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FAO en Guatemala

Mujeres ixiles por el desarrollo y empoderamiento a través de emprendimiento agropecuario

08/03/2019
• Una granja productora de huevos es el vehículo para mejorar su condición de vida.
• Estos emprendimientos les han dado beneficios económicos, nutricionales y emocionales.

Por: Jorge Rodríguez 

“Cuando yo era pequeña, mis papás no tenían la posibilidad de darme casi nada. Ahora, yo veo la oportunidad de cambiar ese panorama para mis hijos”, dice Marta Cruz Cruz, madre de cinco hijos y Presidenta del Comité Integral de Santa Avelina (CIMSA). Marta y otras 50 mujeres de Santa Avelina fundaron CIMSA como una alternativa real de generar condiciones sostenibles para el desarrollo de ellas y sus familias. “Queremos tener la oportunidad de aportar más”, añade Marta. 

La comunidad de Santa Avelina está ubicada en San Juan Cotzal, área conocida como región Ixil, en el departamento de El Quiché, al norte de Guatemala. Esta área es parte del territorio afectado por el conflicto armado interno que vivió el país entre 1960 y 1996. 

El departamento de El Quiché tiene un porcentaje de la población infantil con altos índices de desnutrición crónica. Según la VI Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil 2014-2015 (ENSMI), el 69% de niños y niñas menores de cinco años es del están afectados por esta condición. Aunado a esto, según la Fundación Ixil, la tasa de analfabetismo alcanza el 39% (60,4% son mujeres), el promedio de educación formal apenas supera los 3,3 años y son las mujeres las que tienen menor acceso a tierras, oportunidades laborales y participación pública y política.

Por medio del Programa Conjunto Desarrollo Rural Ixil (PC Ixil) se apoya a familias de los tres municipios que conforman la región Ixil: San Juan Cotzal, Santa María Nebaj y San Gaspar Chajul. Este programa es financiado por el Gobierno de Suecia y ejecutado por tres agencias de la ONU: el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Organización Mundial de la Salud OPS/OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esta última es la responsable del eje de trabajo relacionado con la seguridad alimentaria y producción de alimentos.

La FAO se apoya en la labor que los promotores del Ministerio de Agricultura (MAGA) realizan para reunir y capacitar a grupos de personas en tareas que buscan mejorar sus condiciones de vida. De esa manera las mujeres de CIMSA comenzaron capacitándose para sembrar sus propias hortalizas para elevar la calidad de la alimentación para ellas y sus familias.

“Antes del proyecto solamente nos dedicábamos a las labores de la casa. Luego aprendimos a trabajar las hortalizas (acelga, rábano, cilantro). Teníamos un huerto del grupo y lo que cosechábamos lo vendíamos en el mercado”, cuenta Josefina Ixcoy, miembro de CIMSA. “Ahora dejamos la venta de las hortalizas y en su lugar, las usamos para consumo propio. Esto nos beneficia porque ya no lo compramos, sino que lo tenemos en nuestras casas”.

Pero ellas no querían solo eso, querían más. “Somos mujeres ixiles, somos fuertes y emprendedoras” indica Marta Cruz. 
Con el apoyo y asistencia técnica de FAO, y las demás instituciones involucradas, han adquirido conocimientos pecuarios, así como capacitación sobre buenas prácticas agrícolas, laborales y de organización, y lo que fue un huerto se ha convertido en una granja productora de huevos que es manejada por las asociadas de CIMSA. 

“Además de las hortalizas hoy tenemos acceso a huevos frescos, que nos traen beneficios económicos y de consumo para nuestras familias”, añade Ixcoy.

El proceso de capacitación incluyó el cuidado de las gallinas, su alimentación y limpieza del gallinero. También aprendieron a seleccionar, limpiar y ordenar los huevos. 

Uno de los enfoques del programa conjunto es el empoderamiento de las mujeres dentro de su familia y la comunidad a la que pertenecen. 

“Hemos visto cambios en algunas de ellas, lo que las ha llevado, por ejemplo, a involucrarse en cargos administrativos en sus propias organizaciones u otras asociaciones. Consideramos que aún hay mucho potencial y mucho deseo de seguir en esta línea”, dice Diego Pu, encargado de la sección de agronegocios de FAO, en el marco del programa conjunto. 

“Mi familia está orgullosa de mí. Mis suegros, mi esposo. Todos aplauden el hecho de que colaboro con la economía del hogar”, cuenta orgullosa Josefina. Además de las capacitaciones técnicas, los grupos de mujeres reciben charlas de equidad de género, que ayudan a cambiar la percepción que la sociedad en la que se desenvuelven tiene de las mujeres.

Otro de los beneficios de estas prácticas es la obtención de mejores nutrientes alimenticios para las familias. Además de las vitaminas y minerales de las hortalizas y hierbas, los huevos son fuente de proteína animal sin antibióticos y son frescos. 
Antes de la granja de huevos, el consumo de estos se limitaba a uno o dos a la semana. Ahora se dan casos de consumos de uno diario, lo que se traduce en beneficio nutricional para las familias.

“Con las hortalizas que tenemos en casa podemos preparar una ensalada o cualquier cosa, sin tener que gastar y además le agregamos huevo a las comidas”, dice Josefina. Estas mejoras económicas, sociales y morales han llevado a las mujeres a creer que pueden lograr más.

Mensualmente ingresan unos GTQ5,720 (US$772) con una ganancia neta de GTQ1,280 (US$173) gracias a la producción de 12 cartones de huevos. Al finalizar el año se espera que la venta de huevos, de las gallinas y de otros productos derivados, les represente una ganancia neta total de GTQ26,295 (US$3,553).

“Queremos ganar lo suficiente para comprar el terreno en el que estamos ahora y aprender a hacer otras cosas”, dice Marta Cruz. Josefina, por su parte, añade que la idea es tener un granero más y así lograr que “toda la comunidad consuma huevo fresco”. La ambición de estas mujeres es poder conseguir el suficiente dinero para que, principalmente, sus hijos e hijas tengan mejores oportunidades de las que ellas gozaron.

El mayor triunfo de estas mujeres ixiles es algo no cuantificable, pero que le permite a cada una de ellas levantarse con una visión prometedora de su futuro. 

“Participar en este proyecto nos dio la oportunidad de reunirnos como comunidad, para dejar atrás todo lo que vivimos durante mucho tiempo”, dice Ana Cruz. “Hemos pasado de estar solo en la casa y ahora somos una parte esencial en el desarrollo de nuestras familias”, concluye.

Además de CIMSA, el programa conjunto apoya a otros grupos dedicados al cultivo y producción de tomate y chile pimiento.