Exposición Mundial de la FAO “De las semillas a los alimentos”
Pabellón regional América Latina y el Caribe: “Sistemas agroforestales: de la cuenca al mar”
8-12 de octubre de 2026 | CIRCO MASSIMO, Roma, Italia | Entrada liberada
El pabellón invita a los visitantes a recorrer un viaje continuo, desde las montañas hasta el océano, para descubrir cómo los sistemas agroforestales conectan territorios, comunidades y ecosistemas.
Inspirado en el enfoque “de la cuenca al mar”, este espacio muestra que la producción de alimentos no ocurre de manera aislada, sino como parte de paisajes vivos e interdependientes, donde el agua, el suelo, la biodiversidad y las personas están profundamente conectados.
Los sistemas agroforestales, al integrar árboles con cultivos y animales, constituyen una solución clave para transformar estos paisajes en sistemas más productivos, biodiversos, resilientes y sostenibles para todos.
En esta muestra contamos con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, países que presentan una selección de productos amazónicos derivados del café y del cacao, así como productos forestales y artesanías.
Los invitamos cordialmente a visitar nuestro stand y conocer más sobre la riqueza única de la región.
Las personas detrás de esta muestra
Productos relevantes para América Latina y el Caribe
América Latina y el Caribe es un centro vital para la agrobiodiversidad.
La composición de sus ecosistemas, junto con los saberes ancestrales de los pueblos indígenas, ha permitido conservar y adaptar recursos genéticos a lo largo de generaciones, fortaleciendo sistemas agroforestales resilientes y contribuyendo de manera decisiva a los medios de vida locales, así como a la seguridad alimentaria y nutricional.
El açaí es un fruto originario de la Amazonía, fundamental en la alimentación de las comunidades ribereñas del estuario amazónico. Rico en antioxidantes, fibra, vitaminas y ácidos grasos esenciales, es reconocido por su gran aporte energético y nutricional. La palma de açaí se regenera fácilmente y su cultivo sostenible ha generado empleo e ingresos en zonas rurales de la Amazonía. Hoy, el açaí es valorado internacionalmente como un alimento saludable y emblemático de la biodiversidad amazónica.
El amaranto es una planta originaria de México, con una fuerte base biocultural vinculada a las culturas prehispánicas. Actualmente es cultivado por pequeños agricultores en sistemas tradicionales de menos de una hectárea. Reconocido por la Naciones Unidas como un superalimento, destaca por su alto valor nutricional, versatilidad y potencial productivo. Además, posee gran capacidad de adaptación, tolerando sequías, salinidad y altas temperaturas, lo que lo convierte en un cultivo estratégico frente al cambio climático.
El café es el producto tropical más comercializado del mundo y constituye una fuente clave de ingresos y sustento para millones de familias agricultoras. Su producción se concentra principalmente en países en desarrollo, donde representa una parte importante de las exportaciones agrícolas. El café cultivado bajo sistemas agroforestales contribuye a la conservación de la biodiversidad, los suelos y los ecosistemas tropicales.
El cacao es un árbol originario de América Central y del Sur, cultivado en regiones tropicales de todo el mundo. Sus frutos contienen semillas que, tras procesos de fermentación y secado, se transforman en productos como chocolate, manteca y cacao en polvo. Además de su importancia económica y cultural, el cacao destaca por su valor alimenticio, ya que aporta grasas, proteínas y carbohidratos, así como compuestos estimulantes naturales como cafeína y teobromina.
La chirimoya es un fruto originario de los Andes, especialmente del sur del Ecuador y norte del Perú, considerado uno de los “cultivos perdidos de los incas”. Su pulpa blanca, dulce y aromática se consume fresca y también se utiliza en helados, jugos y postres. Aunque aún es poco conocida a nivel mundial, destaca por su gran valor nutricional, su biodiversidad y su potencial como cultivo comercial para pequeños agricultores de zonas subtropicales.
El cocotero es una planta originaria de la América tropical que produce frutos altamente nutritivos y versátiles, utilizados para consumo fresco, bebidas, aceite y copra. El agua de coco destaca por sus propiedades refrescantes y nutritivas, mientras que la pulpa es rica en aceites y energía. Además, gracias a su forma de crecimiento, el cocotero se integra fácilmente en sistemas agroforestales junto a otros cultivos, contribuyendo a la diversidad y sostenibilidad de los sistemas productivos tropicales.
El jengibre es una planta cuyo principal uso proviene de su tallo subterráneo, conocido como rizoma. Este se consume fresco o se procesa mediante lavado, cocción y secado para obtener una especia ampliamente utilizada en la alimentación y la medicina tradicional. Los rizomas jóvenes pueden consumirse crudos y destacan por su aroma y sabor intensos. Además de su valor culinario, el jengibre es apreciado por sus propiedades digestivas y antioxidantes.
