Director General QU Dongyu

CEREMONIA INAUGURAL DEL BALANCE CUATRO AÑOS DESPUÉS DE LA CUMBRE DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS

del Sr. QU Dongyu, Director General de la FAO

28/07/2025

Excma. Sra. Vicesecretaria General de las Naciones Unidas,

Excmo. Sr. Primer Ministro de Etiopía,

Excma. Sra. Primera Ministra de Italia,

Excelencias,

Distinguidos delegados,

Señoras y señores,

Estimados y estimadas colegas:

Me complace estar aquí con ustedes en Addis Abeba para llevar a cabo este segundo balance tras la exitosa celebración del primer balance en Italia, en la FAO, en 2023, cuatro años después de que la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios situara la transformación de los sistemas agroalimentarios en el centro de la agenda mundial.

Mi sincero agradecimiento a nuestros anfitriones, el Gobierno de Etiopía, en el caso del Balance cuatro años después de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios, y el Gobierno de Italia, en el caso del Balance dos años después de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios y como país anfitrión de la FAO desde 1951, por organizar este diálogo en un momento tan crucial.

Los sistemas agroalimentarios ofrecen soluciones para la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, la adaptación y mitigación en relación con la crisis climática, el uso eficiente de los recursos naturales y la igualdad.

Los problemas no son solo fuente de desafíos, sino también poderosos motores generadores de oportunidades.

Los países que actúan en estas dimensiones conectadas entre sí están viendo ya resultados en materia de resiliencia, seguridad alimentaria y crecimiento económico, entre otros ámbitos.

Desde 2021, los gobiernos han pasado del compromiso a la ejecución, reformulando políticas, armonizando sectores y redirigiendo inversiones.

La transformación está en marcha, incluido aquí en Etiopía. Con el apoyo de la FAO, los países exportadores netos de trigo han visto reducidas las pérdidas de cereales posteriores a la cosecha en hasta un 40 % en algunas zonas, lo que ha impulsado directamente la seguridad alimentaria y los ingresos.

Este balance es fundamental para atender la necesidad urgente de acelerar nuestras iniciativas para la transformación de los sistemas agroalimentarios.

El contexto mundial ha cambiado de forma drástica. Las perturbaciones son más frecuentes y más complejas, y el camino que tenemos por delante exige una voluntad política más firme, asociaciones estratégicas e inversiones audaces.

Permítanme compartir tres reflexiones que podrían ayudarnos a pasar de la visión a la acción:

En primer lugar, debería reconocerse a los jóvenes como los impulsores de la transformación de los sistemas agroalimentarios.

Ellos son la próxima generación de productores, elaboradores, proveedores de servicios y responsables de la formulación de políticas. Aportan energía, innovación y profundo interés en un futuro más sostenible.

A comienzos de este mes, la FAO presentó la primera evaluación mundial sobre los jóvenes en los sistemas agroalimentarios, en la que se puso de manifiesto que el 85 % de los 1 300 millones de jóvenes del mundo vive en países de ingresos bajos y medianos bajos, en regiones donde los sistemas agroalimentarios resultan fundamentales para el empleo y los medios de vida.

El 44 % de los jóvenes en activo se dedica a trabajos relacionados con el sector agroalimentario, pero más del 20 % no están empleados, no cursan estudios y no reciben ninguna capacitación, y las mujeres jóvenes se ven afectadas de manera desproporcionada.

En el próximo decenio, 1 200 millones de jóvenes accederán al mercado laboral, pero corremos el riesgo de que muchos se queden atrás. Cerrar la brecha podría ampliar el producto interno bruto (PIB) mundial en 1,5 billones de USD y casi la mitad de ese aumento provendría de los sistemas agroalimentarios.

Esto se traduce en un acceso más inclusivo a la tierra, las finanzas, los mercados, la educación y, sobre todo, los procesos de toma de decisiones para los jóvenes y las mujeres jóvenes.

En segundo lugar, la tecnología y la innovación son factores clave para superar los obstáculos sistémicos.

Debemos apostar por la innovación para afrontar los numerosos desafíos que amenazan a nuestros sistemas agroalimentarios, desde la crisis climática y la pérdida de biodiversidad hasta el hambre y la volatilidad de los mercados.

La ciencia, la tecnología y la innovación no son opciones, son aceleradores esenciales. y elementos fundamentales para convertir los desafíos en oportunidades.

Desde 2021, la FAO ha consolidado el Foro Mundial de la Alimentación (FMA) con sus tres pilares, a saber, la inversión de la Iniciativa Mano de la mano, la ciencia e innovación, y el empoderamiento de los jóvenes y las mujeres. También hemos puesto en marcha la iniciativa Perspectivas de las tecnologías e innovaciones en los sistemas agroalimentarios (ATIO), una plataforma mundial para realizar un seguimiento de las tendencias innovadoras y aportar datos para ampliar la escala de soluciones de gran repercusión.

Desde la inteligencia artificial (IA) y la agricultura digital hasta la agricultura climáticamente inteligente y las tecnologías de precisión, trabajamos para aprovechar el potencial de la innovación en la cadena de valor.

