Angelo Garibaldi Italia

El médico de las flores

"Decidí convertirme en fitopatólogo para cuidar de las flores y entender por qué motivo se enferman las plantas."

Angelo es un fitopatólogo, un científico que estudia las enfermedades de las plantas. Hijo de un floricultor (cultivador de flores) del norte de Italia, Angelo creció rodeado de plantas, especialmente claveles, y aprendió todos los secretos del comercio de las flores.

Una tarde, cuando Angelo era todavía un niño, encontró a su padre desesperado en el invernadero. Un grave patógeno, casi imposible de erradicar, había entrado de alguna manera en el invernadero, afectando a todos los claveles uno por uno. Esta horrible enfermedad fue llamada «mal bleu» (mal azul) por los floricultores, debido al tinte azulado que daba a las plantas. Enfrentado a la desesperación de su padre por la muerte de sus plantas, Angelo tomó una decisión firme con respecto a su futuro.

«Decidí convertirme en fitopatólogo para cuidar de las flores y entender por qué motivo se enferman plantas. Quería ser capaz de enseñar a los floricultores cómo manejar sus enfermedades».

Un hombre de palabra, Angelo hizo precisamente eso. Ahora, décadas más tarde, como profesor emérito de la Universidad de Turín, es un experto mundial en el campo de las enfermedades de las plantas ornamentales. Es autor de más de 1000 artículos científicos y ha descubierto 500 nuevas enfermedades que afectan a diferentes cultivos. Trescientas de ellas son enfermedades que afectan a las flores. ¡No es una coincidencia, el hijo del floricultor nunca olvidó su primer amor!

El trabajo de los fitopatólogos como Angelo ha llevado a enormes mejoras en nuestra capacidad para diagnosticar y proteger contra las plagas y enfermedades de las plantas. El ejemplo de Angelo puede servir para inspirar a la actual generación de fitopatólogos, que trabajan en colaboración con otros científicos, fitomejoradores y especialistas en gestión de cultivos para contrarrestar las amenazas a la salud de las plantas en el mundo de hoy, cada vez más globalizado.

Lyn O’Connell Australia

Enseñar a un perro viejo trucos nuevos para la salud de las plantas

"Durante más de 25 años, los perros detectores de bioseguridad han contribuido activamente a la primera línea de defensa de Australia contra los riesgos de bioseguridad."

Los perros detectores son una opción de detección rápida, versátil y móvil que puede ser utilizada en una amplia gama de entornos. Estos perros desempeñan un papel importante ayudando a proteger a Australia de las nuevas amenazas de bioseguridad, incluidas las plagas y enfermedades de las plantas.

Lyn O'Connell es Secretaria Adjunta del Departamento de Agricultura, Agua y Medio Ambiente del Gobierno de Australia, donde se encarga de la bioseguridad y supervisa la Oficina Principal de Protección Fitosanitaria de Australia. «Durante más de 25 años, los perros detectores de bioseguridad han contribuido activamente a la primera línea de defensa de Australia contra los riesgos de bioseguridad», dice Lyn. El programa de perros detectores de bioseguridad ha crecido considerablemente, pasando de solo un par de perros en Sydney y Brisbane, a perros desplegados por todo el país. Los labradores ahora constituyen la totalidad de la fuerza de trabajo canina, su extraordinario sentido del olfato y su naturaleza cooperativa y gentil los convierten en excelentes detectores.

Los perros detectores están entrenados para identificar más de 200 productos que representan un riesgo de bioseguridad. Los productos más comunes son las semillas, la carne, las plantas vivas y la fruta.

«Los perros detectan más de 65 000 productos de riesgo de bioseguridad cada año, y cada uno de ellos hace más de 9000 detecciones en su vida laboral. Estas detecciones proporcionan una protección clave para nuestras industrias agrícolas y la salud de nuestras comunidades, la economía, el medio ambiente y la fauna extraordinaria», explica Lyn.

Una amenaza que se cierne sobre Australia es la plaga de la planta, el chinche apestoso marrón marmolado (Halyomorpha halys), que se está extendiendo por toda Europa y América. Para ayudar a manejar esta amenaza, se está entrenando a los perros detectores para identificarla y localizarla.

«Trabajamos con los investigadores para identificar formas de entrenar a los perros detectores para que reconozcan el olor de esta especie exótica», dice Lyn. «Esto es un desafío ya que no hay bichos presentes en Australia, por lo que ha sido necesario crear un sustituto eficaz para llevar a cabo el entrenamiento y mantener la capacidad del perro».

¿Quién dice que no se pueden enseñar nuevos trucos a un perro viejo?

Haliyah Ali Muthana Saleh Yemen

Luchando contra el gusano cogollero del maíz por la seguridad alimentaria de la familia

"Noté un extraño gusano en mi maíz y sorgo."

