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Santiago, Chile. Productos frescos en el mercado mayorista de Lo Valledor, un punto estratégico para el abastecimiento de alimentos. ©FAO/Max Valencia
La dieta saludable más cara del mundo
En los últimos años, América Latina y el Caribe ha mostrado avances importantes. El hambre disminuyó por cuarto año consecutivo y en 2024 afectó al 5,1 % de la población regional, una mejora frente al 6,1 % registrado durante la pandemia en 2020. Parte de este avance se explica por la recuperación económica, el aumento del empleo y el fortalecimiento de programas de protección social como respuestas que ayudaron a aplacar las crisis más recientes.
Sin embargo, estos avances conviven con otra realidad. América Latina y el Caribe produce alimentos para el mundo, pero también es la región donde más cuesta acceder a una dieta saludable.
Según la FAO y la OMS, las dietas saludables son aquellas que promueven la salud, el crecimiento, el desarrollo y el bienestar en apoyo a estilos de vida activos y que previenen deficiencias y excesos de nutrientes, así como enfermedades transmisibles y no transmisibles (ENT).
Asimismo, señalan que las dietas saludables tienen cuatro principios clave: deben ser adecuadas a las necesidades de cada persona; equilibradas en nutrientes y cantidades; moderadas en su consumo; y diversas, incluyendo una amplia variedad de alimentos nutritivos.
Desde 2017, el costo de una dieta saludable en la región ha aumentado un 44 %, impulsado por la inflación alimentaria, las crisis económicas y las interrupciones en las cadenas de suministro. Hoy, el costo de una dieta saludable en la región es de USD 5,16 por día ajustados al poder adquisitivo, el valor más alto registrado a nivel global.
Según el Panorama regional de la seguridad alimentaria y la nutrición 2025, en 2024 alrededor de 181,9 millones de personas no pudieron acceder a una dieta saludable. En términos prácticos, esto significa que aproximadamente 1 de cada 4 personas en la región no pudo costear una alimentación saludable de manera regular.
Esto condiciona la forma en que muchas familias se alimentan. Cuando el presupuesto no alcanza, los alimentos frescos suelen ser reemplazados por opciones más económicas y con menor valor nutricional.
Una variedad de alimentos frescos y nutritivos organizados en un plato que representa los distintos componentes de una dieta saludable ©FAO/Pablo Rodriguez.
No todos avanzan al mismo ritmo
Aunque los indicadores regionales muestran mejoras en la erradicación del hambre, la situación sigue siendo muy distinta entre países y subregiones. Mientras Brasil, Costa Rica, Guyana y Uruguay registran niveles de hambre inferiores a 2,5 %, en Haití más de la mitad de la población aún sufre hambre por el consumo insuficiente de alimentos.
En el Caribe, en tanto, el costo de una dieta saludable alcanza los USD 5,48 por día ajustados al poder adquisitivo, al mismo tiempo que la mitad de la población vive con inseguridad alimentaria moderada o grave.
Estas diferencias no responden únicamente a los ingresos. También influyen factores como la dependencia de importaciones, la inflación de los alimentos y las dificultades para acceder a productos frescos y nutritivos. Al final, el problema no es solo cuánto dinero tiene una familia, sino también las condiciones que determinan qué alimentos están disponibles y accesibles.
Estos factores afectan con más fuerza a los hogares de menores ingresos, a las poblaciones rurales y también a las mujeres, quienes siguen enfrentando mayores niveles de inseguridad alimentaria en la región.
Trabajadores descargan y organizan frutas en el mercado mayorista de Lo Valledor, principal centro de abastecimiento de alimentos frescos de Chile. ©FAO/Max Valencia.
Papaya, piña, naranja, maracuyá, mango y frutillas, ejemplos de alimentos frescos que contribuyen a una dieta equilibrada. ©FAO/Pablo Rodriguez.
Un problema que va más allá del hambre
Hoy la región enfrenta una doble carga de la malnutrición. Mientras millones de personas todavía no pueden acceder a una dieta saludable, el sobrepeso y la obesidad continúan aumentando. En 2022, la obesidad en adultos alcanzó el 29,9 % en América Latina y el Caribe, casi el doble del promedio mundial de 15,8 %, mientras que el sobrepeso infantil llegó al 8,8 % en 2024.
Las consecuencias van mucho más allá de la alimentación. La malnutrición afecta el desarrollo infantil, aumenta el riesgo de enfermedades no transmisibles y profundiza desigualdades ya presentes en América Latina y el Caribe.
Frente a este escenario, la FAO ha insistido en la necesidad de avanzar hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles. Esto implica fortalecer programas de protección social, mejorar el acceso a alimentos nutritivos y desarrollar políticas públicas que permitan que una dieta saludable deje de depender del nivel de ingresos de las personas.
En una región que produce alimentos para millones, dentro y fuera de sus fronteras, el desafío ya no es solo cuánto se produce, sino también quiénes pueden realmente acceder a una dieta saludable.