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Género

¿Por qué la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer rural son clave en el trabajo de la FAO?

La FAO reconoce que las mujeres y hombres rurales, en conjunto, son la clave para erradicar el hambre y la pobreza extrema. Las mujeres y niñas rurales, en particular, se reconocen como agentes de cambio cruciales. En todo el mundo en desarrollo, las mujeres constituyen el 48 por ciento de la mano de obra agrícola. En cuanto a los agricultores, trabajadores agrícolas, horticultores, distribuidores, mujeres empresarias, emprendedores y líderes de las comunidades, estos cumplen una importante función en las cadenas de valor agroalimentarias, así como en la gestión de los recursos naturales como la tierra y el agua.

Sin embargo, la brecha de género en la agricultura y la alimentación es muy amplia. Como consumidoras, las mujeres se ven afectadas por la inseguridad alimentaria en un porcentaje superior al de los hombres en todas las regiones del mundo. Y, como productoras, las mujeres rurales se enfrentan a limitaciones aún mayores que sus homólogos masculinos para acceder a recursos y servicios productivos esenciales, tecnología, información de mercado y activos financieros. Están insuficientemente representadas en las instituciones locales y los mecanismos de gobernanza, y suelen tener menos poder de decisión. Además de estas limitaciones, debido a las normas de género y la discriminación imperantes, a menudo las mujeres se enfrentan a una carga de trabajo excesiva y gran parte de su trabajo sigue sin ser remunerado ni reconocido.

Abordar estos obstáculos es de crucial importancia; no obstante, en ocasiones puede reforzar la percepción común de las mujeres y niñas rurales como víctimas vulnerables de sus circunstancias y oscurecer la naturaleza y magnitud de su potencial. Tal y como se señaló en El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2010–11, las mujeres son tan buenas en la agricultura como los hombres: los datos fácticos demuestran que, si las mujeres agricultoras utilizan el mismo nivel de recursos que los hombres en las tierras que trabajan, lograrían los mismos niveles de rendimiento. Como se ilustra en los numerosos ejemplos presentados en este sitio web, las mujeres rurales son resilientes, ingeniosas, trabajadoras e innovadoras.

Betty, una mujer emprendedora

Por ejemplo, un vídeo sobre la Uganda rural nos narra la historia de Betty Ndugga. Betty era comerciante de ropa en Kampala, pero, tras la muerte de su marido, tuvo que regresar a su aldea. Se matriculó en una escuela de campo para agricultores de su zona, que funciona con ayuda de la FAO y, con la formación que recibió en producción de café, decidió poner en marcha un vivero de semillas de café.

Actualmente, el vivero es un negocio próspero y exitoso, que proporciona ingresos y oportunidades a otros miembros de la comunidad. En su condición de viuda, Bettty es muy consciente de la vulnerabilidad de las familias matriarcales y el vivero proporciona trabajo para muchas mujeres de la zona que se hallan en la misma situación. A su vez, estas mujeres utilizan sus ingresos para pagarles a sus hijos la escolarización, atención médica y otros servicios.

Uno de los numerosos clientes de Betty es la Autoridad de Desarrollo Cafetero de Uganda, que compra sus semillas de café y las distribuye a otros agricultores de la zona, en el marco de una iniciativa destinada a reavivar el sector cafetero del país.

ODS        

Entre el trabajo de la FAO en explotaciones pesqueras, forestales, agrícolas, ganaderas y de otros tipos, la Organización ha conseguido que las mujeres zonas rurales como Betty demuestren, una y otra vez, su determinación, ingeniosidad y éxito a la hora de convertir los desafíos de la pobreza, el hambre y las situaciones de dificultad en oportunidades para el bienestar económico y social de sus familias y comunidades.

Cuando las mujeres rurales tienen acceso a recursos, servicios y oportunidades, se convierten en un factor decisivo para combatir el hambre, la malnutrición y la pobreza rural.