Las legumbres aportan diversidad a los sistemas agroalimentarios desde la producción agrícola hasta la alimentación y los productos con valor agregado. Con más de 100 tipos disponibles, enriquecen la biodiversidad al incorporarse en rotaciones y asociaciones de cultivos. Además, son una fuente asequible de proteínas, fibra y minerales esenciales, con bajo contenido de grasa. Su gran versatilidad permite transformarlas en harinas, pastas y bebidas proteicas, generando también oportunidades económicas para productores y comunidades.
El maíz es uno de los cultivos más antiguos e importantes del mundo, originario de América y profundamente ligado a las culturas de la región desde tiempos ancestrales. Es un cereal altamente productivo y versátil, utilizado como alimento humano, forraje y materia prima industrial. Gracias a su gran capacidad de adaptación, se cultiva en una amplia diversidad de climas y altitudes, desde zonas tropicales hasta regiones andinas de gran altura. Además de su importancia económica y alimentaria, el maíz representa una enorme riqueza genética y cultural para América Latina y el Caribe.
El anacardo o castaña de cajú es un árbol originario de la América tropical, especialmente de Brasil, cultivado hoy en muchas regiones tropicales del mundo. Produce la nuez de anacardo y la manzana de acajú, ambas comestibles y de alto valor nutricional. Además de su importancia alimentaria y económica, el árbol ayuda a prevenir la erosión del suelo y se adapta bien a terrenos pobres y arenosos. Sus almendras son ricas en grasas saludables, carbohidratos y minerales.
La miel es un alimento natural producido por las abejas a partir del néctar de las flores y otras sustancias vegetales. Está compuesta principalmente por azúcares naturales, además de contener agua, minerales, vitaminas, proteínas y enzimas en pequeñas cantidades. Las abejas recolectan, transforman y almacenan la miel en los panales, donde madura de forma natural. Además de su valor nutritivo, la producción de miel es fundamental para la polinización y la conservación de la biodiversidad.
El fruto del palto o aguacate (árbol de los aguacates), de la familia Lauraceae, oriundo de América Central y del Sur, actualmente se cultiva extensamente en países tropicales y subtropicales de todo el mundo. El fruto, con forma de pera, contiene una pulpa mantecosa con un contenido de materia grasa mayor que el de ninguna otra fruta cultivada, siendo el valor promedio de las variedades diferentes el 15 por ciento, constituido principalmente por ácido oleico. Por consiguiente, su contenido calórico es muy superior al promedio de las otras frutas El aguacate es un árbol que puede integrarse en sistemas agroforestales, aportando sombra y alimento.
La panela es un endulzante natural obtenido por evaporación y concentración del jugo de caña de azúcar. Se consume en bloques o granulada y recibe distintos nombres según el país, como chancaca, piloncillo, papelón o raspadura. A diferencia del azúcar refinada, conserva parte de los minerales y compuestos presentes en la caña. Además de su valor alimentario, representa una fuente de ingresos para muchas familias productoras.
La papa es una planta originaria de América del Sur cultivada por sus tubérculos, utilizados como alimento y en la producción de almidón y alcohol. Introducida en Europa en el siglo XVI, hoy es el tercer alimento más consumido del mundo. En los Andes existen miles de variedades, fundamentales para la biodiversidad y la conservación de semillas y suelos.
La piña o ananás es una fruta originaria de los trópicos de América y actualmente se cultiva en numerosos países tropicales. Pertenece a la familia Bromeliaceae y se caracteriza por su fruto coronado por hojas y su sabor dulce y refrescante. Se consume fresca, en jugos, deshidratada o en conserva, siendo un producto importante para la alimentación y el comercio internacional. Además, aporta vitaminas y compuestos beneficiosos para la salud.

El plátano y la banana son frutas pertenecientes al género Musa que actúan como alimentos básicos fundamentales en países tropicales y subtropicales. Se diferencian principalmente en el uso: el banano se consume fresco como fruta de mesa, mientras que el plátano suele requerir cocción (plátano macho o de freír).
Son originarias del sudeste asiáticoy hoy se cultivan ampliamente en regiones tropicales y existen cientos de variedades, tanto para consumo fresco como para cocción. Es una fuente rápida de energía y aporta vitaminas como la C y B6. Además de su valor alimentario, sus hojas tienen múltiples usos y la planta puede producir frutos durante varios años.
La quinua ha sido cultivada en la región andina durante más de 7 000 años y destaca por su gran diversidad genética, que le permite adaptarse a distintos ambientes, desde el nivel del mar hasta los 4 000 metros de altitud, y soportar temperaturas extremas. Su grano posee un alto valor nutricional, rico en aminoácidos esenciales, vitaminas y minerales, además de ser libre de gluten. Gracias a estas características, es considerada un alimento clave para enfrentar el cambio climático y fortalecer la seguridad alimentaria.