Haliyah ha alquilado su granja durante 30 años, trabajando con gran determinación para satisfacer las necesidades de su familia. La viuda demuestra tener conocimientos y experiencia en la agricultura. Sin embargo, hace dos años, Haliyah se encontró con algo nuevo y preocupante. «Noté un extraño gusano en mi maíz y sorgo», recuerda. «Se extendió rápidamente en mi campo y no tenía ni idea de lo que era. Recurrí a la pulverización de pesticidas químicos, pero la mayor parte de mi cosecha seguía dañada. Fue como una pesadilla para mí».

En la temporada siguiente, Haliyah no sólo utilizó pesticidas químicos, sino también dos métodos de control tradicionales: el pimiento picante y la rotación de cultivos agrícolas. «Me sorprendió cuando el pimiento picante tuvo un mayor impacto en el cultivo que el pesticida químico, pero mi campo seguía infestado con el gusano».

Haliyah llevó una muestra del gusano y algunas raíces de la planta a la Oficina de Agricultura e Irrigación, cercana donde los expertos lo identificaron como gusano cogollero del maíz (Spodoptera frugiperda). La FAO ya había detectado la plaga durante las encuestas realizadas en la zona y estaban a punto de lanzar una campaña para controlarla. Sin embargo, la vigilancia y la proactividad de Haliyah en la presentación de informes ayudaron a concienciar a la comunidad local sobre el gusano cogollero del maíz, que se alimenta de maíz y de más de 80 especies de cultivos, incluidos el arroz, el sorgo, el mijo, la caña de azúcar, los cultivos de hortalizas y el algodón.

Desde entonces, con el apoyo de la FAO, las autoridades nacionales del Yemen han desarrollado capacidades para identificar, vigilar y gestionar esta devastadora plaga. La FAO ha respaldado la utilización de un enfoque integrado de lucha contra las plagas que reduce al mínimo la dependencia de los plaguicidas químicos e incorpora prácticas de control sostenibles. Se han introducido plaguicidas biológicos, que son más seguros para los insectos beneficiosos. La FAO también ha proporcionado equipos de vigilancia (incluidas trampas de feromonas) y teléfonos inteligentes, y ha realizado campañas de sensibilización para asesorar a los agricultores.

«Gracias al apoyo de la FAO, la presencia del gusano cogollero del maíz ya se ha reducido», afirma Haliyah. «Ahora, ya no tengo que preocuparme por la seguridad alimentaria de mi familia porque mis cultivos están protegidos».

Gustavo Marún Ecuador

Mantener una tradición familiar centenaria en las plantaciones del Ecuador

"Mantengo a todo el mundo en alerta máxima para evitar la propagación de las plagas de las plantas."

Gustavo Marún es un descendiente de tercera generación de una familia libanesa que llegó al Ecuador a principios del siglo XX y comenzó a trabajar en la producción más emblemática de este país latinoamericano: una plantación de cacao de la Hacienda del Carmen en la provincia de Los Ríos, conocida por su «cacao de arriba» (literalmente, cacao río arriba).

«Fue entonces cuando la agricultura plantó por primera vez su semilla en el árbol de genealógico de mi abuelo», explica Gustavo. «Pero también coincidió desafortunadamente con una devastadora plaga de Moniliophthora perniciosa: el hongo que causa la enfermedad de la escoba de bruja en el árbol del cacao. En aquel entonces no existían medidas fitosanitarias para proteger la salud de las plantas y, en definitiva, la de los agricultores, por lo que mi familia tuvo que cambiar de actividad. Pero la segunda generación de los Marún regresó a las plantaciones de cacao en la Hacienda La Elba en 1969».

El Ecuador es uno de los países más fértiles del mundo y su producción incluye una gran variedad de frutas y verduras. La producción de cacao se encuentra entre las más altas en términos de valor y representa la mayor parte de las exportaciones agrícolas del Ecuador. La familia de Gustavo tuvo que abandonar el cultivo del cacao debido al brote de la enfermedad de la escoba de bruja y la monilia, pero nunca perdió su pasión por la agricultura. Así que, en 1973, se aventuraron en la producción de plátanos y hasta el día de hoy todavía no se han arrepentido. Gustavo es el orgulloso propietario de una plantación muy grande en la región de Los Ríos, que cada año envía miles de toneladas de plátanos por todo el mundo y proporciona una ocupación estable a cientos de familias.

Gustavo ha estado aplicando estrictas medidas fitosanitarias para asegurarse de que lo que le ocurrió a su abuelo hace cien años no vuelva a ocurrir a sus trabajadores. «Mantengo a todo el mundo en alerta máxima para evitar la propagación de las plagas de las plantas», dice Gustavo, «y me mantengo al día con las normas internacionales para el comercio porque sé que hasta el más mínimo organismo nocivo puede tener efectos devastadores».

La experiencia le ha enseñado que la forma más eficaz de proteger las plantas es, en primer lugar, evitar que las plagas se introduzcan y ha estado transmitiendo este conocimiento tradicional a sus descendientes, que recientemente se han lanzado de nuevo en el mundo del cacao produciendo su propia marca de chocolate.