La experiencia demuestra que mejorar la igualdad de género en las zonas rurales es sin duda un instrumento clave para combatir la pobreza y el hambre. Uno de nuestros primeros estudios comparativos de países en vías de desarrollo concluyó que, entre 1970 y 1995, el 43% de la reducción del hambre que se produjo fue atribuible al progreso realizado en la educación de las mujeres. Supuso casi tanto como la suma del efecto sobre la reducción del hambre del aumento de la disponibilidad de alimentos (26%) y las mejoras en el entorno sanitario (19%) durante aquel periodo. Otro 12% de la reducción del hambre fue atribuible al aumento de la esperanza de vida de las mujeres. Por tanto, todo un 55% del aumento de la seguridad alimentaria en los países estudiados se debió a la mejora del estatus social de las mujeres. Desde entonces, la investigación ha seguido demostrando la fuerte correlación entre las desigualdades de género y el hambre, y varios estudios han confirmado la asociación positiva entre la educación de las mujeres e índices sanitarios infantiles tales como estatura, peso e inmunización.1

El hecho de centrarse en las mujeres no implica dejar atrás a los hombres: todo el trabajo de la FAO en materia de igualdad de género reconoce que el empoderamiento de las mujeres también empodera y beneficia a los hombres y que la clave para mejorar la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición reside en implicar a los hombres, las mujeres, los niños y las niñas. Por ejemplo, un proyecto de la FAO destinado a rehabilitar comunidades pesqueras filipinas tras el tifón Haiyan proporcionó ayuda diferenciada y específica para beneficiarios masculinos y femeninos, haciendo hincapié en las distintas funciones que cumplen en ámbitos tales como el procesamiento posterior a la cosecha y la construcción de barcos, entre otros. ODS     

La igualdad de género no conlleva que hombres y mujeres se conviertan en una misma cosa, sino que sus derechos, responsabilidades y oportunidades no dependerán de si han nacido hombres o mujeres.

El hecho de empoderar y capacitar a los hombres y las mujeres para que participen en la agricultura de forma más eficaz también conlleva la mejora del bienestar de los niños, lo cual contribuye al capital humano para las generaciones venideras. Por tanto, conseguir la igualdad de género y empoderar a las mujeres, los hombres, las niñas y los niños rurales no sólo mejorará los niveles de nutrición, salud y educación, sino que también proporcionará beneficios socioeconómicos inmediatos y a largo plazo para las familias, las comunidades y las naciones en su conjunto.

FAO, igualdad de género y la Agenda 2030

La prioridad concedida a la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer es explícita en todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), tanto en forma de Objetivo específico de Igualdad de Género (ODS5) como de tema transversal con 30 ODS relacionados. Todos los aspectos del trabajo de la FAO en materia de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y niñas rurales van alineados con el marco internacional de los ODS y contribuyen a cada uno de los 17 ODS, en consonancia con el principio básico de la Agenda 2030: que nadie se quede atrás.

El papel de la FAO: Hacer realidad la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer

La FAO contribuye a reducir las desigualdades de género mediante su trabajo en materia de normas y estándares, datos e información, diálogo sobre políticas, capacitación, conocimientos y tecnologías, colaboraciones, y sensibilización y comunicación.

A escalas internacional y regional, la FAO aboga por priorizar aún más el diálogo y la toma de decisiones en las altas esferas acerca de la seguridad alimentaria y la nutrición con el fin de garantizar que se aborden adecuadamente los temas de igualdad de género y empoderamiento de la mujer.

Por ejemplo, la Organización apoyó con éxito la inclusión de consideraciones de igualdad de género en la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2) y sus conclusiones relacionadas, tales como la Declaración de Roma sobre la Nutrición, que hizo un llamamiento a empoderar a las mujeres y niñas con el fin de erradicar todas las formas de malnutrición. Y, mediante su trabajo con el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), la FAO se implica con Gobiernos, organismo de desarrollo, universidades, la sociedad civil y el sector privado para desarrollar de forma conjunta instrumentos como las Directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria nacional, que proporcionan una ocasión de oro para revertir las desigualdades de género en todo el mundo.