Aumentar la innovación requiere inversión y asociaciones. Es ahí donde la Iniciativa Mano de la mano de la FAO, que reúne a 80 Miembros, desempeña actualmente un papel esencial.

Esta iniciativa, que está dirigida por los países, utiliza la orientación geoespacial y el análisis de datos para dirigir la inversión a los lugares donde más se necesita. La inversión apoyada por la Iniciativa Mano de la mano ha pasado de 1 500 millones de USD en 2022 a más de 4 500 millones de USD en 2024.

En tercer lugar, debemos contar con políticas propicias sobre los sistemas agroalimentarios que tengan como prioridad el desarrollo rural y sitúen el derecho a la alimentación, como derecho humano básico, en la base de toda su labor.

Hemos de fundamentar nuestros esfuerzos en la dignidad humana y la humanidad.

El derecho a la alimentación ofrece un marco normativo para hacer que los sistemas agroalimentarios sean más eficientes, más inclusivos, más resilientes, más sostenibles y más equitativos.

Asimismo, pone de relieve la transparencia, la participación y la rendición de cuentas, que son principios que debemos aplicar al concebir políticas, asignar recursos y crear instituciones.

Para poner en práctica todas estas medidas, el Grupo de los Veinte (G20), bajo la presidencia del Brasil, puso en marcha la Alianza Mundial contra el Hambre y la Pobreza, una plataforma de múltiples partes que moviliza financiación coordinada y asistencia técnica en consonancia con las prioridades nacionales y que cuenta con la asistencia técnica de la FAO.

La FAO ha actuado con orgullo como eje técnico desde 2021, ayudando a los países a convertir sus planes nacionales en medidas coherentes e integradas.

Como principal organismo de las Naciones Unidas especializado en los sistemas agroalimentarios, apoyamos su transformación en más de 120 países, no solo mediante asesoramiento, sino también con instrumentos, ciencia, datos e inversión inteligente.

Ayudamos a los países a armonizar la transformación de los sistemas agroalimentarios con los planes nacionales de desarrollo, las estrategias agrícolas, las metas climáticas, las prioridades en materia de biodiversidad y los objetivos de nutrición.

Las iniciativas emblemáticas de la FAO, como la Iniciativa Mano de la mano, la iniciativa Un país, un producto prioritario (UPUP) y la Iniciativa de las aldeas digitales, conectan la producción de alimentos con los mercados, la cadena de valor, el aumento de la productividad, la rentabilidad y la sostenibilidad.

Nuestro enfoque es sistemático y determina puntos de partida estratégicos en los que la acción puede generar un cambio mayor.

Existen compensaciones de ventajas y desventajas, pero también poderosas sinergias. Así es como impulsamos el avance en las cuatro mejoras, a saber, una producción, una nutrición, un medio ambiente y una vida mejores, sin dejar a nadie atrás.

Las cuatro mejoras no son solo una visión, sino que constituyen un marco de resultados y nos ayudan a controlar si los sistemas agroalimentarios están cumpliendo su promesa fundamental: buenos alimentos para todas las personas, en el presente y en el futuro.

Sabemos que los enfoques fragmentados crean obstáculos, y los países están mostrando que el pensamiento sistémico funciona mediante la creación de visiones conjuntas, la coordinación entre los distintos sectores y la puesta en marcha de medidas con beneficios conjuntos.

El reto ahora no solo es la acción, sino la aceleración.

¿Estamos ampliando la escala lo suficientemente rápido? ¿Estamos aunando esfuerzos? Por parte de la FAO, la respuesta es sí. Juntos podemos hacer más y mejor.

Estamos adaptando nuestra forma de actuar, invertir y medir los resultados.

Estamos convirtiendo la transformación de los sistemas en la nueva normalidad, codo a codo con gobiernos, inversores, instituciones académicas, la sociedad civil y los sectores privados.

Para apoyar esta tarea, la FAO codirigió el informe sobre flujos de financiación y crisis alimentarias de 2024, con el que se proporcionaba orientación crucial para armonizar la financiación con las necesidades más urgentes y las oportunidades de mayor repercusión.

Asimismo, albergamos el mecanismo de apoyo de la Alianza Mundial contra el Hambre y la Pobreza a fin de acelerar la aplicación de mejores prácticas.

La transformación no es una ambición lejana. Ya está ocurriendo. Pero el ritmo, el alcance y la coordinación de nuestra acción colectiva determinarán si tendremos éxito.

Comprometámonos a aprender, concebir, cumplir y ampliar juntos.

El camino hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, más inclusivos, más resilientes y más sostenibles es claro. El momento de actuar es ahora.

Utilicemos este balance para reflexionar y actuar con audacia y fortalecer nuestras asociaciones a fin de convertir la visión en acción.

Juntos, podemos lograr que la transformación de los sistemas agroalimentarios mundiales se convierta en una realidad común, para las personas, para el planeta y para las generaciones venideras.

Gracias.