetivo, que sería de desear que fuese en el plazo más breve posible, el Codex propone un código de ética, que se someterá al examen de la Comisión en el curso del presente período de sesiones, y que, yo espero, sea adoptado en la forma que se presenta.
El grave y lacerante problema que plantea la aceptación de las normas por parte de los países llamados industrializados o desarrollados, deja todavía mucho que desear, y es un hecho que no debemos ocultar.
La lectura del grueso volumen, publicado en octubre de 1978, sobre el estado de las aceptaciones, es reveladora a este respecto. Pocos países desarrollados aceptan las normas, mientras que ocurre lo contrario cuando se trata de los países en desarrollo. Y sin embargo, los citados en primer lugar son los países que han participado intensamente en su elaboración.
La verificación de estos hechos no nos debe incitar a la resignación.
En los países desarrollados son numerosos los obstáculos y limitaciones que se oponen, en el plano jurídico, a la integración de las normas (acompañadas o no de derogaciones especificadas) en sus legislaciones nacionales, que, frecuentemente, se han estructurado en el curso de decenios.
No obstante, nada es imposible en este campo, cuando se está convencido de que los objetivos del Codex están bien fundamentados en la escala internacional.
No debemos tener miedo de hacer un llamamiento a todos los Miembros del Codex para que notifiquen sus posiciones, cualesquiera que ellas sean, respecto a las normas.
Tales notificaciones pueden revestir diversas formas. Pueden consistir desde la aceptación, con o sin excepciones, hasta una simple declaración, en virtud de la cual se declara que los productos que se ajusten a las disposiciones de una norma, que no estén en oposición con la legislación nacional, podrán ser comercializados libremente en el país notificante. Esto constituye un primer paso. Se comprueba que las divergencias entre un país y otro no son fundamentalmente redhibitorias, y que podría encontrarse la fórmula adecuada para llegar a una armonización, dentro de un plazo más o menos largo.
Se adoptarán otras soluciones, a medida que las estructuras de control sean una realidad en los países en desarrollo. La armonización tan preconizada en los círculos internacionales adoptará entonces otra dimensión, en tanto que sea verdad que, por lo que respecta a la protección de la salud del consumidor, las exigencias no pueden disociarse entre los diferentes pueblos del mundo.
Señor Director General Adjunto:
Ha pronunciado usted frases amables sobre mi persona que agradezco muy profundamente, y por las que le doy mis más sinceras gracias.
En efecto, llego al final de mi carrera, en cuyos últimos años, las actividades del Codex han ocupado un lugar destacado.
Es verdad que la Comisión y sus órganos auxiliares constituyen los foros de los cuales todos los participantes obtienen siempre un cierto beneficio. El hecho de reunirse presupone ya la intención de llegar a entenderse. Los intercambios de puntos de vista, los enfoques diferentes de problemas que parecen semejantes, incluso idénticos, las posiciones irreductibles, en un primer examen, que finalmente se concluyen, con frecuencia, en soluciones de compromiso aceptables, sin que, no obstante, se haya abandonado el aspecto esencial, me han hecho recordar frecuentemente el siguiente pensamiento de la Rochefoucault:
“Es una locura creer que uno siempre tiene razón”.
Yo creo que somos lo suficientemente prudentes para tratar de buscar juntos, si no la verdad, al menos lo razonable.
Señoras y señores delegados:
Antes de continuar, quisiera evocar delante de ustedes el recuerdo de dos personalidades, bien conocidas de la Comisión, que han fallecido después del último período de sesiones de la Comisión.
Se trata de dos miembros de la delegación de Dinamarca:
Los Sres. Dr. Viggo Enggaard
Dr. Mog Kondrup
El Dr. Enggaard falleció hace seis semanas, es decir poco después de la reunión del Comité del Codex sobre Principios Generales, en cuya inauguración participó todavía en la reunión del grupo de trabajo encargado de finalizar el proyecto de código de deontología. Por otro lado, tomó parte activa en todos los períodos de sesiones de la Comisión del Codex. Su nombre aparece ya en el primer período de sesiones de 1962.
Presidió con distinción el Comité del Codex sobre Productos Cárnicos Elaborados de Reses y Aves, desde 1967.
Este breve recuerdo de sus actividades, en el seno de los organismos del Codex, subraya en qué medida trabajó en esta gran obra que es la nuestra. Su don de gentes, su amabilidad, su competencia, habían hecho del Dr. Enggaard una figura de relieve del Codex, y nosotros conservaremos un recuerdo emocionado de este hombre tan afable como modesto.
El Dr. Kondrup, fallecido a principios de este año, fue también una figura bien conocida de la Comisión y de sus organismos. Fue funcionario de la FAO, ocupándose de los trabajos relacionados con los aditivos alimentarios.
Al igual que el Dr. Enggaard, tomó parte en las actividades de la Comisión desde el primer período de sesiones, celebrado en 1962. Su fidelidad podría paragonarse sólo con su competencia en el seno de la delegación danesa.
Nosotros conservaremos de estos dos distinguidos delegados un recuerdo indeleble de reconocimiento, y expresamos a la delegación de Dinamarca nuestro más sentido pésame.
Rogamos a los señores delegados que se levanten y observen algunos instantes de silencio en memoria de estos fieles servidores del Codex.