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Servicios ecosistémicos y biodiversidad

Servicios de apoyo

Proporcionar espacios vitales para las plantas o animales y conservar una diversidad de plantas y animales son lo que se denomina “servicios de apoyo”, que constituyen la base de todos los ecosistemas y sus servicios.


La agricultura, la silvicultura y la pesca resultan afectadas por todos los tipos de servicios ecosistémicos y a su vez influyen en ellos. A continuación, examinamos la interacción entre los diferentes sistemas de producción y los tipos de servicios ecosistémicos según la tipología establecida en La economía de los ecosistemas y la biodiversidad (TEEB).

Hábitat para especies

Los ecosistemas proporcionan espacios vitales para las plantas y los animales; también conservan una diversidad de complejos procesos que sustentan los demás servicios ecosistémicos. Algunos hábitats cuentan con un número excepcionalmente elevado de especies que los hace más diversos que otros desde el punto de vista genético; estos se conocen como “focos de biodiversidad”.

Unos agroecosistemas bien gestionados y diversificados pueden reproducir la diversidad y complejidad de los ecosistemas naturales creando un importante hábitat para las especies. Muchos de estos sistemas pueden proporcionar altos rendimientos al tiempo que garantizan la producción a largo plazo, como los sistemas tradicionales de producción arrocera.

Los pastizales seminaturales pueden considerarse entre los hábitats con niveles más altos de biodiversidad. Albergan una reserva única de especies, adaptadas específicamente a estos hábitats abiertos. La gestión ganadera extensiva suele ser la única manera de mantener estos hábitats, que están amenazados por una doble presión de abandono (en el caso de los menos productivos) y de intensificación (prácticas de gestión intensiva, transformación en tierras de cultivo). En algunos países, están desapareciendo a un ritmo alarmante. Es necesario promover prácticas de gestión sostenible de los pastizales para mantener vivos estos ecosistemas clave.

Los ecosistemas marinos y de agua dulce constituyen hábitats fundamentales para millones de especies acuáticas (por ejemplo, los arrecifes de coral albergan el 25 % de las especies de peces marinos y representan una importante fuente de alimentos para más de 1 000 millones de personas en todo el mundo) explotadas comercialmente o consumidas localmente. Las principales presiones que pesan sobre los ecosistemas acuáticos son la destrucción de hábitat, la contaminación y los efectos de la sobrepesca en el funcionamiento del ecosistema.

En conjunto, los bosques tropicales, los de las regiones templadas y los boreales ofrecen hábitats muy diversos para plantas, animales y microorganismos. Los bosques aportan más del 10 % del PIB en muchos de los países más pobres. A pesar de desempeñar un papel tan destacado en la economía mundial, el avance hacia la gestión forestal sostenible es aún limitado, y hay una constante pérdida y degradación de los bosques en numerosos países en desarrollo.

Conservación de la diversidad genética

[La diversidad genética (la variedad de genes entre poblaciones de especies y dentro de ellas) diferencia entre sí a las distintas razas, proporcionando la base para cultivares bien adaptados a las condiciones locales y un acervo génico para el desarrollo de cultivos y ganado comerciales.

La conservación y utilización de la diversidad genética puede proporcionar las opciones necesarias para hacer frente a los factores adversos. La capacidad de los agroecosistemas para mantener e incrementar su productividad y adaptarse a las circunstancias cambiantes sigue siendo vital para la seguridad alimentaria de la población mundial. La promoción del enfoque ecosistémico contribuye a la conservación y la utilización sostenible de los recursos genéticos para la alimentación y la agricultura. Los ecosistemas naturales poseen importantes recursos genéticos para la alimentación y la agricultura que son de gran importancia por su potencial para aportar características beneficiosas a los sistemas de producción, como la resistencia a plagas y enfermedades y el aumento o la estabilidad del rendimiento. Así, la diversidad genética proporciona a la sociedad un mayor abanico de opciones para afrontar los retos futuros.

Desde la década de 1900, se ha perdido un 75 % de la diversidad genética de los cultivos al abandonar los agricultores de todo el mundo sus múltiples variedades y razas locales en favor de variedades genéticamente uniformes y de alto rendimiento. Del 4 % de las 250 000 a 300 000 especies vegetales comestibles conocidas, solamente entre 150 y 200 son utilizadas por el hombre. Tres de ellas solas —arroz, maíz y trigo— representan casi el 60 % de las calorías y proteínas obtenidas de las plantas por el ser humano. Es fundamental mantener la diversidad vegetal para mejorar la ingestión de elementos nutritivos, estar mejor preparados para una adaptación a las condiciones cambiantes y tener resistencia a los acontecimientos externos.

Actualmente, más del 20 % de las razas de ganado se consideran en peligro de extinción. En los últimos cinco años, se perdieron 60 razas: un promedio de una raza al mes. Los criadores de ganado necesitan un amplio acervo génico al que recurrir para poder mejorar las características de sus animales en condiciones cambiantes. Las razas tradicionales, adaptadas a las condiciones locales, sobreviven a épocas de sequía y adversidad mejor que las razas exóticas y, por consiguiente, ofrecen frecuentemente a los agricultores pobres una mejor protección contra el hambre.

La biodiversidad de los ecosistemas acuáticos y la pesca sostenible pueden favorecer la conservación de la diversidad genética en los sistemas acuáticos mediante estrategias de captura o recolección apropiadas. Las prácticas de acuicultura pueden influir asimismo en la diversidad genética de las especies, la comunidad, el ecosistema y el paisaje. La ordenación de la acuicultura debe comprender la documentación de los recursos genéticos utilizados en la misma, así como la recopilación de las interacciones con los recursos genéticos acuáticos naturales, con objeto de mantener la diversidad genética.

Además, los bosques son una de las reservas más importantes de diversidad biológica terrestre.