El tomate, también conocido como jitomate, es una planta originaria de América que hoy se cultiva en todo el mundo y es una de las hortalizas más importantes de la alimentación humana. Sus frutos son ricos en agua, vitaminas, minerales y antioxidantes como el licopeno y la vitamina C, lo que contribuye a la salud del corazón y al fortalecimiento del sistema inmunitario. Además de consumirse frescos, los tomates se utilizan ampliamente en salsas, jugos y conservas.
La yuca, originaria de la Cuenca Amazónica es un cultivo fundamental para la seguridad alimentaria por su capacidad de crecer en suelos pobres, ácidos y en condiciones de sequía. Cultivada en distintas regiones tropicales y conocida con diversos nombres, como mandioca o cassava, se adapta a una amplia variedad de climas. En sistemas agroforestales convive con otros cultivos, aportando diversidad productiva y resiliencia frente al cambio climático.
El zapallo o calabaza es una planta rastrera o trepadora originaria de América, cultivada por sus frutos nutritivos y versátiles. También conocido como ayote, güicoy o yauyama, existen variedades de distintos tamaños, colores y texturas. Además del fruto, sus flores, brotes tiernos y semillas son comestibles y ricos en vitaminas, proteínas y grasas saludables. Gracias a su alto contenido de vitamina A y energía, es un alimento importante para niños, familias y comunidades rurales.
Los polinizadores incluyen diversas especies de mamíferos, aves e insectos, siendo las abejas las principales responsables de este proceso vital para la naturaleza y la producción de alimentos. En América Latina y el Caribe existen más de cinco mil especies de abejas, lo que representa cerca del 26 % de las especies del mundo. Entre ellas, las abejas sin aguijón cumplen un rol clave en la reproducción de plantas y la conservación de los ecosistemas. Sin embargo, el uso de pesticidas, la pérdida de hábitat y la agricultura intensiva amenazan sus poblaciones, poniendo en riesgo la biodiversidad y la seguridad alimentaria de la región.
La ganadería camélida es una práctica ancestral de los territorios altoandinos, desarrollada desde tiempos prehispánicos hace más de 3 000 años. Llamas, alpacas, vicuñas y guanacos han sido fundamentales para la alimentación, el transporte, la producción de fibra y la cultura de los pueblos andinos. Además de su valor económico y cultural, estos animales están adaptados a ecosistemas de gran altitud y contribuyen al manejo sostenible de los pastizales y la biodiversidad de montaña.
Los loros, guacamayas, pericos y cotorras pertenecen a la familia Psittacidae y destacan por sus plumajes coloridos, inteligencia y capacidad para imitar sonidos. Estas aves cumplen un importante rol ecológico, ya que ayudan a dispersar semillas y mantener la biodiversidad de los bosques tropicales. Sin embargo, muchas especies están amenazadas por la pérdida de hábitat, el tráfico ilegal y el cambio climático, factores que ponen en riesgo su supervivencia en América Latina y el Caribe.
El jaguar es el felino más grande de América y uno de los principales símbolos de la biodiversidad de la región. Antiguamente fue venerado por muchas culturas precolombinas y hoy habita principalmente en la Amazonía, además de algunas zonas de América Central. Como gran depredador, cumple un rol fundamental en el equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, la pérdida de hábitat y la deforestación han reducido considerablemente su territorio natural.
El oso frontino, también conocido como oso andino o oso de anteojos, es el único representante de la familia Ursidae presente de forma natural en Venezuela y en toda Sudamérica. Está catalogado como una especie amenazada debido a la reducción de sus poblaciones causada por la pérdida y fragmentación de hábitat, la expansión agrícola, la cacería y la persecución directa por conflictos con actividades humanas. Su conservación beneficia a numerosas especies de flora y fauna que comparten su hábitat.
Publicaciones: Un país, un producto prioritario
La iniciativa Un país, un producto prioritario” (OCOP, por sus siglas en inglés), es un programa lanzado por la FAO en 2021, cuyo objetivo es promover productos agrícolas con cualidades distintivas y potencial para el desarrollo sostenible. El programa busca potenciar el valor de estos productos únicos a nivel mundial, regional y local, ayudando a los países a aprovechar su patrimonio agrícola y, al mismo tiempo, a promover prácticas respetuosas con el medio ambiente.
En América Latina y el Caribe, catorce países participado de la iniciativa OCOP. Cada nación ha elegido un producto agrícola específico que refleja su contexto cultural y ambiental único. El objetivo es brindar apoyo al desarrollo sostenible de estos productos, asegurando que cumplan con los estándares globales de sostenibilidad y contribuyan al desarrollo socioeconómico de las regiones.
Actualmente, seis países han implementado acciones en el marco de la iniciativa: Chile, con la miel; México, con el amaranto; Trinidad y Tobago, con el cacao; Belice, con el coco y, Jamaica, con el jengibre
Este apoyo se brinda mediante la Cooperación Sur-Sur de China y el Fondo de Contribuciones Voluntarias Flexibles (FVC).