A escala nacional, la FAO apoya a los Gobiernos de varios subsectores como los cultivos, la ganadería y las explotaciones forestales y pesqueras, para diseñar e implementar políticas y programas que garanticen un acceso equitativo para mujeres y hombres a los recursos productivos, organizaciones, tecnologías, mercados, empleo digno y protección social, y que participen y se beneficien equitativamente de los servicios y oportunidades agrícolas.

Además de reforzar las capacidades locales en varios ministros y otras instituciones nacionales, la Organización trabaja con los países para producir y utilizar datos desglosados por sexo, indicadores sensibles a la cuestión de género y análisis de género, todo lo cual es esencial para el desarrollo de políticas basado en datos fácticos.

Escala de referencia mundial

Mediante un proyecto puesto en marcha en 2013, la FAO desarrolló la Escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES, por sus siglas en inglés), un indicador basado la experiencia para medir la gravedad de la inseguridad alimentaria de un modo comparable entre países. Hasta hace poco tiempo, la mayoría de las escalas de inseguridad alimentaria más comunes (incluidos los indicadores basados en la experiencia) empleaban la familia como unidad de análisis. Sin embargo, la FIES se gestiona a escala individual, lo cual permite desglosar los datos por edad y sexo. A pesar de no ser la primera escala a escala individual y basada en la experiencia en existir, sí es la primera en aplicarse a un gran número de países de manera estandarizada. Por lo tanto, las implicaciones de género son significativas en el sentido de que la FIES permite recopilar, comparar y analizar datos sobre diferencias en la experiencia de la inseguridad alimentaria entre hombres y mujeres de todo el mundo. Por ello, se trata de un importante nuevo complemento para las herramientas que existen, con el cual la comunidad internacional mide y garantiza el progreso hacia la erradicación del hambre.

Los datos de la FIES, recopilados por la FAO en 2014, 2015 y 2016 en casi 150 países, se incluyeron en El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2017, con promedios trianuales que muestran que la prevalencia de la inseguridad alimentaria era ligeramente superior entre las mujeres, tanto a escala mundial como en cada región del mundo.

Asimismo, la FAO trabaja con partes interesadas nacionales para implementar proyectos que ayudan a las mujeres y los hombres rurales a conseguir un mayor control sobre los recursos productivos y los procesos de toma de decisiones, permitiéndoles así a liberar su pleno potencial.

LA FAO y el Convención de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer

La Convención de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) es un instrumento internacional en materia de derechos humanos ratificado actualmente por 189 países que define lo que constituye discriminación contra la mujer y establece una agenda de intervención nacional para erradicar dicha discriminación. El CEDAW encarga a la FAO la ayuda a los países miembros para informar sobre los progresos realizados hacia la eliminación de la discriminación contra las mujeres rurales, además de servir como mecanismo mundial clave para el apoyo de la FAO a los Gobiernos en materia de políticas.

En concreto, el artículo 14 del CEDAW insta a los Estados miembros a respetar y hacer respetar los derechos de las mujeres rurales en cuanto al acceso a los recursos productivos y la participación en los procesos de toma de decisiones. En 2013, la FAO comenzó a colaborar con el FIDA, el PMA y ONU Mujeres para apoyar la formulación de la Recomendación general 34 del CEDAW sobre los derechos de las mujeres rurales. Esta recomendación clave, adoptada en 2016, aclara las obligaciones de los Estados de reconocer, proteger y fomentar los derechos de las mujeres rurales. Por añadidura, incluye sugerencias de medidas prácticas en forma de políticas y programas que pueden mejorar los derechos de las mujeres en el ámbito de la alimentación y de la agricultura.

ODS    

Más allá de su apoyo directo a las instituciones gubernamentales, la FAO también refuerza las capacidades y coordina colaboraciones entre instituciones clave en otros campos tales como la sociedad civil, las universidades y el sector privado. Y, mediante una serie de programas en los que participan varios organismos, proyectos y mecanismos que aprovechan el trabajo, la ventaja comparativa y la fuerza institucional de cada entidad, la Organización trabaja dentro y entre diversos países para conseguir un progreso sostenible en materia de igualdad de género y empoderamiento de la mujer.

