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Servicios ecosistémicos y biodiversidad

Gestión y prácticas

Un paso fundamental para potenciar y proteger los ecosistemas y los servicios ecosistémicos es saber cómo gestionarlos. Estas prácticas de gestión se basan en conjuntos de competencias que no forman parte explícitamente de la formación moderna en materia de agricultura, actividad forestal o pesca. Entre dichas competencias se cuentan la determinación y la aplicación de medidas encaminadas a mejorar las funciones biológicas que sostienen la producción. Por ejemplo:

  • La elaboración de sistemas que integren la agricultura, la ganadería y la pesca basados en el reciclamiento de nutrientes entre los distintos componentes de la explotación agrícola: el estiércol del ganado y otros residuos agrícolas pueden fertilizar los estanques piscícolas, los sedimentos de los estanques fertilizan los cultivos, y los coproductos de los cultivos alimentan al ganado.
  • La gestión de distintas variedades del mismo cultivo para velar por la resiliencia y mejorar la nutrición.
  • El establecimiento de sistemas agroforestales, que permiten aumentar significativamente la producción y al mismo tiempo prestan otros servicios como la retención de los suelos, el mantenimiento de los polinizadores que actúan en los cultivos y la purificación del agua y el aire.

La FAO está impulsando una mayor comprensión de la base de conocimientos y las prácticas específicas que se requieren para gestionar los servicios ecosistémicos en todos los sectores de producción.

Los efectos de las buenas prácticas de gestión

Es importante señalar que la gestión correcta de un ecosistema y sus servicios tiene repercusiones en muchos ecosistemas circundantes y sus servicios. Cada tipo de ecosistema proporciona una gran variedad de servicios (de abastecimiento, de regulación, de apoyo y culturales): aire limpio, agua limpia, fijación de carbono, polinización, potencial turístico, etc. Ninguno de ellos debería considerarse de forma aislada. La base de recursos naturales abarca diferentes sistemas naturales de producción. Sin embargo, las medidas elaboradas para conservar y mantener los recursos naturales y los servicios ecosistémicos raramente comprenden diferentes sistemas de producción, desde los bosques hasta la pesca o las explotaciones agrícolas, ni reconocen el valor económico que la buena gestión de un sistema confiere a los ecosistemas adyacentes.

Por ejemplo: ¿cómo aumentan las poblaciones de peces gracias a bosques bien gestionados?

  • Los ríos que fluyen desde sus cabeceras hasta la costa aportan agua dulce y nutrientes al área costera, y reducen la salinidad del agua y el suelo.
  • Ello permite el buen crecimiento de los manglares y mejora la acuicultura.
  • Los manglares sanos protegen los ecosistemas continentales contra fenómenos meteorológicos extremos.
  • En consecuencia, la gestión eficaz de los bosques de la parte alta de la cuenca fluvial mantiene a los ecosistemas costeros sanos, productivos y protegidos.
  • Cuando estos bosques se gestionan incorrectamente, el flujo de agua se vuelve irregular. Aumenta la frecuencia de las inundaciones, crece la cantidad de sedimentos transportados por el agua y disminuye el aporte de agua dulce. Ello incide negativamente en la producción alimentaria de las zonas costeras obtenida mediante la pesca.