One UN en el Pakistán

Por ejemplo, en 2013, tras las graves inundaciones que se produjeron en la provincia pakistaní de Sindh, la FAO unió fuerzas con ONU mujeres y la OIT en un proyecto ONE UN para «La restauración de los medios de subsistencia y el empoderamiento sostenible de las comunidades campesinas vulnerables de Sindh». Durante los tres años de vigencia del proyecto, un total de 64.000 hombres y mujeres de los distritos de Dadu y Mirpur Khas se beneficiaron de una serie de iniciativas integradas centradas en los la restauración de los ingresos y de los medios de subsistencia, la mejora de las competencias y la reducción del riesgo de catástrofes. Las actividades de la FAO dentro de las explotaciones ayudaron a mejorar la producción agrícola, los sistemas de riego y la gestión del suelo, y unos 3.000 hombres y mujeres asistieron a Escuelas de campo para agricultores y a Escuelas abiertas para mujeres. El proyecto ayudó a conseguir acuerdos sobre tenencia de la tierra para unos 2.400 agricultores sin tierras, más de la mitad mujeres, y se impartió formación a hombres y mujeres sobre técnicas de preservación para su consumo propio y para la venta. Asimismo, muchos agricultores de ambos sexos lograron aumentar sus ingresos a través del emprendimiento del proyecto y los planes de trabajo en el propio domicilio. ODS       

“Me apunté al programa de formación de la ONU. Allí recibí formación sobre cómo crear una empresa, gestionarla y dirigirla, cómo sacar mi producto al mercado y cómo venderlo. Me ayudó mucho.” (Kaeynat, distrito de Dadu, provincia de Sindh, Pakistán)

Acelerando el progreso hacia el empoderamiento económico de las mujeres rurales

En otra colaboración, el programa conjunto de las Naciones Unidas sobre «Acelerando el progreso hacia el empoderamiento económico de las mujeres rurales» (RWEE, por sus siglas en inglés), la FAO trabajó con el FIDA, el PMA, y ONU Mujeres. El programa de cinco años de duración, lanzado en octubre de 2012 y en el que participan varios organismos, se centró en la capacitación de las mujeres de las zonas rurales de siete países (Etiopía, Guatemala, Kirguistán, Liberia, Nepal, el Níger y Rwanda) y llegó a un total de 41.890 participantes (30.454 mujeres y 11.436 hombres). Mediante el fomento de entornos de políticas que favorezcan la autonomía económica de las mujeres, y ayudando a incrementar los ingresos de las mujeres y a mejorar su poder de decisión, RWEE logró mejorar la seguridad alimentaria y nutricional no sólo para las mujeres sino también para sus familias y comunidades. SDGs    

“Antes, no tenía dinero para alimentar adecuadamente a mis hijos ni para enviarlos a la escuela. Ahora, produzco suficiente para mí y mi familia. Soy feliz por poder pagarles su educación y su atención sanitaria.” (Chandra Kala Thapa, Ranichauri, distrito de Sindhuli, Nepal)

“Lo bueno de formar parte del Programa [RWEE] es que no soy la única que aprende, sino que también aprenden mi familia y mis compañeras, y no sólo las mujeres del Programa Conjunto, sino de otros barrios, porque nos preguntan qué hacemos para tener árboles frutales y otros cultivos y esto me hace feliz porque ahora puedo enseñar cosas a los demás.” (Zoila Esperanza Morán, Las Flores, departamento de Alta Verapaz, Guatemala)

Acerca de este sitio web

Este sitio web plasma el trabajo constante y sostenido de la Organización en materia de igualdad de género y de empoderamiento de las mujeres, hombres, niñas y niños rurales. Destaca la relevancia de la igualdad de género y del empoderamiento de la mujer para abordar los desafíos que afectan a la seguridad alimentaria, la agricultura y el desarrollo rural, mostrando intervenciones significativas e ilustrando la repercusión del trabajo de la FAO a escalas internacional, regional y de cada país, así como para las familias, comunidades y hombres y mujeres rurales sobre el terreno.